Co11002a

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Fecha: 20070617

Título: Asi como tenemos que ser valientes para denunciar, tenemos que ser generosos y claros en mostrar la misericordia de Dios

Original de audio: 15 min. 55 seg.


Decía el Papa Juan Pablo II, que si se pierde la noción del pecado, se pierde también la noción de la gracia. Y es natural, cuando una persona piensa que no tiene de qué arrepentirse, que no tiene nada qué corregir en su vida, tampoco puede experimentar la alegría de ser perdonado.

El que no tiene de qué arrepentirse, no tiene de qué lo perdonen; y el que no tiene de qué ser perdonado, tampoco tiene de qué alegrarse ni qué agradecer al Dios que predicamos que perdona.

Esto es muy interesante, porque perder el sentido del pecado es exactamente lo que vemos en muchos aspectos de nuestra sociedad, donde todo se convierte en normal, únicamente juzgado en términos de si es conveniente, si es útil, si reporta beneficio, o si gusta.

Más o menos la idea que hay es que, si dos o más personas adultas se ponen de acuerdo en algo, nadie debe meterse ahí, esa es su vida privada; si ellos consienten en hacer algo, y no están dañando a otras personas, entonces esa es la vida de ellos.

Además, están una cantidad de explicaciones de orden sociológico, psicológico que son a veces muy difíciles de evaluar, de modo que en general las personas sienten que no son culpables de nada, no son culpables, simplemente son las circunstancias que se presentaron así.

Y cuando perdemos completamente el sentido de la culpa, pues perdemos también el sentido de la responsabilidad y perdemos el sentido de la gratuidad, el sentido de la gracia.

Eso está sucediendo en nuestro tiempo. Para muchas personas, el único problema de emborracharse es que eso entra en conflicto con el trabajo, o que de pronto los pueda hacer algo violentos. El único problema de abortar es que no vaya haber daño en el cuerpo de la mujer, que le haya pasado al cuerpo del bebé, pues en alguna caneca estará ese cuerpo.

Y así vamos recorriendo la vida en una perspectiva cerrada, egoísta, cómoda, que es capaz de justificarlo todo; mientras no se sepa, mientras no se conozca, se puede seguir adelante, y si se conoce, pues se intenta justificar, o se toma una postura cínica.

¿Qué podemos hacer para recuperar el sentido del pecado sin caer en el otro extremo, Porque el otro extremo también existe.

Hay personas que, así como hay gente que no conoce el arrepentimiento, hay personas que sólo conocen el arrepentimiento, de todo viven arrepentidas, agobiadas por un sentimiento de culpa, acomplejadas por cosas que hicieron hace cinco, diez, quince veinte años, reprochándose a sí mismas todo el tiempo, esa también es una plaga de nuestro tiempo, gente agobiada por la culpa.

Entonces qué hacer, por un lado tenemos personas que sienten que todo es natural, es natural abortar, es natral ser infiel, es natural cambiar de pareja, es natural defraudar la confianza de unos electores, todo es natural, todo es explicable, todo es justificable.

El único límite que existe es la Ley, "¡pero qué caramba! La Ley la hacemos nosotros mismos, lo único que hace falta es elegir otros congresistas, otros senadores que aprueben lo que hoy no se aprueba y listos, seguimos para adelante".

Entonces en un extremo tenemos esa postura que no reconoce ninguna ley, y no reconoce ninguna culpa, y no reconoce ningún arrepentimiento.

Y en el otro extremo tenemos personas que viven agobiadas por su propia culpa o por culpa del mundo, y les parece que todo el mundo es sucio, que todo lo que sale en la televisión es asqueroso, que todo lo que se encuentra en Internet es peligroso, que todo lo que sale en los periódicos es mentira, que todo lo que está en la calle es venenoso y que todo su pasado es sucio. Hay personas que viven así también agobiadas.

¿Qué es lo que propone la Biblia? La Palabra de Dios no propone ninguno de estos dos extremos, ni la gente que cree que todo se puede justificar y que todo es normal, ni la gente que cree que todo está podrido, y que todo apesta, y que no hay otra cosa sino vivir en medio de un complejo de culpa terrible.

La primera lectura de hoy nos muestra algo muy diferente, hay una denuncia clara del pecado. El rey David se enamoró de una mujer que tenía esposo, esa mujer se llamaba Betsabé, el esposo se llamaba Urías, y David quería ardientemente poseer a esa mujer, y él era el rey y utilizó su poder para deshacerse de Urias.

