Camino de Sanación Tema 1 de 5
Hermanos Amados:
Empecemos recordando algunos textos que nos muestran lo que sucede cuando Jesús sana.
Yo me acuerdo mucho de un pasaje: cuando está Jesús cerca de Jericó, y hay un ciego, un ciego que oye el paso de Jesús, y el tumulto. Y este hombre pregunta qué sucede, y le dicen: "Es Jesús que pasa". Y él empieza a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!" San Marcos 10,47; "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!" San Marcos 10,47.
La gente le decía al ciego que se callara; pero él gritaba más fuerte, ¿qué era lo que gritaba? "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!" San Marcos 10,48, esa oración se la tiene que saber todo cristiano, es una oración muy importante: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí" San Marcos 10,47-48. La gente en la multitud le decía la ciego que se callara; pero él gritaba más fuerte.
Finalmente, Jesús lo mandó llamar y le hizo una pregunta: "¿Qué quieres que haga por ti?" San Marcos 10,51. Y el hombre respondió: "Que yo vuelva a ver" San Marcos 10,51. Fíjate, era un hombre que había tenido vista, y la había perdido. Y entonces Jesús sana a este hombre, y él empieza a seguir a Cristo por el camino.
Ese pasaje es el primero que necesitamos el día de hoy: un ciego que pide limosna al borde del camino, oye un tumulto, pregunta qué está pasando, "es Jesús que pasa", él sabe algo sobre Jesús, y empieza a gritar, ¿qué es lo que grita? "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!" San Marcos 10,47-48. Y Jesús, a pesar de que la gente quería que el hombre se callara, él no se calló. Entonces Jesús le dice al hombre que se acerque, y él se acerca, y cuando él se acerca, Jesús le hace una pregunta, ¿qué es lo que le pregunta Jesús? "¿Qué quieres que haga por ti?" San Marcos 10,51.
Esas frase yo necesito las aprendamos porque ahí es donde está la enseñanza. ¿Qué fue lo que le preguntó Jesús? "¿Qué quieres que haga por ti?" San Marcos 10,51. Y el hombre respondió: "Que yo vuelva a ver" San Marcos 10,51.
O sea que tenemos que aprendernos tres frases: La oración: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!" San Marcos 10,47-48; la pregunta de Jesús: "¿Qué quieres que haga por ti?" San Marcos 10,51; y la respuesta del hombre: "Que yo vuelva a ver" San Marcos 10,51, esas son las tres frases que necesitamos en este momento.
Y la vamos a mirar, y el Señor nos va a mostrar cómo sucede esa maravilla de la sanación, y qué podemos aprender de este pasaje del Evangelio. ¿Por qué este hombre llama a Jesús "Hijo de David"? San Marcos 10,47-48. ¿Cuál es ese David? El rey David, ¿y por qué el ciego le dice a Jesús "Hijo de David? San Marcos 10,47-48, pues mira: Porque Hijo quiere decir ahí, el descendiente. Efectivamente, San Mateo dice que Jesús era descendiente de David, pero quiere decir más que eso.
Hijo de David quiere decir: "Tú eres el nuevo David". ¿Y por qué es tan importante David? Porque David es el modelo del rey. David es el gran rey que todos recordaban. David es como la referencia de lo que es un verdadero rey. Y la época de David quedó siempre como una referencia, como un recuerdo, un recuerdo imborrable para el pueblo. La época de David es la época en que la gente pudo experimentar el reinado de Dios. Ellos sintieron la protección, el poder y la bendición de Dios en la época de David.
Porque David logró dos cosas: Frenar a los enemigos, es decir, a los filisteos, y traer un tiempo de bendición y de abundancia. Por eso David es la referencia; no hubo otro rey como David, no hubo otro. David es el recuerdo más dulce en el pueblo hebreo, es el recuerdo de una época de seguridad, de prosperidad y de bendición.
Entonces cuando se le dice a Jesús: "Hijo de David" San Marcos 10,47-48, lo que se está diciendo es: "Tú eres el nuevo David, tú eres el Mesías de Dios, tú eres el que Dios nos envía, tú eres el que trae la protección y la bendición de Dios", eso es lo que significa "Jesús, Hijo de David" San Marcos 10,47-48.
