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Fecha: 20010325

Título: Papa Dios siempre esta esperando que volvamos a El

Original en audio: 23 min. 26 seg.


Esta parábola tan hermosa, trae siempre salud, trae siempre bendición; pero nunca tanto como en la Cuaresma.

Estamos en cuaresma, estamos preparándonos para revivir, para vivir de nuevo el misterio de nuestra reconciliación, y esta parábola precisamente nos habla del misterio, del milagro, del regalo de la reconciliación.

Por eso mis hermanos, aprovechemos esta parábola. Esta palabra la pronuncia Dios para nosotros, para que salgamos de esta Iglesia con una certeza en el corazón: "Papá Dios me está esperando".

A veces, cuando nos va mal, decimos: “Dios me abandonó”, incluso hay un salmo que empieza con esas palabras: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos mi oración no te alcanza” Salmo 22,2, y Jesús en la cruz rezó con ese salmo, como nos cuentan los evangelios.

Cuando nos va mal decimos: “Dios me dejó”, “Dios se fue”, “Dios me abandonó”; pero hoy Jesús nos muestra que no es tanto que Dios lo haya dejado a uno, no es tanto que Dios nos haya abandonado, somos nosotros los que hemos dejado a Dios.

Y por eso, cuando vemos que las cosas andan mal, que de pronto la muerte se pasea, la violencia crece, nosotros no vamos a cometer el error de decirle a Dios: "¿Por qué nos has dejado?", sino que hoy tenemos que preguntarnos: "¿Por qué nosotros abandonamos a Dios?"

No fue Dios el que se fue, nosotros fuimos los que nos alejamos, nosotros nos apartamos de Dios. Dios no se ha movido.

Cuando este hijo menor de la parábola, se fue con la parte de herencia, el papá no se mudó, tampoco se fue corriendo detrás del hijo, el papá se quedó en su sitio, no se fue, no se fue ni para otra casa, ni se fue corriendo detrás del hijo, y ahí hay una enseñanza importante para nosotros.

Examinemos eso. El papá no se fue corriendo detrás del hijo: “Ay, mijo, no se vaya; mijo, quédese, mijo...” No. El papá no hizo eso. El hijo le dijo, como dice esta traducción: “Dame la parte de herencia que me toca. Y el papá le repartió los bienes" San Lucas 15, 12, ahí se los repartió".

El papá no le estuvo rogando: “Ay, mijo, ¿cómo me hace eso?” No. Y el hijo, después dice acá: “Juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano” San Lucas 15,13, y el papá no se fue detrás: “¡Mijo, no se vaya!”

¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que nosotros somos creaturas libres, y que si nos resolvemos a irnos de Dios, Dios, que nos hizo libres, nos deja ir; Dios respeta nuestra libertad; Dios es nuestro Creador, Dios nos hizo libres, si nosotros, en nuestra libertad, nos resolvemos a irnos, Dios nos deja ir.

Irse de Dios es buscar los países lejanos, y el país lejano de Dios, lo único que está lejos de Dios, puesto que Dios está en todas partes, el único país lejano, se llama el pecado, sólo el pecado está lejos de Dios, porque bien nos enseña nuestra fe que Dios está en todas partes.

El que quiera buscar algo lejos de Dios, le toca volverse pecador, porque en cualquier otro sitio Dios está, menos en el pecado.

Y se fue, y se fue el muchacho al país lejano, se hizo pecador y Dios le dejó ir, porque Dios lo creó libre, y si él, si ese muchacho en su libertad escogió el pecado, Dios eso le deja, "ese es el camino que tú has escogido", y aquí hay una enseñanza que podemos sacar.

Dejemos de echarle la culpa a Dios, dejemos de echarle la culpa a la suerte. Y decía un pensador inglés: "La gente amontona todas las brutalidades y torpezas de su vida, hace un muñeco grande de todo y dice: “Este es mi destino”.

El destino se lo labra usted, hermano, el destino lo construye usted, usted en buena parte es el autor de su destino; ese muchacho construyó ese destino, el día que él se largó de la casa empezó a crear, empezó a construir los días de hambre que después tuvo que pasar.

