Camino de Sanación Tema 2 de 5

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Queridos Amigos:

Hay grandes necesidades en nuestro tiempo. La palabra "crisis" se repite por todas partes. Los escándalos de corrupción en el gobierno, en las empresas, en las Fuerzas Militares, y también en la Iglesia, se repiten con demasiada frecuencia. Hay una sensación de decepción y de terrible inseguridad, que hace que muchos jóvenes se pregunten si vale la pena mirar a un futuro, si vale la pena comprometerse con un matrimonio, si vale la pena prepararse con largos años de estudio, si al final hay tantas mentiras, hay tantas trampas, hay tanta incoherencia, ¿para qué esforzarse?

Esta crisis de sentido afecta profundamente a todos, pero especialmente a los niños y, sobre todo, a los jóvenes. Tenemos un problema, una epidemia mundial de suicidios. Ese acto desesperado de quitarse la vida lo llega a cometer una persona cuando siente que antes ya le han quitado la vida. Es decir, muchos de los que llegan al extremo del suicidio murieron tiempo atrás.

Sus esperanzas murieron, sus fuerzas murieron, sus sueños murieron, y ellos mismos se sintieron como cadáveres que deambulaban por las calles, como zombies, sacados de una película de terror. Cansados de ser muertos vivos, escogieron ser muertos, y por eso, llegaron al extremo del suicidio.

La muerte, mis hermanos, no es algo que sucede únicamente al final del camino; hay personas que se están muriendo por dentro, hay personas que se sienten muertas por dentro. Por eso también el libro del Apocalipsis nos cuenta, entre aquellas iglesias, aquellas comunidades cristianas, nos cuenta: "Tienes nombre de vivo, pero estás muerto" Apocalipsis 3,1. Porque así pasa, que hay algunos que tienen nombre de vivos, pero están muertos.

¡Qué impresionante esa palabra del Señor! ¡Pero qué impresionante también oír que Él nos invita a renovarnos! "Mira que estoy a la puerta y llamo; si uno escucha mi voz y me abre, entraré en su casa y comeré con él y él conmigo" Apocalipsis 3,20.

El señor se da cuenta que nosotros experimentamos la muerte ya estando en la vida; y por eso, tenemos que hacernos esta pregunta: "¿Qué es lo primero que se muere en nosotros?" Y hay una respuesta: Lo primero que muere en nosotros es el amor, y cuando muere el amor, ese sabor de muerte, y ese aroma de muerte, y esa parálisis de muerte empieza a invadirlo todo. Y por eso lo primero que tiene que se sanado es el amor.

De esto, mis hermanos, vamos a hablar en nuestra segunda reflexión. La sanación de la afectividad, la sanación del amor, porque uno empieza a morirse por ahí, y de ahí se muere todo lo demás. Le decía Dios a Santa Catalina de Siena: "El alma humana está hecha ede amor". Por eso, experimentar la muerte, es experimentar que se muere el amor.

Cuando el amor de Dios se muere en nosotros, cuando el amor humano se muere en nosotros, cuando el amor a la vida se muere en nosotros, cuando la capacidad también de amarse uno sanamente se muere, entonces la persona siente que es un zombie, que es un cadáver que camina, que ya no tiene sentido seguir adelante.

¿Cómo sanar nuestros afectos? ¿Qué tiene Dios para proponernos en esta época de tantas decepciones, de tantos dolores, de tantas preguntas sin respuesta? Yo pienso en todos, pero especialmente pienso en los más jóvenes. Vamos a pensar en una jovencita que tenga diecisiete, diecinueve años, veintidós años. Su cuerpo está sano, ¿pero cómo está su corazón? ¿Cómo están sus ilusiones? ¿Cómo está su visión del futuro? Su cuerpo está sano, su inteligencia está sana, ¿pero cómo está su esperanza?

¿A qué le puede apostar una joven que hoy tenga veintidós años, que hoy tenga veintiún años, ¿a qué le puede apostar? ¿Qué puede hacer que esta joven mire el futuro y lo mire con alegría, y ella diga: "Dentro de diez años voy a ser más feliz, voy a estar mejor, voy a alcanzar tales o cuales metas"?

Un muchacho que tenga veinte, veintitrés años, sano en su cuerpo, inteligente, que vive en un país con pocas oportunidades de trabajo, y que siente que los grandes referentes mundiales se derrumban: la Iglesia le ha decepcionado, los políticos le han decepcionado, en la universidad le machacan la fe, se la trituran, se burlan de ella, ¿ese muchacho cómo va a encontrar una ruta? ¿Qué lo va a sostener en los próximos diez, quince, veinte, treinta años?

