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Fecha: 20011021
Título: Oramos no para imponerle nuestra voluntad a Dios, sino para unirnos a la voluntad de Dios
Original en audio: 26 min. 24 seg.
San Agustín nos enseñó, que cuando en la Sagrada Escritura parece haber una especie de contradicción entre dos textos, uno no tiene que escandalizarse, sino buscar, con la ayuda del Espíritu Santo, cuál es la manera de integrar la enseñanza de esos dos pasajes que parece que se contradicen.
Por ejemplo, ustedes se acuerdan que cuando Jesús en el capítulo sexto de San Mateo habla de la oración, dice: “Y no utilicen muchas palabras, como los paganos que se imaginan que por su palabrería los van a escuchar” San Mateo 6,7; y ahora, en cambio, dice que: "Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche" San Lucas 18,7.
Entonces dice uno: "¿Al fin la oración cómo tiene que ser? ¿Tengo que decirle una sola vez a Dios, y Él verá que es lo que hace? ¿O tengo que insistir? Pero si insisto, ¿será que es terquedad mía? ¿Cómo saber si esa es la voluntad de Dios?"
Porque hay veces que uno insiste, pero uno empieza a sentir: "Bueno, ¿y qué tal que esa no sea la voluntad de Dios? ¿Qué tal que tanta insistencia mía sea más bien palabrería? Como dice el capítulo sexto de San Mateo.
Esto pasa, por ejemplo, en las sanaciones. Yo, como tengo un sobrino que es mutá en una situación muy especial porque él es autista, ustedes se imaginarán lo que ha sido esto en nuestra familia.
Desde que el niño empezó a mostrar los síntomas y empezó a retrasarse en la expresión, no aprendía a hablar, y claro, Fray Nelson ore y ore por el sobrino, y llega un momento en el que uno entra como en duda: "¿Qué será lo que Dios quiere en este caso?" Cuando se pide tanto una sanación y no llega, o que se arregle un problema y nada que se arregla.
Verdaderamente son situaciones difíciles para uno, y ese es el problema que de alguna manera el evangelio de hoy nos está planteando. ¿Qué debemos hacer? Porque Jesús aquí nos invita como a insistir, y uno queda de pronto hasta más despistado, pues uno dice: ”Pero ya que más insisto, hermano, si ya llevo yo no sé cuantos años insistiendo y parece que la cosa no es por ahí, ya que más voy a insistir?”
El caso, por ejemplo, de las parejas que no logran tener descendencia, y le piden y le piden y ahí llevan un sufrimiento interior, ahí qué hay que hacer? Presentarles este texto del día de hoy y decirles: "Insista, persista y no desista"? ¿Pero ¿será eso exactamente lo mejor que se puede aconsejar?
Y además, cuando uno insiste e insiste y vuelve y habla, ¿no será que uno está cayendo en la vana palabrería y creyendo que porque habla mucha ahí sí lo van a escuchar?
Otras personas caen, o de pronto hemos caído, en el otro extremo: "Bueno, Señor, ahí te dejo el problema del sobrino ése, ahí te dejo la situación del desempleo, tú veras lo que haces, yo no voy a volver a rezar por eso; si es, es; si no es, no es; lo que es para uno, es para uno, ¡se acabó!"
Y uno dice: ”Oiga, ¿será esa la mejor manera? ¿O será simplemente que uno se está economizando sufrimiento? Porque a veces hay sufrimiento en eso de sostenerse orando, orando, orando.
Realmente, el evangelio de hoy nos enseña más de lo que parece; el evangelio de hoy no nos está diciendo que tenemos que volver nuestra oración una especie de cassette, y volver a ponerle el cassette a Dios: "Señor, te pido que le concedas la sanación; tú sabes, Señor..., la sanación, Señor...., la sanación, Señor..." Al otro día, el cassette: "Señor, te pido..."
Cristo no nos está diciendo aquí: "Cuando no le respondan, consígase un cassette y póngaselo a Papá Dios hasta que eso al fin eso sale". ¡Eso no es lo que nos está diciendo Cristo; Cristo en el evangelio no está diciendo algo tan simple como eso.
Porque es que hay otra enseñanza de Cristo que uno también lo despista un poco, -o yo hablo de mí, no sé a ustedes-; por ejemplo, dice Cristo: "Cuando ustedes vayan a pedir, pidan con fe, pensando que ya lo han recibido" San Marcos 11,24.
Y uno dice: "Bueno, pero ¿y entonces cómo se puede pensar que ya lo he recibido, y no lo recibo; y otra vez, pensar que ya lo he recibido, y tampoco lo recibo? ¿Y otra vez pensar que ya lo he recibido, y nada que llega?" Eso tampoco es.
