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¡Feliz domingo para todos!. Este es el primer domingo de Cuaresma, como todos los años el primer domingo de Cuaresma nos presenta a Cristo en el desierto, Cristo atacado por el demonio, rodeado de tentación; podríamos decir: Cristo en combate. La Iglesia ha querido que el primer domingo de Cuaresma nos haga entrar de lleno en el sentido este hermoso tiempo litúrgico. Al presentarnos la figura de Cristo en combate nos está recordando que ese es también el el sabor, el ambiente de toda la Cuaresma. Combate, que nos significa derrota; bien nos dice san Agustín: “así como te das cuenta que Cristo fue tentado, date cuenta que venció a la tentación”. El combate de Cristo lo hace cercano a nosotros, pero solamente para que nosotros nos sintamos cercanos a Él y a su victoria.
Así como el primer domingo nos presenta a Cristo en el desierto, el segundo domingo de Cuaresma en todos los años siempre contiene el pasaje de la Transfiguración, podemos decir que son los dos polos de la figura de Cristo en esta tierra, mientras le vemos en el desierto, macerado por el ayuno, tentado por el demonio, toda la fragilidad de su humanidad se nos hace presente. El próximo domingo en cambio, el segundo de Cuaresma podemos decir, que todo el esplendor, la belleza y perfume de su divinidad se hacen sensibles. También en esto hay una hermosa pedagogía de la Iglesia, porque la Cuaresma no es un fin en sí misma, la Cuaresma mira hacia la Pascua, y así como en el pasaje de la Transfiguración, Cristo les dió, como un anticipo de la alegría de la Resurrección, así también la Iglesia al traer ese pasaje, nos hace ver que nuestra condición cristiana de algún modo está entre el desierto y el Tabor, entre la experiencia más profunda de nuestras fragilidades y nuestra experiencia más hermosa de nuestra vocación trascendente y gloriosa junto a Cristo.
Hay algo que debemos destacar en el pasaje de este año, en el domingo primero en el que nos encontramos, el domingo de las tentaciones, observemos cómo termina este pasaje, en cada uno de los distintos años. En esta ocasión en el ciclo C, san Lucas nos dice que terminadas las tentaciones el diablo se alejó hasta otra ocasión; san Mateo por su parte nos dice que cuando terminaron las tentaciones el diablo se fue y los ángeles se acercaban para servir a Cristo; Mateo no menciona esa frase tan significativa de Lucas: el demonio se fue hasta otra ocasión; Marcos no dice nada particular sobre el final de esos 40 días de Cristo en el desierto, Marcos si nos habla de la acción del demonio, pero también habla de la presencia de los ángeles de Dios que acompañaban el tiempo de penitencia y de oración de Nuestro Señor Jesucristo. De cada uno de estos evangelistas podemos aprender: Marcos nos enseña que así como en esta tierra somos atacados por el demonio y por la tentación, no nos va a faltar la providencia divina; Mateo nos enseña que después de las pruebas más duras, así como después de las noches más oscuras, siempre brilla el sol, esos ángeles que se acercan como a consolar a Cristo después de la batalla, son un recordatorio de que Dios siempre tiene una palabra de misericordia, una palabra de especial dulzura para los que vuelven del combate; Lucas, en cambio nos enseña a ser especialmente humildes y precavidos, mientras estemos en esta tierra el demonio, lo mismo que nuestras propias debilidades van a estar siempre allí, y siempre van a buscar el momento propicio, según aquello que dijo el apóstol san Pedro: “el demonio ronda como león que ruge, buscando a quien devorar”.
Aprendamos las lecciones de estos evangelistas, entremos de lleno en Cuaresma y que el Espíritu Santo que guió a Cristo, nos guíe también a nosotros. Amen.