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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20010325

Título: Dios transforma el tiempo perdido y lo convierte en un mensaje de liberacion, de gracia, de amor

Original en audio: 17 min. 36 seg.


Notemos en esta conocida parábola, mis hermanos, que Cristo es supremamente realista, es decir, llama las cosas por su nombre. Cristo en ningún momento dijo que el hijo menor había sido un buen hijo, porque a veces cuando queremos mucho a una persona, nos cuesta trabajo reconocer los defectos que tiene.

Por ejemplo, suele suceder que las mamás no le ven ningún error ni ningún problema ni ningún pecado a los hijos, y los ven tan buenos, tan buenos, tan buenos, que los echan a perder.

Cristo no se parece a esa manera de amar. Cristo Nuestro Señor no ha dicho que el hijo menor fuera un buen hijo. Eso no fue lo que dijo Cristo, sino más bien que ese hijo menor tenía un excelente papá.

Pero el hijo menor se portó muy mal, muy, muy mal, y así lo muestra Cristo con sus palabras. Aquí surge la primera enseñanza para nosotros: el comienzo de la conversión no está en maquillar las cosas, ni en buscar disculpas para nosotros, o en echarles las culpas de nosotros a los demás.

Si uno quiere entrar en el camino de la conversión lo primero que debe aprender es a no echarle la culpa de la propia vida a nadie. Si hay una canción que no puede llamarse cristiana es esa que dice: “Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”. Esa canción sonaba cuando yo tenía la edad de la niñita que ya se me durmió.

Cuando yo estaba de esos años ya sonaba la canción “soy rebelde porque el mundo me hizo así”. Pues no. Deje de echarle la culpa de su vida a otras personas. Ese es el primer paso. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Si una cosa es pecado, se llama pecado. Cristo no le cambia el nombre a las cosas. Ese es otro defecto que nosotros cometemos.

Si un hombre, por ejemplo, se roba la plata del municipio o del departamento o de la nación, es astuto, es que él es astuto en los negocios ¿ven? No es ningún astuto, es un ladrón, que es distinto. Una cosa es ser astuto y otra cosa es ser ladrón.

Si un señor se pega una borrachera de tres pisos es que está un poquito alegre. No estaba alegre, estaba borracho y daba pesar mirarlo como un cerdo. Hay que darle el nombre a las cosas. A veces el nombre que hay que darle a las personas no se puede decir en la Iglesia, porque resultan unos nombres muy duros.

Si una persona, por ejemplo, anda en amores con uno y con otro y con otro, eso tiene su nombre; a esa mujer hay que darle su nombre. Realmente es una mujer que está viviendo muy mal. Dejémosla por ahí. Es una mala mujer. Hay que darle nombre a las cosas. El pecado es una cosa real que existe de una manera real en la vida.

Usted no diga, por ejemplo, no diga: “Yo traté de salvar la situación” diga más bien: “Dije unas cuantas mentiras”. Usted no diga por ejemplo: “Es que yo no me dejo de nadie”, diga más bien: “Soy un orgulloso de siete suelas”. Usted no diga por ejemplo: “A mí el que me la hace me la paga”, diga: “Yo gusto de vengarme”. Si le volvemos a dar el nombre a las cosas, empezamos a corregirnos.

Bueno, pero sigamos. Jesucristo nos presenta el cuadro de una vida en desastre. La vida de un muchacho que perdió tiempo, dinero y la herencia que le había dado el papá. La parte bonita de la parábola es que Cristo no se queda ahí en la denuncia del pecado.

Hay un hombre, un autor que se llama Marcel Proust escribe una obra gordota que se llama "En Busca del Tiempo Perdido". A veces nosotros entramos en largas lamentaciones sobre lo que no hicimos en la vida.

Siempre hay días en que uno está con baterías bien bajas, siempre hay días en que uno siente que ha perdido el tiempo, siempre hay días en que uno hace un balance y de pronto ve que la vida se ha perdido, que en parte, por lo menos, la vida se ha perdido.

