Co25003a
Fecha: 20070923
Título: Entregarnos con fuego, con pasion a la causa del Evangelio, sin detenernos ante los obstaculos
Original en audio: 14 min. 47 seg.
Cuando uno escucha la primera lectura de hoy, siente que le están leyendo el periódico del día. Es impresionante pensar que Amós vivió hace más de dos mil quinientos años, y la clase de delitos o malas costumbres o trampas que él menciona, siguen sucediendo también en nuestra época.
Vendedores que disminuyen la medida, que aumentan el precio, que falsean las balanzas, gente que compra al débil por dinero, porque no puede resistirse, gente que compra al indigente por un par de sandalias, gente que vende lo que no sería pare vender, como el desecho del trigo. Todos estos son los frutos, son los resultados de un corazón codicioso, todas esas trampas, todos esos engaños.
Y el tema que aparece un poco en las lecturas de hoy, por lo menos en la primera y el evangelio, tiene que ver con eso, con el manejo de los bienes terrenales.
La síntesis está en la última frase del evangelio, allí donde el Señor dice que "no se puede servir a Dios y al dinero" San Lucas 16,13.
La palabra “servir” San Lucas 16,13, en esa frase, es muy fuerte, es el servicio propio de los esclavos, de los que están completamente entregados al servicio de otro. Casi que una traducción mejor sería: "No puedes ser un esclavo de Dios y un esclavo del dinero", es una palabra que en el original, en el texto griego es, repito, bastante fuerte.
No se puede ser esclavo, no se puede tener como Señor a Dios y tener como señor al dinero. Y por supuesto, con la palabra dinero también se designan muchas otras cosas de esta tierra, no solamente lo que uno pueda tener en metálico, sino todas esas certezas y todas esas comodidades y todas esas ventajas que es tan, diríamos tan común, casi tan natural buscar en esta tierra.
Bueno, esa enseñanza general se entiende. Tratemos ahora, con la ayuda del Espíritu Santo, de comprender un poco mejor este ejemplo que nos dio Jesucristo en el evangelio y ver cómo se aplica a la enseñanza sobre el dinero, y ver también cómo la podemos aplicar a nuestro caso.
Se trata de un administrador tramposo, y uno no termina de saber qué es lo que está sucediendo aquí, porque Jesús lo que hace es poner como ejemplo a un tramposo, lo que termina diciendo Jesús, es que "los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz" San Lucas 16,8, es como invitándonos Jesús a aprender de toda esa recursividad, toda esa inteligencia que se pone al servicio del mal.
Y yo creo que esta enseñanza es interesante. Todos los caminos que encuentra el mal para llegar a unas y a otras partes, y si nosotros pensamos en la tenacidad, en la perseverancia y en la inteligencia que se ponen en juego cuando se tratan de cometer crímenes, es una cosa impresionante.
Mi país, Colombia, tiene por ejemplo una pésima fama en cuanto al asunto del tráfico de drogas, y aunque ciertamente hay millones y millones de colombianos honestos, pues también hay otros que han brillado por su inteligencia para eso, para la maldad, para hacer trampa.
Ustedes pueden creer que en mi país encontraron hasta una fábrica de submarinos; porque había unos que tenían toda la tecnología y que ya habían diseñado un submarino para enviar bajo las aguas toneladas y toneladas de droga.
Y cuando uno se pone a pensar, pues, cómo se diseña una fábrica de submarinos y se mantiene oculta de las autoridades, de dónde se consiguen tantos recursos, los materiales, la maquinaria, y esa gente prácticamente había logrado su propósito, ya tenían por lo menos un aparato de esos funcionando.
Y yo pregunto: ¿dónde está la gente que tenga esa tenacidad para servir a Dios, que tenga esa inteligencia? ¿Por qué nosotros los cristianos somos tan cobardes y cualquier cosa nos desanima? Vemos que la gente llega a las iglesias: "¡Ay, no, ya esto se acabó, ya la fe se acabó, apague y vámonos, aquí no hay nada más que hacer!"