Es decir, es una confesión mesiánica: "Tú eres Mesías, tú eres Ungido de Dios, tú eres el que puede traer protección y bendición. Protección, para poner lejos de nosotros a nuestros enemigos; bendición, para traer la abundancia, los bienes del cielo, eso eres tú", y eso es lo que significa" "Hijo de David" San Marcos 10,47-48.
Una vez más, ¿cual es la oración del ciego? "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí" San Marcos 10,47-48. Uno entiende esa oración. Ese hombre está llamando a Jesús, está reconociendo el título de Jesús y está exponiendo su necesidad, su súplica.
Él gritaba, la gente quería que él se callara; pero el hombre no se calló, él siguió gritando más fuerte, Jesús lo llamó, y Jesús le hizo una pregunta, y esa pregunta es: "¿Qué quieres que haga por ti?" San Marcos 10,51, esa es la pregunta de Jesús. Y en esa pregunta, mis hermanos, está el corazón de esta enseñanza.
¿Cuál era la dolencia que tenía ese hombre? Era ciego, todo el mundo se daba cuenta que él era ciego. En una de las versiones del Evangelio dice que él "arrojó el manto y se fue corriendo, -seguramente dando tumbos-, se fue donde Jesús" San Marcos 10,50. ¿Por qué Jesús le pregunta: "¿Qué quieres que haga por ti?" San Marcos 10,51, si era tan evidente el problema de ese hombre? Es una cosa que lo hace pensar a uno.
Era muy fácil darse cuenta qué era lo que le pasaba a este señor. Todos podían darse cuenta qué era lo que le sucedía. ¿Por qué Jesús le hace esa pregunta? Yo les confieso que yo mismo me lo he preguntado muchas veces, ¿por qué Jesús le hace esa pregunta a este señor? Se veía que estaba ciego, ¿Por qué le pregunta eso? La ceguera era algo de lo que todo el mundo podía darse cuenta, ¿pero qué tal que la ceguera no fuera el único problema de él?
Vamos a recordar otro pasaje del Evangelio, uno que ustedes y yo recordamos muy bien. Una vez estaba Jesús enseñando en una casa y le trajeron un paralítico, como había demasiada gente, ¿qué tuvieron que hace? Tuvieron que quitar un pedazo del techo para bajar a ese hombre, ¿y ese otro hombre qué problema tenía? Era un paralítico, ¿se notaba que ese hombre era paralítico? Sí. ¿Se notaba que era pecador? No.
Si yo veo a una persona paralítica, lo primero que me inspira es, seguramente, compasión, pesar; pero descubrir que la persona es un pecador, eso lo vio únicamente Jesús, Él fue el que se dio cuenta. Es decir, hay daños, hay dolencias que se ven, y hay dolencias que no se ven. Todo el mundo podía darse cuenta que ese era un paralítico, pero no todo el mundo podía darse cuenta que él era un pecador. Entonces, hay males, hay dolencias que se ven, y hay dolencias que no se ven.
Volvamos a nuestro pasaje anterior, ahí estábamos con un ciego. La oración que decía el ciego era: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí" San Marcos 10,47-48. Jesús le hace una pregunta al ciego, la pregunta que Jesús le hizo al ciego fue: "¿Qué quieres que haga por ti?" San Marcos 10,51.
Y ahora empiezo a sentir en mi corazón un poquito de tristeza porque resulta que el ciego dio esta respuesta: "Que yo vuelva a ver" San Marcos 10,51. ¿Y por qué pidió tan poquito? Eso me da pesar. Para él es mucho, pero pidió poquito. Imagínate lo que le dijo Jesús, le dijo: "¿Qué quieres que haga por ti?" San Marcos 10,51, y el hombre lo que responde es: "Que yo vuelva a ver" San Marcos 10,51.
Es algo grande, pero es poquito; es algo grande, porque es, ciertamente, una limitación muy dolorosa no poder ver; es algo grande, pero también es algo pequeño. Tienes a Jesús frente a ti, y este hombre pidió: "Que yo vuelva a ver" San Marcos 10,51.