Nosotros, que somos creyentes, sabemos que la respuesta es: El Señor. ¿Pero cómo hace Dios su obra para que ese joven o esa joven pueda vivir con esperanza y con alegría? Esa es la sanación del corazón y de la afectividad. Y lo vamos a mirar, mis hermanos, este tema, lo vamos a mirar desde el ángulo de la esperanza, construir esperanza, ¿cómo se puede construir esperanza?

Yo quiero apoyarme especialmente en la Carta a los Gálatas, en el capítulo quinto. Allí donde nos dice el Apóstol San Pablo: "Nuestra vocación, hermanos, es la libertad; no hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne, sino del amor por el que nos hacemos esclavos unos de otros. Pues la Ley entera se resume en una frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo"" Carta a los Gálatas 5,13,14. Esto es tomado de la Carta a los Gálatas, capítulo quinto, versículos trece y catorce.

Nuestra vocación, hermanos, es la libertad" Carta a los Gálatas 5,13, dice San Pablo, y añade: "No una libertad que encubre los deseos de la carne, hablo del amor por el que nos hacemos esclavos unos de otros" Carta a los Gálatas 5,13. Tres cosas aparecen en estos versículos: la libertad, los deseos de la carne y el espíritu de servicio de unos a otros. Con la ayuda de Dios, queremos desarrollar esos tres puntos.

Primero, el punto de partida de una afectividad sana es la libertad, ese es el punto de partida, el punto de partida es la libertad; sólo se enamora bien, el que se enamora desde la libertad; sólo acierta en sus amigos, el que los escoge con libertad; sólo encuentra el mejor trabajo, el que lo busca con libertad; sólo construye verdaderos sueños, el que los construye desde la libertad. ¿Cuál es esa libertad? ¿En qué consiste esa libertad? No lo analizaremos desde la historia o desde la filosofía, lo vamos a mirar desde la Biblia.

¿Dónde aparece por primera vez, con un lenguaje robusto y hermoso la liberación? En el Éxodo. La palabra "éxodo" quiere decir salida, pero no cualquier salida; si yo salgo por la puerta porque voy para el baño, ese no es un éxodo, "voy a hacer el éxodo para el baño". El éxodo es la salida, pero la salida a la libertad. Es decir, el segundo libro de la Biblia se llama el libro de la "Libertad"; así como el primer libro de la Biblia, el Génesis, es el libro del "Origen", Génesis quiere decir "origen"; luego, Éxodo quiere decir "liberación".

¿Qué tal que nosotros llamáramos a los libros de la Biblia así? Hermoso, ¿ah? "Lectura del libro del Origen, capítulo doce", ¡bello! "Lectura del libro de la Liberación, capítulo tercero", ¡bello! La libertad en la Biblia es el fruto de la liberación; sólo es libre el que ha sido liberado, parece una frase tautológica, parece una frase que no enseña nada nuevo, una repetición, pero es muy profunda.

Sólo es libre el que ha sido liberado. Y sólo es liberado el que cumple tres condiciones que aparecen e el libro de la Liberación, es decir, el libro del Éxodo. Primero, hay que conocer al Faraón; segundo, hay que conocer al Señor; y tercero, hay que confiar en el Señor. Ese es el proceso que se vive en el Éxodo.

Conocer al Faraón es conocer a tu dueño, ese que te tiene oprimido, ese que te maneja con el miedo, ese que te succiona la vida, ese es el Faraón.El Faraón gobierna con el miedo, el Faraón gobierna con la opresión, el Faraón produce muerte; el Faraón se endiosa, pero es un dios falso, es un dios que te succiona la vida, que se aprovecha de ti, que te mata, ese es el Faraón.

Nos dice el libro del Éxodo, es decir, el libro de la Liberación, nos dice que el Faraón dio esta orden: "Cuando las mujeres hebreas vayan a dar a luz, si es niño, lo matan, si es niña, la dejan con vida" Exodo 1,16. El Faraón tiene sus criterios económicos y políticos, tiene sus criterios bélicos; le preocupa el dinero, la economía, el poder, la política, no le preocupa el ser humano; el Faraón no quiere el bien del pueblo, el Faraón sólo quiere perpetuar su propio poder, su propio dominio; el Faraón es homicida.

Lo primero es reconocer al Faraón: qué es lo que nos está matando, qué es lo que nos está oprimiendo, eso es lo primero. ¿Hoy cómo se llama el Faraón? Hoy el Faraón se llama infidelidad, se llama aborto, se llama corrupción, se llama egoísmo, ese es el Faraón hoy. Hoy el Faraón tiene muchos nombres: hoy el Faraón se llama lujuria, hoy el Faraón se llama codicia, hoy el Faraón se llama indiferencia.

