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Fecha: 20100222
Título: Podemos estar hace mucho tiempo con Cristo sin conocer a Cristo
Original en audio: 23 min. 24 seg.
Una de las cosas que nos enseña este evangelio es que uno puede estar mucho tiempo con Cristo sin conocer a Cristo, y eso, indudablemente, ha de engendrar en nosotros una serie de preguntas.
Estar con Cristo sin conocer a Cristo. Estos discípulos habían visto muchas obras de Cristo, pero de alguna manera Cristo seguía siendo un desconocido para ellos.
Jesús les hace esta pregunta en una región relativamente apartada, una región que por su nombre; Cesarea, ya indica la presencia romana y ya indica la influencia extranjera; además, ese nombre, Filipo, pues, viene por supuesto del antiguo rey de Macedonia. O sea que esta era una antigua colonia del Imperio Helenístico.
Y en esa región relativamente despoblada de creyentes, Jesús hace una pregunta por la fe: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" San Mateo 16,13.
Lo segundo que podemos aprender en este evangelio es que uno no llega a conocer a Jesús sino por una especie de revelación. El que acertó con la respuesta fue San Pedro, y Cristo le dijo lo siguiente: "Eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre, que está en el cielo" San Mateo 16,17.
Lo primero que sabemos es que se puede estar cerca de Cristo sin conocerlo, y lo segundo es que para conocerlo se necesita esa revelación.
En otro lugar dice Nuestro Señor: Nadie puede venir a mí, si el Padre no lo atrae" San Juan 6,44, y aquí dice a Pedro: "fue el Padre, que está en los cielos, quien te reveló esto" San Mateo 16,17.
Uno puede suponer que en ambas ocasiones Jesucristo se está refiriendo a lo mismo, es decir, es Dios, nuestro Padre, el que nos revela el misterio de Cristo y así nos atrae hacia Cristo, y no únicamente hacia los bienes que uno pueda sacar de Cristo.
Porque en realidad en esto consiste el salto que realiza esa revelación de la que habla Nuestro Señor: es pasar de los bienes que yo saco de Cristo, a Cristo mismo; es pasar de las ventajas de ser cristiano, o ventajas de ser sacerdote, o de ser religioso, pasar de esos bienes y ventajas, a la persona y al ser mismo de Cristo.
Porque si lo miramos bien, aquella persona que se queda en los beneficios que recibe de Cristo, en el fondo sigue atrapada en sí misma, sigue atrapada en sus necesidades, sigue atrapada en sus caprichos o en sus gustos.
A ver si logro explicarme con la ayuda del Espíritu Santo. Cuando nosotros en Cristo miramos únicamente los benficios que Él nos va a traer, en el fondo seguimos pensando en nosotros mismos. esto es lo mismo que dujo el Señor después de la multiplicación de los panes, allá en el relato del evangelio de San Juan: "Ustedes vienen no porque hayan entendido los signos, sino porque comieron hasta hartarse" San Juan 6,26.
Es decir, para aquellas personas, según el diágnóstico del Señor, Cristo era un proveedor de bienes, en ese caso un proveedor de pan. Cuando uno está pensando en los beneficios de Cristo, uno está pensando en uno mismo, está pensando en las ventajas de uno, en lo que uno puede recibir.
De manera que la revelación que trae el Padre Celestial, en realidad es una liberación, es liberarlo a uno de los intereses, usualmente interese cortoplacistas, en los que uno vive encadenado.
Encontrarse con la persona de Cristo es más allá de lo que a mí me conviene, de los que yo necesito, de lo que a mí me gustaría, de lo que yo prefiero.
Encontarse con Cristo de alguna manera supone posponer todas esas cosas, salir uno de su pequeño mundo, el pequeño mundo ¿qué es? Que a mí no me pase nada, que en mi casa no pase nada, que a todos los de mi casa todo les salga bien, que toda la gente que yo quiero esté contenta, y que encima de todo eso, eso dure y nadie nos lo interrumpa.
Es decir, uno quiere hacer como una especie de huevo perfecto, en el cual estén todos los bienes, no haya ningún peligro, no haya ningún daño, y toda la gente que uno quiere esté contenta y eso dure para siempre. Ese es el huevo en el que uno se quiere meter.
Y entonces Dios nuestro Padre tiene que liberarnos de esa cárcel por elegante y curvilínea que sea.
Revelar a Jesucristo es sacarlo a uno de ese mundo de interese, sacarlo de ese mundo chiquito donde uno vive pendiente de qué le pasó a la persona que es importante para mí: "que mis hijos", "que mi esposo", que mi esposa", "mi familia", "mis cosas", "mis gustos", "mi salud: Ahora como que me duele esta rodilla, o es la otra, no sé, una de las dos".
