Co26003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20010930

Título: Dios quiere un corazon que juzgue menos y se compadezca mas.

Original en audio: 17 min. 27 seg.


Yo creo, mis queridos hermanos, que lo que a uno más le impresiona de este texto del evangelio es el contraste social, económico que está ahí presente; y sin duda este evangelio tiene un contenido y una implicación social, pero aunque eso sea tan grande, no debe ocultarnos otros aspectos que están ahí, en esa lectura, y que de pronto son también importantes.

Por ejemplo, ¿usted qué opina de cómo empezó la lectura?: “En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos” San Lucas 16,19; es una cosa interesante, “a los fariseos” San Lucas 16,19.

Y al final dice Jesús: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto” San Lucas 16,31.

"Moisés y los profetas" San Lucas 16,31, es una manera de aludir a lo que era la Biblia en ese momento, lo que nosotros llamamos hoy el Antiguo Testamento.

Y Jesús lo que está diciendo es: “El que no oye la Palabra de Dios que está ahí plasmada en la Ley y los profetas, pues tampoco se va a convertir porque le hagan grandes prodigios, o cosas extrañas, o extraordinarias”. Y esa palabra de Cristo también se refiere a los fariseos, porque ellos se sentían muy orgullosos de ser celosos guardianes de la Palabra de Dios.

Y por eso, yo quiero con ustedes, mis hermanos, intentar una mirada a este texto, desde la perspectiva de la intención de Jesús.

¿Qué sería lo que quería Jesús? Porque se ve, tanto en lo que dice el Evangelista como en el final de la parábola, se ve que Jesús se estaba refiriendo a una situación muy precisa, es decir, Jesús no estaba haciendo un discurso sociológico o político en el aire, estaba refiriéndose a una situación concreta, a algo que estaba pasando en su tiempo y con su gente.

Vamos a ver qué podía ser eso, porque de pronto de ahí también podemos aprender mucho.

Los fariseos se consideraban a sí mismos como los verdaderos judíos, y despreciaban y condenaban a las demás personas.

Ellos creían que tenían el verdadero conocimiento de la Palabra de Dios, y estaban convencidos de que el Reino de Dios podía llegar solamente si se cumplía estrictamente cada detalle de la Ley, y ellos creían que eran los campeones en portarse bien y que ellos eran los grandes cumplidores.

Tenían delante de sus ojos la Palabra de Dios, es decir, la Ley de Moisés para ellos, y consideraban que con un esfuerzo muy grande, muy grande, reprimiéndose mucho, estaban dando cumplimiento a la Ley de Moisés, y por lo tanto, ellos eran los abanderados del Reino de Dios.

Un Reino de Dios que en realidad dependía de las fuerzas humanas, porque estos fariseos, lo que predicaban era: "Esfuércese en cumplir la Ley, así se reviente; pero esfuércese en cumplir la Ley, como nosotros nos esforzamos".

Casi siempre, cuando una persona es tan rigurosa en sus juicios, tiene por dentro una gran descompensación; casi siempre la persona que juzga duramente a los demás, tiene por dentro grandes incoherencias. Y aquí es donde entra la maravillosa psicología de Jesús, ¡qué penetración de la mente y del alma humana por Nuestro señor Jesucristo!

¿Por qué? Porque estos fariseos pasaban por ser gente que se portaba muy bien, pero eran gente que se había reprimido mucho, y usted sabe que cuando una persona se reprime es como una olla a presión, algún vicio raro le resulta, porque no es una virtud en la paz, en la humildad, en la alegría, sino es una cosa de: “Tengo que hacerlo porque yo tengo que hacerlo, porque tengo que ser capaz, porque yo puedo”.

Los fariseos tenían una religión que parecía muy dirigida a Dios, pero que en realidad era un culto a sus fuerzas, a su personalidad, porque ellos consideraban que eran los grandes atletas y que se portaban tan bien. que podían juzgar y condenar a todo el mundo.

Y aquí es donde entra la parábola de Cristo, Cristo les dice: “Había un rico que se daba gusto" San Lucas 16,19. Mira cómo lo describe: "Se vestía muy bien y banqueteaba espléndidamente cada día" San Lucas 16,19. Un hombre que se podía dar gusto, pero que no amaba a nadie”.

Y esa es la realidad del fariseo por dentro, el fariseo por dentro es, era y será una persona que aparece muy dura hacia fuera, pero que por dentro lo que ansía, y a veces busca la manera de lograrlo, es darse gusto, saciarse, ojalá de placeres.

Cuánta hipocresía suele haber detrás de una mente rígida, cuántas personas, eso los sabemos en los pueblos, cuántas personas que parece que pudieran descabezar al resto del pueblo: "Todos son unos pecadores, todos son unos desgraciados, todos son unos impuros, todos son unos corruptos", y esa persona que tiene esos juicios, ¿qué quisiera? Darse gusto.

Los psicólogos, cuando estudian el interior del corazón humano, muchas veces lo que descubren es eso, a cuántas personas los psicólogos le ayudan a descubrir: “Mire, usted es una mente muy rígida, y usted tiene unos principios de hierro, y usted es duro, y sobre todo duro para condenar, pero por dentro usted quiere darse gusto”.

Y entonces la persona está dividida, por fuera, es rígido; por dentro, quisiera ser este rico que se daba gusto a sí mismo, porque no amaba a nadie.

De manera, mis hermanos, que es una cosa muy curiosa, este rico podía cumplir la Ley perfectamente, ¿la Ley prohibía que la gente se vistiera lujosamente? No. ¿La ley prohibía que alguien comiera exquisitamente banquetes deliciosos con sus amigos? No. La parábola está tan bien hecha, que Cristo está mostrando el tipo de placeres "lícitos" que estos fariseos podían buscar.