Pregunta: ¿qué futuro estamos construyendo nosotros? El muchacho que es un perezoso y un tramposo en el colegio, está construyendo un futuro; la muchachita que es superficial, sensual y que le encanta estar jugando con los muchachitos y "a ver a quién le gusto y a quién no le gusto", está construyendo las lágrimas, las desgracias del día de mañana.

Los novios que no piensan sino en acariciarse y en buscar el pedacito oscuro para andarse besuqueando están construyendo el mañana de desgracia, de soledad, de separación.

Los papás que no miran en qué pasos andan sus hijos, que no saben cuáles son las amistades de los hijos, que no averiguan si el corazón del hijo está o no está en Dios, los papás que dejan a los hijos están construyendo las lágrimas y la soledad de la ancianidad.

Nosotros construimos lo que va a suceder, y Dios se queda en su casa, Dios no sale corriendo detrás de nosotros.

Hay un ejemplo, un ejemplo que me parece que es muy claro. Me encontré en una misión a una señora, y me decía ella: “Padre, yo sé que la Iglesia dice que los métodos artificiales de planificación familiar, -como es el preservativo y como son las pastillas anticonceptivas y esas otras cosas-, pomadas, unturas, riegos, no sé que más usarán por allá.

"Padre, yo sé que esas cosas la Iglesia no las aprueba; pero yo sí le quiero decir que no estoy de acuerdo con eso que dice la Iglesia, ycon mi esposo estamos planificando y..."

Entonces yo me puse hablar con ella y yo le dije: “Mire señora, la Iglesia no es caprichosa, eso tiene una razón de ser", y empecé a explicarle las consecuencias que tenían esas substancias para el cuerpo de ella, para el amor de ellos dos.

"-Que mi esposo es como es y como Dios lo hizo, y...", "-bueno, pero es que el hombre también se puede educar, es que la mujer no es una bestia, el hombre tiene que educarse tambien en su sexualidad, señora".

Bueno, ahí estuvimos hablando y no quedó convencida, no serví para convencer a la señora, y se acabó esa misión, porque a uno de sacerdote no siempre le va bien, hay veces que uno habla y no convence.

Pero fíjese lo que pasó. Pasaron los años, varios años, y después de esos varios años, vuelvo yo al mismo pueblo, al mismo pueblecito donde había estado en misión, y vuelve y aparece la misma señora, es que esto sí es para contarlo verdaderamente.

Esa pobre señora con unas ojeras terribles, con una amargura espantosa: "-Ayúdeme a rezar que se me fue mi esposo", "-¿Y cómo así?" Y empezamos a recordar la historia.

"-¿Y cómo así? ¿por qué se fue? ¿Qué fue lo que pasó?" "-No, me empezó a engañar con una mujer de allá del trabajo, y yo, pues, no me di cuenta de eso, y ya cuando me di cuenta, ya era muy tarde, yo si sospechaba algo, pero ya era muy tarde".

Y empezamos a echar cuentas. Resulta que esta pareja estaba con el cuento de la planificación familiar no desde que se casaron sino desde que eran novios, ya ahí habían empezado a utilizar condón, o yo no sé qué cosa utilizaban, ya ahí habían empezado.

Y le decía yo a esta señora: “Oiga, usted se da cuenta de que cuando usted era la novia de él, y ustedes tenían relaciones de novios, él la seguía a visitandop en la casa, ¿cierto?" "-Sí, claro, él iba a mi casa", "-¿y él saludaba a su mamá, a la mamá suya, señora?" "-Sí él era muy buena gente", él siempre se entendió muy bien con mi mamá".

"-Y su mamá sabía que ustedes estaban en esos juegos?" "-No, mi mamá no sabía", "-entonces, el que era su novio, y después se casó con usted, estaba mintiéndole a su mamá ¿cierto? Cuando iba allá a la casa y saludaba: “Señora, mucho gusto, yo soy el novio de su hija”, cuando estaba saludando a la mamá así, entonces estaba engañando a esa señora, porque él se presentaba como un muchacho muy respetuoso y muy correcto y hacía rato que tenía relaciones con usted, ¿verdad?"

"-Ay, sí, padre, verdad que sí", "-entonces ese muchacho era un mentiroso, que miraba a los ojos a la mamá suya, señora, miraba a los ojos y mentía a su mamá, ¿sí o no?" "-Sí, verdad, claro, era un mentiroso", "-¿Y quién le enseñó a decir mentiras?" "-Pues entre los dos".

