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Fecha: 20010211
Titulo: Las Bienaventuranzas segun la version de San Lucas
Original en audio: 17 min. 16 seg.
Hermanos Míos:
Estamos ante el texto conocido de las bienaventuranazas según la versión de San Lucas. Escuchamos la versión de San Lucas, porque durante este año, en la liturgia, los domingos, estamos oyendo sobre todo a San Lucas.
Los textos del evangelio del domingo, si usted toma nota, son todos de este evangelio. Y así, durante este año nuestro maestro es Lucas, que nos va a hablar de Cristo; su palabra es como un reflector, que desde un ángulo preciso, ilumina la figura de Jesucristo.
Como sucede en esta iglesia, donde estas luces iluminan esa imagen de Cristo; si encendiéramos otras luces, tal vez aparecería una imagen distinta, o tal vez descubriríamos en esa misma imagen, otros aspectos.
Eso es lo que hace la Iglesia, cada año nos enciende un reflector diferente para que contemplemos de un modo particular la figura de Cristo, de acuerdo con esa gracia que el Espíritu Santo le concedió, en este caso, a Lucas.
El año entrante vamos a oír casi todo el año a Mateo, otra luz distinta que encenderá, y nos va a enseñar otras cosas; y el año siguiente vamos a conocer lo que nos ofrezca Marcos.
Por eso, si una persona tiene la saludable costumbre de asistir con atención a la Misa del domingo, cada vez encuentra más iluminada la figura de Cristo y cada vez encuentra más luz en su corazón, porque nada trae tanta lumbre al alma como la palabra y el testimonio de Jesús.
Las bienaventuranzas las encontramos en dos lugares de la Biblia: Mateo, en el capítulo quinto; y Lucas, en el capítulo sexto de sus respectivas obras.
Hay pequeñas diferencias, por ejemplo, Mateo trae ocho bienaventuranzas, Lucas trae sólo cuatro; pero sobre todo la diferencia más notable es que Lucas no sólo trae bienaventuranzas, sino también, invectivas, malaventuranzas.
Podríamos decir que Lucas, como un buen profesor, no sólo enseña lo que quiere que aprendamos, sino también nos muestra lo contrario, porque muchas veces con el contraste se aprenden mejor las cosas.
Ya de niños aprendíamos los conceptos fundamentales por oposición, aprendemos lo que es cerca, en contraste con lo que es lejos; aprendemos lo que significa amistad, en contraste con lo que es enemistad, y así sucesivamente.
Así Lucas también pone ante nosotros un agudo contraste; hay una promesa grande de felicidad para aquellas personas que, aparentemente, no tienen razón alguna para ser felices; y en cambio, hay un augurio de tristeza para esos otros que, aparentemente, tienen todas las razones para ser felices.
Se trata, por tanto, de un mensaje paradójico, parece que esto viene del mismo Cristo, que enseñando de este modo paradójico, deja grabada en la mente una palabra que es como un enigma, ¿cómo se le puede decir a una persona que es pobre, que pasa hambre, que llora y que es odiada, cómo se le puede decir a ella feliz?
Y por otra parte, ¿qué motivo habría para anunciar tristeza a una persona que es rica, que está satisfecha, que se ríe y de la cual todo el mundo habla bien?
Cristo, con estas paradojas, con esta inmensa paradoja que es su predicación del Reino, agarra nuestra mente, se adueña de nuestra mente, es como cuando a uno le cuentan una historia intrigante, una historia de suspenso de la cual necesitamos saber el desenlace, o como cuando a uno le plantean un rompecabezas interesantísimo, que tal vez puede llegar incluso a desvelarnos.
Cristo hoy nos ofrece un enigma, nos plantea un rompecabezas; su predicación, el anuncio del Reino de Dios, no es una cosa obvia, no es una cosa trivial, más bien es una paradoja, es un enigma que reta nuestro entendimiento y que incluso puede llegar a descorazonarnos.
Hay que decir varias cosas sobre este enigma. Lo primero: partamos de la base, que debe estar clara, de que Cristo todo lo que hizo, todo lo que padeció, todo lo que predicó, lo hizo, lo padeció y lo predicó por amor; este rompecabezas, esta paradoja nace de un corazón que nos ama.
Cristo, si algunas veces tiene que agrietar nuestras certezas, no es como un enemigo cuando pone sitio a una ciudad.
Si Cristo tiene que agrietar nuestro mundo, que parece a veces liso y contundente e impenetrable como un balín, si Cristo tiene que romper esa certeza, tenemos que saber, que si agrieta, lleva una fuerza que es fuerza de amor.
Es el amor el que hace que Cristo en esta noche golpee nuestras puertas y murallas, porque de pronto estamos demasiado encerrados, y de pronto necesitamos que se abra una grieta en toda esa certeza que tenemos.
Una persona que no se atreve a dudar, es una persona que nunca llega a saber; una persona que no tiene grietas, es una persona que nunca cuestiona su camino; una persona que nunca se quebranta, es una persona que nunca llega a entender a los que están quebrados.
