Co25002a
Fecha: 20010923
Título: ¿Con que tipo de valores estoy construyendo mi vida?
Original en audio: 26 min. 47 seg.
Necesitamos liberación, tal vez digo yo, muchas liberaciones. Casi siempre, cuando se habla de liberación, se piensa en el poder del demonio, pero los enemigos del alma son varios: el demonio, el mundo, la carne; y necesitamos ser liberados del poder de nuestros enemigos, necesitamos experimentar cómo Cristo nos arranca del poder de nuestros enemigos.
En la Misa nosotros actualizamos, nos unimos, con la fe de toda la Iglesia, al momento en que Cristo ofreció su vida al Padre en el Calvario, en favor de todos nosotros.
Este sacrificio de Jesús en la Cruz trajo nuestra libertad, y es ese sacrificio el mismo que se realiza en el altar, no es una repetición, es el mismo sacrificio, porque nuestra fe está por encima de lenguas, culturas, tiempos y espacios.
A través de nuestra fe, que es la fe de la Iglesia, nos unimos al momento bendito de la Cruz, y por eso la Santa Misa tiene un poder inmenso de liberación, liberación del poder del enemigo, es decir, del demonio, pero también liberación del poder de los enemigos, que no son solamente los demonios.
Notemos, mis hermanos, que las cosas que Dios nos dio, las dio para nuestro bien; pero cuando nosotros las usamos mal, esas cosas se convierten en nuestros enemigos, no porque Dios las haya creado así, sino por la manera como nosotros las utilizamos.
Se ve bien con la comida, la comida Dios la dio para nuestro bien, pero si yo sé que algo me hace daño, y como de eso, y sigo comiendo de eso, ¡me estoy suicidando!, estoy convirtiendo una cosa buena en una cosa mala; no es que la comida sea mala, sino que lo que yo estoy haciendo con la comida me está haciendo daño.
Lo mismo podemos decir, por ejemplo, de nuestro cuerpo, nuestro cuerpo es obra de Dios, es hermoso, refleja la nobleza de esa creatura grande entre las creaturas visibles, que es el ser humano; pero usando mal de nuestro cuerpo, convertimos un cuerpo que Dios nos dio para bien, en un instrumento de pecado, tal vez, para otras personas o para nosotros mismos.
Cuando Cristo nos dice: “No podéis servir a Dios y al dinero” San Lucas 16,13, no está diciendo que el dinero sea malo, lo que es malo es el uso que nosotros damos de ese dinero; y la prueba de que es así y de que yo no estoy inventando, la tenemos en la lectura que acabamos de escuchar.
Mira lo que dice Cristo: “El que es de fiar en lo menudo, en lo pequeño, también en lo importante es de fiar” San Lucas 16,10, y luego explica: “Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?” San Lucas 16,12.
¿Qué está diciendo Cristo? Que si al dinero se le da su verdadero valor, y se administra como debe ser, entonces somos gente de fiar en lo pequeño; lo grave está cuando la escala de valores se voltea, cuando se tuerce y entonces, lo que debía valer menos, vale más; ahí es cuando el dinero se convierte en un enemigo, ahí es cuando el dinero se convierte en un tirano.
La invitación de Nuestro Señor Jesucristo, entonces, es una pregunta: ¿Qué orden vale en tu vida? ¿Cuál es tu escala? ¿Qué es lo grande y qué es lo pequeño para ti? ¿Cómo estás manejando lo pequeño para que puedas recibir lo grande?
Por eso, mis hermanos, el mensaje es: que no sea el dinero el que se adueñe de ti, que no sean las cosas que te tengan a ti, sino que seas tú el dueño de las cosas, no las cosas dueñas de ti; aprende a manejar lo que es pequeño, para que puedas recibir y puedas manejar lo que es grande y lo que vale la pena.
Claro que la pregunta que uno se hace, cuando escruta esta palabra, es: ¿Y qué será eso que Jesús llama lo grande? Dice aquí Jesús: “El que es de fiar en lo pequeño, también en lo importante es de fiar” San Lucas 16,10.