Yo pienso que hay algo muy importante que no le hemos entendido a Cristo, y por eso hay que volver a la Palabra de Dios y decir: “Hay mucho sufrimiento en esta tierra; Jesús, enséñanos cómo es que es, cómo tiene que ser esto de la oración”.
La parábola no dice simplemente: había una viuda, que le decía de una manera y la otra", sino: “Solía ir a decirle” San Lucas 18,3; ése es el primer dato, el primer dato importante es ése.
La diferencia entre la vana palabrería del capítulo sexto de Mateo, y la oración insistente del capítulo dieciocho de Lucas, la gran diferencia es que la vana palabrería es cuando yo empiezo a tratar de convencer a Dios, como si Dios no supiera por qué tiene que hacer los milagros.
El problema de esa oración que Cristo critica, la oración que Cristo critica, la oración de los paganos, en el capítulo sexto de San Mateo, es que uno está tratando como de darle los argumentos a Dios, como quién dice: “Señor, hoy te pido que hagas este milagro porque: 1,2,3,4”, al otro día: " Señor, otro sí"
La oración cristiana no es una oración con "otro sí", añadiendo a mi pliego de ayer; la oración no es un pliego de sindicalista, –con el respeto que merecenlos sindicatos también, desde luego-; pero la oración no es un pliego de sindicalista que llega: "Bueno, aquí hay veintitrés razones por las que usted tiene que sanar a “mija”. Y al otro día, "Otro sí": "Aquí le traigo otras dicisiete razones por las que también tien que sanar a mija".
Las razones, sobre todo esas razonas que nosotros amontonamos a ver si nosotros convencemos a Dios de lo que a nosotros nos parece interesante, bueno, justo; esas razones no tienen ese peso.
Es interesante en una escena del evangelio, cuando llegan unos a pedirle un milagro y les sale con esto: "¡Sy¡ mira, mira, tienes que hacer ese milagro, hasta Sinagoga nos hizo; imagínate nos hizo Sinagoga, ¿te imaginas? Ahora sin milagro y nos hizo la Sinagoga; Imagínate como sería eso el único que ha hecho Sinagoga y se va sin milagro, no, tiene que hacerle el milagro.
Ese es un modo pagano de orar, yo no tengo que convencer a Dios, porque Dios está mucho más convencido que yo; yo no tengo porque decirle a Dios en donde están las miserias en dónde están los dolores, Él las conoce mucho mejor que yo.
Pero esta viuda insistía, ¿en qué insistía? "Hazme justicia, hazme justicia" San Lucas 18,3, eso le decía ¿a quién? A un juez, "hazme justicia" San Lucas 18,3, ¿qué se supone que tiene que hacer un juez? Hacer justicia.
Esta viuda tiene un adversario, evidentemente ella no se puede defender de ese adversario, porque si ella pudiera resolver su problema, no pasaría por la incomodidad de estarle ahí insistiendo al juez.
Ella tiene un problema, tiene un adversario, y ella le pide al juez que haga lo que el juez y sólo el juez, pueda hacer; ella no le da instrucciones al juez, ella en lo que insiste es: "Obra tú, haz lo tuyo, tú eres juez, haz justicia".
Y así termina también el texto de la enseñanza de Cristo: “Os digo que les hará justicia sin tardar” San Lucas 18,8, no dice: Hará lo que a ellos se les haya ocurrido, ni dice: "Hará lo que ellos pensaron", ni dice: "Hará lo que se les dé la gana a ellos", dice: “Les hará justicia” San Lucas 18,8.
Esto es una gran enseñanza, ¿esto qué nos indica, mis amigos? Esto nos indica dos cosas: primera, que sí hay que insistir, no podemos tomar la posición cómoda de decir: "¡Ay!, yo ya oré por la paz del mundo, yo ya oré por la paz de Colombia, ya Dios verá". No, hay que insistir.
San Agustín, al que cité al principio de esta predicación, nos explica por qué hay que insistir: Hay que insistir porque la insistencia nos hace a nosotros capaces de tamaño regalo que Dios nos tiene.
La insistencia no es para que Dios cambie, sino para que el vaso se agrande, y el Agua Viva quepa; la insistencia no es para que Dios se compadezca, bien compadecido está, sino que para que yo abra espacio para recibir la compasión de Él, a la manera de Él, no a la manera mía.
Dice la viuda: “Hazme justicia” San Lucas 18,3. Lo segundo que esto nos indica es que la oración insistente tiene que concentrarse en esto: “Obra tú”, y esto sí que se lo tenemos que pedir a Dios todo el tiempo, y con todas nuestras fuerzas, y cada vez con mayor amor.