Yo creo que ya vamos entendiendo el sentido de la pregunta de Jesús. Yo voy a cambiar un poquito la pregunta de Jesús, para que entendamos lo que está sucediendo en esa escena. "Qué tal que Jesús le preguntara esto a este hombre y a ti?: "¿Hasta dónde quieres que llegue en tu vida?" Eso es lo que Jesús le está preguntando. Te la traduzco de otra manera: "Cuánto esperas recibir?" Cuando uno cambia la pregunta de este modo, empieza a ver que la respuesta del ciego, a pesar de que nos parece muy grande, en realidad era muy pequeña.
"¿Cuánto esperas recibir de mí?" "¿Qué quieres que haga por ti?" "¿Hasta dónde quieres que llegue en tu vida?" Lo que podemos suponer es esto: Que Jesús veía las cosas de una manera, y el ciego, a pesar de que estaba ciego, veía las cosas de otra manera. Seguramente, Jesús, lo mismo que en la historia del paralítico que fue bajado por el techo, seguramente, Jesús, veía en este hombre muchas más cosas que necesitaban ser curadas, muchas más cosas que necesitaban ser bendecidas, muchas más cosas que necesitaban ser sanadas.
Nosotros, cuando nos miramos a nosotros mismos, miramos un pedacito, un poquito, pero Jesús mira mucho. El hombre tenía en su mente, en su corazón, el hombre tenía una sola preocupación: recuperar su vista física, que sus ojos fueran sanados, pero ese no era el único problema que él tenía. Lo mismo que en el caso del paralítico, cualquiera hubiera pensado: "Ese paralítico lo que necesita es que le curen su parálisis", pero ese era solamente uno de los problemas que él tenía, de hecho, no era el problema más grave.
¿Qué le dijo Jesús a ese paralítico cuando ya lo pusieron delante de Él? "Tus pecados han sido perdonados" San Marcos 2,5. Es decir que Jesús veía algo que este hombre no veía, o que lo veía pero no lo decía. Jesús ve más, Jesús es el que sabe todo lo que tiene que ser sanado, cambiado, transformado, renovado, bendecido, liberado en nosotros, sólo Jesús lo sabe. Sólo Jesús sabe, sólo Jesús ve todo eso, Jesús está viendo, todo, todo eso, todo lo que tenía que ser sanando, transformado, reformado.
Jesús tiene una mirada luminosa, transparente, pura, penetrante, santa. Y viendo todo eso, le pregunta a este hombre: "¿Tú qué quieres que cambie en tu vida?" Y ahora se pregunta uno si ese hombre escogió bien o escogió mal. Seguramente, escogió algo bueno, pero quizás ha podido escoger mejor y quizás ha podido escoger más. Fíjate que esa pregunta de Cristo es una pregunta bastante profunda.
Hay otro pasaje en la Biblia en que encontramos a Dios preguntándole a alguien qué quiere. El Hijo de David, que le sucedió en el trono, se llamaba Salomón. Salomón era muy joven cuando subió al trono, y en un sueño se le apareció Dios, y le dijo algo parecido a lo que Jesús le dijo al ciego. Dios le dijo a Salomón: "Pídeme un deseo", "pide algo que quieras" 1 Reyes 3,5, y Salomón pidió sabiduría, aunque la traducción primera y original dice: "Dame un corazón que sepa escuchar" 1 Reyes 3,9.
Dios lo felicitó: "Porque me has pedido eso y no has pedido largos años, grandes victorias, o la muerte de tus enemigos, yo te concedo esa sabiduría" 1 Reyes 10,12. O sea que Dios le puede preguntar a uno a veces: "¿Qué quieres que haga por ti? Y esa pregunta es muy peligrosa, porque esa pregunta lo deja a uno en manos de su propio deseo. Si tu deseo es santo y perfecto, aleluya; pero si tu deseo es pobre, pequeño, mezquino, si tu deseo se queda a corto plazo, vas a recibir muy poco.
