Co23004a

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Fecha: 20070909

Título: La logica del Evangelio es la misma logica de la Cruz: el todo por el todo

Original en audio: 14 min. 40 seg.


La primera lectura de hoy nos habla de la sabiduría y de lo difícil que es encontrar la verdadera sabiduría; y el Evangelio nos habla de ser discípulos y de lo difícil que es ser verdaderamente discípulos de Cristo.

Cristo mismo es la sabiduría del Padre. De modo que ya por ese lado hay una relación entre esas dos lecturas. Encontrarle el sentido a la vida Cristiana, encontrar cuál es el significado de la vida cristiana, no es sencillo. Se requiere una sabiduría que algunos han llamado la sabiduría de la Cruz.

¿Cómo se entiende eso de ser cristiano? A veces aquí en el convento me piden el favor de que ayude con las confesiones, me dan algunos turnos para el confesonario. Es una oportunidad magnífica de servir a mucha gente, tanto en inglés como en español, y es también una ventana muy interesante al corazón humano.

Yo no sólo me confieso, sino que tengo ocasión, por el ministerio sacerdotal, de ofrecer una ayuda con el sacramento de la Confesión a otras personas.

Y en alguna oportunidad se acercaba, por ejemplo, un joven que decía: “Yo no quiero mi fe. No la he pedido, pero no la quiero, porque la fe es aburrida, porque el Cristianismo arruina todo lo simpático, todo lo agradable que tiene esta vida".

El hombre estaba en un conflicto interior muy grande, porque por un lado él se daba cuenta de cuántas diversiones vacías hay en esta tierra: el típico plan del club nocturno, o emborracharse, o cualquier cosa de esas. Él se daba cuenta de que hay algo vacío ahí, pero al mismo tiempo es como la clase de diversión que le apetece, se siente llamado a eso y al fin y al cabo es divertido.

Y dice: “La vida no puede ser solamente trabajo, y yo siento que la vida se me está volviendo muy aburrida, pero mi conciencia, formada en el cristianismo, no me deja divertirme a gusto”. Él estaba peleando con su conciencia cristiana, porque sentía: “Mi fe cristiana no me deja disfrutar la vida. La fe cristiana está arruinando mis diversiones y mi tiempo”.

Yo creo que ese conflicto lo vive mucha gente, sobre todo cuando hay ocasión de prosperidad, cuando hay ocasión de eso,de de pasarla bueno, de disfrutar. Entonces, este hombre sentía: “Mi cristianismo me estorba, es como un vestido que yo quisiera quitarme”.

Y decía: “Lo único que yo pienso es que, seguramente Jesús debe estar triste o bravo conmigo; pero tengo que ser sincero alguna vez en la vida, y lo que me está sucediendo es esto, y por eso siento que tengo que decirlo”.

Bueno, la posición de este hombre es entendible, y yo creo que refleja muy bien lo que hemos dicho sobre ese conflicto, es decir, ser cristiano no es tan fácil, porque para mucha gente ser cristiano es entrar en una cantidad de restricciones. Ser cristiano es algo así como entrar en un régimen de prohibiciones, ¿ycuál es el sentido de todo eso?

Por eso creo que viene muy a tiempo esta primera lectura que nos habla de la búsqueda de la sabiduría. ¿Qué hay detrás de eso? Pero luego mira uno la gente que se despide del Cristianismo y no parece que tampoco le quede mucho. Lo único que les queda es pasarla bueno.

Me decía este mismo muchacho que él, tratando de sacudirse su Cristianismo, dice “He encontrado algunas técnicas de supervivencia”. Me gustó esa expresión, “técnicas de supervivencia”. Y yo creo que mucha gente anda, después de despojarse de su fe cristiana, anda en eso, Como buscando pequeños y pasajeros refugios, “técnicas de supervivencia”.

"Por lo menos me gocé ese fin de semana". "Por lo menos me gocé ese verano". "Por lo menos me gocé esta botella". "Por lo menos me gocé esa mujer". "Por lo menos me gocé ese hombre". "Por lo menos..."