Cuando una persona llega a un puesto de gran poder y se preocupa únicamente de sus intereses, de sus ganancias, de sus amigos, y se le olvida el pueblo que está sufriendo, ahí está la obra del Faraón. El Faraón gobierna a base del miedo.

Cada uno de nosotros tiene que identificar su Faraón, porque no todos sufrimos de lo mismo. El miedo es el común denominador de todos los Faraones, ¿cuáles son tus miedos? Sigue el hilo del miedo, y llegas al Faraón. ¿Miedo de qué tienes? ¿Miedo de la pobreza? ¿Miedo de la soledad? ¿Miedo de la traición? ¿Cuáles son tus miedos? Identifica tus miedos, y encontrarás tus Faraones.

Porque el Faraón gobierna con el miedo: "Por el miedo no me van a querer, nadie me va a querer, me voy a quedar solita, nadie me va a querer. Pero yo no me quiero quedar solita, entonces tengo que conseguir, como sea, lo que sea, donde sea y como se pueda". Pero el que obra con el miedo, el que obra bajo el poder del Faraón, no puede esperar otra cosa sino lo que trae el Faraón.

Y el Faraón no te da vida, te succiona la vida, te quita la vida, te roba la juventud, te roba la alegría, te roba la salud, te roba la esperanza, te roba la pureza, te roba la gracia, te roba la paz. El primer paso es identificar al Faraón, el primer paso es encontrar cuál es tu faraón. ¿Cómo conozco cuál es mi Faraón? Lo busco por un hilo, y ese hilo es el miedo.

Y hoy hay mucha gente que tiene miedo, vivimos en la época y en la era del miedo: miedo a la ruina, a la pobreza, a la soledad, miedo al fracaso, miedo a la traición: "¿Yo para que voy a querer a alguien si todos engañan, para qué voy a querer? Miedo, miedo a que me traicionen. Identifica tu Faraón, ¿cuál es mi miedo? ¿Cuál es mi Faraón?

A base de miedo nos manejan. Hace poco, una prestigiosa cadena de televisión internacional hizo un especial sobre la anorexia. La anorexia es una condición patológica que hace que la persona no quiera alimentarse. Con mucha frecuencia, esa persona siente que está muy gorda. Hay veces que uno se siente muy gordo porque es gordo, ahí no es anorexia, ahí es verdad. Pero el anoréxico, aunque está flaco, de hecho, excesivamente flaco, se ve gordo.

Entrevistan a una muchacha anoréxica, yo digo una muchacha porque parece que era mujer, pero era un esqueleto que hablaba. La entrevistan, realmente una persona que está en peligro de morir, en un grado terrible de desnutrición, es un esqueleto, de hecho, la llevan a facultades de medicina para estudiar huesos, y le preguntan: "-¿Por qué?" Y la respuesta de ella es: "-Si eres gordo no te quieren". ¿Cuál es el miedo de ella? Que no la quieran.

"Yo tengo que ser muy delgada, tengo que ser alta, de piel perfecta, tengo que ser bella y deseable, si no nadie me va a querer". Está muy bien preocuparse por la salud, y hasta un cierto punto hay que preocuparse por la belleza también, yo no me opongo a eso. Pero la obsesión de esa pobre mujer, -yo digo mujer pero era un esqueleto-, la obsesión de ese esqueleto femenino es: "No me van a querer", ese es su fantasma, ese es su Faraón,

"No me van a querer, no me van a querer, no me van a querer, no puede ser, no me van a querer", y por ese miedo su vida se está escurriendo, se está extinguiendo. Es muy posible que esa persona que salió en ese especial de televisión ya haya muerto, ¿quién le robó la vida? El miedo, ¿miedo a qué? "No me van a querer".

El miedo, el miedo destruye; el miedo, el miedo mata; identifica tus miedos, ahí está el Faraón; sigue el hilo del miedo, ahí está el Faraón. Son tres cosas: primero, identificar al Faraón; segundo, conocer al Señor. Cuando conocemos al Señor, empezamos a descubrir a un Dios que no nos pone esas condiciones. Hay personas obsesionadas por el miedo: "No me van a querer"; hay personas obsesionadas por otro Faraón, ese otro Faraón se llama el éxito: "Tengo que tener éxito, y tener éxito puede ser ganar mucho dinero, o tener un gran puesto, lo que sea.

Descubrir al Señor es descubrir a Uno que no te pone esa condición, ese es el Señor. Dios me ama ya, ahora, ese es el anuncio sorprendente. El libro del Deuteronomio dice algo muy importante sobre el pueblo de Dios: "Si el Señor te ha elegido, no es porque tú seas la nación más numerosa ni la más fuerte Deuteronomio 7,7; Dios te ama no porque seas ni grande, ni pequeño, ni gordo, ni flaco, ni exitoso, ni fracasado; Dios te ama porque su naturaleza misma es amor; Dios te ama.

