Co26004a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20070930

Título: No podemos separar el Evangelio de la espiritualidad, del Evangelio del compromiso social

Original en audio: 10 min. 30 seg.


Las lecturas de hoy, hablemos de ellas, son lecturas de un alto contenido social. Y esto es lo primero que yo creo que llama nuestra atención.

Nuestro Evangelio nos es una huída de las realidades de este mundo; la fe y la religión no son un escape; nosotros los cristianos podemos ser cualquier cosa, menos escapistas. Nos interesa, nos duele, nos preocupa todo aquello que afecte el bien integral de la persona, y por supuesto ahí entran de lleno las realidades económicas, sociales y políticas.

Hay una arista, hay un componente o dimensión profundamente social en el Evangelio, en nuestro mensaje cristiano, y desde el principio así aparece en el mensaje de los profetas. Los profetas, rápidamente, prontamente hicieron ver al pueblo que uno no puede hacerse ilusión de que está amndo a Dios si tiene los ojos cerrados a la necesidad del hermano.

Y eso es lo que aparece también en el texto del evangelio de hoy. Este hombre encerrado en su casa, en sus banquetes, en sus amigos, en su alegría, no tiene ojos y por consiguiente no tiene corazón para describir la necesidad de Lázaro, que muere de hambre a su puerta.

Y el que obra así no puede creer que tiene de amigo a Dios; nadie puede creer que Dios aprueba esa clase comportamiento. Y por eso, también es necesaria la denuncia. En el nombre de Dios, en el nombre del Evangelio hay que denunciar, como crímen que clama al cielo, esa desigualdad que produce muerte.

Y aunque no tengamos, tal vez ninguno de nosotros, inmediatamente una solución, la indiferencia tampoco puede ser nuestro camino. Lo que está sucediendo en Burma, por ejemplo estos días,lo que está sucediendo en Darfur, lo que ha sucedido tantos años y sigue sucediendo en Etiopía, en Sudán, en Eritrea, y lo que pasas también en muchos de nuestros países a otra escala.

Esos terribles cinturones de miseria que encontramos en tantas de las ciudades inmensas de Latinoamérica, en Río de Janeiro, en el Distrito Federal en México, en Bogotá o en tantos otros sitios, sigue repitiéndose ese cuadro del evangelio de hoy.

De pronto algunos que se sienten felices en medio de su banquete, en medio de sus amistades, pero que tienen las entrañas cerradas, que tiene el corazón cerrado al dolor de otros hermanos.

Lo más importante, el primer mensaje yo creo que es ese descubrir la necesidad del otro. Lamentablemente, sucede que cuando uno está bien se cierra sobre sí mismo, suele suceder eso; el sentirse en buena salud nos hace ovidar la enfermedad; el sentir que somos jóvenes y fuertes nos hace olvidar que fuimos niños inseguros o que seremos ancianos temerosos o solos.

Cuando pertenecemos a un país que tiene una gran prosperidad económica, es difícil acordarse de otros países en los que campea la injusticia.

Entonces hay un olvido, hay una tendencia al descuido y al olvido de la necesidad de otros. Por eso, como creyentes, como seguidores de Jesús, una tarea que tenemoses luchar contra ese olvido, o como decía recientemente el Papa Benedicto en su viaje a Austria, "ser voz de los que no tienen voz".

Entonces tenemos que recordarnos a nosotros mismos y tenemos que recordar para el mundo, a todos esos que mueren en silencio, que no tiene quién los defienda, aquellos que son invisibles, aquellos que son Lázaros muriendo a la puerta de las casas de banquetes; recobrar a esos invisibles, abrir los ojos a esos que están padeciendo.

Pero por supuesto no debemos quedarnos sólo en el aspecto económico, hay otras clases de miseria también.

Sabemos que hay una plaga de suicidio que está aconteciendo en estos países, y una cosa sorprendente es que muchos de los amigos de estos suicidas o de los parientes, ni siquiera sabían por cuáles interrogantes, decepciones o frustraciones estaban pasasando los que de pronto decidieron acabar con su vida.