Cristo nos enseña hoy cómo hay que aprovechar incluso las cosas malas. En la primera lectura, cuando los israelitas entraron en la tierra prometida Dios les dice una cosa que es muy profunda y muy hermosa. “Hoy les he quitado de encima la ignominia de Egipto, hoy les quité de encima la vergüenza de Egipto" Josué 5,9.

Cuando el pueblo que había salido de Canaán en tiempos del patriarca Jacob pudo volver ahora guiado por Josué, cuando entra a esa tierra Dios les dice “les quito de encima la vergüenza, la ignominia de Egipto. Dios hizo que ese tiempo, ese tiempo de esclavitud, ese tiempo de opresión, ese tiempo de Egipto, se convirtiera en una manifestación del poder que Dios tiene.

Dios es tan poderoso, mis hermanos, que puede utilizar incluso los pecados, las maldades, el pasado sucio, Dios lo puede utilizar para convertirlo en un lenguaje de amor y en un motivo de agradecimiento.

Y eso fue lo que le pasó al hijo menor. El hijo menor cuando vuelve a la casa, volvió y ahí sí descubrió qué quería decir casa, qué quería decir banquete, y sobre todo qué quería decir papá. Ahí si descubrió, cuando volvió a la casa. El amor del papá transformó el pecado del hijo en un motivo de enseñanza, más, de agradecimiento, todavía más, de alabanza.

Dios puede tomar los días perdidos, el tiempo perdido, como decía Marcel Proust, Dios es el único que puede ir en búsqueda del tiempo perdido. Nosotros, ¿qué podemos hacer con la vida mal aprovechada? Nada, pero Dios sí puede ir en búsqueda del tiempo perdido. Dios tomó todo ese tiempo que los israelitas habían vivido en Egipto y lo transformó en un cántico de alabanza.

Porque los israelitas nunca conocieron tanto el poder de Dios como cuando los sacó de Egipto y los guió con mano poderosa a través del desierto.

Dios tomó ese tiempo de Egipto, que era un tiempo malo, un tiempo de desgracia, un tiempo de vergüenza, un tiempo de tiniebla. Tomó ese tiempo y con su poder, con su fuerza liberadora transformó ese tiempo malo en un lenguaje bueno, en un mensaje de gracia, de amor y libertad. Esa es la muestra más grande del poder de Dios.

Dice santo Tomás de Aquino que es más grande la obra de la redención que la obra misma de la creación. Si nos parece maravillosa la naturaleza, y las estrellas y los arroyos y los campos, pensemos que la obra de la redención es más grande que todo eso. Y así sucede efectivamente en la Biblia, así pasa.

Examinemos el caso de San Pablo. San Pablo fue un hombre que vivió muy mal, no porque fuera borracho, ni pendenciero, ni mujeriego, ni codicioso, sino porque en su orgullo y en su autosuficiencia creía que no necesitaba de ese Mesías prometido. Y por eso rechazaba a Cristo y a los cristianos.

Y tanto los rechazaba que los perseguía. Ese fue un tiempo muy oscuro en la vida de Pablo, pero Pablo fue ganado por el amor de Dios. El amor de Dios triunfó en la vida de Pablo. Y pablo, ganado por el amor de Dios, se convirtió en un predicador del amor de Dios.

¿Y qué hacía Pablo? Contar su experiencia. Pablo hablaba de lo que él había sido y de lo que Dios había hecho con él. Por ejemplo, dice al comienzo en la primera carta a Timoteo: “Yo que antes fui un perseguidor y un blasfemo, y aquí estoy" Carta a Timoteo 1,13.

¿Qué está haciendo Pablo cuando habla así? Está tomando ese tiempo desechado, ese tiempo perdido y lo está transformando en un mensaje de gracia, en un mensaje de amor, en un mensaje de salvación.

Por eso, la enseñanza que quisiera que nos quedara hoy es esa: Dios transforma el tiempo perdido y lo convierte en un mensaje de liberación, de gracia, de amor. "Yo estuve en Egipto, yo fui esclavo en Egipto, podían decir los israelitas, nosotros fuimos esclavos en Egipto. Oiga, ¡qué vergüenza haber sido esclavo, qué humillación haber sido esclavo!"

