Co07001a
Fecha: 19980222
Título: Cristo con su Espiritu hace posible lo imposible
Original en audio: 8 min. 23 seg.
Queridos Hermanos:
Tal vez al escuchar las palabras del evangelio nos hemos preguntado: "¿Por qué Jesús pedía cosas casi imposibles?" En un país como el nuestro golpeado por la muerte, la violencia, abundante, no en asesinatos sino en masacres.
¿Cómo hablar de amor a los enemigos, de perdón para los que odian, de oración para aquellos que nos injurian? Y en otro plano, si miramos, por ejemplo, la familia, si miramos la pareja, ¿cómo perdonar la traición de la pareja? ¿Cómo amar a la persona que destruyó el hogar? ¿Es eso posible? ¿Por qué Jesús pide imposibles?
Se han intentado varias explicaciones a esta pregunta, lo que sí podemos decir es que si Jesús está ordenando, mandando algo que no es posible para nosotros, está pidiendo un imposible y desde luego la pregunta permanece: ¿de qué sirve pedir imposibles, eso de qué sirve? ¿Qué clase de religión es esa? ¿Esa religión sólo sirve para que uno vea que no es cristiano? ¿Para que uno vea que es malo? ¿Sería ese todo el sentido de las palabras del Señor?
Hoy yo creo que no, no debemos olvidar, hermanos que la predicación de Jesucristo es solamente uno de los aspectos de su misión. Jesús no fue solamente un predicador, no fue sólo un maestro, Jesús así como predicaba así también sanaba los enfermos, expulsaba a los demonios, levantaba a los muertos, son como cuatro dimensiones de la obra de Nuestro Señor Jesucristo.
Destruye el poder de la muerte, restablece al que está enfermo, lo sana, expulsa al demonio que huye en retirada e ilumina a la inteligencia, todos estos aspectos son como la manera con que Jesús venció el mal en todas sus formas, porque el mal se expresa como ignorancia en la mente, o como corrupción de las costumbres, o como enfermedad en el cuerpo, o como insidia del enemigo del demonio, o como tragedia de la muerte.
Pues frente a estas cinco plagas están las cinco Llagas de Jesucristo vencedor y estos cinco aspectos de la misión de Cristo se complementan mutuamente, lo vemos muy bien en aquel pasaje del paralítico, la gente lo trae porque está paralítico, está enfermo en su cuerpo.
Pero Jesús lo primero que le dice es: “Tus pecados quedan perdonados” (véase San Marcos 2,5), porque Jesús veía que había otra parálisis en ese hombre. La misión de perdonar el pecado y la misión de sanar el cuerpo van juntas, no debemos separar esos cinco aspectos de la misión de Jesucristo.
Y a mí me parece que con esta consideración entendemos mejor el evangelio de hoy, lo voy a decir con esta comparación: supongan que le traen a Jesús, como sucedió tantas veces un cojo o un paralítico, y Jesús, como dice el evangelio, le manda: “Levántate” (véase San Marcos 2,9), eso es pedirle un imposible porque ese señor está enfermo, ese señor no puede moverse, es un paralítico.
Y pregunto yo, ¿nosotros diríamos que Cristo es cruel por pedirle un imposible a ese paralítico? Respuesta: no es cruel porque en el momento mismo en que le dijo: “Levántate” (véase San Marcos 2,5), le estaba dando la fuerza, lo estaba sanando en sus coyunturas, en sus músculos, en sus huesos para que se pudiera levantar.
He aquí la diferencia entre la palabra externa y la palabra interna, el que tiene solo una palabra externa como era el caso de Moisés, como es el caso de los legisladores en los cuerpos colegiados de las sociedades humanas, las leyes que hacemos nosotros los hombres e incluso también la Ley de Moisés, era una palabra externa.
En cambio la palabra de Jesucristo es una palabra al mismo tiempo externa e interna, Jesús le dice, le ordena al paralítico que se levante y al mismo tiempo le da la fuerza para que se levante, es la palabra externa porque “la Palabra se hizo carne” (véaseSan Juan 1,14), pero es la Palabra interna, porque es el Cristo el Ungido del Espíritu y la acción del Espíritu Santo es interior.
Cristo tiene palabra exterior como nosotros pero tiene la palabra interior que es la palabra del Espíritu, cuando nosotros miramos los mandamientos de este evangelio de hoy: “Amad a vuestros enemigos, perdonad a los que os injurian” (véase San Lucas 6,27), cuando los miramos solamente como una palabra exterior decimos: “Ese Jesús podrá cumplir tal vez esas cosas pero yo no puedo”.
"Allá ese evangelio, allá esa religión, mi vida es dura, yo no puedo hacer esas cosas". Ya Cristo sabe que tu no puedes, pero Él no es solamente Maestro, es también Médico y su palabra no es sólo palabra exterior, es palabra interior y la palabra de Cristo, exterior e interior, cuando se pronuncia sobre nuestra vida, hace lo que nosotros con nuestra parálisis no podíamos hacer.
Por eso cuando Cristo dice: “Amad a vuestros enemigos” (véase San Lucas 6,27) no nos está mandando como simplemente diciendo: “Ya vieron ese imposible ahora alcáncelo", no; Cristo está mostrando el imposible y dando la gracia para el imposible, el que se queda sin la gracia se quedará pensando también simplemente que eso no se puede lograr.
Pero Cristo tiene la palabra interior que es la palabra del Espíritu y con esa palabra del Espíritu, con esa acción poderosa nuestro ser es cambiado y nosotros descubrimos con alegría, con sorpresa de nosotros mismos que el perdón es posible.
Así sucede eso maravilloso que se llama la sanación interior, sucede con la palabra interior, con la palabra profunda, con la palabra de gracia que Cristo tiene porque Él es el ungido del Espíritu Santo, sin el Espíritu Santo Cristo es un modelo inalcanzable y las palabras de Cristo quedan para no se quien.
Con el poder del Espíritu Santo la palabra de Cristo hace como al principio en la creación: obras nuevas, criaturas nuevas. Eso le puede suceder a usted, si usted acepta en su corazón, si usted cree en su corazón, -no para hacerlo con sus fuerzas sino con la fuerza de su amor-, todo lo que Él nos ha dicho en el evangelio de hoy.