Hay un salmo que me gusta mucho y que dice: "Abre tu boca, y yo la saciaré" Salmo 81,11. El que abre poquito la boca, recibe poquito; el que abre mucho la boca, recibe mucho. Y la mayor parte de nosotros abrimos poquito la boca y nos saciamos con pequeñas cosas.
Hay otro hombre que pidió mejor que el ciego este de Jericó. Cuando Jesús estaba en la cruz, tenía a su lado dos ladrones que habían sido castigados por sus muchos crímenes. Uno de los ladrones criticaba a Jesús, lo injuriaba; otro, en cambio, le hizo una petición a Jesús: "Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino" San Lucas 23,42.
Fíjate que ese hombre estaba crucificado, ese hombre estaba sufriendo espantosamente, pero lo que pidió no fue: "Quítame este tormento", ése pidió mejor, lo que pidió fue: "Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino" San Lucas 23,42, pidió algo que dura para siempre, algo que nadie le puede arrebatar jamás. Ahora me parece que el ciego de Jericó pidió muy poquito.
Cualquiera dice: "¡Uyy, qué maravilla de milagro!" Las curaciones físicas son bellas, y hoy le vamos a pedir al Señor que haya curaciones, pero hay que tener mucho cuidado con las curaciones físicas. En primer lugar, porque las curaciones físicas duran solo un tiempo. "Señor, sáname estos ojos", ¡amén! El Señor sana con poder. Edad suya, cincuenta y dos años, tiempo total de vida, va a morir a los sesenta y dos años, tiempo del milagro, diez años, diez años, está bien, diez años de milagro, está bien.
¿Pero qué son diez años de milagro comparado con lo que pidió el otro? "Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino" San Lucas 23,42, toda una eternidad.
"Señor, quiero que me cures de esta dolencia que tengo, de un problema que tengo en el hígado", edad, treinta y ocho años, morirá a los sesenta y ocho años, tiempo del milagro, treinta años. ¡Hombre, treinta años de un hígado saludable, está bien! Pero les cuento una cosa: Todo hígado se va a corromper, todo ojo se va a corromper, todo riñón se va a corromper, toda matriz se va a corromper, todo cerebro se va a corromper, ¿sigo? Yo creo que ya se entiende la idea, ¿no?
¿Tú estás pidiendo por algo que dure, o estás pidiendo únicamente para cinco años, para diez años, para veinte años? Lo que pidió este ciego nos parece grandioso, ¿pero y qué tal que hubiera pedido más? Ahora te hago yo una pregunta: ¿Eres prisionero de tu propio apetito? ¿Eres prisionero de tu propio deseo?
El ciego de Jericó seguramente pensaba: "Con que yo recupere la vista, yo con eso me defiendo", y así hay muchas personas que dicen: "Con que yo consiga un buen marido, con eso me contento", y el otro dice: "Con que yo consiga un buen préstamo del banco; deja que me presten eso, quinientos millones de guaraníes, con eso yo arranco, con eso tengo para empezar", y el otro dice: "Con que se me quite un poco como esta tontina que tengo, como que se me quite esta depresión, y ya verá que yo me defiendo", y el otro dice: "Con que se me quite este dolorcito que tengo en la columna, se me quita este dolor, y yo con eso me defiendo".
Y seguramente aquel ciego pensaba eso, "con que se me quite a mí el problema este de la ceguera, yo y a con eso sigo". ¿Qué es Jesús en tu vida? Fíjate en esa frase: "Con que se me quite esta ceguera, yo con eso me defiendo", esa frase quiere decir: "Que Jesús le ponga un parche a mi vida, y soy yo el que sigue al timón, eso es lo que quiere decir esa frase. "Que Jesús me dé esa esposa que yo estoy esperando, y sigo yo manejando mi vida". "Que Jesús permita ese préstamo de los tres mil millones que tengo allá en el banco, y ya sigo yo, yo, yo manejo".
"Que Cristo le ponga un parche a mi vida, pero el que va a seguir manejando soy yo". "Espere y verá que me sane yo de esta columna, que yo con esta columna bien organizada, yo ya sigo manejando mi vida". "Yo manejo, yo guío mi vida, yo llevo mi vida". "Espere que se me sanen estos ojos míos, y ya Jesús le pone un parche a mi vida".