Nosotros somos derrotistas muchas veces, nosotros los cristianos, los católicos, los creyentes: "No, ya no hay nada que hacer, ya esta generación, esta juventud se perdió, aquí no hay nada que hacer".
Y uno se pone a ver toda esa recursividad, por ejemplo esa, la de los traficantes de drogas. Aquí a Irlanda entra mucha droga, -y no toda de Colombia-, entra muchísima droga, especialmente tienen un sistema en la parte sur-occidental, allá por los lados de Kerry, es una costa muy difícil para llegar.
Entonces tiene un sistema como de relevos, hay unos barcos que llevan los cargamentos hasta cierto punto, y de ahí en adelante otros barcos más pequeños, otro poquito, y de ahí en adelante otros barcos todavía más pequeños, y luego... Eso viene empacado en unas bolsas impermeables y dejan abandonados los cargamentos en playas inhóspitas, allá de Kerry y de la costa occidental.
Y tienen otros contactos que van allá y recogen eso; pero es un sistema de relevos, y es toda una tecnología, y hay un acuerdo, y hay unas comunicaciones secretas para que entren estos cargamentos que luego se distribuyen en Limerick o se distribuyen en Galwey o se distribuyen aquí en Dublín.
Es toda una inteligencia, toda una organización, es impresionante, impresionante lo que se logra; y toda esa organización y toda esa tecnología está al servicio del crimen, y pregunto yo: "¿Quién le gasta el tiempo y la inteligencia a diseñar tecnología que arranque a la gente de los vicios, que la enamore de Jesucristo?"
Los servidores de Cristo, por el contrario, muchas veces nos dejamos desanimar: "Ay, no, la gente no nos está recibiendo bien, la gente no nos cree, esto ya no tiene sentido"; se nos apaga la vocación, se nos apagan las ganas, aquí no hay nada que hacer.
Y por el contrario, todos estos que están trabajando en los negocios del tráfico de personas, la cantidad de personas, la cantidad de gente de lo que se llama tráfico de blancas, tráfico de mujeres para negocios de prostitución y de pornografía en todos estos países desarrollados de Europa, es una cosa aterradora, las cifras son preocupantes.
Y cómo le retienen los pasaportes, ustedes no tienen idea, o algunos sí, del problema tan serio que es la esclavitud sexual, eso está sucediendo en el siglo XXI en Japón, en Estados Unidos, en Alemania, en Irlanda.
La cantidad de personas que son condenadas a una vida infrahumana, y todo eso sucede donde los derechos humanos se proclaman tanto, y donde hay unos servicios de policía que parecen respetables, y donde hay un sistema judicial tan completo.
Pero, el poder de la inteligencia de la gente, "a ver cómo hacemos para meter estas mujeres y al mismo tiempo esclavizarlas y quitarles los papeles, pero que no nos denuncien, que funcione el negocio", es todo un despliegue de astucia, todo un despliegue de inteligencia y el objetivo pavorosamente se logra.
¡Es impresionante la cantidad de gente! Las cifras de esclavitud sexual en niños en todos estos países y en Asia, sobre todo, las cifras son pavorosas. Son decenas de miles, centenares de miles de niños y niñas que son esclavos sexuales en distintos lugares del mundo.
Y hay redes en contra de la pederastia y hay una cantidad de controles, pero los malvados son astutos y diseñan y saben a quién tiene que sobornar y saben a quién tiene que pagar y saben cuándo usar el computador y saben cómo manejar sus redes de Internet.
Pensemos cómo se diseña un ataque terrorista, pensemos cómo se difunde, cómo se mete la pornografía por todas partes, pensemos en todo eso y entenderemos la frase de Jesucristo: "Los hijos de este mundo, los hijos de las tinieblas son astutos" San Lucas 16,8.
Y eso lo dice Jesús como queriéndonos producir celos, como para que nosotros digamos: "Oiga, yo no he gastado mi sangre todavía por el Evangelio, como dice la Carta a los Hebreos. La Carta a los Hebreos dice: "Atención, que ustedes no han llegado hasta la sangre en su lucha por la causa del Evangelio" Carta a los Hebreos 12,4.
