Co23003a

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Fecha: 20010909

Título: Jesucristo llama a nuestro corazon a alcanzar su verdadera altura: la cruz

Original en audio: 19 min. 3 seg.


Queridos Hermanos:

La palabra de Nuestro Señor Jesucristo en este domingo, seguramente suena un poco extraña, Cristo nos está invitando a negarnos a nosotros mismos, nos está invitando a tomar la cruz, eso suena: "Nos está invitando a pasar trabajos, a pasar incomodidades y a sentirnos mal".

y seguramente pensamos: "¿Por qué Cristo viene con esa historia de que yo tengo que sentirme mal, si a mí me gusta sentirme bien, hacer lo que a mí me place, cuando a mí me place y hasta cuando yo quiera?"

Además, la publicidad, que es como el mensaje de este mundo, continuamente nos está diciendo: "Dese gusto, disfrute, sálgase con la suya, no se deje, goce a tope, al máximo".

¿Cómo puede un cristiano entender, recibir estas palabras de Jesucristo? ¿Son palabras para gente trastornada, para gente mal de la cabeza? O ¿será que son palabras para personas que están con un sentimiento de derrota o de cobardía, y como no logran vencer, entonces les toca resignarse y les toca decir: "Bueno, será por allá en el otro mundo, yo por ahora soy un perdedor, a mi me toca la resignación".

¿Es ese el mensaje de Jesucristo? No es ése. Lo que Cristo viene a traernos no es un mensaje de esa clase de resignación, y con la ayuda del Espíritu Santo quiero mostrar por qué.

Lo primero que hay que notar es que hay una característica en el ser humano. Nosotros, los seres humanos, somos los únicos seres en la creación visible que podemos decirnos que no. El hombre es el único ser que puede decirse a sí mismo: "No.

Los animales, las plantas no tienen esa característica. ¿Hemos visto alguna vez una vaca hambrienta que entre a un potrero de pastos jugosos y diga: "No, no voy a comer"? La vaca llega al potrero, y si está el pasto y ella tiene hambre, pues come y se acabó; en cambio el ser humano es capaz de decirse "no".

De pronto es un ser humano que está en plan de adelgazamiento y entonces le presentan un postre delicioso y la persona es capaz de decir: “Me encanta, me gusta, me fascina, pero no”.

Eso lo puede decir el ser humano, el animal no puede decirlo, ¿cuándo ha visto usted una vaca haciendo ayuno? ¿un ratón haciendo ayuno? Ojalá los ratones hicieran ayuno junto con las cucarachas y las hormigas.

Sólo el ser humano se puede decir, a sí mismo, "no". Las creaturas no tienen esa capacidad, sino solamente nosotros, pero lo más interesante es que la capacidad de decirse "no" es lo que permite al ser humano crecer. El "no", es la palabra que nos permite concentrar nuestras fuerzas en una dirección y levantarnos.

Pensemos en una persona que está aprendiendo a tocar guitarra, seguramente al principio la guitarra no le suena bien, suena mal, los deditos le duelen: "¡Ay, me duelen los dedos, esto suena mal, esta guitarra se me desafina, ¡qué fastidio"

Si le preguntáramos a esa persona: "-¿Usted disfruta con la guitarra?" ¿Qué diría la persona?: "-¡Los dedos me duelen, qué fastidio, eso suena mal, esa guitarra se desafina, qué cosa tan horrible!" "-¡Entonces vas a dejar tu guitarra?" ¿Y qué dice la persona? "-No la voy a dejar".

"-Pero si te duelen los dedos y la guitarra suena mal y se te desafina a cada rato", "-si, eso es cierto, pero yo quiero llegar a ser un guitarrista, yo quiero ser la alegría de la fiesta, de la reunión familiar, quiero tener un gran conjunto llanero, quiero ser un gran músico".

"-Pero los dedos te duelen, estás cansado, todo te fastidia, eso no suena bien. Más bien sal a jugar, sal a divertirte, mira la televisión", ¿qué dice la persona? "-No, aunque me duela, aunque me cueste trabajo, aunque hoy no me suena bien, mañana me va a sonar bien o el otro año".

Ahí nos damos cuenta de cómo la palabra "no", es la palabra que nos ayuda a concentrar nuestras fuerzas. ¿Qué pasaría con una persona que nunca se dijera que no? ¿Qué tal un atleta? Los atletas son gente madrugadora, gente activa.