Pero resulta que vivir en el régimen de "por lo menos", vivir en la pura supervivencia, tratar de rasguñar la vida para ver si le encuentro un poco de sentido a este tris de día que tengo, es algo muy triste, es algo agotador.

Y algunas personas se sienten finalmente desfallecer. Entonces se tiran al borde del camino y dicen: “A la larga nada tiene sentido”. Y algunos toman decisiones drásticas, como por ejemplo, quitarse incluso la propia vida: "Esto no tiene ningún significado".

¿Entonces qué vamos hacer? Porque resulta que si uno es cristiano, entonces hay una cantidad de prohibiciones y restricciones.

Y si uno se despide de la fe cristiana lo único que queda son las técnicas de supervivencia: "pasarla bien, tratar de tener otra novia más, tratar de esperar las vacaciones del año entrante, tratar de comprarse alguna cosa más cara, tratar de ver si me hago otra operación y por fin quedo bonito, tratar de ver si por una joya más costosa siento que mi vida sí vale la pena".

¿Qué se puede hacer ahí? Por eso necesitamos sabiduría, mucha sabiduría. Y dice la primera lectura que uno se siente como oprimido, ahí lo describe con un dualismo un poquito raro de cuerpo y alma, ¿no?

Dice, por ejemplo: “Esta morada de arcilla oprime la mente con muchas preocupaciones” Sabiduría 9,13, no solamente por las necesidades que tenemos, sino por las demandas de placer, de descanso, de estar bien.

Decía el muchacho que les cuento: “Yo tengo que pasarla bien. Yo hice un pacto con la vida: que yo iba a trabajar bien hasta el jueves, pero que el viernes ya me pertenecía”

Y yo creo que describe a la maravilla la cultura de mucha gente: "Yo trabajo fuerte, pero algún derecho tendré. Tendré derecho de emborracharme, o tendré derecho de darme las vacaciones que se me dé la gana, o tendré el derecho de ir a los prostíbulos, o lo que sea".

Entonces la gente, en esas circunstancias, está superviviendo, está sobreviviendo. Sobrevivir un día más, esa es la vida de muchos jóvenes, por eso uno los ve así como cansados, como agotados y dice: “¿Pero ¿de qué se cansaron?”

Se cansan porque están como agotados de sobrevivir: "Aquí estoy tratando de sobrevivir, de aguantarme otro día". Están así rasguñando, rasguñando la vida a ver si le encuentran sentido a otro día más.

Necesitamos mucha sabiduría. No es fácil encontrarla. Y resulta que parece que Jesús no ayuda demasiado. Porque había una cantidad de gente que lo estaba siguiendo a Él.

Era una multitud y nos dice aquí que, "Entonces se voltea Jesús, y les dice: Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos y hasta la propia vida, no puede ser digno de mí" San Lucas 14,25-26 .

Y entonces dice uno: “Pues complicadísimo eso, porque, entonces tiene uno que preferir a Jesucristo, tiene uno, pues, tien uno, y yo no me siento capaz de eso, tal vez". Jesús parece que no era un experto en marketing, Jesús como que no sabía vender muy bien su historia.

Y hay gente que cree que el Cristianismo tiene que venderse barato para ver si así sí lo compre la gente, ¿no? Hay gente que le dice a uno: “Mire, si ustedes rebajaran un poquito el problema ese de la indisolubilidad del matrimonio, y si ustedes rebajaran un poquito eso de los métodos artificiales de anticoncepción, y si ustedes rebajaran el tema del aborto, y si ustedes rebajaran el tema del matrimonio gay, y si ustedes rebajaran...”

Y todo es como quien dice: “Échele agua y agua a eso, diluya, diluya eso, que no sepa a nada y verá que así sí se vende”.

Pero ¿cómo vamos hacer eso con un Evangelio que lo que dice es lo contrario. Lo que dice Jesús es exactamente lo opuesto: que Él quiere tener sabor, que Él quiere ser una opción radical, que Él quiere ser una opción total.

La única conclusión a la que yo he podido llegar es que sólo hay un modo de entender el Evangelio, y es el modo que aparece precisamente en la Cruz: el todo por el todo. Hay cosas que sólo se entienden así: el todo por el todo.