"Y sigo manejando yo", ese es el problema, que uno quiere seguir manejando. Queremos que Jesús repare, en unos países llamamos los "neumáticos", en otros dicen las "gomas", ¿no? Queremos que Jesús sea un taller, que Jesús sea, se dice en algunos países,"montallantas", donde va una persona a que le reparen una llanta que se dañó, que Jesús sea una "gomería", y queremos que Jesús sea un "gomero", ¿ah? Queremos que Jesús sea el gomero.
Yo voy manejando, se me dañó una llanta, se me dañó una goma, yo voy a la gomería, hay un gomero que se llama Jesús, Jesús le pone una reparación, un parche, ¿y quién siguió en el timón? Yo. ¿Quién siguió manejando? Yo. ¿Quién siguió manejando su vida como se le dio la gana? Yo.
Ahora si me empiezas a entender y a estar de acuerdo conmigo en que este ciego pidió una cosa pequeña, que era grande, porque que a uno lo curen, ¡ah, eso es grande! Era grande, pero era pequeña. La petición del ciego era poca, era poca y escúchame esto: El ciego pidió a su escala, no pidió a la escala de Dios, el ciego pidió a su escala: "Dentro de mi mundo, lo que yo necesito es esto"; él pidió a su escala, no pidió a la escala de Dios.
En cambio, el otro, que estaba crucificado, le dijo a Jesús: "Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino" San Lucas 23,42, como quien dice: "Dame según tu tamaño, no según mi tamaño". Por favor, escúchame, hermano.
Fíjate la diferencia entre esas dos peticiones: Él uno dice: "Señor, que yo vea" San Marcos 10,51, "Señor, sé tú el gomero, sea yo el que maneje; Señor, pónle tú un parche a mi vida, y yo sigo manejando mi vida". El otro, en cambio, dice: "Señor, acuérdate de mí, tú verás qué haces conmigo, yo me pongo en tus manos, tú verás cómo solucionas eso". Pidió a la escala de Dios.
Hay gente que pide a su escala: "Con que yo me consiga ese novio, primero, yo lo manejo, y luego, manejo la vida, ¡listo!"; "con que me salga ese préstamo, esos cinco mil millones de guaraníes, con que me salga ese préstamo, ya yo me organizo, ya yo hago, ya yo sigo en el timón, ya Jesús reparó, ¿ah? Jesús puso el parche, y ya yo sigo al timón manejando mi vida".
Y ahora yo te hago una pregunta: ¿Hemos aprendido a pedir a la escala de Dios? Porque nosotros pedimos a la escala nuestra. Jesús le hace la pregunta clave a este hombre: "¿Hasta dónde quieres que llegue en tu vida? ¿Hasta dónde? "Jesús, no te metas mucho con mi vida; lo único que yo quiero es conseguirme un buen marido, ya, y de ahí, con el debido respeto, te retiras, por favor, que yo quiero seguir manejando lo mío".
"Jesús, no te metas mucho con mi vida; lo único que yo necesito es que el banco me apruebe el préstamo ese de los ocho mil millones de guaraníes, es lo único que yo necesito, que ya esa plata, yo ya la manejo. Tú, me haces el favor, me arreglas lo mío, que salga lo del prestamos, y después, con permiso, Jesús, te retiras".
"Jesús, me arreglas el problemita. Así le hablamos a Jesús. "Ven a ponerle un parche a mi vida, y después, te retiras". "Ven, Gomero Celestial, Gomero Celestial, ven a reparar mi llanta, ven a reparar mi goma, y ya yo sigo". Y la pregunta que Jesús le hace a este hombre es: "¿Hasta dónde quieres que llegue en tu vida? ¿Hasta dónde?" Y este hombre dijo: "Hasta aquí. Con que tú me cures lo de la ceguera, que yo vuelva a ver, con eso hay".