Descubrir el amor sin condición es el principio de la victoria sobre el miedo. Dios me ama ya, ya, en este instante, en este momento. Dios me ama ya, esa es la frase que abre el camino a la liberación. Dios me ama ya, en este instante, en este lugar, en esta coyuntura de mi vida; Dios me ama antes de saber si yo lo amo; Dios me ama antes de que yo merezca su amor; Dios me ama aunque yo he despreciado su amor; Dios me ama aunque yo no conozco cuánto me ama. Dios me ama. El amor incondicional de Dios es el único que te libera del Faraón.

El Faraón parece amarte, parece que el Faraón te amara, parece, ¿pero dónde está el engaño? En que el Faraón, para amarte, te pone una condición. El Faraón se hace pasar por Dios, el Faraón te promete todo: una vida larga, segura, feliz, fecunda. Hay muchos Faraones hoy. Mira al Faraón mandando su mensaje a través de las fallas de la publicidad: "Usa este perfume y serás feliz", es una cosa que a mí me sorprende mucho: la cara de felicidad de la gente en la publicidad.

Ve la gente haciendo cara de oso: "-¿Por qué está así de feliz?" "-Porque tengo el carro de mis sueños". Es decir, ese automóvil va a ser tu felicidad, si tienes ese automóvil, si logras ese automóvil, serás feliz. "-¿Y usted por qué está tan feliz?" "-Porque tengo un cabello perfecto", si logro ese cabello, seré feliz; "-¿y usted por qué está feliz?" "-Porque me voy a unas vacaciones maravillosas"; si logro esas vacaciones, seré feliz", y así nos venden la vida entera.

"Si utilizo estos zapatos", "si utilizo este desodorante", "si voy a este lugar", "si compro este aparato", "si voy a tal sitio", si hago esto, "si..., si..., si... , si..." Y cuando por fin consigo ese carro, ya me tienen listo el nuevo carro; y cuando ya he ido a las vacaciones que me costaron esta vida y la otra, "ya te tenemos listo el siguiente paquete de vacaciones, ¿de verdad quieres ser feliz? No basta con que vayas a las islas exóticas del Pacífico: te tenemos este programa maravilloso de vacaciones en la luna. Es verdad que tienes que vender un pulmón y la mitad de un riñón, pero con eso tendrás unas vacaciones maravillosas".

El Faraón está vivo, y el Faraón te manda mensajes: "Usa esto para que seas feliz", "compra esto para que seas feliz", "ve a este lugar y serás feliz", "usa este aparato y serás feliz". Nosotros hemos creído en el Faraón, y el faraón nos ha engañado muchas veces, "porque ya me puse los zapatos marca "Faraón" y no fui feliz".

"Salí con mi cabello, lo ven, yo pensaba que yo era hermosísima, la niña de la propaganda pasea su cabello, y todos los hombres van cayendo como moscas; pero yo salí con mi cabello, y el único que salió fue mi vecino mal pensado. La propaganda dice que si yo salgo con mi cabello así, con ese champú con acondicionador, con PH controlado, efecto degradado, yo voy a ser feliz; pero yo salí con el PH controlado, y yo pensaba que todos los hombres iban a notar el PH controlado, el único que salió fue el vecino gordo y grasiento malpensado", no fui feliz".

La niña de la propaganda se pone esa ropa interior sensual, y seduce a todos; "yo me compré mi ropa interior sensual, y el único que salió fue mi vecino otra vez".

El Faraón juega conmigo: "Haz esto y serás feliz"; "haz esto, porque si no lo haces, te vas a quedar sola, sooola, soooola, soooola"."-¡Ay, no, no, no! ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué tengo que hacer?" "-Tienes que comprar el PH controlado". "-Mamá, yo quiero comprar el PH controlado". "-¡Ay, hija, pero eso es muy caro!" "-No, qué caro ni qué no caro, yo quiero comprar el PH controlado". El Faraón nos sigue gobernando a través del consumo, a través de la opinión pública, a través de los amigos. Conocer al Señor, segundo paso.

Tercer paso: confiar en el Señor, abrirse a la experiencia de un amor sin condiciones. ¿Qué pasa cuando recibes una amor sin condiciones? ¿Qué sucede? Sucede algo hermosísimo, ¿sabes lo que sucede? Cuando recibes un amor sin condiciones recuperas tu libertad; cuando te sientes amado, ya no eres esclavo. Dios sacó a su pueblo de Egipto, y a ese pueblo libre, a ese pueblo liberado, ya no le tocó servir más al Faraón.