Y a mí me parece que esta es la parte más bella de la enseñanza de hoy, lo importante. San Pablo nos dice en su Carta a los Colosenses: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, donde está Cristo” Carta a los Colosenses 3,1.
¿Qué es lo importante, qué es lo grande para Cristo? Porque en cuanto al dinero, ya la enseñanza yo creo que le entendemos: "No se deje esclavizar por el dinero, sea rico o sea pobre, porque hay ricos esclavos del dinero y hay pobres esclavos del dinero, hacen del dinero su dios, un dios que no tienen, pero a él dirigen toda su atención; "no se deje esclavizar de dinero, etsétera, etcétera", esa parte la entendemos.
Pero lo principal de la enseñanza de Cristo es lo importante: "El que es de fiar en lo pequeño, también es de fiar en lo importante" San Lucas 16,10.
¿Qué es lo importante? ¿Qué es eso que vale más que el dinero y que Jesús aquí nos llama a buscar, a anhelar, a esperar? Creo que es una pregunta que cada uno tiene que hacerse; por encima del dinero, ¿qué es importante? ¿Qué es lo verdaderamente importante para mí? ¿Qué es lo que verdaderamente vale y pesa para mí?
O sea que la liberación que necesitamos en esta materia, consiste en dos cosas: que no nos dejemos esclavizar del dinero, por una parte; y por otra, pero por otra, que descubramos lo importante.
Hay muchos bienes que son así importantes; por ejemplo, los árabes dicen que la salud es como el número uno, y que todas las demás riquezas, cualesquiera que sean, son como el número cero; si tú tienes el número uno, y le vas poniendo ceros, te resulta diez mil, cien, un millón, mil millones; pero si no tienes en número uno, y vas amontonando ceros, no tienes nada.
La salud, por ejemplo, es un bien que es más importante que el dinero; pregúntale al rico multimillonario que está agonizando cuánto daría por recuperar la salud, pregúntate cómo tratas tú tu salud, es muás importante la salud.
Pero indudablemente hay otras cosas todavía más importantes, por ejemplo, el conocimiento, la inteligencia, la sabiduría; a través de la sabiduría, a través del conocimiento incluso se puede hacer el dinero; el que puede lo más, puede lo menos.
Pero, ¿qué lugar tiene la sabiduría en nuestra vida? Esa es otra pregunta que podemos hacernos, ¿aprovechas las oportunidades que tienes para crecer como persona? ¿Para cultivarte? "-¡Es que yo soy muy pobre! "-¿Tienes ocasión de ir a la escuela?" "-sí". "-¿Aprovechas tu escuela? "-No".
"-¿Qué es lo importante para ti? ¿Qué es lo que pesa y vale para ti? ¿Qué construyes? ¿Aprovechas las oportunidades que Dios te da para cultivarte?
Yo pienso que esto es todo un cambio de mentalidad, mis hermanos; pienso que es una revolución cultural que tenemos que vivirla. Muchos de los que estamos aquí seguramente tenemos recursos económicos muy limitados, y aprovechamos eso, ponemos eso como escudo para decir que no se nos dan las oportunidades; y las oportunidades que sí se nos dan, ¿las aprovechamos?
Cuando usted tiene un poco de dinero, ¿en qué lo gasta? ¿En un poco de trago? ¿En una revista o periódico que usted sabe que es pura basura? Peor aún, ¿en vicio? ¿Seguro que usted es tan pobre? ¿Seguro que las oportunidades no se le dan? Seguro que sí, hay muchas oportunidades que no se le dan al pobre.
Pero, ¿usted qué hace con las oportunidades que sí se le dan? ¿Qué hace usted con eso? ¿Cuánto podría hacer usted si aprovechara su tiempo? ¿Ha pensado en lo que vale el tiempo? ¿Usted qué hace con su tiempo?
El tiempo es importante, ¿qué hace usted con su tiempo? "Me dedico a oír música, me dedico ha ver televisión, me dedico a caminar el barrio para arriba y para abajo a encontrarme con los mismos amigos, echarme los mismos o peores chistes que ayer, decir las mismas vulgaridades, cambiar de novio o de novia cada semana".
