Co22003a
Fecha: 20010902
Título: Amar la humildad, vivir la humildad y amar a los humildes
Original en audio: 13 min. 4 seg.
Hermanos:
Las lecturas de hoy nos invitan de distintas maneras a apreciar la humildad para vivir la humildad.
Con la ayuda del Espíritu Santo vamos a buscar algunas de esas enseñanzas. Yo creo que ningún predicador puede agotar completamente lo que la Biblia nos da; la Biblia es como una fuente, cada predicador saca de esa fuente, pero ninguno es capaz de agotar todo lo que trae esa fuente.
Por eso, bendito sea Dios que podemos compartir esta Palabra, pero cada uno piense que esa Palabra todavía tiene muchas más cosas que decirle. Seguramente, si usted fuera a otra iglesia o en otro horario, escucharía a otro predicador y allá Dios también tendría otras cosas que decirle.
Con la ayuda del Espíritu, acerquémonos a los textos de hoy: Jesús nos habla de los primeros y de los últimos en un banquete.
Aquel que se da mucha importancia y que de pronto queda avergonzado porque lo devuelven al último puesto, mientras que otro toma una postura más sencilla, y el que lo invitó le dice: "Ven, acércate", de manera que el que quería hacer mucho, resultó con nada; y el que fue más sencillo y humilde, resultó bien ante toda la concurrencia.
Con este ejemplo tan sencillo Jesús nos invita a no ser nosotros mismos los que nos damos la importancia, los aplausos y el lugar, porque en este banquete, que es la vida, quedamos tarde o temprano reducidos a nuestra verdadera expresión.
Yo creo que esta idea del Señor Jesús la podemos decir también con otras palabras; hay un refrán que dice: "Sé humilde, porque la vida confesará tus errores".
A veces tratamos de mantener una apariencia, y eso es como el hombre que fue a buscar el primer puesto, pero como dice otro refrán: "Llega el momento en que mostramos el cobre", en el que se ve la realidad de lo que somos.
De modo que Cristo nos esta enseñando aquí a evitar la apariencia, a evitar ese orgullo, esa prepotencia con que a veces podemos presentarnos por el dinero que hemos ganado, por los estudios que hemos hecho, por la belleza que Dios mismo nos ha regalado, por las amistades que tenemos o por tantas otras cosas; los ejemplos serían centenares tal vez.
Mencionemos unos sencillitos: de jóvenes a veces nos sentimos fuertes y creemos que nuestras opiniones son las más importantes y el papá o el abuelo es un viejo "chuchumeco", retrógado que no sabe ni dónde esta parado, que no sabe lo que es la vida moderna, que no sabe cómo son las cosas hoy: "Mi mamá es una vieja anticuada, pero yo soy la nueva generación, yo sí tengo las ideas nuevas".
Y aquí seguimos con los refranes: "Cuando un hombre empieza a entender lo que le decía el papá, ya tiene un hijo que no le cree"; cuando empezamos a entender que nuestros papás no eran viejitos "chuchumecos" retrógrados, sino que son personas que nos han amado, a veces ya ha pasado mucho tiempo y hemos cometido muchos errores que nos humillan.
"-Mijo, que esas amistades no le convienen", "-¡Ay, mamá, papá, es que usted no sabe, es mi vida!"
Después: "Ese amigote con el que usted se metió fue el que le robó toda la plata, fue quien lo llevó al vicio", "ese novio con el que usted andaba para arriba y para abajo la dejo preñada con un hijo que se quedó sin padre": "-¡Ah, sí, mi papá tenía razón!"; ese es un ejemplo. "Yo soy la hija, yo soy la importante", "yo soy el hijo, me las sé todas"; ese es un ejemplo.
Otro ejemplo que podemos dar de estos mismos: el asunto del dinero. Son tan inestables las circunstancias económicas, que no rara vez sucede que las personas que se sentían multimillonarios y superpotentados, por una cosa así de chiquitica, se le va todo al suelo.
¿Quién de nosotros está libre de una enfermedad incurable? ¿Quién está libre del secuestro, del boleteo, de la amenaza, de una mala inversión? ¿Quién de nosotros está libre de meter su dinero en una compañía que parecía firme y un día quebró y se desapareció todo el mundo?
Y toda esa prepotencia suya: "¡Yo tengo la plata!", ¿y qué pasó con todas esas inversiones que hizo? ¡De para abajo!