Uno vive en el pequeño mundo de sus enfermedades; cada uno de nosotros se mete en un pequeño mundo, ¿no? La persona casada no tiene ojos sino para sus tres o cuatro o catorce hijos, lo que sean, no tiene ojos sino para los hijos, y ese es su pequeño mundo, y ese es su huevito, y ahí vive entre "que no les pase nada, que todo les salga bien, que todo les salga bien y que no les pase nada", y esa es la oración de la mañana y de la tarde.
El que no tiene hijos o hijas entonces se fija en otra cosa: "Que mi página de Internet no se caiga", y entonces a uno la página se le vuelve una pequeña obsesión, ¿no? Y uno arma un pequeño mundo, el mundo de la costura, el mundo de la cocina, el mundo de la despensa, el mundo del computador; "mi pequeño mundo de amigos en Internet", "los vecinos".
Es la tendencia del corazón humano, el corazón humano tiene una tendencia irreprimible a achicar el mundo, y a uno el mundo se le vuelve chiquito, se le vuelve diminuto. La revelación que hace Dios Padre es como abrir ese mundo.
Hay una cosa que es impresionante cuando se piensa en el proceso de los embriones dentro de los huevos, o de los fetos dentro del vientre de las mamás, porque las dos cosas se parecen.
Mientras está allá en su huevito debidamente calentado por la mamá gallina, pues ese pollito no tiene ningún problema; mientras el feto está flotando ingrávido en la ingravidez de la mamá, pues ese feto no tiene ningún problema.
Y yo creo que el corazón humano tiene nostalgia de eso: uno como que quiere volver a ser feto, uno como que quiere volver a flotar sin problemas: "Que todo me lo den", "que yo no me enferme", "que nada me duela".
Pero hay que romper ese huevo para que salga el nuevo pájaro o la nueva ave, y hay que sacar de ese vientre a ese feto para que nazca y para que llegue a ser un ser humano plenamente desarrollado.
Entonces eso es lo que hace Dios con nosotros: Dios nos saca de nuestro pequeño mundo de intereses y gustos, y las cuatro personas que a uno le caen bien y los cinco proyectos por los que uno da la vida, y ahí se le va a uno toda su historia.
Como ese famoso cuento de un personaje que se llama "Huevo Duro", y otro personaje que se llama "Condorito". Resulta que Condorito tenía una venta de perros calientes y ese era su mundo, en la lógica de los cuentos de Condorito, se supone que él vive en una ciudad que se llama "Pelotillehue".
Entonces Condorito allá en Pelotillehue, en su pueblito así, diminuto, vendiendo perros calientes toda una vida; mientras tanto, en esta tira cómica, en est aocasión, Huevo Duro es la persona que ha recorrido el mundo, y se asombra de ver lo chiquito que es el mundo de Condorito.
Condorito no sale, en esa historieta particular, no sale de tres ciadras: allá compra las salchichas, aquí las cocina, aquí las vende, duerme, se levanta, compra salchichas, las vende; su mundo es chiquito, su mundo es diminuto, y sus problemas son así, diminutos.
Entonces Huevo Duro le dice: "-¿Y tú no quisieras ir, por ejemplo, a Río de Janeiro, ir a Nueva York, ir a París?" Y Condorito se queda pensando y dice: "-Pues sí, tal vez sí me gustaría ir a París". "-¿Y por qué quieres ir a París?" "-Pues yo pondría allá una venta de perros calientes". Atrapado en su mente, el hombre no ve más allá.
Y ese es el ser humano: atrapado en sus pequeños sueños, oye esa frase: atrapado en su pequeños sueños. Y por eso la liberación que tiene que hacerle Dios a uno es enseñarle a soñar grande, el sueño grande se llama la santidad.
El pecado principal que nosotros cometemos contra la esperanza, -ojo, pecado contra la esperanza-, porque existe un pecado contra la esperanza que es la desesperanza, pero además de la desesperanza hay muchos otros pecados contra la eperanza, y uno de los pecados contra la esperanza es soñar chiquito.
Uno sueña pequeñito, y uno en su mundo diminuto se contenta con demasido poco, uno aspira a demasiado poco,lo único que uno quiere es: "Sí, sí, ir a París a seguir vendiendo perros calientes". No ha llegado a descubrir algo más grande.
Así somos nosotros con Cristo. Cristo puede llegar a la vida de uno y uno no lo conoce, ¿sabe por qué? Porque uno sigue pensando en los bienes de uno. Está aquí el Hijo de Dios y uno pensando: "A ver, ¿cuándo será que vuelve y multiplica ese pan? ¿Cuándo será que nos da la otra canasta?" Y lo único que uno ve en Él es un proveedor de pan.