¿Qué tal un atleta que lleguen las seis de la mañana, suena el despertador, ya debería estar, el hombre eléctrico listo en la cancha entrenando, trotando, calentando: "¡Ay!, yo debería de estar allá, pero es que el cuerpo me pide otro ratico y yo le voy a decir que sí al cuerpo".

Obviamente, un atleta que se dijera: "Voy a decirle que sí al cuerpo, y luego el cuerpo me pide un desayuno de tres pisos, y luego el cuerpo me pide una “banana split”, y luego el cuerpo me pide..." ¡Y luego el cuerpo le sigue pidiendo y nunca va a ser un atleta! ¡Así no se hacen los atletas!

San Pablo nos recuerda: "Todo atleta se impone privaciones", se pone una disciplina, y si algo tiene nuestra querida ciudad es deportistas disciplinados. ¡Yo cómo admiro a los deportistas disciplinados!

Aquí hay gente que desde tempranas horas está trotando, está en el gimnasio, está en la piscina, ¿por qué hacen eso? ¿Será que no les cuesta trabajo levantarse de la camita? Tal vez sí les cuesta trabajo: ¿será que el cuerpo nunca les pide que se queden otro ratito? El cuerpo sí les pide, ¿pero ellos qué dicen? "No".

Y ese "no" es el que construye atletas fuertes, grandes; pregúntele a cualquier atleta qué ha tenido que hacer, pregúntele a cualquier músico, pregúntele a cualquier científico.

Cuándo se acercaban las olimpiadas de gimnasia, le preguntaban a la campeona, a la que resultó de campeona, con un puntaje de de 9.97 sobre diez, le preguntaban cómo eran sus entrenamientos, y decía: "Hacia el final, cuando ya estaban cerca los juegos olímpicos, entrenaba cuatro horas por la mañana y tres horas por la tarde", ¡siete horas de etrenamiento!

"-¿y eso no era muy pesado? "Era muy pesado", "¿y no había veces que usted quería hacer otra cosa?" "-Claaaro", "-¿y qué decía usted?" "-¡No!"

El "no" es una palabra que tiene mucha fuerza. Lo mismo sucede en el amor, en el amor pasa lo mismo. Si el hombre llega donde la mujer y le dice: "¿Sabes que tú me gustas mucho?" Y ella dice: "No te preocupes, mi cama está arreglada, tien mucho espacio, quédate conmigo".

Claro, a esa mujer el hombre no la va a mirar como su novia, sino como su amante o su prostituta, la utilizará y la dejará, con una mujer así no va a construir nada, porque una mujer así, que más bien parece una perrita, no sirve para esposa, el día de mañana otro le va a proponer cualquier cosa y va a hacer lo que se le diga.

Hace rato que las mujeres inteligentes saben que sólo la que es difícil adquiere el mejor esposo, claro, el arte de la mujer está en ser difícil, pero no imposible, porque si la mujer es absolutamente imposible e inalcanzable por cualquier lado, pues entonces quiere decir que no le interesa tener pareja.

El "no" es muy importante ahí, los hombres valoran a la mujer que sabe tener un "no", un "no" razonable, un "no" con altura; no es el "no" de quien no puede, es el "no" de aquella mujer que es dueña de sí misma, es dueña de su cuerpo y de sus emociones y por lo tanto sabe qué lugar ocupa en una relación. El "no" es importante.

Y el "no" también es importante en la educación de los hijos. Si los papás todo le conceden a los hijos, todo lo que quiera y todo lo que pida y todo lo que se le dé la gana, ¿esos muchachos cómo crecen? Caprichosos, orgullosos, irresponsables, creen que se lo merecen todo, humillan a cualquiera, hasta el día en que se estrellan contra la vida y se dan cuenta de que los demás ya no son el papito y la mamita que estaban únicamente para satisfacer sus bobadas. El "no" educa.

Con toda esta explicación, yo creo que podemos valorar muchísimo la palabra de Jesucristo, porque la cruz es, entre otras cosas, -la cruz es un misterio infinito-, pero entre otras cosas la cruz es la capacidad de decirse "no".