Y cuántas personas he conocido yo, que después de tener su flota de carros y camionetas y de todo por ahí, están haciéndole el pare al micro y pensando si cojo taxi o me voy a pie. La vida da vueltas en el banquete de la vida. Y lo mismo pasa con la salud, es otro elemento que nos ayuda a encontrar la realidad de la vida.
Ustedes recuerdan a un famosísimo multimillonario Aristóteles Onasis, tenía el dinero para comprar lo que quisiera pero a él le empezó una enfermedad, niastemia grave, se llama esa enfermedad; los músculos pierden la tonicidad, se van volviendo como si fueran de algodón de azúcar, y la persona no puede hacer ninguna fuerza.
Tenía que ponerse cinta pegante para poder mantener los ojos abiertos, porque se le caían por la pérdida de tono muscular; tenía todo el dinero del mundo, podía humillar con la plata o con la presencia, y no podía tener los ojos abiertos.
La vida, mis hermanos, nos enseña que todas esas cosas de las que nos enorgullecemos, todos esos estudios, y todos esos dineros se acaban, se terminan por la enfermedad, por la vejez, por lo que sea.
Un día me llaman al convento donde vivía a ver si podía asistir a un enfermito que está paralitico y no consiguen Padre que vaya allá, y está muy grave y muy deprimido; yo no quería ese día y les dije: "Por favor, en tantos días, tres o cuatro días, vengan y recójanme y vamos a mirar al enfermo".
Y efectivamente, el enfermo quería confesarse; era un gran personaje de la radio colombiana, un hombre que amasó dinero y fama como ustedes no se pueden imaginar.
En una sala sola, sucia, llena de polvo, este hombre, que ya no tenía con quién conversar, hombre que tenía la sala llena de fotos con los presidentes, con los grandes campeones del deporte, con las reinas de belleza, paralítico, tembleque, confesando sus pecados, "pidiendo cacao" porque estaba a punto de morirse.
Y a la semana o diez días después, otra llamada: "El hombre que usted asistió se fue a la eternidad; ese hombre, en los días de su florecimiento, era el hombre del éxito, el hombre importante que podía mandar a la porra a todo el mundo: "Yo soy el que tiene las grandes amistades, yo soy el que tiene el dinero, yo soy.. yo soy...."
La vida le muestra a uno que ese no es el camino, y eso es lo que Jesús nos quiere decir hoy. Jesús nos quiere decir que todas esas cosas en las que nosotros estamos poniendo a veces nuestra confianza, porque hoy día tenemos salud, porque no nos han secuestrado a alguien o de pronto ya pasó, porque hoy día tenemos dinero o lo que sea, que esas cosas no pueden ser razón de orgullo.
Porque además el orgullo no nos deja ver al hermano pequeño, al necesitado; y por eso Jesús nos dice: "Abre tus ojos, abre tu corazón, abre tu bolsa al necesitado.
No solamente nos invita Jesús a amar la humildad, sino a amar a los humildes; yo voy a necesitar de la oración de todos ustedes porque soy una persona traumatizada: a mí me han robado varias veces, la última vez me atracaron amenazándome con un arma de fuego, soy una persona traumantizada, necesito sanación, necesito oración para salir de ese trauma que tengo.
¿saben por qué quiero salir de ese trauma? Porque le he tomado miedo a las personas que veo por la calle, a las personas que se me acercan les tengo miedo porque me han hecho daño, y quiero sanarme de eso, y con la oración de ustedes espero poder sanarme, para poder obedecerle a Cristo y para tratar con más amor a las personas, así a veces parezca que son una amenaza para nosotros.
Porque Cristo nos dice que hay que amar no solamente la humildad, sino también amar a los humildes; en ellos, en esos que nos parecen despreciables, que nos parecen incluso como se decía "desechables", ¡qué palabra tan horrible!, en esos hay una presencia de Cristo, hay una enseñanza de Cristo, hay amor de Cristo; porque Cristo en esas personas, lo mismo que con estas palabras, nos esta enseñando en dónde tenemos que poner nuestro corazón.
Como dijo la segunda lectura: "Nosotros nos hemos acercado al Dios vivo, a la asamblea de Ángeles en fiesta, a las almas de los bienaventurados, al monte de Sión" Carta a los Hebreos 12,22; nosotros sabemos dónde esta el verdadero bien, allá tenemos que acercarnos. Y Jesús, a través de su palabra y a través de los pobres, nos esta diciendo cuál es el camino para allá.
Que la gloria sea para Jesucristo y que nuestros corazones, sanados y convertidos, le hagan caso.
Amén.