¡Estúpido! ¡Estúpida! Usted está perdiendo sus oportunidades, ¿qué sería de usted si aprovechara las oportunidades que tiene?
Hablaba yo con un muchacho formado en un ambiente muy pobre, estábamos en la casa de él, hablábamos sobre la televisión, y me contaba este muchacho los programas que veía en televisión: el programa de los videos, del rock, de la salsa, la telenovela de no se cuándo, el concurso de no sé qué.
Todos tenemos derecho a distraernos, todos necesitamos algo de distracción, ¿pero usted no aprovecha la televisión para nada más? ¿Usted sabe todo lo que se puede aprovechar la televisión para cultivarse usted?
Qué fácil es sacar una disculpa, y decir: “Soy pobre, soy rebelde porque no se me han dado las oportunidades”; yo hablaba con ese muchacho y le decía: “¡Cuántas horas ha perdido usted!"
Y yo me pregunto, ahora que veo al sacerdote allá confesando, si nosotros nos confesamos del tiempo perdido, si nosotros nos confesamos de los recursos que no aprovechamos; cuando usted encuentra a un buen profesor en su colegio, ¿lo aprovecha? Cuando usted se encuentra un buen compañero en su colegio, ¿lo aprovecha, aparte de aprovecharse burlándose de él?
¿Qué es lo importante para usted? El conocimiento vale mucho, mucho, ¿usted cree que la gente que ha cambiado el curso de la historia, de la ciencia y de de la tecnología, nacieron todos como millonarios a los que se les dieron todas las oportunidades?
¿Qué hace usted con sus oportunidades? ¿Qué hace usted con su tiempo? No le eche la culpa sólo a la sociedad nada más, ¿usted qué está haciendo? ¿Cómo se está cultivando usted? Esto para hablar de la cultura, para hablar del conocimiento, para hablar de la ciencia.
Pero todavía hay otros bienes más importantes. Fíjate en la escalera que estamos haciendo: están los bienes materiales, representados por el dinero; pero arriba están los bienes de la salud, arriba hemos puesto los bienes de la cultura, y todavía hay otros bienes más arriba: la amistad, la paz de corazón, la alegría de una conciencia limpia, esos son bienes grandes, ¿los cultiva usted?
Yo me pregunto, cuando veo así, como hoy, bendito sea Dios, hay varios jóvenes, hombres y mujeres; yo me pregunto si todos se van a entrar de sacerdotes, o todas se van a consagrar como religiosas o vírgenes, y pienso que no todos; eso significa que la mayoría de estos muchachos y niñas que están aquí, yo pienso que la mayoría se van a casar.
Yo le pregunto a un muchacho, a una niña: "¿Usted cuándo va a comenzar a preparar su hogar? ¿Cuando esté frente al altar muerto de miedo o tal vez aturdido esperando la fiesta que sigue? Cuando el sacerdote le pregunte: "-¿Oiga, qué si la acepta como esposa". "-Bueno". ¿Ahí va a comenzar a preparar su hogar? ¿Ahí va empezar a ser papá? ¿Ahí va a aprender lo que significa ser papá o ser mamá?
Ese es el punto. Ustedes, muchachos, que seguramente se van a casar, ¿cuándo van a emenzar a prepararse para ser verdaderos papás? No para regar hijos, sino para ser papás; no para aprender a complacer a un hombre, sino para ser mamá, ¿cuándo lo van a aprender?
Los valores que se necesitan para hacer un hogar, esos valores no se improvisan cuando se saca un cuartico en arriendo para irse a vivir con una mujer, esos valores no se compran con cien millones entre el bolsillo.
Esos valores se construyen desde la fe, desde la lealtad, desde la amistad, desde la pureza de corazón, de alma y de palabra. Ustedes, con la manera de hablar del hombre, con la manera de hablar de la mujer, están construyendo lo que van a ser mañana como hombres o como mujeres.