Les voy a contar un sueño que me avergüenza, un sueño que yo tuve. Es una cosa tan ridícula la que les voy a decir, que ustedes se van a reír de mí, desde ya les doy permiso para que se rían de mí, es una cosa ridícula. En ese sueño yo iba por la calle, no sé en qué ciudad estaba, pero yo iba por la calle. Mucha gente, y entre toda la gente, vi a Jesús que iba caminando por la calle, y me dio alegría.
Pero Jesús no iba vestido así como en ese hermoso cuadro de la Misericordia, con una túnica, no; Jesús iba con una especie de camisa larga, unos pantalones como vaqueros que llaman, o blue-jeans, o de esos, o sea, era un Jesús vestido a lo moderno, pero era Jesús. Y Él venía por la misma acera en que yo iba, y yo vi a Jesús que venía, y nos íbamos acercando, y yo sentía que tenía que decirle algo a Jesús, y no se me ocurría qué decirle. Entonces ¿sabe qué se me ocurrió decirle? "¿Qué horas son?" Y Jesús llevaba reloj, y Jesús me miró, y luego miró su reloj, y me dijo: "Son las dos y diez", y siguió caminando y se fue.
¿Ustedes no sienten pesar de mí? ¿Ustedes no sienten rabia conmigo? Me encontré con Jesús, y lo único que se me ocurrió preguntarle fue: "¿Qué horas son?" Yo digo, realmente, mi proceso de conversión está en cero. Y Él miró su reloj, -imagínate, Jesús tenía reloj en ese sueño-, miró el reloj: "Son las dos y diez", y me miró otro momento, sonrió, y siguió, y se fue, se fue para siempre, por lo menos en ese sueño. Eso tiene que ver con esta predicación.
¿Qué es lo que tú le vas a pedir a Jesús? ¿Le vas a pedir para cinco minutos? ¿Para diez minutos? ¿Para dos horas? ¿Para ochenta días? ¿Para veinte años? ¿O le vas a pedir para toda la eternidad? ¡Hombre, y el ciego este había empezado bien! ¿Qué fue lo primero que dijo el ciego? "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!" San Marcos 10,47-48, ¡empezó bien! "Ten compasión de mí" San Marcos 10,47-48, porque la compasión, la misericordia de Jesús, cubre el tiempo y la eternidad, ¡empezó bien!
Pero luego Jesús le dijo: "Venga, venga, venga para acá, venga: "-Al fin, ¿qué es lo que quiere usted?" "-Que yo vuelva a ver" San Marcos 10,51, eso fue lo que respondió el ciego. "-Qué es lo que quiere usted, al fin, qué es lo que quiere?" Y el hombre, que empezó pidiendo muchísimo, en ese momento estrelló su, estrelló su petición, únicamente quiero este poquitico: "Que yo vuelva a ver" San Marcos 10,51.
Se parece al sueño mío, "¿eso es todo lo que usted quiere? Bueno, ya, vuelva a ver", y el hombre empezó a ver. Parece extraordinario; pero fíjate, empezó pidiendo mucho. Fíjate que Jesús le está preguntando: "¿Hasta dónde quieres que llegue en tu vida?" Jesús es muy respetuoso, Dios es muy respetuoso.
Comenta Santa Catalina de Siena, refiriéndose a la escena de la Anunciación, comenta que Dios tocó a la puerta del corazón de María, y no sucedió el milagro de la Encarnación, sino cuando Ella dijo: "Hágase en mí según tu palabra" San Lucas 1,38. La Encarnación sucedió en las entrañas purísimas de María; la Encarnación sucedió en el centro mismo, en la intimidad del cuerpo de Nuestra Señora; la Encarnación sucedió en lo más profundo del ser de María, y Dios le pidió permiso a María para llegar a su centro.
Y Dios hoy te pide permiso para llegar a tu centro, "¿quieres que te haga una reparación exterior? ¿O quieres que llegue al centro de tu corazón?" Eso te pregunta Jesús. "¿Quieres que te ponga un parche? ¿O quieres que renueve todo en tu vida?" Eso te pregunta Jesús. "¿Quieres que te solucione un problema? ¿O quieres que te solucione el problema de tu vida?" Eso te pregunta Jesús. "¿Quieres que te eche otra mano de pintura? ¿O quieres que cambiemos la estructura, el cimiento de tu vida?" Eso te pregunta Jesús.