Y aquí llegamos a un punto fundamental: ser libre es servir al Dios que merece ser servido; ser libre es escoger bien tu Amo, ¡qué cosa tan rara esa frase! Ser libre es escoger bien a tu Señor; ser esclavo es equivocarse de dueño, es equivocarse de amo, es equivocarse de señor. Ser libre es escoger bien a tu Amo, a tu Dueño, a tu Señor.

Tal vez alguien me va a mirar diciendo: "-Quiere usted insinuar que uno siempre tiene amo? ¿Qué uno siempre es esclavo?" "-No, ser libre, dirá alguien, ser libre es manejar la vida como uno quiera". No caigas en ese en ese engaño, hermano. El que dice: "Quiero manejar la vida como yo quiera", no se da cuenta de quiénes el manipulan el querer. Oye esta frase: "El Faraón es experto en manipular el querer".

Observa este detalle: "¿Cómo se hace para manejar a la juventud hoy? Manejándole el querer, es el querer. "Yo hago lo que yo quiera", ¿y quién maneja tu querer? ¿Quién hace que tú quieras lo que quieres? Claro, tú haces lo que tú quieres, ¿pero quién hace que quieras lo que quieres? ¿Sabes quién lo hace? Los que saben cómo maneja, cómo acariciar tu ego, tus intereses y tus pasiones. Para manejar a una persona solo hay que estudiarla; si tú estudias a una persona, aprendes a manejarla.

Y lo peor del caso es que la persoa que es estudiada por otro y manejada por otro, cree que es libre, esa es la gran ironía. ¿Qué es estudiar a una persona? Estudiar a una persona es mirar con detenimiento cuáles son las fuentes de su placer, cuáles son sus temores, cuáles son sus apetitos, en dónde está su orgullo, de qué se siente inseguro. Es responder esa clase de preguntas.

Por ejemplo, si yo estudio detenidamente a esa jovencita de veinte años o de diecinueve años, descubro que lo que ella más quiere ser es atractiva, entonces yo me pongo delante de ella y le digo: "Mira, para ser atractiva haz esto". Como ella quiere ser atractiva, y yo ya me di cuenta que ella quiere ser atractiva, yo le digo: "Haz esto para ser atractiva", y estuvo, la manejo.

Si yo quiero manejar a un muchacho... A veces los muchachos están muy preocupados por ser atractivos, pero muchas veces quieren otras cosas: quieren sentirse fuertes, o quieren sentir que son independientes; como el muchacho quiere sentir independencia, yo me paro delante de él y le digo: "Mira, te traigo una nueva moda para gente rebelde". Yo ya lo he estudiado a él, yo sé que a él la palabra "rebelde" le gusta, porque él quiere ser independiente, yo lo tengo estudiado, entonces yo le digo: "Esta es ropa para gente rebelde", y él dice: "Ese es mi estilo". Así se maneja a la gente.

Y entonces la mamá le dice: "-Hijo, ¿pero por qué te vas a poner esa ropa?" "-Mamá, esa es la ropa que yo quiero". "-Hijo, ¿esa es la ropa que tú quieres? ¿O es la ropa que te hicieron querer?"

El arte del Faraón no es otro sino hacer que tú quieras. Por eso debe quedarnos clara una cosa, hermanos: nadie es más manipulable , nadie es más esclavo que el que dice: "Yo hago lo que se me dé la gana"; el que dice: "Yo hago lo que se me dé la gana", no se da cuenta cuántas personas a su al rededor lo están estudiando.

Me parece que fue en este mismo recinto, hace unos cuantos años, que dije por primera vez una frase que la he repetido luego muchas veces, y ahora la vuelvo a decir: El demonio es muy buen psicólogo. El demonio sabe cómo estudiarte, el Faraón sabe cómo estudiarte. A los hebreos les gustaba mucho una especie de sopa, una especie de caldo que se hacía con cebolla, una especie de crema de cebolla; y el Faraón sabía que esa crema de cebolla le gustaba a esta gente; cada vez que quería tenerlos contentos, repartía cebolla, para que hicieran la crema de cebolla que les gustaba.

Los senadores romanos, cada vez que querían apaciguar al pueblo, a la plebe, ¿qué hacían? Empezaban a regalar trigo, de ahí viene la expresión: "Pan y circo"; mantener a la gente distraída y dale algo que le guste o que necesite, y así se calman las revoluciones. Entonces la gente dice: "Yo hago lo que yo quiera ", "-y de dónde sacas lo que tú quieres? ¿De dónde sacas" Yo te voy a decir de dónde lo sacas.