Y uno tiene que decirse eso: "Yo todavía tengo mucha inteligencia, que tengo que gastarle a la causa del Evangelio". "¿Cómo hago yo?" Cada uno de nosotros tendría que preguntarse eso, "cómo hago yo para llegarle a estos compañeros míos de oficina? ¿Cómo hago yo para llegarle a los compañeros del trabajo? ¿Cómo hago yo para llegarle a miss compañeros del colegio?"
¡Manada de cobardes que somos muchos de nosotros! Estamos en el colegio, por ejemplo, y nos da pena hablar de Cristo. Ahí todos acomplejados, encogidos, escondidos, mientras que uno ve que lo que sale, lo que aparece muchas veces es la otra posición.
Hoy hay un artículo muy bueno en el "Irish Times", si lo tienen a mano o lo han conseguido, lean un artículo en la páginas editoriales sobre el ateísmo, y ahí dice el autor cómo todos estos ateos, tipo Richard Dokins y todos ellos, están todo el tiempo vociferando y apareciendo y saliendo en primera plana.
Y dice él: "Si un marciano llegara a Irlanda hoy pensaría que el noventa por ciento de la gente no cree en Dios", y esa cifra no es cierta, pero ellos se las arreglan para hacer ruido, para sacar la primera página, para hacerse visibles; mientras tanto los católicos acomplejados, escondidos, avergonzados, "que no se me note", "que nadie sepa".
Hay que solucionar eso. Y aquí es donde se unen los dos temas. ¿Y por qué esos ateos o por qué los que quieren difundir sus negocios criminales o los que quieren traficar droga, por qué son tan valientes, tan arrojados, tan astutos? ¿Por qué encuentran soluciones tan ingeniosas?
Porque ellos verdaderamente le han entregado su corazón a esa causa y ellos saben, muchos de ellos saben: "De aquí no voy a salir vivo". Los que cometen actos terroristas en particular saben: "Aquí y a esto le voy a entregar mi vida; hoy me voy a morir, hoy me voy a explotar allá y mato otras veinticinco, cincuenta personas; hoy le voy a dar mi vida a esto".
Ese es un amor grande, un amor criminal, un amor absurdo, contradictorio, lo que queramos decir, pero es un amor grande. Esa persona por lo menos le entregó la vida a esa causa, esa persona dijo: "Esto valioso para mí y voy hacerlo".
Y precisamente porque dicen: "Así me maten, yo voy a hacer esto", por eso logran esos resultados. Esos son los sacerdotes que necesitamos, esas son las religiosas que necesitamos y esos son los laicos que necesitamos.
Gente que se apasione por Jesucristo, gente que cuando diga: “Jesucristo es el Señor”, lo diga de tal manera que sienta: "A Él le tengo entregada mi vida, Él es el centro y la razón de mi existencia, vale la pena servirlo con toda el alma". Cuando empecemos a arder de esa manera, encontraremos también que se abren puertas.
Y en este mismo Dublín, donde se reparte droga en algunos lugares del Rio Liffey, en este mismo Dublín ha habido iniciativas maravillosas, ¿cómo no recordar aquí, por ejemplo, al fundador de la Legión de María, nuestro querido Frank Duff?
Él no se quedó solamente quejándose de la frialdad que encontraba en su tiempo, que era un verano caliente comparado con lo que encontramos hoy, no se quedó quejándose de eso, sino que se las ingenió, ahí a su manera, se las arregló; y este hombre, hace menos de cien años empezó una iniciativa que hoy está en los cinco continentes y que le ha hecho bien a millones de personas.
El que está apasionado por una causa, encuentra cómo abrir puertas, ese es el mensaje; y si te apasionas verdaderamente por la causa de Jesús, encontrarás que las puertas no están tan cerradas y que siempre hay una manera de hablar del amor que vale la pena.
Eso es lo que Jesús nos quiere decir con aquello de no servir a Dios y al dinero. No es simplemente usar con prudencia las cosas de esta tierra, es sentir ese fuego que nos quema para entregarnos en la causa del Evangelio.