Hoy Jesús te pregunta: "¿Hasta dónde quieres que llegue en tu vida? Hoy Jesús te pregunta: "¿De qué tamaño es tu apetito? ¿Quieres sólo un poquito? ¿O quieres mucho? Y si quieres mucho, ¿quieres recibir a la escala tuya? ¿O quieres recibir a la escala mía?" Te dice Jesús. Y hay gente que quiere recibir únicamente a su propia escala, y Jesús tiene mucho más para darles; y, sobre todo, Jesús te hace esta pregunta: "¿Quieres seguir tú al timón? ¿O quieres que yo tome el timón en tu vida?" Eso te pegunta Jesús. ¿Tú quieres que yo sea tu gomero? ¿O quieres que yo sea tu Señor? ¿Tú quieres que yo sea el que repara un pedazo? ¿O quieres que yo sea el Rey, el Señor de tu existencia?"
Eso, mis hermanos, aprendemos de esa escena. Un hombre que se encontró con Jesús, claro que ese está mucho mejor que yo, porque a él por lo menos se le ocurrió curarse de su ceguera, a mí no se me ocurrió nada, "¿qué horas son?" ¡Ay, qué pesar de mí! Pero era de la misma emoción, yo no sabía ni qué decirle, "Jesús..., Jesús..., y yo a sí todo tonto: "¿Y qué horas son?" ¡Me da una rabia! ¡Le he podido preguntar tantas cosas! ¡Tantas cosas que se le hubieran podido preguntar!: "Jesús, ¿cómo se hace para entender a las mujeres?" Claro que las mujeres dirán: "¿Cómo se hace para entender a los hombres?"
¿Quieres que Jesús sea tu Señor? ¿O quieres que sea tu gomero? Pregúntate eso, pregúntate si hoy quieres abrir tu corazón para que venga Él y para que haga su obra a su tamaño a su escala. ¿Tú quieres una reparación para un año? ¿Para veinte años? ¿Para treinta años? ¿O para toda la eternidad? ¿Quién quiere aquí recibir una bendición para toda la eternidad? ¿Quién lo quiere? ¿Quién quiere aquí que Dios obre a la escala de Él, no a la escala tuya, ni mía, tú quieres que el Señor obre a la escala de Él, de Él, la suya, a la escala de Él?
Esa es la verdadera sanación, que se puede traducir en otra pregunta: "¿Para qué quieres que te sane?" Si vamos a ser honestos, la respuesta que muchos cristianos tendrían que dar es: "Quiero que me sanes para seguir manejando yo mi vida". Pero la respuesta perfecta y santa es: "Quiero que me sanes para que tú seas el Señor de mi vida".
¿Tú quieres, hermano, ser sanado para seguir manejando tu vida? Hazte esa pregunta, honestamente, honestamente hazte esa pregunta: "¿Para seguir yo manejando mi vida? ¿Para eso quiero ser sanado? ¿O quiero ser sanado para para que el Señor, el Señor, sea mi Señor, para que Él tome el puesto de mando, para que Él tome el trono, para que Él tome el timón, para que Él sea el Rey, el Emperador, para que Él sea el que dirige mi vida?" Esa es la pregunta que nos hacemos.
Y si tú le pides al Señor para seguir tú manejando tu vida, tú experimentarás las cosas a tu escala y a tu tamaño; pero si tú te atreves a pedirle al Señor que las cosas sean al tamaño de Él, a la escala de Él, entonces mi hermano, entonces tú experimentarás obras prodigiosas al tamaño de Él.
Vamos a orar. Hemos terminado esta primera reflexión. Vamos a orar, vamos a pedir al Señor que nos libere de se capricho de ponerle límites a Dios, vamos a pedirle que nos abra al tamaño de sus dones. "Abre tu boca, y yo la saciaré" Salmo 81,11, dice el Señor; abre tu boca, abre tu corazón al tamaño de la bendición de Dios. Dile al Señor que quieres ser renovado en lo que tú ves y en lo que tú no ves. El ciego se daba cuenta que estaba ciego, pero el ciego no se daba cuenta de cuántas otras cosas tenían que ser transformadas, podían ser transformadas.
