Co11006a

De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de este día está tomado del capítulo séptimo de San Lucas. Es un episodio que nos conmueve profundamente por el encuentro entre una persona infinitamente necesitada, que es aquella pecadora pública y otra persona, infinitamente generosa; hablo de Nuestro Señor Jesucristo (cf. Lc 7, 36-8,3).

Así que el Evangelio de hoy, es el encuentro entre la necesidad y la generosidad, y en esa mujer tenemos que vernos representados todos, porque también nosotros somos necesitados. Santo Tomás de Aquino decía que en nosotros, en cada ser humano hay una doble oscuridad: el pecado y la ignorancia. Y esa doble oscuridad implica, por supuesto, una doble necesidad; pero esa doble oscuridad, también nos hace descubrir en dónde está la doble claridad que trae Cristo, porque con su verdad vence nuestra ignorancia, y con su Gracia destruye nuestro pecado.

Aquel fariseo que había invitado a Cristo, piensa para sus adentros y dice: “Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!” (Lc 7, 39). No es que Cristo desconociera el pecado de esa mujer, por supuesto que Cristo la conocía bien, de hecho, Cristo la conocía mejor que el fariseo; de hecho, Cristo sí que la conocía perfectamente, porque el conocimiento de Cristo, no queda únicamente en ese sedimento de nuestro pecado, sino que la mirada de Cristo penetra hasta lo más profundo de nuestro ser, ahí donde siguen abiertas nuestras posibilidades de acceder a la Gracia Divina. No es que Cristo sea ingenuo y no se dé cuenta del pecado, lo que sucede es que la mirada de Cristo no se detiene en el pecado que hemos cometido, Cristo no se queda en lo que nosotros hemos sido, sino que Cristo es capaz de ver, es capaz de descubrir, y es capaz de hacernos ver lo que llegaremos a ser con su auxilio, con su misericordia, con su poder.

¡No!, no le falta mirada a Cristo; le falta mirada al fariseo, y nos falta mirada, también a nosotros, cuando al ver a las otras personas, nos quedamos únicamente en lo que tienen de defectuosas. Ver los defectos de los demás y no ver sus inmensas posibilidades, es estar medio ciegos, y por eso, el único que puede limpiar nuestra mirada, el único que puede aclarar nuestra vista, es aquel que dijo “Yo Soy la luz del mundo” (Jn 8,12).

Bendito sea Jesús, bendita sea su mirada, que su mirada me descubra y me ayude a ver las posibilidades que ni yo mismo conozco, y que luego esa claridad me ayude a volverme hacia mis hermanos, para descubrir también en ellos, posibilidades, misericordia, luz de Dios, que seguramente ha estado escondida a mis propios ojos. Bendito sea Jesús, bendito Rey de Misericordia, bendito Redentor de nuestras almas; a Él, el honor y el poder por los siglos. Amén.