Y así hubo gente que lo único que vio en Él fue: el que hacía milagros, el que tenía palabras hermosas, ¿cuándo vamos a descubrir a Cristo así? Hay que romper ese mundo, hay que salir de esa cáscara, hay que abrirse a la luz, y esa es la revelación que trae el Padre Celestial.
Terminemos esta reflexión haciéndonos esta pregunta: ¿y hay algo que podamos hacer nosotros en ese proceso? ¿Podemos nosotros hacer algo para salir de esa miopía, para salir de ese mundo chiquito, ese "Pelotillehue"? ¿Qué puede hacer uno para salir de ese "Pelotillehue?"
Pues observa una cosa: mira, el mundo chiquito es el mundo de los interese de uno, y elmundo chiquito consiste en que uno mide a Dios de acuerdo con las necesidades de uno.
Entonces hubo, en la historia de la Orden Dominicana, unos santos arriesgados, unos santos valientes, gente de una gran formación intelectual, pero sobre todo, de una gran conciencia de la soberanía absoluta de Dios.
Estos son los hombres que hicieron famosa por un tiempo, a lo menos, la espiritualidad del río Rhin, por eso se habla de "espiritualidad renanana".
Entonces, estos personajes, como el maestro Eckhart, o como Enrique Seuze, que cuando yo era chiquito decían "Enrique Suzón", no sé en qué momento lo cambiaron.
Enrique Seuze o el maestro Eckhart o Juan Taulero, que son los tres grandes representantes de esa espiritualidad, tenían esta misma inquietud, y ellos forjaron toda una espiritualidad sumamente exigente que tenía como dos apoyos: uno, un gran espíritu de abnegación y penitencia, precisamente para renunciar a los propios intereses, un espíritu de mortificación casi continua, no tanto, -aunque también practicaba mucha penitencia física-, pero el énfasis no era en lo físico, sino era sobre todo en el sacrificio del propio gusto o de las propias opciones. ese es un soporte.
Y el otro soporte es el ejercicio espiritual de buscar a Dios más allá de toda imagen, que es algo así como saber ponerle oportunamente un signo de interrogación a todas nuestras palabras y teorías sobre Dios.
Entonces, a base de ese espíritu de mortificación y esa especie de ascesis espiritual se da un ascenso, un ascenso penoso, un ascenso agreste, podríamos llamarlo, pero un ascenso que finalmente a lo que aspira es a esto que hemos comentado y reflexionado el día de hoy: a ver cómo es que yo voy a salir de mi mundo, cómo es que yo voy a salir de mis seguridades.
Por ejemplo, pensemos el caso de una postulante, o el caso de una novicia. Las novicias y las postulantes cada una lo primero que busca es su huevo, intenta meterse en su pequeño mundo, eso es lo priemero.
Ya a estas alturas, ya no sé cuándo vendrá la muerte, pero quizás no tarde mucho, y ya yo tengo que hablar las cosas claramente: toda postulante llega a buscar un huevo, a esto llega. ¿Qué queremos decir con eso? Intenta crear una imagen, una cierta imagen de ser la perfecta, de ser la segura, de ser a la que todo le funciona.
Entonces, según la idea que tienen estos de la espiritualidad del Rhin, corresponde a la comunidad y corresponde en parte, sobre todo a la maestra, hacerle un poquito de movimiento a ese huevo de seguridad, porque detrás de toda esa imagen tan bien puesta, que sabe uno porque uno se vuelve actor, ese es un carisma adicional.
Uno llega a un mosnasterio y entonces uno mira y dice: "Bueno, en este poco de viejas, ¿qué tengo que hacer yo aquí?" Eso es lo primero que uno hace, uno mira esa cantidad de personas y uno dice: "Bueno, aquí con esta cantidad de señoras, aquí ¿cómo es? Entonces aquí me toca así, me toca así, ahora echo de para atrás, ahora voy de para acá".
Y en esas se la pasa uno, aprendiendo, mirando ojos, mirando cómo me miran, mirando cómo me tratan, mirando cómo me hablan, mirando que no me rechacen. eso es crear un huevo, es decir, un espacio en donde no le estorbo a nadie y nadie se meterá conmigo.
Entonces hay que saber sacudir un poco el huevito y hay que saber puyarlo un poquito,para que lapersona se dé cuenta que no nos está convenciendo, para que la persona se dé cuenta que nosotros también sabemos ser actores, para que la persona se dé cuenta que detrás de toda esa imagen que uno plantea así como de cierta serenidad, pues muchas veces lo que hay es el deseo de que no se metan con uno.
Cuenta esta historia el Padre Sastoque, -porque todo hay que decirlo con nombre propio cuando se puede-, el Padre Sastoque cuenta esta historia del tiempo en que nosotros éramos novicios.