Y desde esa ocasión, yo me acuerdo de esa conversación y les puedo decir en dónde fue, pero desde luego no lo voy a hacer, no fue de por aquí cerca, desde esa ocasión yo saqué una conclusión que la digo siempre que puedo.

Entonces yo le dije: "Señora, ¿sabe una cosa? El curso de mentiroso se lo hizo usted, usted, con ese jueguito que tengamos relaciones cada vez que queramos, usted le hizo el curso de mentiroso a su propio esposo, y el que le enseña a un hombre a ser mentiroso, le enseña a un hombre ser infiel.

Usted, señora, le hizo el curso de infidelidad a su esposo, usted fue la primera que enseñó a su esposo a mentir.

Usted, que le enseñó a decir mentiras, las mentiras que él le decía a la mamá suya, señora, las mentiras que su esposo aprendió a decirle a su mamá, después se las pudo decir a usted, y así como miraba a la señora y la saludaba y era muy simpático y era un hipócrita con esa señora, ahora es un hipócrita con usted, y con la vieja con la que ahora está saliendo va a ser otro hipócrita".

Démonos cuenta mis hermanos, uno labra su destino, y yo las cosas las digo por su nombre, porque aquí hay niñas y hay jovencitas, a mí no me vengan con cuentos bobos como si yo no hubiera vivido y yo no supiera como son las cosas.

Muchachos, muchachitas, a mí no me vengan con cuentos bobos, "que él me engañó", hoy nadie engaña a nadie, eso era antes cuando la gente no sabía como eran las cosas; hoy nadie engaña a nadie, el día que usted se va de la casa de Papá Dios se va sabiendo que se fue, no se diga mentiras.

"Que me engañaron", ¡cuál me engañaron!, lo que sí puede suceder, que eso sí ahí qué vamos a hacer, ya es cuando es el uso de la fuerza bruta, ya de la violación,bueno, un caso trágico, pero hoy de es de lo estamos hablando hoy aquí.

Aquí estamos hablando es de eso otro: “Me llenó de hijos y se fue, me engañó”, "¿Ay, no sea bobita, ¿y usted no sabía cómo era que se hacían los hijos y qué podía pasar?" "Sí, pero es que yo creí, es que yo pensé, es que entonces yo..."

Uno se labra su destino, uno tiene que saber qué es lo que está haciendo. El que se mete a sembrar coca sabe en qué se está metiendo, eso ya los ingenuos se acabaron,hermanos; el que se mete a una brigada, a un grupo, a un partido sabe a qué se está metiendo, uno sabe qué es lo que está haciendo y a qué está apostando; el que se mete a perezoso y a tramposo ya sabe qué está haciendo.

Una vez, por curiosidad, le preguntaba a un señor muy respetable que se fue a confesar, eso sucedió en otro sitio, desde luego, y este hombre le remordía la conciencia, y tanto le picaba la conciencia que me dijo: “Padre, yo soy un funcionario público, y de veras me duele la conciencia, porque he sido un irresponsable con la plata de los pobres”.

Y yo por pura curiosidad le pregunto: "-Señor, perdóneme que le pregunte a usted, usted cuando era jovencito, usted cuando era un muchacho, un adolescente, usted hacía trampa, ¿cierto? Usted era del que copiaba las tareas y de los que pedía que lo apuntaran en los trabajos sin haber trabajado, usted era un tramposo, ¿cierto? ¿Usted se confesó alguna vez de eso?"

"-No, señor, yo nunca me confesé de eso", "-pues ahí, cuando usted empezó a ser un tramposo. ahí empezó a robar, será cosa de tiempo hasta que usted se robe la tesorería pública, hasta que usted se robe al municipio o a la nación, pero usted empezó su carrera de tramposo muy temprano".

Todo esto podemos aprender de la parábola: el papá se quedó, el papá no se fue detrás corriendo: "Si usted se quiere ir, váyase, ese es su camino, es lo que usted escogió".

