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Fecha: 19980111

Título: La Uncion de Jesus

Original en audio: 15 min. 38 seg.


El Profeta Isaías tiene una serie de cánticos que luego los comentaristas llaman los cánticos del Siervo, porque se refieren a un Siervo, a un Servidor de Dios.

Puede decirse que esos cánticos nos presentan como el perfil del Servidor de Dios. Unos presentan, diríamos también, qué significa servir a Dios, pero no sólo nos dicen cuál es el servicio que nosotros le podemos prestar a Dios, sino cuánto puede hacer Dios en sus siervos, es decir, qué pasa cuando uno se pone al servicio de Dios.

Cuando un trozo de hierro está al servicio de sí mismo, es eso, un pedazo de hierro, pero cuando un trozo de hierro se pone al servicio, por ejemplo, del carpintero y se convierte en una sierra, en un martillo, en un hacha, en un punzón, en un esmeril o cualquier otra herramienta; cuántas cosas bellas pueden salir de ese hierro.

El hierro servidor es un hierro poderoso. Servir es poder; servir a Dios es poder: el hierro no podía ser servidor, pero cuando se volvió servidor del carpintero, el hierro le da formas hermosas a la madera, le da formas preciosas a la piedra.

Servir es poder; y el gran servidor, el Siervo por excelencia de Dios es Jesucristo; Él es el Siervo de Dios y por eso, porque Cristo es el perfecto Servidor de Dios, por esto aparece en Él todo el poder de Dios; todo lo que Dios puede.

¿Y qué es lo que Dios puede? El mismo Profeta nos ayuda a descubrirlo: "Sobre Él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones" Isaías 42,1. Esto se podría traducir libremente diciendo: "para que ponga las naciones al derecho".

"No gritará, no clamará,no voceará por las calles" Isaías 42,2. están escogidos, porque son los verbos de los reinos de esta tierra. Vocear por las calles es lo que hacen los heraldos que proclaman los decretos del rey en tiempos del Profeta Isaías.

Hoy diría, tal vez: "no publicará nada en el diario oficial", "no tendrá que reunir al congreso", es decir, "no necesita los recursos ni los poderes de los reinos de esta tierra".

La parte más tierna, indudablemente, es lo que sigue: "la caña cascada no la quebrará" Isaías 42,3. Ya es frágil una caña, una caña quebrada, ¿puede pensarse en algo más inútil?

Cuando nosotros miramos la caña ya quebrada decimos: "pues acabar con ella; ya se daño, acabémosla"; en el fondo es la ley de: "al caído, caerle"; "ya se perdió, ya echarla a perder".

Cuando uno está escribiendo y se le daña el papel, uno coge el papel y lo pone en la caneca, uno lo termina de dañar; se dañó el papel, lo arrugo, lo termino de destruir, lo arrojo. Estaba un poco dañado, yo lo termino de dañar para sacarlo de mi vida, para sacarlo de mi escritorio, para sacarlo de mis intereses.

Pero aquí dice: "la caña cascada, no la quebrará; el pabilo vacilante, no lo apagará" Isaías 42,3. Vacilante, pabilo vacilante. Ese es el estado del ser humano. Es como una lucesita, alcanza a tener luz, pero uno no sabe si hay más luz o más humo, así es la vida humana.

Y por eso nosotros estamos tentados, con nuestra propia vida y con las vidas de las otras personas, a coger y a arrugar la vida, como le hacemos al papel: "esto ya no sirvió de nada, mejor acabar de romperlo". Nuestra vida, nuestras esperanzas, nuestros proyectos son pabilos vacilantes, cañas cascadas, rotas.

Alguien puede pensar que si este Siervo de Dios no quiebra la caña cascada ni apaga el pabilo, es por debilidad. A veces el débil es cobarde porque no sabe si podrá entrar en la lucha, pero no, no es débil, el Siervo del Señor no es débil.

Mira cómo lo describe: "promoverá fielmente el derecho" Isaías 42,3, -ya sabemos que ese derecho es el de las naciones-; "no vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas" Isaías 42,4.

Yo aprendí que cuando en Isaías usted se encuentra con la expresión "islas", hay que cambiarla por la expresión "costas". Hace referencia a un elemento marítimo, pero no es propiamente "islas", sino "costas".

Cuando aquí se dice "las islas" o "las costas", serían "las costas lejanas", quiere decir, hasta las últimas fronteras. Porque es que uno se encuentra muchas veces "las islas", en Isaías, y dice: "bueno, ¿esto qué quiere decir? Lo que quiere decir es: hasta más allá del mar, hasta las últimas costas.

Los verbos no son casuales, mis amigos, mira: "la caña cascada no la quebrará" Isaías 42,3, verbo quebrar; "el pabilo vacilante no lo apagará" Isaías 42,3, verbo vacilar, que vacila.

Entonces, ¿qué se encuentra el Siervo? Que hay cañas cascadas, quebradas, y pabilos vacilantes. Pero Él mismo no vacilará ni se quebrará, ¿te das cuenta? Eso no es casualidad.