Y Cristo quería transformarlas, pero este hombre le dio un permiso muy pequeñito:"Repárame sólo esta llanta, y yo sigo manejando". "Dime qué horas son", todavía me da vergüenza".
Señor, estamos aquí como pueblo santo, pueblo renovado por tu amor. Estamos aquí, Señor, para abrirnos a la escala de tu misericordia, estamos aquí para decirte: "Sólo tú sabes, Señor, cuántas cosas tienen que ser transformadas en nuestra vida; estamos aquí, Señor, para decirte: "Sólo tú conoces, sólo tú, Señor, sólo tú sabes cuánto hace falta en nosotros. Señor, lo mismo que aquel hombre que estaba crucificado junto a ti, yo te digo: "Acuérdate de mí, obra según tu corazón, Señor, obra según tu sabiduría, Señor".
Lo que tú quieres para mí, eso es lo que es perfecto; lo que tú quieres para mí supera mis sueños más grandes; lo que tú quieres para mí supera lo que mis palabras pueden pronunciar, Señor; lo que tú quieres para mí rebasa mi imaginación. Sólo tú; señor, sólo tú sabes lo que es más perfecto. Lo único que yo te suplico, Padre, lo único que yo te suplico, Papá Dios, que enviaste tu Hijo Jesucristo, lo único que yo te pido es: Cumple en mí tu divina voluntad, Señor. Eso que tú estás pensando, eso es lo mejor para mí.
Yo hoy me abro, Señor, a tu misericordia, hoy quiero ser un libro en el que tú escribas tu palabra de Evangelio, tu palabra de salvación. Obra en mí con poder. Obra en este pueblo, Señor, obra prodigios, obra maravillas. Obra, Señor, en este pueblo a la escala tuya, al poder tuyo.
Hermano, vas a abrir tu alma, vas a abrir tu corazón; lo que esté sano en ti necesita ser escrutado por la mirada de Dios, para que Él tome el timón de todo lo que tú eres, no únicamente de lo que tú crees que está enfermo.
"Hoy te entrego, Señor, el mando, control y timón de mi vida; hoy te entrego, Señor, todo lo que yo soy, todo lo que yo tengo. Hoy te alabo, Señor, hoy te bendigo. Hoy me pongo confiadamente en tus manos. Hoy me entrego, Señor, gozosamente a tu corazón y a tu divina voluntad".
Entrégate, hermano, entrégate al poder del amor de Dios. Dile al Señor: "Confío completamente en ti, Señor. Arrojo en ti todas mis necesidades. Pongo en ti, Señor, todo lo que yo puedo ver y lo que no puedo ver, lo que conozco y lo que no conozco. Todo está, Señor, en tu presencia; todo está, Señor, ante tus ojos.
Tú eres el único que conoce, tú eres el único Santo, tú eres el único bello, tú eres el único bueno. ¡Santo, Señor! ¡Bendito, bendito seas, Señor! ¡Bendito y amado seas, Señor! Yo me entrego a ti, yo confío en ti, Señor. Yo confío en ti, yo soy tu hijo amado, yo soy tu hija amada, yo confío en ti", díselo, yo confío en ti, Señor, yo me entrego a ti, yo confío en ti, Señor".
"Lo que tú quieres para mí, eso es lo mejor. Tú vas a obrar con poder, tú vas a obrar a ti escala, Señor!" ¡Bendito seas!. Dile al Señor, abre, hermano, esa fuente de amor en tu corazón. ¡Bendito seas, Señor!
Abre, hermano, esa fuente de oración al poder del Espíritu Santo, que sea el Espíritu orando en ti. ¡Bendito seas, Señor! ¡Gloria a ti, Señor! ¡Bendito, bendito seas!
"¡Gracias, Señor! Desde ya te agradezco, desde ya te bendigo, Señor, porque son grandes tus prodigios, porque son grandes tus maravillas. ¡Bendito seas, Señor! ¡Gracias, gracias, Señor!"