Necesitamos grietas, necesitamos paradojas, necesitamos de alguien que nos cuestione, y Cristo, Él, con su palabra, y siempre con su testimonio, nos agrieta, porque el primero que vive las bienaventuranzas es el mismo Cristo; su existencia, aún antes que sus palabras, es un rompecabezas, es un enigma para nosotros.
¡Cuánto odio contra Él! ¡Cuánta pobreza en su modo de vivir! ¡Cuánta tristeza la que anega su alma, por ejemplo, cuando reza por el mundo! Él es el primero en quien se cumplen las bienaventuranzas, Él es el verdadero pobre, el verdadero hambriento; su llanto es de perlas y diamantes, y el odio que ha caído contra Él, lo trituró como lo vemos en la Cruz,
Dejémonos cuestionar por Cristo, de pronto nuestro mundo, demasiado asegurado, es un mundo demasiado egoísta; de pronto nuestro mundo, demasiado obvio, es un mundo demasiado aburrido; de pronto Cristo tiene razón.
¿Cuántas veces vemos que personas conocidas por nosotros buscan experiencias extremas? Ahora están de moda los deportes extremos.
Una persona se asoma a un acantilado agarrada por una cuerda y se lanza, cae en el vacío treinta, cuarenta metros, hasta que lo sostiene un resorte. Un vértigo terrible nos sube de pensar en lo que se puede sentir; recogen a ese improvisado aeronauta y lo suben. Está pálido, morado, rojo, amarillo, pero vivió una experiencia extrema.
¿Qué es la búsqueda de experiencias extremas, sino esa necesidad que nosotros tenemos de quebrantar la rutina, la obviedad, la lógica implacable y aburrida de nuestra existencia? Necesitamos que Cristo rompa nuestra vida, necesitamos que Cristo muestre que muchas veces nuestra confianza está puesta donde no debe.
Es más o menos lo que nos decía la primera lectura: "Maldito el que aparta de mí su corazón para poner en los hombres su confianza" Jeremías 17,5-6.
De pronto tu mundo parece muy seguro, pero de pronto todas tus certezas están puestas en seres humanos tan débiles, tan cansados, tan dubitativos, tan entenebrecidos o más que tú, y cuando tienes todos tus ahorros puestos en cuentas débiles, frágiles, ¿qué de raro tiene que un día te fallen y sientas que todo se perdió, y llegues a la peor de las desesperaciones?
Ya la primera lectura es como un intento de Dios, es como una pregunta de Dios: "¿En dónde tienes tu firmeza? ¿De dónde crees que te va a venir la felicidad? ¿Qué es lo que crees que nunca te va a fallar? ¿Quién es el que piensas que siempre estará a tu lado? ¿Tú crees que eso que tienes, esa satisfacción porque eres rico y puedes reirte, y crees que eso te va a durar todo el tiempo?
¿Qué va a pasar cuando te llegue la enfermedad? ¿Cuando te llegue la traición? ¿Cuando te llegue el tedio? ¿Cuando te llegue el cansancio? ¿Qué va a pasar cuando mueren los que amas, o cuando peor que eso, te den la espalda?"
Por eso, estas bienaventuranzas y estos textos extraños como el de Jeremías, son una invitación a que busquemos en dónde estamos cimentados, y parece que la persona que ya ha pasado por el dolor, por la traición, por la pobreza, por el despojo y que ha aprendido fundarse en Dios, esa persona es la única a la que podemos llamar feliz.
Todos los demás son unos ilusos, son unos soñadores, y la realidad de la vida les va a despertar con un golpe salvaje.
¿En qué estamos fundados? ¿Qué es lo que crees que no te va a fallar? ¿Cuánto tiempo piensas que te va a durar tu salud, o tu dinero, o tus amigos? ¡De tantos modos está amenazada la vida humana!
Casi todos los que estamos aquí creo que sabemos de esa noticia absurda como dolorosa: un loco, se salta el separador de la autopista norte, se va encima de un carro y va y mata a un poco de gente; te puede pasar a ti, le puede pasar a uno que tú amas, me puede pasar a mí.
¿En qué está fundada nuestra vida? ¿Tenemos cimiento suficiente para tragedias? ¿Tenemos cimiento suficiente para enfermedades terminales? ¿Tenemos cimiento suficiente para la traición de los amigos?
Sólo el que esté fundado, totalmente fundado, radicalmente fundado en Dios, sólo el que tenga su confianza puesta en primer lugar en Dios, sólo ése resistirá, los demás, se cansarán, se desesperarán; a los demás les caerán las palabras de Cristo: "Pasaréis hambre, tendréis que sufrir y llorar" San Lucas 6,25.
Por eso, preferible, aprender en dónde está la firmeza, en dónde está la lucha que no termina; depositar ahí nuestra confianza, y encontrar la verdadera bienaventuranza.