Él encuentra a las cañas quebradas. Pascal dijo que el ser humano era como una caña, pero una caña pensante. Las cañas que encontró el Siervo fueron cañas quebradas, ¿y por qué no las acabó de quebrar?, ¿por miedo? No. Él es inquebrantable, Él no se quiebra; ¿y cómo encontró los pabilos? Los encontró vacilantes, pero Él no vacila.

Entonces, fíjate: Él no vacila, pero no aplasta a los que vacilan; Él no se quiebra, pero no revienta a los que se quiebran.

De manera que el Siervo de Dios es íntegro, es recto, es perfecto, pero sabe entender al que está roto; sabe entender al que es incoherente; sabe entender al que está fracturado, al que vacila. Este es el Siervo de Dios. Él es perfecto, pero sabe entender a los imperfectos.

Esto mismo lo dice la Carta a los Hebreos con otro lenguaje, dice: "puesto que Él mismo está rodeado de debilidad, sabe comprendernos" Carta a los Hebreos 5, 2, pero dice: "Este es el Sumo Sacerdote que nos convenía: santo, inmaculado" Carta a los Hebreos 7,26. ¿No ves el rostro de Cristo aquí? Ahí está.

Es perfecto, es el Sumo Sacerdote inmaculado que dijo la Carta a los Hebreos; es el inquebrantable, el que no vacila, que dice Isaías, y sin embargo, sabe acoger al quebrado, sabe atender al vacilante, porque es el Sumo Sacerdote compasivo.

Y así nos aparece lo que es la obra del Espíritu. El Espíritu me hace fuerte, pero no me hace duro, son dos cosas distintas. Uno cree que cuando tiene que hacerse fuerte, tiene que hacerse duro; entonces uno se vuelve duro con los demás, y casi siempre blandito con uno mismo.

Entonces, el Espíritu me hace firme, me hace fuerte, pero no me hace duro. Y el Espíritu Santo me da un camino recto, pero la rectitud de ese camino no me impide comprender las vueltas y revueltas de los otros corazones. El Espíritu Santo al mismo tiempo es fortaleza y es misericordia.

La sola misericordia sin la fortaleza a veces es complicidad: "¡Ah!, muy fácil comprender a todo el mundo: todos somos unos mediocres, hagamos una gran cobija que nos tape a todos". La sola misericordia, cuando no hay firmeza en el bien, suele ser complicidad; y la fortaleza y la firmeza, cuando no hay misericordia, suele ser crueldad.

Entonces se vuelve uno intransigente. Tampoco esa es la obra del Espíritu. La gracia del Espíritu es: perfecto, recto, inconmovible, por dentro; compasivo, tierno, misericordioso, por fuera.

La rectitud interior es lo que Dios merece; la compasión exterior, es lo que mi prójimo necesita. Esto es lo que nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles: "Pasó haciendo el bien, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu, curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él" Hechos de los Apóstoles 10,38.

Yo quiero terminar diciendo que se me ocurrió que a esta fiesta deberíamos tal vez cambiarle el nombre. Se llama fiesta del Bautismo del Señor, deberíamos llamarla la fiesta de la Unción de Jesús.

Porque tal vez lo más importante no es el agua, tal vez lo más importante es la unción del Espíritu con la cual Cristo tuvo no sólo la fortaleza interior, sino la misericordia exterior.

Dios sabe cómo hace sus cosas. Si yo tuviera potestad en la liturgia, volvería loco a más de uno cambiándole cada rato nombre a las cosas, pero yo sí le cambiaría el nombre a esta fiesta, y diría que el tiempo de Navidad que está terminando con la fiesta del Bautismo, el tiempo de Navidad termina con la fiesta de la Unción de Cristo.

Pero decir la Unción de Cristo es decir la Unción del Ungido, porque Cristo quiere decir Ungido; termina con la Unción de Jesús.

En otra predicación decía que esta fiesta también podría llamarse la fiesta del Nombre de Cristo, ahí se ve que soy vacilante, necesito de Jesús que no vacila. La Fiesta del Nombre de Jesús, porque resulta que en Navidad se le llamó Jesús, y en el Bautismo se le llama Cristo.

O sea que se le completó ahora sí el nombre; estaba incompleto, se llamaba Jesús, ahora sí se llama Jesucristo, porque ahora ya está Ungido, ya recibió el nombre.

Tanto, que a nosotros cuando nos bautizan nos dan le nombre, ¿no? Sí, pues a Jesucristo también; Jesús recibió su nombre completo hoy, y se llama Jesucristo del Agua y del Espíritu; Jesús de las Aguas, Jesús del Espíritu.

Yo creo que Jesús quedó tan marcado por esa experiencia del agua y del Espíritu, que cuando estaba hablando con Nicodemo, capítulo tercero de San Juan: "es que hay que nacer del agua y del Espíritu" San juan 3,5, cuando Jesús dijo eso, todavía le chorreaba el Jordán por la cabeza, y el perfume del Espíritu Santo se sentía en su corazón.

Es una fiesta muy bella, la fiesta de la firmeza en el bien, la fiesta de la compasión, la fiesta de la gloria de Dios y del Nombre bendito de Nuestro Salvador Jesucristo.