Y Jesús nos está diciendo que de tal manera hemos de amarlo a Él, amar su Evangelio, amar el don de su Espíritu, amar su Reino, que seamos capaces de decirle que "no" incluso al papá, a la mamá, a los hermanos, al novio, a la novia, al esposo, a la esposa.

Es decir, Jesús sabe muy bien que la altura en el corazón humano sólo se construye con el "no" y como Él quiere de nosotros la máxima altura, por eso sabe que tiene el derecho y el deber de pedir de nosotros la máxima renuncia, la máxima renuncia para la máxima altura.

A alguien le puede parecer que es excesivo lo que pide Cristo, dice que por encima del papá, de la mamá, de los hijos, de los hermanos; pero ese es el amor, el amor grande, el amor que merece nombre, de amor es este, y eso se demuestra fácilmente con algunos ejemplos.

Miremos el caso de una vocación religiosa. Suele suceder que las mamás dicen: “Tan bellos que son los sacerdotes”, hasta que un hijo dice: “Mamá, me quiero ir de sacerdote”, en ese momento a la mamá ya no le parece tan bello.

“Tan lindas que son esas monjitas piadosas, tan fervorosas” y dice la hija: “-Mamá, yo creo que yo me voy a consagrar a Dios”, “Ay, no, mijita, pero yo quería que usted me diera aunque fuera unos cuatro o cinco nietos”.

"-¿Pero no dice usted que las oraciones y que la gloria de Dios? ¿No fue usted la que me enseñó a rezar, no fue usted la que me dijo siempre que Dios en primer lugar? "-Pues sí, pero eso era para la hija de la vecina, ¿pero no ve que usted es mi hija? Cómo me va a usted a dejar así!"

Esa hija o ese hijo en ese ejemplo que estamos dando, tiene que escoger finalmente: "O le hago caso a Cristo, o le hago caso a mi mamá". Hay veces que la cosa es de ese tamaño, se los dice una persona que lo vivió, así tal cual y en ese momento seguramente toca decir: “Yo amo a mi mamá, mi mamá me mima; pero, primero Cristo, segundo mi mamá".

¡Sólo un amor así es capaz de transformar el mundo! Y Cristo no vino a esta tierra a darse un paseo de turista, vino a cambiar la historia de los hombres, vino a expulsar el dominio de Satanás, vino a darnos la salvación.

Ese hijo seguramente tiene que decirle a la mamá, con los hechos más que con las palabras: "Mamá, tú vas de segunda, tú no eres la primera", y eso es lo que quiere Cristo. En ese caso, ese hijo o esa hija ha tenido que decirle a la mamá: "No".

Pero el caso contrario también se presenta. Otras veces es la mamá la que tiene que decir que no, porque no todos los comportamientos de los hijos son buenos comportamientos, y hay veces que los hijos quieren "que como mi mamá me ama tanto, mi mamá me tiene que aprobar todo lo que yo haga".

Y hay veces que la mamá tiene que decir: “Yo quiero muchísimo a mi hijo, pero precisamente porque lo quiero, yo no puedo admitir lo que él está haciendo”. Y seguramente el hijo va a lastimar el corazón de la mamá: "¿Mi mamá por qué no me apoya? ¿Mi mamá por qué me hace esa cara? ¿Mi mamá por qué me trata así?"

Y la mamá tiene que aguantarse eso, porque la mamá tiene que decir: "¿A quién voy a agradar? ¿Agrado a mi hijo o a mi hija que está viviendo en pecado y que quiere que yo le apruebe eso, o agrado a Cristo? Y la mamá tiene que decir: “Amo a mi hijo, pero primero Cristo”. En ese caso, la mamá ha tenido que decir: "Mi hijo en segundo lugar", le ha tenido que decir al hijo: "No".

Por eso hermanos, este mensaje de Cristo es maravilloso, es un mensaje que llama al corazón humano a su verdadera altura.

Lo que nos está diciendo Jesucristo es: "No te quedes a medio camino, tú sabes que tú podrías ser muchísimo más, y tú sabes que por estar complaciendo en el pecado, y tú sabes que por estar complaciendo en la pereza, y por estar complaciendo en la negligencia te quedaste en la mitad.

Llega hasta el final, alcanza tu verdadera altura, levántate a aquello para lo que fuiste creado; tú no viniste a esta tierra a pasear solamente, levántate, toma tu verdadera altura, no llegarás a ella sin la escalera de la cruz".