¿Tengo yo que insistirle al Señor: "La sanación, la sanación, la sanación"? No, no. Yo le pido una sanación porque, hasta donde yo alcanzo a ver, creo que eso es lo mejor.
Si Dios no me responde a esa oración, ¿qué tengo que hacer yo? ¿Ponerme bravo con Dios? Obviamente que no; ¿dejar de creer en Dios? Menos.
¿Qué tengo que hacer entonces? ¿Pasarme a otros dioses?: "Claro, a mí sí me habían dicho que el que no falla es el “Indio Amazónico”; yo sí sabía, esos padrecitos que un día sanan, otro día no sanan, eso no es seguro, no hay como ir uno a la fija, María Lionza, el Indio Amazónico, esos nunca fallan".
¿Cambiar de Dios? ¡Nunca! ¡Nunca! ¿Qué tengo que hacer? Tengo que entender el mensaje, como nos dijo elocuentemente mi papá, alguna vez: “Tenemos que comprender que la respuesta puede ser "nO”.
¿Voy a dejar entonces de orar? Tampoco, ¿qué tengo que hacer? Insistir, ¿pero ya qué más insisto? Insistir en que Dios obre: “Tú eres el juez, haz lo tuyo, que se llama justicia, haz justicia, obra tú”; eso es lo que nosotros tenemos que hacer, y de esa manera viviremos mucho más tranquilos y dejaremos vivir de una manera más tranquila.
En lo que yo tengo que insistirle a Dios no es en que haga mi voluntad, por favor, si todos los Evangelios nos están contando que la oración es una manera de unirme a la voluntad de Dios, ¿cómo nos va a contradecir Lucas 18, esa idea?
Cristo no nos está diciendo aquí: “Cuando no le hagan caso, aferrése a lo suyo, llore y llore hasta que le den lo que usted quiere”, eso no es lo que Cristo está diciendo; lo que Cristo está diciendo es: “Concéntrese cada vez más en una sola petición: "Dios, haz lo tuyo, lo tuyo; tú eres el Juez, haz lo tuyo”. Y eso es maravillo, eso sí que trae paz.
Frente a tantos problemas, le contaba ahora mismo a unos amigos, yo tengo una cantidad de problemas en mi familia, la gente cree que porque uno canta y alaba, cree que uno no tiene problemas, "no tiene ningún problema, a ese padre no le duele una muela", ése padre no tiene ningún problema".
Uno tiene, lo mismo que ustedes, uno tiene cantidad de problemas, problemas en la familia, problemas en la comunidad, situaciones que uno ve en la Iglesia; no crean, por favor, que porque uno alaba, bendice, aplaude, levanta manos..."¡Ah, claro, es que no tiene ningún problema!". ¡No crean!
En medio de los dolores que uno tiene y de las dificultades, Dios otorga paz de muchas maneras; y una de las principales es a través de esta clase de oración.
A través de esa oración por la que yo le digo a Dios: “Mira, Señor, hgamos una cosa, yo no sé que voy ha hacer con este asunto, un adversario, una dificultad, pueden ser tantas cosas,no sé qué voy a hacer con eso, yo te pido, -esta oración me la enseño San Juan Crisóstomo-, Señor, yo te pido no que se haga lo que quiere éste, ni lo que quiere éte, ni lo que quiero yo, que se haga lo tuyo."
La oración cristiana se puede resumir en dos palabras: “Obra tú”, "en este cuadro, en esta situación donde hay tantos intereses, donde hay tanto dolor, donde la mirada está turbia, donde hay tantas pasiones y tantas cosas involucradas; estamos todos demasiado revueltos, obra tú, Señor, obra tú."
Y Cristo nos dice que en esa oración tenemos que insistir, o sea que Cristo lo que nos está diciendo es: “Aprendan cuál es la oración que tienen que decir y repetir; no oren para concentrarse en sus deseos, oren para unirse al deseo de Dios; no oren para imponerle su voluntad a Dios, oren para unirse cada vez a la voluntad de Dios”.
Ahí podría terminar la homilía, pero no vamos a terminar porque hay una idea muy importante aquí. Dice Cristo: "El juez injusto, ese juez que era mala clase, ese juez finalmente hizo justicia, ¿por qué? Por conveniencia.
xxxDijo: "Bueno, antes de que esta mujer me siga fastidiando, y quién sabe si me pegue en la cara, vamos a resolverle el problema, pero le dio largas. Y Cristo dice una cosa impresionante, en la que no hemos reflexionado mucho y en la que los padres poco predicamos, ¿cuál?: “Os digo que les hará justicia sin tardar” San Lucas 18,8.