Cristo no dijo: “Había un rico que era un borracho y le era infiel a la esposa y que vivía como un degenerado y se drogaba”, no; los vicios que dijo Cristo, retratando a esta persona, son los vicios que por dentro querían tener o tenían estos fariseos, es decir: "Yo puedo condenar al universo entero y puedo darme gusto en cosas que nadie me puede criticar", ¿a precio de qué? A precio de vivir para mí mismo y de no amar a nadie.

Por eso, mis hermanos, esta parábola de Cristo no es solamente un tema de sociología, un tema de decir: “Los ricos se van a condenar y los pobres se van a salvar”, la cosa no es tan fácil, por lo menos esa no es la enseñanza que se puede sacar de esta parábola y de este evangelio; la cosa no es tan sencilla como decir eso, es mucho más profundo.

Lo verdaderamente grave de este rico ¿qué es? Primero, vive para sí mismo; segundo, no tiene corazón para su hermano; y tercero, cree que está viviendo bien, porque lo que hace se lo permite la Ley de Dios.

Esas son las tres cosas graves de este rico. Repito: vive para sí mismo; en el fondo de su corazón, adentro de su casa, Dios le importa un pepino, Dios no le interesa, Dios es una fachada que él pone para parecer bueno ante la gente; pero adentro de su casa Dios no le importa, vive para sí mismo, no tiene un pedacito así de corazón para su hermano, y lo que es más grave, cree que como está haciendo cosas que están permitidas, dice: “Ah, pues yo soy bueno”.

Y ahora dígame, ¿cuántos de estos ricos tenemos en todas las clases sociales? ¿Dígame cuántos de estos tenemos? ¿Gente que vive para sí misma, gente que no tiene ni un poquito de amor para el hermano, y gente que considera, “como yo todo lo que hago está bien hecho, y yo no le hago mal a nadie, y yo no me meto con nadie, y yo cumplo con las leyes, y yo soy de los buenos, entonces voy bien"? Eso es lo que Cristo está denunciando, ¡cuidado!

Y se los dice a los fariseos porque ellos eran los que tenían ese modo de vida, y por eso ustedes se habrán preguntado alguna vez con esta parábola: "Bueno, uno como que entiende que el rico de la parábola se haya condenado"; se condenó por soberbio, se condenó porque Dios no le interesaba, se condenó por egoísta", uno como que entiende lo lógico del relato: "Ese señor se condenó".

Es más difícil responder a la pregunta: HOla, ¿y Lázaro qué hizo? ¿Lázaro por qué sí se salvó? Y aquí es donde vuelve el tema que estamos comentando hoy.

Los fariseos pensaban que para salvarse había que hacer muchas cosas, había que cumplir muchas leyes, y el que se equivocara en algo, ya tenía encima un fariseo diciéndole: “Usted es un maldito, ya incumplió la Ley y usted se va condenar”.

Los fariseos creían que había que hacer muchas cosas, y Lázaro se salvó no tanto por lo que hizo, sino por lo que no hizo; Lázaro se salvó, ¿cómo se salvó Lázaro? Mira, no odiando; Lázaro tenía todas las razones del mundo para odiar, todas; Lázaro perfectamente podía decirle a Dios: “Destruye con un incendio de ira a la casa de este ricachón que no me da un cacho de pan”.

Pero Lázaro renunció al odio y puso su confianza en el Señor, como dice el Salmo: “Él puso su confianza en Dios" Salmo 40,2, y no odió a su hermano; con sólo eso parece que una persona se puede salvar.

¿Ustedes se imaginan lo que sintieron esos fariseos con esta historia? ¡Qué penetración, qué psicología la de Cristo, qué manera de hablarles! Fíjate lo que les estaba diciendo: “Miren, ustedes que consideran que pueden juzgar a todo el mundo, ustedes por dentro lo que quisieran es llevar una vida como la del ricachón ete y darse gusto y vivir para sí mismos, eso es lo que ustedes quisieran.

Y ustedes creen que porque cumplen todas esas cosas de la Ley, así es como van a comprar la salvación. No, señores, la salvación no se compra, la salvación esta en la confianza en Dios y en el amor al hermano, en un corazón abierto y capaz de compadecerse, ahí es por donde llega la salvación".

Y por eso, mis hermanos, no puedo dejar de recordar un último detalle. ¿Cómo se llamaba el rico? La parábola no dice el nombre del rico; ¿cómo se llamaba el pobre? Lázaro; el rico ese, no por rico, sino por las razones que hemos dicho, ese señor que vivía para sí mismo, que no tenía corazón para el hermano y que se creía muy bueno, ese señor no estaba en la lista de Dios.

Podía ser el más importante del pueblo, del departamento, del país o del mundo, pero para Dios ni nombre tenía, no estaba en la lista de Dios; Lázaro tiene un nombre, Lázaro está en la lista de Dios.

El mensaje es claro, mis hermanos. Dios quiere de nosotros un corazón que juzgue menos y que se compadezca más; un corazón abierto y que no le ponga tantas condiciones a Dios para que nos salve; un corazón que sepa entregarse sin condiciones al Padre Celestial, y un corazón que no tenga la hipocresía de presentar una fachada tal vez muy piadosa, mientras por dentro tiene tantas mentiras.

Que Dios nos haga verdaderos, que Dios nos haga transparentes, que Dios nos haga compasivos, que Dios nos haga abiertos a su misericordia.

Amén.