Por las calles de tu ciudad las vallas publicitarias te están diciendo qué es lo que tienes que querer; la música que tú oyes te está diciendo qué es lo que tú tienes que querer; la televisión que tú miras te está diciendo qué es lo que tú tienes que querer. No hay frase más engañosa que la frase: "Yo hago lo que yo quiera", porque el que dice eso se vuelve ciego para darse cuenta "quién está haciendo que yo quiera lo que quiero". Ese es el segundo hilo que lleva al Faraón.

El primer hilo era el miedo, y el segundo hilo es: "¿Quién hace que quiera lo que quiero?" El miedo y la publicidad, claro que la publicidad tiene cosas buenas, y el miedo tiene una cosa buena también, claro, el miedo también es necesario, si yo no tengo algo de miedo a la muerte, seguramente no cuido la vida, y seguramente que si no existieran los medios de comunicación, pues tampoco podríamos enriquecer nuestra vida con tantas cosas que son útiles.

Cuidado, yo no estoy demonizando la tecnología, yo no estoy demonizando el progreso humano. Bendito sea Dios que ha dado inteligencia al ser humano, y bendito sea Dios que hay tantas cosas buenas y tantos adelantos que hacen más amable la vida humana, bendito sea Dios. El problema está en la idolatría, cuidado entonces, mira el hilo del miedo, mira el hilo de la publicidad, quién hace que yo quiere lo que yo quiero. Por eso el cristiano tiene que llevar una vida atenta y despierta.

Los pasos de la liberación. Primero, identificar al Faraón; segundo, conocer al Señor; tercero, confiar en el Señor. ¿Qué es confiar en el Señor? Es declararlo Señor de tu vida. Como decíamos en nuestra anterior reflexión, es ponerlo al timón de tu vida, eso es confiar en el Señor. Confiar en el Señor es no ponerle ninguna condición a Él, sabiendo que Él me ama sin ninguna condición, eso es confiar en el Señor. Repito: confiar en el Señor es no ponerle ninguna condición a Él, sabiendo que Él me ama sin ninguna condición, eso es confiar en el Señor.

¿Y qué es no ponerle ninguna condición a Él? Que lo que Él quiera, como Él quiera, cuando Él quiera, mientras Él quiera, está bien, eso es confiar en el Señor, y eso es lo que libera. Porque cuando tú le dices al Señor: "Lo que tú quieras, cuando tú quieras, como tú quieras y mientras tú quieras", ya no hay ningún Faraón que pueda imponerte sus leyes, ya no hay ningún Faraón que pueda obligarte, esa es la liberación.

La liberación es reconocer el señorío de Dios, la liberación no es creer uno que uno gobierna su vida, porque el que cree que está gobernando su vida únicamente se está haciendo ciego para reconocer quién es el que hace que yo quiera lo que yo quiero. No, no es libertad pensar que no hace lo que se le da la gana, no es libertad creer que uno hace lo que uno quiere.

Porque se parece al ejemplo del joven que ya dijimos: "-Ay, mamá, esta es la ropa que a mí me gusta". "-¿Quién es el que hace que te guste la ropa que a ti te gusta? Uno todo lo recibe, esa ropa no la diseñaste tú, hijo mío, esa ropa no la diseñaste tú, la diseñó alguien para ti, la diseñó alguien que te estudió primero, la diseñó alguien que te conoce bien, y tú crees que tú eres libre, pero primero te estudiaron, primero vieron cuáles son tus necesidades, tus tendencias, tus gustos, tus frustraciones, tus temores". Y después de que te analizaron y te estudiaron, inocentemente te presentan este producto y te dicen: "Mira, esto es", y uno: "Sí, sí, sí, esto es, esto es".

Te estudiaron, papito. Mamita linda, a usted la están estudiando. ¡Qué bella es esta raza paraguaya, hermosa es! A estas niñas preciosas que están aquí las tienen bien estudiadas. Los departamentos de investigación de las empresas no son solamente científicos metidos en los laboratorios, son gente haciendo encuestas, mirando cómo reaccionas, te están estudiando; a ti y a mí nos estudian, a los jóvenes y también a los mayores, nos tienen estudiados.

Por eso es un engaño decir "yo hago lo que se me da la gana", eso es un engaño, eso no existe; la única libertad es reconocer el señorío de Dios, esa es la única libertad. En el momento en el que yo digo: "Recibo el señorío de Dios", en ese momento empiezo a ser libre, en ese momento el Faraón ya no tiene poder sobre mí, se acabó el poder del Faraón.

Nos dice el Apóstol San Pablo: "Nuestra vocación, hermanos, es la libertad; no hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne"Carta a los Gálatas 5,13. Yo no sé aquí en Paraguay, pero en Colombia y en muchos otros sitios, cuando se dice "una mujer liberada", lo que eso quiere decir es una mujer más bien fácil. Ella es liberada. Las "liberadas", entre comillas, son las que son esclavas de los deseos de la carne.

