Co26002a
Fecha: 20010930
Título: ¿Quienes estan siendo invisibles a nuestros ojos?
Original en audio: 13 min. 2 seg.
Hermanos:
Es bueno meditar: ¿cuándo fue que este rico por fin vio a Lázaro? Porque Lázaro era invisible para él; él tenia ojos para ver el lujo de su casa, la elegancia de los vestidos, la alegría de sus amigos, la riqueza de su mesa, lo delicioso de las viandas, no le alcanzaban los ojos para ver al pobre.
El pobre era invisible para él, pero de pronto se volvió visible, dice aquí: “Divisó desde lejos a Abrahám y Lázaro" San lucas 16,23, ahí sí lo vio”.
La primera reflexión de este día es: ¿quiénes son nuestros invisibles? Eso es como si a uno le dijeran: "Haga una lista de las cosas que no ha pensado", es difícil; pero algo así es lo que nos pide Cristo, ¿quiénes son mis invisibles? Porque Lázaro murió, y murió invisible, para aquél rico banqueteador. Epulón, quiere decir eso: el rico buena vida.
Resulta que Lázaro murió siendo invisible, pero uno de los problemas que vive nuestro mundo, es que esos invisibles se están cansando de ser invisibles; y cuando un invisible quiere hacerse visible, hace estallar una bomba. Es famosa la frase que decía una miliciana de aquellas bandas y pandillas, en este caso en Medellín.
Decía ella: "Es que en este país uno tiene que ser rico o tien que ser ser peligroso, si no, no existe". De manera que este tema de lo visible, de los invisibles, de los que son sociológicamente, socialmente invisibles, es un tema de vida o muerte.
Porque si miramos el plano internacional, y si miramos el plano nacional, y si miramos el nivel familiar, o si pensamos en lo propio del corazón, la invitación de Jesús es apremiante, es como si Jesús nos estuviera diciendo: "¡Sana tus ojos, cuida tus ojos, mira a ver si ves!"
¿Quiénes son tus invisibles? Es la Colombia invisible la que un día revienta mal, yo no estoy justificando los crímenes, personalmente he sido una víctima, como muchos de ustedes, de la violencia de las calles y de la inseguridad de esta ciudad, con mano armada.
Yo no puedo justificar eso, yo no puedo justificar el terrorismo, ¡claro que no! No puedo justificar la violencia demencial que vive el país, ¡claro que no! No puedo justificar la locura de los que destruyeron aquellas torres en Estados Unidos, ¡claro que no!
¿Pero de dónde nace todo eso? Muy fácil para nosotros decir: "Nace de la locura, nace de los otros", ¿pero esos otros no eran los grandes invisibles? Los invisibles, ¿a quiénes no estamos viendo? ¿Quiénes son los que no entran nunca en ninguna cuenta, o sólo entran en una cuenta si es para exprimirles un voto, una contribución, o cualquier otro tipo de provecho.
Esos invisibles son las bombas de tiempo que nosotros le preparamos a las siguientes generaciones. Cristo nos dice hoy: "No mires solamente la seguridad de tu casa, no mires solamente la alegría de tu casa y de tus reuniones, no mires solamente lo bien servido de tu mesa; hay alguien, hay un invisible".
Es interesante esta reflexión, porque yo creo que un gobierno que empezara por buscar los invisibles, esos que nunca han contado, ese gobierno podría hacerle muchísimo bien al país.
Y yo creo que lo mismo pasa en una familia, papás: ¿ustedes saben lo que se está cocinando en el corazón de sus hijos? Ustedes los ven entrar, salir, cargar libros, aprobar cursos, entrar a universidades, pero ¿qué se está cocinando ahí? ¿Qué es lo invisible de ese hijo que para ustedes es supuestamente conocido?
Nosotros sacerdotes, con mucha frecuencia nos encontramos con rostros de espanto: "¿Cómo es posible que mi hijo ande en esto? ¿Cómo es posible?" Pregúntele a los papás de tantos hijos: "¿Usted sabía que su hijo estaba metiéndose en estos negocios?"
Ayer, me contaba un compañero mío de comunidad, un hermano de comunidad allí donde vivo.Estoy radicado en otra ciudad, somos tres frailes allá, y uno de ellos me contaba sobre sus tiempos de juventud.
Y mire esta historia. Decía él: "-Para mí es una tristeza ir ir al cementerio de mi pueblo, -es un hombre de un pueblo, omitiré el nombre del pueblo-, pero podría llamarse de tantas maneras en esta Colombia hoy.