¿Cómo? Pues, como ya se había acostado con ella, como ya había cometido adulterio con Betsabé, primero trató de convencer a Urías de que tuviera relaciones con la esposa, de manera que cuando naciera el niño, si ella quedaba embarazada, y sí quedó embarazada, entonces Urías pensara que ese niño era de ella.

Obsérvese el nivel de maquinación, la suciedad de la intriga que prepara David; pero Urias era un soldado tan fiel al mismo David, que eso es lo peor, lo más irónico, Urias era tan fiel a su pueblo y era tan fiel a David, que Urías, mientras estaba en campaña, ni siquiera iba a dormir a su casa, porque él estaba totalmente consagrado en cómo mejorar la lucha, cómo estar listo para el combate.

Cuando David vio que Urias nunca iba a dormir, mientras estaba en combate, nunca iba a dormir a la casa, allá con la esposa, entonces cambió de estrategia y lo envió a lo peor de la batalla y mandó órdenes de que lo dejaran solo para que fuera asesinado, para que fuera herido y cayera muerto, y cuando ya cayó muerto, entonces ahí sí se casó David con Betsabé.

Es decir, es el poder al servicio de la concupiscencia, es el máximo poder al servicio de la máxima suciedad, eso fue lo que hizo David; y frente a eso tenemos a un profeta, que en este caso se llama Natán, que se planta frente al rey y que le dice en la cara: “Usted hizo esto, y esto, yesto, y le muestra que además de adúltero, mentiroso, intrigante y asesino es un terrible desagradecido: "Mira todo lo que Dios ha hecho por ti, mira todo lo que Dios te ha concedido y mira cómo has obrado tú”.

Yo creo que esto es muy importante, ese sentido de la verdad, y en ese aspecto yo creo nosotros como creyentes tenemos que ser Natán y tenemos que ser valientes y llamar las cosas por su nombre, porque entonces ahora ya no se llama aborto, ahora se llama “interrupción voluntaria del embarazo”, explíquele eso al bebé que termina en una caneca, explíquele esto, por favor.

Entonces nosotros como creyentes tenemos un llamado profético a llamar las cosas por su nombre y a decir esto no es.

Y uno pierde amistades y lo miran feo por eso, digan a esta Europa del siglo XXI, digan que no es lo mismo ser homosexual o heterosexual, ya ahorita me llevan a mí a no sé dónde por homofogo, yo soy ahora soy homófogo, soy enemigo del progreso, la libertad, la democracia, porque tengo que estar callado, ¡pues no, no puedo estar callado, no se puede tolerar eso.

Tampoco se pueden tolerar otras cosas, no se puede tolerar la injusticia social, no se puede tolerar la destrucción del planeta Tierra como la estamos haciendo, no se puede tolerar la corrupción política administrativa, no se puede tolerar la corrupción eclesiástica, incluyendo pederastas y todos esos escándalos que ustedes conocen en este país y otros países.

Pero el hecho de que haya porquería en la Iglesia no significa que tengamos que callar nuestras voces como diciendo:" Ah, pues señores políticos, sociedad libertina, tapémonos con la misma cobija todos, ustedes son sucios, nosotros somos sucios, callémonos todos"; al contrario, hay que limpiar la Iglesia, hay que purificar el sacerdocio, y hay que limpiar igualmente la sociedad.

Todo ello requiere mucho esfuerzo porque no es únicamente denunciar, es también entender que hay seres humanos implicados; la mujer que aborta no necesita únicamente conocer que su aborto fue un crimen, sino necesita ser reconstruida ella misma.

La persona que toma un camino de promiscuidad, la persona que toma un camino de prostitución, la persona que toma un camino de pornografía, de homosexualidad, no necesita un dedo acusador solamente, necesita amistad, respeto, comprensión; pero necesita saber que ese no es el camino.

La persona que comete injusticias, la persona que roba necesita ser tratada con la humanidad que le ha negado a otros, pero al mismo tiempo esa persona necesita tener claridad en su conciencia.

Entonces esa es la primera fase, hay una fase de denuncia, y en esto nosotros los católicos tenemos que ser muy claros, hay que hacer la denuncia y la denuncia le sale a uno muy cara, pregúntemelo a mi, la gente le deja uno de hablar, uno se queda sin amigos, uno se queda con una etiqueta grandota que dice “dinosaurio”, o cualquier cosa parecida. Pero ese es un precio que hay que pagar.