La verdadera libertad no es pretexto para el egoísmo, la verdadera libertad no es pretexto para el pecado, la verdadera libertad no es pretexto para la codicia, la verdadera libertad se convierte en un acto de gratitud, de alabanza, de amor a Dios. Y por eso, por amor a ese Dios, el libre es el que puede dar porque ya no depende de estar recibiendo.

Yo sigo con mis queridos jóvenes. "-Soy libre". "-Eres libre. Pero resulta que tu reproductor de MP3 se te perdió. El día se te volvió amargo porque no puedes oír tu música, entonces dependes de tu música, no eres tan libre como tú quieres. El día que no puedes hacer lo que estás acostumbrado a hacer, ese día se te vuelve largo y se te vuelve amargo y se te vuelve triste. Cada cosa que tiene poder sobre tu alegría es dueña de ti. El que es dueño de tu alegría es dueño de ti.

Tengan en cuenta esa frase: "El que es dueño de tu alegría es dueño de ti". Si tu alegría depende de una botella de licor, el que es dueño del licor es dueño de ti; si tu alegría depende de tener sexo, el que maneje tu sexualidad te maneja a ti; si tu alegría depende de recibir aclamación, adulación, honra y gloria, el que maneje tus relaciones públicas, el que maneje tu imagen, es dueño de ti.

Las pistas pistas para encontrar al faraón son las siguientes. Primera pita: ¿cuáles son tus miedos" Sigue el hilo de tu miedo, ahí está el Faraón. Segunda pista para encontrar al Faraón: la publicidad: el que maneje mis deseos. "¿Por qué yo siento esa necesidad imperiosa de comprarme esa polera, ¿por qué?" "¿Por qué siento esa necesidad imperiosa de tener esa motocicleta?" "¿Por qué tengo esa necesidad imperiosa de cambiar mi celular?" El que maneja mis deseos es mi Faraón; el que maneja mis miedos es mi Faraón; el que maneja mis alegrías es mi Faraón. Esas son las tres pistas para encontrar a tu Faraón, para encontrar a tu señor.

"-Ah, yo no tengo señor, yo vivo como yo quiera". "-Sí, sí, sí, claro, sí, sí, sí, ¿y quién hace que quieras lo que quieres? ¿Sabes quién? El que te estudia, el que te mira y dice: "A estos muchachos lo que hay que ofrecerles es esto", y después le dice la muchacho: "Vive tu estilo único y original", y el estilo original de los muchachos es que todos se visten igual, todos se peinan iguales.

Yo no sé si llegó aquí al Paraguay una moda que la he visto en un poco de países, es un peinadito que se hacen unos jóvenes aquí con una crestica, eso se hace con gel. Y uno entrevista al muchacho: "-Oiga, joven, ¿usted por qué se peina así?" "-No, Padre, es mi estilo". "-¿Tu estilo? ¿Tuyo?" Resulta que yo he pasado por Perú, por Ecuador, por Venezuela, por Panamá, por Estados Unidos, por Canadá, por Bolivia, y todos con el mismo peinadito, "¿es tu estilo?"

"-¡Yo vivo mi sexualidad como yo quiera, como yo quera!" "-¿Pero qué será esa coincidencia que los muchachos de Chile viven la sexualidad como tú? ¿Y los muchachos en Brasil viven la sexualidad como tú? ¿Y los muchachos en Madrid viven la sexualidad como tú? ¿No será que hay un Faraón que los maneja a todos? Y todos piensan: "-Es mi estilo", "-¿tu estilo? ¡Eres un pedazo de fotocopia, hermano! Y las frases con las que tú repites que eres original, son las mismas frases que dicen en Guayaquil, que dicen en Cali, que dicen en ciudad Colón, que dicen en Miami, hasta las mismas frases las repiten.

Y todos aprenden a decir: "-Soy una generación nueva y original". "Mira, yo soy original como estos cuatrocientos treinta millones de jóvenes, todos somos originales". Sólo Jesús te hace original, sólo en Jesús está tu origen, por eso sólo en Jesús tú puedes ser original. ¿Pero qué es ser original? ser original es no ponerle condiciones al que me ama sin condiciones. Para lograr un cuadro hermoso, la pintura no puede poner condiciones; para lograr una escultura hermosa, el mármol no puede poner condiciones; para ser original, para ser la obra original de Dios, no le pongas condiciones.

Quedarás sin Faraón, serás libre, y la persona que es libre es la persona que puede amar. Oye esa frase, para que la tengas en cuenta: "Sólo el que es libre puede amar; el que es esclavo está siempre esperando a que lo amen. esa jovencita de diecinueve, veinte años,ese joven de veintiuno, veintitrés años, cree que ama, en realidad está esperando ser amado.

