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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de este domingo está tomado del capítulo 15 de san Lucas, es uno de los textos más conocidos de la Sagrada Escritura, y con toda razón, porque lo podemos llamar en toda la Biblia el “Evangelio de la Misericordia”. Se trata de la historia tan conocida de aquél hijo que se va de casa a lejanas tierras, y allí desperdicia la herencia de su padre. El gasto excesivo de este muchacho irresponsable le da nombre, por lo menos de modo popular a la parábola, se trata del “hijo pródigo”, esto significa el “hijo desperdiciador”, el que ha malgastado tanto que recibió de Dios su Padre, porque en efecto ese padre, el de la parábola, representa a nuestro Padre Dios y ese hijo, es indudablemente cada uno de nosotros, porque todos hemos desperdiciado de los dones de Dios.

Hemos desperdiciado el tiempo que Dios nos ha otorgado, hemos desperdiciado de la inteligencia que nos ha dado, la manera cómo hemos usado nuestros ojos, cómo hemos usado nuestras manos, cómo hemos usado nuestras palabras, se parece demasiado a lo que nos cuenta esta parábola; es decir hemos ha habido notable desperdicio, hemos desperdiciado muchos de los dones que Dios nos ha concedido.

Pero este Evangelio no se queda en la condena, no es solamente denuncia, es principalmente “anuncio”, y es anuncio de misericordia. Ese padre compasivo sale al encuentro del hijo y lo restituye en su dignidad de hijo, eso, ¡exactamente eso! es lo que Dios hace con nosotros, mur particularmente en el sacramento de la Confesión, con su misericordia el Señor cubre nuestras muchas miserias, por eso nos da un vestido nuevo; con su misericordia Dios nos da ese anillo, que significa en la cultura antigua, la pertenencia a una familia; darnos su anillo quiere decir: darnos autoridad de volvernos dignidad de hijos, “no eres cualquiera, has cometido errores, pero no eres basura, la basura quiso ensuciar tu corazón, pero tu no eres basura”, ese anillo te recuerda que perteneces a la familia de Dios y por eso con gratitud celebramos la gran misericordia que hemos recibido.

Un último detalle que quiero destacar de esta preciosa parábola, en la frase final el padre compasivo dice: “porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15,32). ¿Qué quiere decir esto?, que esos son los frutos de la misericordia, eso es lo que logra la misericordia: le da vida a los que estaban muertos y hace que aquellos que estaban extraviado, que se habían perdido en la jungla del pecado y de la confusión encuentren nuevamente la ruta. Por eso nosotros también somos llamados a tener misericordia, es decir, a dar vida a aquellos que se sienten muertos, y a dar una luz a aquellos que se sienten extraviados, perdidos en la jungla y en las confusiones de este mundo.

Demos a gracias a Dios por su inmensa compasión, recibamos esa misericordia y seamos también testigos de misericordia como tantas veces nos lo ha pedido el Papa Francisco.