Un muchacho que pasa la juventud hablando muy mal de las mujeres, cuando luego se casa no tiene ningún respeto por la mujer que duerme al lado de él; y una mujer que no ve en el hombre sino un programa para la próxima rumba, cuando luego se casa no tiene idea de cómo convertir a ese compañero de cama en un papá responsable.
Y esos valores no se pagan con doscientos millones de pesos entre el bolsillo, y hoy Jesús nos llama a buscar esos valores, los importantes; a pensar si estamos construyendo lo que no se puede comprar con dinero, eso es lo que quiere Jesús: quiere que nosotros, más allá del dinero, construyamos eso: los valores de la lealtad, los valores de la pureza, los valores de la justicia; eso no se construye en una semana de improvisación.
Y por encima de esos valores humanos, que ya son altos, de amor, de afectividad, de respeto, por encima de esos valores, el amor a Dios, la fe viva, la esperanza firme; la fe, la esperanza, el amor.
Hermanos, como se puede notar, no es poca cosa lo que nos dice Jesús en éste evangelio. Revisa tu escala, revisa tus valores; luego, no digas: “Yo como soy de malas, yo como he sido de malas”; cómo me gusta esa frase que dice: “La gente amontona los errores de su vida, hace un muñeco y dice: "Mi destino”".
¿Qué destino está haciendo usted? "Pero es que mi papá, pero es que mi mamá"; ¡deje de echarle culpas a nadie! ¿Cuándo va a comenzar usted a tomar la vida, la vida que Dios le dio, esa vida que es suya, cuándo la va a empezar a tomar y a decir: "Eso fue mi papá, eso fue mi mamá, eso fue mi país; pero yo, yo puedo empezar un camino"?
La gente que ha marcado una diferencia en este planeta, ha sido gente que ha dicho eso: "Mi mamá, mi papá, mi barrio, mi país, fueron, yo soy".
¿Y cómo voy a construir? ¿Dinero y dinero? No, dinero basta con aprender a administrarlo bien; tengo que construir una escalera: el dinero, pero encima del dinero la salud, y encima de la salud la cultura, el conocimiento, hay que cultivarse, y encima del conocimiento, los valores propios de las virtudes humanas, y encima de las virtudes humanas, el amor a Dios, la adoración, la fe inquebrantable, la esperanza firme.
Eso es cambiar de vida, eso es cambiar la suerte de un país, eso es cambiar la suerte de una nación.
Y lo digo aquí, mis hermanos, porque nosotros estamos acostumbrados a quejarnos y a esperar a que lleguen las cosas: "Queremos pedirle al Gobierno nacional, queremos pedirle al señor alcalde que venga y nos mire, que venga y se acuerde de nosotros; queremos pedirla al Papa, al Obispo, o a no sé quíen que venga y se acuerde de nosotros".
Aleluya, está muy bien eso, ¿y ¿usted? ¿Qué tiene que hacer usted? ¿Qué puede hacer usted para que su casa sea un santuario de vida, sea una escuela de vida?
Hermanos, el mensaje de Cristo es una revolución cultural, ¿cosas concretas? Camos a dejar de echarle la culpa de nuestra vida a los demás; próxima persona que me venga a mí con la historia de que otro tiene la culpa de su vida, próxima persona que me venga con eso, yo le voy a decir: “¿Usted cuántas oportunidades ha dejado perder? ¿Cuántas predicaciones ha perdido? ¿Qué ha hecho con los recursos que ha recibido?”
De aquí tenemos que salir con la fuerza de Cristo Jesús en el corazón, a saber: que uno no puede endosarle la vida a nadie, y que uno no puede presentarse ante Cristo y decirle: "Es que como yo nací en un país, es que como yo nací en una cultura, es que como mi papá o como mi mamá".
¡Qué venga el Espíritu de Dios con poder, que venga a obrar en los corazones y que venga a convencernos de dónde empieza el cambio! Cristo nos llama hoy a un cambio profundo, a una revolución personal y cultural, a un camino de verdadera transformación social.
Vamos a continuar nuestra celebración implorando de Dios su auxilio, su sanación, su liberación.