"-Ay, es que yo quiero..." "-¿Qué es lo que usted quiere?" "-No, es que yo quiero que me quieran". "-Tú no quieres querer, tú quieres que te quieran, pero acuérdate que el Faraón se encuentra por tres hilos: el hilo de los miedos, el hilo de los deseos, manejado por la publicidad y el hilo de las alegrías. El que es dueño de mis alegrías, me maneja; el que es dueño de mis deseos, me maneja; el que me programa mis miedos, me maneja. ¿No quiero más Faraones, quiero ser libre en Cristo Jesús! ¡quiero ser libre!"

El que tiene a Cristo es libre porque se siente amado sin condiciones, eso es lo que muestran los Evangelios; y el que se siente amado sin condiciones, y no le pone condiciones a Dios, se vuelve original.

Todos los muchachitos del peinadito, todos los muchachitos y las muchachitas del tatuaje, porque tiene que ponerse un tatuaje, y a mí me parece tan triste eso, como si tuvieran que pagar un impuesto, es una cosa que tienen que hacer, y tiene que atravesarse la piel con algo, eso no es ser original, eres un pedazo de una fotocopia.

Atrévete a ponerte en el torrente del amor creador de Dios que todo lo renueva y serás una obra original. Atrévete a ponerte en el amor de Dios y descubrirás que tu afectividad se solidifica, ya no vas a ser esclavo de nada ni de nadie. Sólo el que es libre sabe amar y puede amar, y el que es libre jamás se amarrará a una relación destructiva.

Quiero terminar con una última recomendación, especialmente para las jóvenes. Jóvenes hermosas y amadas del Paraguay, y quienes luego escuchen estas palabras, que por bondad de Dios habrán de difundirse también por Internet. Jóvenes queridas, les digo una cosa: Cristo es su libertad, y les digo por qué. Si tú tienes a Cristo en tu corazón, tú no vas a perder tiempo con las relaciones que no sirven.

Acuérdate, querida joven, que tú tienes un cronómetro en tu cuerpo, y acuérdate que perder tiempo con el hombre que no es, no deja aparecer el hombre que sí era. No pierdas tiempo con el hombre que no es, no pierdas tiempo, no te amarres a una relación que no va a ninguna parte. Pon desde el principio tu mirada alta y bella en Cristo, y pídele a Cristo eso que vale la pena, y no pierdas tiempo con hombres que no valen la pena. Esa es la libertad que trae Cristo.

Libre de Faraones, tú, hermano, vas a ser una obra original, tú, tú eres una obra original del Señor. El Señor va a hacer maravillas en tu vida. Tú no vas a repetir a nadie, no tienes que repetir a nadie. Lo maravilloso del amor de Jesús es que Él es el más interesado en preservar los tesoros de tu vida, de tu juventud, de tu inteligencia, del cuerpo que Él mismo te dio. Libres en Cristo, libres para amar, libres para servir.

Señor, quiero ser libre de mis Faraones. Hermano, identifica tus Faraones, acuérdate: el que te maneja tus miedos, el que te maneja tus deseos, el que te maneja tus alegrías. ¡Quiero ser libre! Siente que se revientan esas cadenas, siente que llega a ti la libertad, siente que tienes derecho aser y a existir en Dios.

Bendito, Jesús, bendito, Señor, bendito porque me has amado como nadie me había amado. Bendito, Señor, que me has amado; bendito, Jesús, que me amas sin condiciones. Hoy, hoy, Señor, yo quiero amarte sin condiciones; hoy, Señor, yo quiero decirle un "sí" total, irreversible, cargado de amor y gratitud, un "sí" total a lo que tú quieras, como tú quieras, cuando tú quieras, mientras tú quieras. Hoy, Señor, estoy aquí para hacer tu santa voluntad, hoy te declaro Señor de mi vida, y hoy rompo con el Faraón, hoy salgo, Señor, de la esclavitud.

Hoy, Señor, día de gracia y de libertad, tú anuncias un mañana nuevo para el Paraguay; tú quieres una generación de libres, una generación que ya no sea esclava de la corrupción, del egoísmo, que ya no sea esclava del materialismo, una generación, Señor, abierta a tu Palabra, a tu gracia, a tu hermosura, a tu santidad. Bendito seas, Señor.

Abre, hermano, esa boca, bendice a Dios, declárate libre en Él, dile que sólo Él es Señor de tu vida. Bendito seas, Señor. La gloria para ti, Señor. Sólo tú serás Señor de mi vida. Sólo tú, Señor, sólo tú eres santo, sólo tú, Seño, sólo tú Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre.

Amén.