Co03001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980125

Título:Solo el Espiritu del Señor hara que nosotros agrademos a Dios

Original en audio: 9 min. 9 seg.


La Santa Iglesia nos ofrece la Palabra de Dios con abundancia. En los domingos, esta palabra tiene tres lecturas, la primera de ellas seguida de un salmo de respuesta.

La primera lectura y el evangelio usualmente llevan como una cierta concordancia; la segunda lectura por lo general trae un tema distinto, tomado de las Cartas del Nuevo Testamento o casi siempre Cartas de San Pablo.

Y esos dos temas distintos invitan a meditar, a celebrar, a predicar y a vivir. Cada domingo es una invitación a la vida, cada domingo se cumple aquello que dijo en algún lugar el Profeta Isaías de "preparar un banquete de majares suculentos de vinos generosos" Isaías 25,6.

Cada domingo, así como asiste en mayor número el pueblo de Dios, así también el Niño Dios, por su Iglesia, prepara un banquete más abundante porque va a venir más gente y se necesita que vayan robustos, se necesita que vayan bien alimentados.

Pero es muy difícil para el predicador hacer adecuada mención de los dos temas que suele traer cada domingo. Hoy se notan bastante bien: aquél tema de la Iglesia y el cuerpo y los ministerios o carismas como aparece en San Pablo la lectura de Corintios, y ese otro tema que tiene su semejanza entre Nehemías y Lucas.

Se puede encontrar, desde luego, la relación, pero ni resulta tan sencillo ni resulta tan obvio, y por eso casi siempre uno debe escoger. ¿Por que quería la relación que hay entre la primera lectura y el evangelio? Porque, de hecho, así están ofrecidas por la Iglesia.

La primera lectura es una proclamación de la Palabra de Dios, propiamente una proclamación de la Ley de Moisés. El pueblo venido del destierro se encuentra, se reúne, y es Esdras, el escriba, el que hace el oficio de predicar, reproclamar la palabra para que el pueblo la escuche.

La primera lectura es una proclamación solemne de la Ley de Moisés. El evangelio, por su parte, es una solemne proclamación de la Ley de Jesucristo, de la Ley del Espíritu.

La gente se reúne, nos cuenta el libro de Nehemías, para escuchar con atención la proclamación de la Ley. Y la gente se reúne en la sinagoga de Nazaret para escuchar este otro predicador, al mismo Cristo. La gente escucha con atención la lectura que hace Esdras, y se necesita el ministerio de los levitas para que la ley pueda ser entendida.

Jesús predica en la sinagoga de Nazaret, la gente tiene los ojos fijos en Él, siguen con atención sus palabras, esta vez no se necesitan levitas porque la explicación de las palabras está, por una parte, en las mismas obras de misericordia que realiza Cristo y está, por otra parte, la acción del Espíritu Santo dentro de los corazones.

Entonces tiene un parecido entre estas dos lecturas, pero en la proclamación que hace Esdras, son inevitables las lágrimas y no son lágrimas solamente de emoción, no son lágrimas de gozo, son lágrimas de tristeza, y por esto es necesario que los sacerdotes y levitas intenten convencer a las personas.

Este no es día de luto, este no es día de duelo. Ustedes se han equivocado, no tendrían que llorar. Los sacerdotes, los levitas estudiosos de la ley que han profundizado más en esta palabra, saben que aunque parezca dura, contiene bondades de Dios, pero para la mayor parte de la gente, es una palabra que oye con tanta atención como tristeza.

Este llanto generalizado del pueblo, este llanto abundante del pueblo esto es el Antiguo Testamento. Es la profunda comprensión de que la voluntad de Dios no se logra y no se logra.

Esta escena se parece mucho a lo que sucede en el Segundo Libro de los Reyes cuando el Rey Josías es notificado, se ha encontrado un libro que contiene una cierta ley allá en el templo.

Habían pasado por aquella época los días tenebrosos de reyes impíos, y Josías ve el libro que todos los estudiosos dicen que se corresponde con lo que hoy es el Deuteronomio.

Josías lee este libro y se llena de tristeza y se llena de miedo, y dice, “pues Dios tiene que estar muy bravo con nosotros porque hemos vivido muy mal, porque no hemos conocido esto, porque no lo hemos respetado” 2 Reyes 22,13

Y entonces Josías, rey piadoso, manda a celebrar una pascua con todas las de la ley. Eso que hace Josías es como un intento de ponernos al día con Dios.

Estábamos atrasadísimos, ahora sí vamos a ponernos las pilas, ahora sí vamos a celebrar bien la Pascua. Y sin embargo, sabemos que ese intento de Josías no duró mucho porque después de Josías, vienen otros reyes también pusilánimes, también incoherentes, también infieles.

Y finalmente vendrá el destierro y después del destierro, hacia el siglo quinto, segunda mitad del siglo quinto antes de Cristo, es Esdras y Nehemías.

Son ellos los que reúnen al pueblo, y lo que hemos escuchado en este capítulo octavo del libro de Nehemías, es otra vez como: "bueno, pongámonos las pilas, no estamos cumpliendo la ley, no estamos viviendo las cosas; ahora sí".

Y para que se vea que esta es una proclamación solemne, vamos a hacer un púlpito especial, vamos a reunir la gente, vamos a preparar los levitas, vamos a hacer buenos propósitos. Y sin embargo, hay una sensibilidad en el pueblo de Dios; hay una sensación profunda de tristeza.

¿Sabes por qué? Porque es otro propósito del ser humano. Otra vez el ser humano queriendo, con sus buenas intenciones y con sus buenos propósitos, agradar a Dios.

Y el evangelio lo enseña clarísimamente: sólo el Espíritu del Señor hará que nosotros agrademos a Dios. Tal es la obra del Espíritu, tal es la misión de Cristo.

A Él gloria por los siglos.

Amén.