También ahí se repite el cuadro del Evangelio; todos esos depresivos, o descontentos, o frustrados, o amargados, también están ahí muriendo, desfalleciendo, a las puertas de la casa de la alegría, de la casa de la fraternidad.

Por eso el mensaje del Evangelio de hoy tenemos que hacerlo extensivo también a esas otras realidades, para preguntarnos cuando estamos alegres: "Oye, ¿y qué está pasando con el que está amargado, con el que está solo, con el que está triste, con el que no tiene quién lo apoye, con el que tiene solamente su refugio en unos tragos, en una botella de licor? ¿Qué está pasando con ése que está excluido?"

La religión nuestra de algún modo es siempre una pregunta por aquel que se está quedando afuera: ¿por qué la alegría no es de todos? ¿Por qué la salud no es de todos? ¿Por qué los alimentos no alcanzan para todos? ¿Por qué la educación no llega a todos?

Y en ese sentido, este evangelio crece hasta tomar unas dimensiones casi cósmicas, podríamos decir, porque igual tenemos que preguntarnos por qué la fe no llega a todos, por qué Jesús no llega a todos.

O sea que nosotros no podemos separar el Evangelio de la espiritualidad, de la mística y de la santidad, no lo podemos separar del Evangelio del compromiso social, de la justicia y de las realidades politicas y económicas.

El mismo corazón que se pregunta por qué Lázaro se quedó a la puerta de este rico, tiene que preguntarse por qué muchos mueren sin conocer a Jesús, también ésos son Lázaros que esperaban aunque fuera las migajas que caen del banquete de amor y del banquete de caridad que nos da Jesús sobre todo aquí en la Eucaristía.

O sea que el sentido pleno de este evangelio es no dejar a nadie por fuera, es descubrir que cuando puedo disfrutar el pan material, o el pan de la Palabra o el pan de Cristo, tengo que preguntarme qué sucede con el que no lo está recibiendo.

Esa pregunta es muy angustiosa hoy, por ejemplo aquí en Europa. Hay una prosperidad, por supuesto visible, una prosperidad material visible, diríamos en promedio, siempre habrá diferencias, pero hay una prosperidad material y, sin embargo, tenemos que preguntarnos: "Este pan de la fe, este pan del amor ¿cómo está llegando, cómo va a llegar a las nuevas generaciones?

Me he encontrado a varios irlandese que dicen: "En el curso de una generación se perdió la transmisión de la fe", cosas tan graves como estas: "En una generació todo el mundo consideraba normal casarse por la Iglesia, casarse ante el altar, tener hijos y bautizarlos prontamente", de algún modo la vida giraba entorno a los sacramentos.

Pero ya los hijos de esa generación, ya consideran que "bueno, -novio y novia-, vamos a convivir y si acaso nos casamos, o si no nos separamos, y si hay que abortar se aborta, y si se tienen hijos hay que esperara a que ellos tengan los años que quieran para ver si se bautizan".

Ahí hay una fractura en la sociedad irladesa; cuando pasa eso queere decir que toda una generación de muchachos y de muchachas no está recibiendo adecuadamente el Pan de Cristo, se están quedando sin el banquete del mismo Cristo, sin el banquete de este evangelio, entonces ahí tenemos que preguntarnos cómo podemos ofrecer, cómo podemos presentar esta riqueza, esta dulzura del mensaje de Jesús también a esas personas.

En resumen, mis hermanos, estas lecturas, sobre todo el evangelio, nos invitan a ampliar nuetra mirada, a no quedarnos tranquilos si alguno está quedando excluido; si alguno queda excluido de justicia, si alguno queda excluido de vivienda digna, si alguno queda excluido en sus derechos, si alguno queda excluido en la alegría, en la amistad.

O si alguno queda excluido en recibir a Jesús, ahí, ahí, mis hermanos, nosotros tenemos un interrogante que hacernos, y ahí tenemos una responsabilidad, un llamado para compartir y para ofrecer.

Que Cristo Jesús, que nos dio testimonio de esto abrazando a todos desde la Cruz, nos conceda esa gracia, para que en todo momento podamos ofrecer lo que Él nos ha dado y podamos hacer de este mundo un lugar más humano, más de acuerdo con le plan de Dios.