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El domingo después de la Solemnidad de Epifanía nuestra Iglesia Católica celebra la Fiesta del Bautismo del Señor, con esta fiesta litúrgica concluye el Tiempo de Navidad. puede llamar la atención que todavía estemos hablando de Navidad tantos días después del 25 de diciembre, pero es diferente la Fiesta de Navidad del Tiempo Litúrgico de Navidad. El propósito de la Fiesta de Navidad es recordar el acontecimiento mismo del nacimiento del Señor, por el contrario, el Tiempo Litúrgico de Navidad mira de una manera más amplia qué significa la llegada del Hijo de Dios a esta tierra, y por eso hemos tenido también la Solemnidad de la Epifanía, palabra que quiere decir “manifestación”. Que Cristo haya venido a esta tierra, que el Hijo de Dios se haga presente en nuestra historia, tiene un significado para nosotros, porque hemos sabido de Él, porque ha tocado nuestra vida, porque ha entrado en nuestra historia, no solo en la historia de la humanidad, sino en la historia de cada uno de nosotros. Por consiguiente la epifanía, la manifestación de Cristo es parte integral del misterio de su ingreso en la historia humana, el Tiempo Litúrgico de Navidad celebra precisamente eso en su conjunto, el misterio del ingreso de Nuestro Señor Jesucristo, el ingreso del Hijo del Dios vivo a nuestra historia.
Ahora bien, ¿por qué la fiesta del Bautismo termina este Tiempo de Navidad?, porque en la Fiesta del Bautismo, Aquel que estaba oculto, Aquel que vivía oculto como hijo del carpintero en Nazaret, va a manifestarse a Israel. Una fase completamente nueva se abre en la vida del de Hijo de Dios hecho hombre, y esa fase nueva es la que conocemos como el ministerio público de Cristo, de manera que el bautismo del Señor marca un momento culminante, un antes y un después en la vida de Cristo, un antes que está marcado por la humildad, por el ocultamiento y por las virtudes domésticas propias de Nazaret; luego viene el después y ese después es el ministerio público que está señalado por el ejercicio continuo de la caridad, por el ejercicio continuo de la predicación, y sobre todo por ese camino que le llevará un día a Jerusalén para derramar su sangre preciosa para perdón de nuestros pecados, esa es la Fiesta del Bautismo, el momento que sirve como de coyuntura, como de transición entre la vida oculta y la vida pública de Cristo.
Interesante como san Lucas en el texto de hoy nos habla de Cristo orando (cf. Lc 3,21), oración de Cristo que le marca el momento de pasar del ocultamiento al ministerio público, pero más todavía es la oración de Cristo la que abre los cielos para Él como primogénito de muchos hermanos, gracias a esa oración Cristo recibe el rumbo nuevo de su misión en esta tierra y gracias a esa oración se abren los cielos para que Él retorne al Padre y junto con Él retornemos nosotros.
¡Feliz fiesta del Bautismo del Señor!