El juez injusto se demoró y se demoró y se demoró, "Dios hace justicia sin tardar” San Lucas 18,8; esa frase es tremenda, tan tremenda que Cristo hace una pregunta: “Y cuando yo vuelva, ¿ustedes todavía van a creer eso? ¿Todavía van a creer que eso es así?" San Lucas 18,8.
Es decir, Cristo se da cuenta del montón de fe que se necesita para creer que eso es así, que Dios hace justicia sin tardar.
Yo les voy a contar que en esta mano tengo más dedos que el número de veces que yo he experimentado que eso sí es así, eso les está diciendo a ustedes lo mediocre que soy yo como creyente, como sacerdote, me da pena y le pido perdón a Dios públicamente.
Son muy poquitas las veces, pero sí las he tenido, en que he visto que esto que dice Jesucristo aquí es la pura verdad, es así.
Desde el momento en el que uno radical y totalmente le dice a Dios: “Obra tú”, y radical y totalmente entrega, como decía un sacerdote: "Cuando uno le entrega no la fotocopia del problema sino el original".
Es que ese es el problema de los volantes, desde que se inventaron los volantes, sirven para cosas muy buenas, por ejemplo promover congresos y cosas así, pero también sirven para que uno le dé a Dios es el volante, ¿no?: "Mire, Señor, ahí le paso una fotocopia de mi caso", pero uno conserva el original; es decir, uno sigue creyendo, en el fondo, que el que puede resolver el asunto bien, es uno.
Yo he comprobado, pero qué pesar que ha sido tan pocquitas veces en mi vida, en situaciones embrolladísimas, durísimas y dolorosísimas, he comprobado, y que la gloria sea para Jesús, que esto que dice Jesús es cierto, más tarda uno en entregarle radical y totalmente un problema a Dios, que en manifestarse la justicia de Dios, la demora está en uno.
En el caso de la viuda y el juez injusto, la viuda era buena y el juez era malo; en este caso, el que hace la petición, yo, muy mediocre; y mi Juez, excelente, santo, perfecto, bello.
Por eso, hermanos, desde que nosotros verdadera y realmente le entregamos a Dios nuestra vida, nuestra situación, hay veces en que ha sido impresionante, porque me ha sucedido, lo puedo hablar, uno hace una oración de esas, de verdadero y total amor, de completa fe, eso viene del Espíritu, eso realmente con las solas fuerzas de uno no puede.
Uno hace una oración de esas, y un instante, sólo instante después, uno abre los ojos, y ya empieza a ver la situación de otro modo, completamente distinta, y uno empieza a ver: "Dios, a través de esto que yo llamaba mi desgracia, me está es bendiciendo; perdóname, Señor, perdóname, Señor, porque yo te he maltratado con mis palabras, he dicho que tú me estabas maltratando y esta era tu manera de protegerme, defenderme y bendecirme. Perdóname, Señor""
Pero es una luz que Dios le da Dios a uno, y uno con sólo entregarle totalmente la cosa a Dios, verdaderamente descubre eso; por eso Jesús nos dice: “¡Fijáos en lo que dice el juez injusto! ¿Dios no hará justicia a sus elegidos, que le gritan día y noche? ¿Les dará largas? San Lucas 18,6-7.
La primera pregunta se refiere a su condición de juez, la segunda pregunta se refiere a su condición de bondad: "¿No hará justicia?" San Lucas 18,7, claro que les va ha hacer justicia, ¿les dará largas? No, esto es verdad, esto sucede, esto es real.
Mis hermanos, la pregunta de Cristo es muy cierta, sí Él viniera hoy, en su retorno glorioso, hoy, aquí con nosotros, ¿encontraría esta fe? Puede Él preguntarnos hoy y decir: "¿Oye, tú hoy creíste?" Ya el día se te acabó, ¿hoy creíste que con solo entregarme lo tuyo brillaría mi justicia en ti?" Y De pronto muchos tendríamos que decir: "Señor, como tres veces en la vida, sí, pero hoy no".
"Cristo Jesús, perdóname", yo le pido a Cristo que me perdone, "aumenta mi fe, ayúdame, Señor, a entender lo que significa orar", es que nosotros definitivamente, lo dijo San Pablo, no sabemos orar, no sabemos; "ayúdame a orar, lo que significa orar, ayúdame, ayúdame a eso, a orar; la verdadera y viva oración, esa oración que es capaz de decir: Obra tú”, y sacar todo, todo.
Como esta viuda que tenía entregado el caso completante a ese juez, y ese juez era un inicuo, pero lo tenía completamente entregado allá; y nosotros teniendo un juez santo, bello, bueno, que es nuestro Dios y nuestro Padre, vamos a darle a Él toda nuestra vida, y que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros, para que nuestra fe sea grande y nuestra oración crezca en perfección ante sus ojos.