Sí. Pero cuando dicen los israelitas: “Yo fui esclavo, Dios me hizo libre”, con esa manera de hablar transforman el tiempo malo, el tiempo de humillación, el tiempo de vergüenza, lo transforman en un mensaje de alegría, de amor, de libertad.

"Yo era, Yo era, pero Dios hizo de mí otra cosa". De ese modo recuperamos el tiempo perdido.

Antes de entrar a la comunidad, esta bendita comunidad que se llama la Orden Dominicana, yo estaba asistiendo a un grupo de oración.

Un grupo de oración católico, porque hay grupos de oración protestantes, y a mí trataron de embelesarme los protestantes, pero gracias a las orientaciones de mi mamá sobretodo, yo conservé la fe católica, y hoy bendigo a mi madre y bendigo a Dios que me guardó en la fe católica.

Yo estaba en un grupo de oración católico, y allá precisamente, sobre todo allá aprendí la importancia de dar testimonio, la importancia de contar lo que Dios ha hecho por nosotros. Cómo es hermoso cuando empezamos a oír el testimonio de una persona.

Por dar un ejemplo: en este tiempo están con nosotros tres religiosas, aquí en nuestro pueblo, pero ellas no nacieron con hábito, no les pusieron hábito en vez de pañales. Ellas fueron niñas como esta bella durmiente. Quién sabe si se dormirían en misa también. Yo a veces miro a alguna y digo: “Esta era de las que se dormía”.

Estas hermanas tuvo que haberles pasado algo para que entraran a esa comunidad, las Dominicas de la Presentación. Tuvo que haberles pasado algo. En ellas hay una historia de amor, hay una historia de salvación.

Está conmigo un religioso, fray Héctor Fabio, tuvo que haberle pasado algo para que él esté ahí. Y en mi vida tuvieron que pasar muchas cosas, y algunas se parecen a las del hijo pródigo.

Tuvieron que pasarme muchas cosas antes de que yo me diera cuenta de la grandeza de Dios y del amor de Dios, y antes de que dijera: “Yo no quiero hacer más en esta tierra sino aprender a predicar de mi Dios y por eso entré a esta Orden, a esta Comunidad religiosa que se llama la Orden de los Predicadores.

Usted también tiene una historia de amor, usted tiene una historia de salvación. Dios le ha perdonado cosas a usted, ¿cierto? Dios lo ha llamado con amor, Dios lo ha esperado con paciencia, Dios lo ha recibido con ternura. Dios ha preparado y prepara un banquete: ni más ni menos que el banquete de la Eucaristía.

Ya el banquete no es el del ternero cebado, el del novillo más gordo, es el Banquete del Cordero, el Cordero de Dios. Dios prepara para usted un banquete y el alimento es el Cordero de Dios. No un cordero de la tierra, sino un Cordero del Cielo. Regalo del Padre Celestial. Papá Dios nos regala su Cordero.

Usted ha experimentado amor ¿cierto? Usted siente amor, usted ha vivido el amor. Y usted sabe que usted no se merece eso, porque usted seguramente ha hecho muchas cosas que son indiferencia, ingratitud, lejanía de Dios, pero Dios le ha tenido paciencia. Pues alégrese y yo también me alegro.

Alegrémonos, hermanos, alegrémonos, Dios nos amó. Dios nos ama por encima de nuestros pecados. Dios toma ese tiempo perdido y lo transforma en un mensaje de amor, de gracia, de salvación, de liberación.

Cuente, cuéntele eso a la gente, viva con alegría su fe, entusiásmese contando lo que Dios ha hecho por usted. Dígales a sus amigos. Sea verdaderamente amigo de sus amigos haciéndoles el bien. Cuénteles lo que usted ha encontrado en Dios. Atráigalos también a ellos hacia Dios.

Así como el hijo menor, cada uno de nosotros debe transformar un paréntesis horrible de pecado en un lenguaje maravilloso de amor y de libertad. Es tan poderoso Dios, es tan poderoso el amor de Dios que es capaz de hacer eso, contigo y también conmigo.