Pero viene la otra parte, que es todavía más importante: el papá no se fue detrás del hijo, pero el papá tampoco se fue de ese lugar, el papá se quedó ahí, y esta sí es la parte más bella del mensaje de hoy.

El papá se quedó ahí, y eso fue lo que permitió que este muchachito, cuando ya se le acabó la plata, y entonces se le acabaron los amigotes y las amigotas, cuando ya se le acabó la plata, cuando ya queríaera llenarse el estómago de lo que comían los marranos, ¿como sería esa hambre tan espantosa, cuando ya se vio en esas, el muchacho recapacitó y dijo: “volveré donde mi padre” San Lucas 15,18.

¿Por qué el muchacho pudo decir eso? Porque él sabía que su papá no se había movido de ahí, su papá seguía ahí, y ese es el mismo mensaje que la Iglesia tiene hoy para nosotros: "Mi Papá, que se llama Dios, mi Papá Dios me sigue esperando, mi Papá Dios me está aguardando, mi Papá tiene un lugar para mí, mi Papá me está esperando; yo tengo que volver, porque mi Papá me está esperando".

He tenido ocasión de oír a varias mujeres de este pueblo, varias mujeres de este lugar que me han dicho: “Mis hijos crecieron, se volvieron grandes y aprendieron a ganar su plata y nunca voltearon a ver a la mamá”.

Eso me han dicho, y eso también óiganlo los jovencitos, a ver si ustedes van a repetir eso, cuando ustedes vean a una de estas señoras mayores con la cara triste, yo le puedo asegurar que esa tristeza es por un hijo que no aparece, quizá porque lo desaparecieron o quizá porque él mismo se desapareció y yo no se qué duele más.

A veces, lo desaparecieron, que eso duele demasiado; ¿pero no será que a veces duele más se desapareció él, pudiendo llamar, pudiendo aparecerse, pudiendo visitar, pudiendo mandar una razón, puediendo mandar una nota, una carta? ¡Nada, hermano!

Mire los rostros tristes de las señoras que usted encuentre, y yo le puedo asegurar que detrás del rostro triste de una señora, hay un hijo que lo desaparecieron o que desapareció; mire el rostro ese rostro de esa mamá y ese rostro le ayuda a entender la Palabra de Dios que hemos escuchado hoy.

Esas mamás, con ese rostro angustiado, con esa nostalgia, con ese vacío, están esperando a sus hijos, anhelando verle la cara al niño, darle un abrazo o un beso al hijo. Papá Dios te está esperando más que esa mamá, Papá Dios te está esperando más que esa mamá, papá Dios te está esperando.

Que hiciste cosas muy terribles, porque fue el destino que te buscaste, malo, no había que hacer eso, hermano, pero ya lo hiciste, y Dios, que sabe que tú hiciste eso, te sigue esperando.

Dios sabe que tú perdiste tus riquezas, tus tesoros, que tú desperdiciaste tu tiempo, tus bienes y tus talentos, Dios sabe eso; Dios sabe que tú te hiciste mucho daño y que hiciste daño a otras personas, pero Dios te sigue esperando, Dios no se ha movido, Dios te está esperando, Dios te está aguardando más que la mamá más angustiada que tú conozcas.

Dios te está esperando, Dios te está aguardando con los brazos abiertos, Dios se asoma cada mañana como esas mamás, Dios se asoma: "¿Será que mi hijo ya va a volver?" Porque el hijo de Dios eres tú, y Dios está esperando que tú vuelvas.

Un día, el día del bautismo Dios te adoptó como hijo, te hizo una creatura nueva, nos dice San Pablo.

Dios te creó, te hizo su hijo, tú eres el hijo de Dios, Dios te tomó como hijo, te adoptó, te abrazó el día del bautismo, y ahí tú estabas en perfecta amistad con Dios; pero un día, como el hijo menor, tú dijiste: “Me largo, me voy a vivir mi destino y a hacer mis cosas”, y Dios te dejó ir, pero Dios te está esperado.

Y por eso te digo, de parte de Dios: “¡Vuelve a la gracia de tu bautismo, vuelve, regresa, recapacita, vuelve! ¡Deja ya ese vicio, deja ya ese pecado, deja esa muerte, deja esa violencia, deja ese odio, déjate de eso, vuelve, vuelve, que Dios te está esperando!