Ël dice, claro que eso no se sabe si sea cierto, pero él dice que el maestro de esa época, que era el Padre Pastor Prada, que fue maestro mío.
Pastor Prada ya estaba bastante mayor, y él no podía practicar deporte con nosotros; nosotros teníamos deporte todos los días, jugábamos usualmente microfútbol o jugábamos básquetbol, ahí fue donde yo, por ejemplo, reventé uno de los vidrios de la biblioteca del convento, pero fue un golazo impresionante.
Bueno, el hecho es que lo que cuenta el Padre Sastoque, es que Pastor Prada le decía en secreto, pero no hay nada en secreto que no salga a la luz, le decía: "Usted que sí puede jugar, -porque estaba bastante joven el Padre Sastoque en esa época-, juegue con ellos, pero juegue duro, -le decía-, juegue duro".
¿Para qué? Para sacar al novicio de su huevo, porque claro, todos los novicios juegan a ser perfectos: "No, yo soy el novicio perfecto, aquí nadie se ha dado cuenta que yo no cometo un error".
Entonces decía Pastor Prada, en su sabiduría de no sé cuántos años de formador, decía: "Hay que sacudirlos, para ver quién es de verdad y quién es de mentira". Y entonces al sacudir, resulta que hay algunos que toman una reacción demedida, entran en una crisis espantosa, empiezan a ver demionios por todas partes, se sienten perseguidos...
Bueno, esa persona empieza así a conocerse a sí misma y sale de su pequeño ámbito de seguridad, que eso es lo que el Señor le tiene que hacer a uno de acuerdo con la espiritulaidad de estos señores.
Dios lo tiene que sacar a uno de ese ámbito de seguridad donde uno es cortés y buena persona y muy compuesto y en el fondo lo que le está diciendo a la gente es: "Ustedes allá y yo acá, ¿okey?" Eso es lo que uno está diciendo, "ustedes allá y yo acá".
Entonces Pastor Prada dice: "¡Sacuda! Hay que sacudor a la novicia, ¡sacúdala!" Al sacudir a la novicia, algunas tiene una reacción desmedida y aparece la realidad.
Es una persona traumatizada, por ejemplo, es una persona que tiene un complejo de inferiridad brutal, es una persona que tiene un complejo de adulación, intenta asegurar la amistad con la maestra, con la priora, con quien sabe quién. Entonces por eso hay que sacudir un poco.
De ahí que la virtud primordial, tanto como para Santa Catalina de Siena como para estos de la espiritualidad renana, la virtud principal y lo que uno principalmente puede aportar es en la obediencia, porque es la obediencia la que permite un poco más que a uno lo sacudan un poco.
Todos somos perfectamente pacientes hasta que se meten con nosotros. Entonces en la formación hay que ver eso: si la pesona está así de compuesta porque está asegurando su huevo, o si la persona está así de compuesta porque Cristo vive en ella y hay señales inequívocas de que Cristo vive en ella.
La persona que se sacude, que es sacudida, que pasa por un mopmento de prueba, y bueno, quizás hace el ridículo y tiene una salida en falso, si es de Cristo, no tiene dificultad en pedir unas excusas, no tiene dificultad en reírse de sí misma, -¡qué peligro esa gente que no sabe reírse de sí misma! !qué peligro!
Esas personas que están allá como reconcentradas, esas están queriendo como decirle a las demás monjas: "Miren, a mí, aunque sea, déjenme aquí este pedacito donde yo pueda vivir yo". Por supuesto, esa no es la vida comunitaria, esa no es la vida dominicana.
Entonces estos señores dicen que la penitencia tiene es ese propósito: es quitar los puntales falsos, para que quede únicamente la roca.
Sobre el otro tema no hablaremos hoy, ese otro tema puede dar para algún curso o algo así, sería muy interesante todo este ejercicio; pero lo que puedo adelantar es que en esa parte intelectual ellos consideraban que era necesaria mucha pero mucha filosofía, y, sobre todo, una metafísica muy fina para llegar a renunciar y renuncia y renunciar a imágenes e ir buscando a Dios como Él es, no como a mí me gustaría que fuera.
Ese será tema de otra reflexión. Por hoy ¿qué? ¿En qué quedamos? En que es necesario pedir al Señor que nos lleve a la verdad de nosotros mismos, que dejemos tantas apariencias y que dejemos de mirar a Cristo únicamente en función de nuestros beneficios.
Saliendo de nuestro pequeño mundo, dejándonos sorprender por su amor, por su gracia, dejándonos sorprender también por su Cruz, llega el momento en el que brilla la Pascua, llega el momento en el que vemos a Jesús no como nosotros quisiéramos que fuera, sino como Él es. Y en esa visión y en esa realidad está nuestra salvación.