El tiempo pasa y el tiempo va mostrando qué pasa con una sociedad si no se denuncian las cosas, afortunadamente este continente europeo es también el continente de la historia, y hay mucha historia que contar, hay muchos imperios y muchos reinos, empezando por los grandes imperios de Grecia y de Roma, y ahí se sabe qué pasa cuando una sociedad todo se va permitiendo, y ahí se sabe cuál es el fin de esa sociedades.

Entonces el tiempo pasa y se va viendo que las denuncias son razonables, aunque repito, no es únicamente denunciar, hay que ser parte de la solución.

Y luego viene la otra fase, David queda así denunciado, no tiene para donde esconderse, se da cuenta de que no puede engañar a nadie y sobre todo no puede engañarse a sí mismo ni engañar a Dios, y entonces se arrepiente: “He pecado contra el Señor” 2 Samuel 12,13. Y entonces le responde Natan: “El Señor borra tu pecado. Tu no vas a morir” 2 Samuel 12,13.

Así como tenemos que ser valientes para denunciar, tenemos que ser generosos y claros en mostrar la misericordia de Dios.

Nunca puede ser cristiana una actitud que termina en hundir, que lleva a la conclusión de que hay que destruir, acabar, hundir a la persona que ha cometido un error, y en ese sentido claro que la iglesia ha cometido históricamente fallas protuberantes, la que ustedes seguramente recuerdan más, la Inquisición.

Claro, hay que reconocer que hubo una gran cantidad de abusos. Lo único que a mí no me gusta del tema de la Inquisición, que es el enojo que yo tengo, por no darle un nombre peor, con la BBC, es que ha cada rato sacan el tema de la Inquisición, y sacan los escándalos de la Iglesia Católica, y no muestran el lado protestante.

Y resulta que se quemaron muchos más brujos y brujas en los países protestantes y por obra de la Reforma protestante, ¿por qué no hablan de eso? ¿Por qué siempre que se quiere presentar la Inquisición, se quiere presentar como un fenómeno derivado del celibato, de los sacerdotes, del Papa y de España?

No seamos tontos ni ustedes ni yo, hay una agenda política detrás de eso, hay una agenda política que quiere conservar irrelevante a la Iglesia Católica en este continente.

Y por eso es necesario repetir, una y otra vez, que hay sacerdotes miserables y que hay miserias en la iglesia; pero el propósito de eso es una agenda política clara que hay, y detrás de eso, ustedes saben que hay masonería y hay muchas otras cosas aquí en Europa.

De lo que se trata ¿es de qué? De mantener irrelevante a la Iglesia, que la Iglesia no pinte nada, que la Iglesia no importe, que la Iglesia no signifique nada, eso es lo que se quiere.

Pero si fuéramos a la verdad de los hechos, claro, hay que arrepentirse de la Iglesia que cometió desmanes y sadismo y lo que fuera en la Inquisición católica; pero compléteme la pintura, por favor, cuente la historia completa, cuente qué fue lo que sucedió en los países protestantes, cuente cuáles son los excesos del fundamentalismo protestante, y ahí nos vamos entendiendo. Y haga lo mismo en las otras religiones.

En todo caso, hay que purificar, hay que limpiar, y al mismo tiempo hay que creer en el perdón de Dios.

Hay que creer que uno tiene que arrepentirse con sinceridad, pero hay que creer que Dios perdona al que se arrepiente con esa sinceridad, que Dios transforma esa vida, que Dios, como se nos demostró en el evangelio de hoy, derrama su perdón, su amor sobre esa persona, esa pecadora arrepentida que somos cada uno de nosotros.

Entonces sigamos esta celebración, recordemos los puntos fundamentales: no creemos en el libertinaje ni en que todo es normal, tampoco creemos en una vida agobiada por los complejos de culpa, eso es lo primero.

Segundo, las denuncias hay que hacerlas claras, caiga quien caiga, respetando los derechos de las personas y queriendo ser parte de la solución. Y tercero, así como denunciamos, también anunciamos, anuncuiamos el perdón, creemos en el perdón, predicamos el perdón porque lo hemos recibido y porque sabemos que un corazón arrepentido es siempre bienvenido a las puertas del cielo.

Sigamos esta celebración agradeciendo a Cristo su misericordia, y pidiéndole valor y amor para ser fieles testigos suyos.