Y me decía: "No menos de veinte compañeros míos de colegio están ahí", "-¿veinte? ¿Pero qué pudo haber pasado? ¿Fue un accidente? ¿Se volcó un bus en un paseo y se murieron veinte muchachos? ¿Son veinte muchachos? "-No. Asesinados".
"-¿Veinte asesinados? ¿Qué paso? ¿Sería que la guerrilla se tomó ese pueblo?" Ese pueblo, como tantos otros, fue un corredor para sacar la droga.
Y les ofrecían a los muchachos: "Usted lleva este kilo de droga, desde este pueblo hasta a no sé que punto, ese es su recorrido. Usted entrega allá el kilo de coca y recibe por cada kilo no sé cuántos miles de pesos; cuidado lo sabe alguien". Oiga, y los muchachos se prestaban para eso.
¿Ustedes creen que la corrupción está únicamente en las esferas del gobierno, o esta únicamente en la zona de despeje? Hogares de papás que iban a Misa, tenían hijos que estaban haciendo plata llevando coca unos kilómetros, y ese día el muchacho estaba agripado y no iba al colegio, cuando volvía al colegio tenía una suma de dinero en el bolsillo.
Los que se inventaron ese negocio maldito que envenenaron el alma de esos muchachos, les decían: "Como el ejército está que molesta tanto, la manera es esta: "Usted mete la mercancía en la maleta o el morral, su morral no está marcado, y usted se sube al bus y deja su morral por allá aparte; si pararon, ese morral es de nadie y usted quedó libre; si lo logró pasar, ahí tiene su dinero unos sobre otro".
Y algunos de estos muchachos, chicos de diecisiete y dieciocho años, porque así está podrida tanta vida, entonces pasaban, recogían el dinero, y luego decían. "me lo decomisaron", para ganar por lado y lado.
Pues cuando estos empresario de ese negocio se dieron cuenta que esos muchachos hacían eso, empezaron a hacer masacres de esos jóvenes, a despedazarlos y torturarlos para que todo el mundo supiera que con la mafia no se juega; y ahí están las lápidas.
Ahora vaya y pregúntele a esos papás si sabían lo que se estaba cocinando, y en qué negocios andaban esos hijos, los hijos eran invisibles para esos papas.
Hay que tener la capacidad de ver y hay que tener la capacidad de mostrar. Jesús nos invita a una sociedad donde todos seamos visibles, una sociedad donde Lázaro no se muera llorado por los perros; una sociedad donde el dolor del hermano aparezca.
Con motivo, por ejemplo, de esta tragedia espantosa de los Estados Unidos, algunos de los que no son tan amigos de los Estados Unidos, protestaban, -al fin y al cabo esa es la política, ¿no? Y decían: ”-Ahora ustedes ven muchas cosas, pero antes no las veían porque no sucedían en la tierra de ustedes”.
Yo no estoy de acuerdo con esa manera de hablar, yo no creo que esa sea manera de maltratar el dolor del pueblo norteamericano, yo no comparto eso. Pero tenemos que reconocer que hay muchas muertes que porque son invisibles, no producen el escándalo que han producido las Torres Gemelas.
Si nosotros fuéramos a protestar por cada cinco mil muertos o seis mil muertos, toda vida humana vale infinito, eso está claro-; si por cada seis mil muertos fuéramos a hacer lo que esta haciendo Estados Unidos, ¿se imaginan lo que tendríamos que hacer con el chorro de sangre que son los abortos? Y esos son invisibles y esos están aprobados incluso por las mismas leyes norteamericanas, y yo no justifico el terrorismo, ustedes saben que no lo justifico.
Pero es para decir lo que son las injusticias de la vida; cuando la muerte es así, cuando el muerto es visible, porque se sabe que le cayó una lámina de concreto en la cabeza, entonces hacemos escándalo, pero cuando sucede en una clínica de abortos o cuando se muere, como Lázaro, sin poder hacer ruido, sigue siendo invisible.
Y Cristo hoy se levanta como voz de todos los que no tienen voz, Cristo se levanta para decir: “Ustedes no los ven, ustedes no ven a los Lázaros, pero yo sí los veo, y mi Papá del Cielo sí los ve; mi Papá los conoce, y ustedes un día van a ver a los que un día no quisieron ver”.
Que Cristo Jesús traiga sobre nosotros poder del Espíritu Santo. El libro del Apocalipsis dice en el capítulo tercero: “Si quieres, te doy un colirio para que se te mejoren los ojos” Apocalipsis 3,18. Hoy yo le pido a Jesucristo que nos regale ese colirio, para que nadie sea invisible.