Co25001a

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Fecha: 19980920

Título: El dia del Senor, el domingo, debe estar impregnado de la alegria de que Dios vive entre nosotros y nos ha salvado

Original en audio: 4 min. 26 seg.


Queridos Hermanos:

No hace mucho tiempo, el Papa Juan Pablo II regaló a la Iglesia un documento, uno más de su enseñanza, llamado "Dies Domini", es decir, "El día del Señor".

En este documento nos invitaba el Papa a encontrarle el sentido y el valor a este día, al día domingo.

Los medios de comunicación hablaron sobre esta carta de Papa Juan Pablo II, pero prácticamente lo único que nos dijeron es que el Papa le estaba recordando a la gente que tenía que asistir a Misa.

Esa es una descripción demasiado comprimida, incluso pobre de la enseñanza del Papa; precisamente de lo que se trata es de descubrir el día del Señor, y por consiguiente, descubrir al Señor de todos los días.

Así como tenemos la gracia y la alegría del amor de nuestras madres en la tierra o en el cielo, pero hay un día que es llamado “Día de la Madre”; así también Dios es el Señor es el Señor de todos los días; pero hay un día, que en memoria de la resurrección y en la alegría de la creación, nos recuerda que Él es el Señor, y eso también nos lo recuerdan las lecturas de hoy.

Percibir a Dios, recordar a Dios y celebrar a Dios como el Señor de toda nuestra vida; y por eso, según nuestras circunstancias, hacemos un alto en los trabajos habituales, por eso suspendemos nuestro servicio a cualquier otro señor, para que en el domingo el único Señor sea precisamente Dios, el Creador, Dios, el Redentor, Dios, el Santificador.

Qué bello encontrarnos en la iglesia liberados del ritmo del trabajo, liberados de la presión de los horarios y sentarnos así como están ustedes en este momento, para alimentarnos del banquete de la Palabra, para percibir la alegría de ser de Dios.

Esta Carta del Papa Juan Pablo, tiene una relación directa con aquél mandamiento de la Ley de Dios: santificar las fiestas.

Y a veces creemos que santificar las fiestas simplemente consiste en la obligación de ir a Misa, es algo mucho más profundo, es la conciencia que tenemos como cristianos, de que no nos hicimos a nosotros mismos, somos criaturas del Altísimo, y hemos sido salvados por el Hijo de Dios, y hemos recibido el Espíritu de santificación, y precisamente es toda esa obra de amor la que nos mueve con gratitud, entre otras cosas, a ir a la Misa, pero ese es sólo uno de los elementos.

Lo importante es que el día entero esté impregnado, esté empapado de la alegría de que Dios vive entre nosotros, de que Dios nos ha salvado.

Yo quiero, con estas palabras, hacer algún eco a esa enseñanza de Juan Pablo II, y también a que percibamos lo que significa ser de Dios y recibir de Él nuestra salvación.

Cuando Dios le dio los diez mandamientos al pueblo de Israel, le estaba dando un código de libertad para que no fueran esclavos de nada, ni del dinero, ni de ninguna idolatría, ni de ninguna pasión, ni de ningún odio, para que fueran libres.

Las enseñanzas y los mandamientos de Dios son para nuestra libertad.

Felices nosotros que cada domingo nos encontramos para alimentarnos de su Palabra, para gozarnos del amor que ha tenido con nosotros.