Jesús nos invita a descubrir el tamaño de nuestras necesidades y el tamaño de nuestras respuestas en la lógica del todo por el todo. Los tiempos extremos requieren decisiones extremas. Si alguien está dispuesto a ir hasta el extremo de suicidarse, entonces yo tengo que estar dispuesto a ir hasta el extremo de decir: “Mi vida vale más que la nada”.

Son decisiones drásticas. Los tiempos son drásticos. Se requieren decisiones drásticas. Jesús hace esa invitación, Jesús hace la invitación a que uno descubra que vivir es un drama, como lo estoy tratando de describir, como lo aparece muchas veces en la Escritura. Vivir es un drama, y hay que tomar decisiones, y Él nos invita a tomar una decisión drástica.

Antes de tomar la decisión drástica de que su vida no vale nada, o antes de tomar la decisión drástica de gastar todos sus años trabajando y consumiendo, ¿por qué no piensa en tomar otra decisión drástica?: Ser realmente discípulo de Jesucristo. Y por ese lado va el Evangelio que nos encontramos en el día de hoy.

Y cuando uno se pone en esa lógica del todo por el todo, hay muchas cosas que adquieren sentido. Jesús fue un hombre que vivió la vida a máxima intensidad, Jesús fue una persona que vivió su vida al máximo, o como dicen en España, “a tope”, la vivió hasta el máximo. Esa es la radicalidad, esa es la absoluta decisión.

Y hay algo, en las personas que son así, hay algo que cautiva, hay algo que atrae. Incluso locos o posesos, como Adolfo Hitler, tuvieron eso. En tiempos de incertidumbre en Alemania, y en tiempos acomplejados en Alemania, ¿por qué el Partido Nacional Socialista ganó las elecciones? Porque la propuesta de Hitler era clara, era radical.

Yo les aseguro que más tarde o más temprano, en estos mismos países en que vivimos, eso va a suceder. Van a salir líderes radicales cuando los problemas se agudicen, y esos líderes radicales van a hacer propuestas radicales, esperamos que muchas de ellas buenas, pero también algunas seguramente terribles.

Entonces, hermanos, Jesús lo que quiere es que nosotros tomemos en serio lo que significa vivir el drama en el que estamos, que nos quitemos la venda, que descubramos que el asunto es serio, y que descubramos que en esa seriedad se pueden tomar decisiones que valen la pena.

Y Él dice: “yo les traigo una propuesta radical. Mi propuesta se llama: “el Reino de Dios, mi propuesta se llama este mensaje que ustedes me conocen”.

La radicalidad no hay que confundirla con extremismo, ni con violencia, ni con imposición sobre otras personas. Ser radical uno no significa que uno está imponiéndole a los demás. Más bien ser radical es aprender a imponerse uno, a descubrir dentro de uno, por ejemplo, como lo hizo Jesús: amor hasta el extremo, servicio hasta el extremo, oración y unión con Dios hasta el extremo, santidad hasta el extremo.

No es llegar uno a imponerle a otros, sino es descubrir uno en uno mismo esa radicalidad, ese llamado.

Y por consiguiente, el radicalismo cristiano no puede ser un fundamentalismo, ni puede ser una explosión de agresividad o de imperialismo. Es más bien una oferta que conserva la frescura, la lozanía del Evangelio de Jesús, y que estoy seguro de que es capaz de atraer a muchas personas también hoy.

Fíjese usted que las comunidades religiosas que están atrayendo vocaciones son las comunidades radicales. Tienen razón, no tienen razón, seguramente no tienen razón en todo, pero la gente que está haciendo propuestas realmente serias y que implican un cambio radical en la existencia, esas son las que están atrayendo más.

En fin, que el resto lo diga el Espíritu Santo a cada uno de ustedes. Yo cumplo con invitarlos a descubrir ese drama que es nuestra existencia, y a descubrir en ese drama una opción que nos plantea Jesús, la de optar completamente por Él, no para imponernos sobre otros, sino para recibir toda la fuerza de lo que Él nos ha querido proponer.



Sabiduría 9,13