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Fecha: 19971214
Título: El Adviento es un tiempo de amor con ansia, de amor con hambre
Original en audio: 13 min.
La liturgia está hecha de detalles, y para vivir las celebraciones litúrgicas, hay que ser detallista y hay que cultivar un espíritu delicado, no con la delicadeza de la debilidad, ni con la delicadeza de la cobardía, sino con la delicadeza del amor.
Cuando hay amor el corazón se vuelve delicado, se vuelve capaz de percibir los detalles, en aquellos que se aman, bastan pequeños gestos para entender cómo se encuentra el amado, si está feliz, si está preocupado, si tiene algún problema, si está gozoso, son detallitos.
Muchas veces, por ejemplo, la esposa, con solo mirar la manera de como el esposo cierra la puerta cuando entró a la casa, ya en eso sabe si le fue bien, si le fue mal, si un negocio que iba a hacer le resultó o no le resultó.
Así también todos nosotros, que formamos ese cuerpo de Cristo, y que somos esa esposa de Cristo, la Iglesia, así también nosotros, movidos por el amor del Espíritu, hemos de aprender a ser detallistas y a percibir los detalles, los rasgos de su amor.
Cuando en una pareja se hablan a gritos,pues uno uno dice: "Están de pelea", en cambio, cuando son susurros, entonces uno dice: "Eso es mucho enamoramiento el que hay ahí".
De manera que hay que saber percibir los susurros, porque Dios, que es amoroso, no va a atronarnos con sus gritos, sino que para decirnos las palabras más bellas, la expresiones más profundas de su amor, va a utilizar detalles.
Y aquí es donde el que esté distraído, o el que esté emperezado, o el que esté embotado por otras ocupaciones o por otras cosas, no va a ver nada, no se va a dar cuenta.
Y así como en los otros ejemplos he hablado de la mujer, aquí hay que decir que casi siempre es el hombre el que suele carecer, si lo comparamos con la mujer, de esa capacidad perceptiva.
Muchas veces la mujer prepara detalles porque ama, detalles en la casa, detalles en su arreglo personal y entonces el hombre llega y él ve a la casa: "Llegué a la casa", ¿pero qué había pasado en esa casa? ¿Cómo se organizó esa casa? ¿Ese florero por qué está ahí? ¿Por qué está esta comida en este día?
Eso muchas veces nosotros los hombres no lo percibimos tanto, y por eso nosotros vivimos una vida tal vez a veces como en blanco y negro, mientras la mujer suele tener una vida como en colores, nosotros a veces somos como en blanco y negro.
Pero para la liturgia hay que tener profunda sensibilidad a los colores, los colores de Dios y los detalles de Dios.
Si uno se pone a mirar despacio, por ejemplo una iglesia, entonces encuentra detalles: aquí está la corona de Adviento, una vela apagada, todos nosotros sabemos por qué está apagada esa vela; eso no es: "Ay, mirá, se le olvidó a la sacristana encender esa vela", no.
Ese es un detalle, esa vela no es para encenderla hoy, no la encienda que no es hoy, hoy no es todavía, porque necesitamos que ésa se vea apagada, ¿ve? Ahí está un detalle.
El amor de Dios, dentro de una comunidad parroquial o dentro de una comunidad religiosa, uno lo percibe inmediatamente en la liturgia, inmediatamente, uno se da cuenta cómo anda el amor de Dios.
Hay veces que va uno a comunidades muy retiradas, por aquello del ministerio de la predicación, y uno comparte unos Laudes o unas Vísperas con una comunidad local, inmediatamente uno se da cuenta: no es que haya demasiada música o muy poca música, no, es algo que uno nota, es como un cierto amor que está constituido así por cosas pequeñitas.
Una persona que fuera bien práctica, práctica, -cuanto más práctico es uno, a veces menos detallista es-; diría: "Bueno, ¿pero para qué encienden estas luces si ahí están esas otras? Y mejor alumbran las eléctricas que esas velas"; no, pero es que esa vela que se va consumiendo, ese también es un detalle.
Y cuando Cristo quiso manifestar lo máximo de su amor también lo manifestó con un detalle, con un bocado, ¿a quién se le ocurre eso? Cualquiera hubiera dicho: "No, pues el amor de Dios que se muestre en una cosa espectacular y grandiosa".
Les voy a contar qué es lo más espectacular que yo he visto. Lo más espectacular que yo he visto lo encontré en un libro de Carl Sagan, el famoso astrónomo y científico, el produjo un libro donde cuenta sobre la exploración en distintos planetas y la posibilidad de vida humana en el futuro, allá en otros planetas, e incluso otras galaxias.
El cuadro más impresionante es una colonia, llamémoslo así, una colonia humana imaginada en uno de esos planetas.
Y entonces, pues, ahí aparecen como lo que sería el aeropuerto, pero ese no es aeropuerto porque no hay aire, en fin, ahí donde llegarían las naves espaciales, el puerto ese espacial dentro de ese supuesto planeta, y en el cielo de ese planeta se ve una figura, haga de cuenta que ocupa la tercera parte del firmamento.
¿Sabe usted qué es eso? Esa es una idealización creada por un artista, pero muy bien hecha, de cómo sería una colonia en el planta Marte, y eso que ocupa casi una tercera parte del horizonte, es una de las lunas de Marte mientras va dando su vuelta.
¡Qué cosa tan impresionante ver surgir un objeto así en el cielo! Razón tenían los saduceos y fariseos cuando le decían a Cristo: "Muestre una señal en el cielo" San Juan 6,30, entonces dice uno: "Quizá Dios, para contarnos su amor, hubiera podido hacer, por ejemplo, después de Cristo, dejar una señal así, como una luna gigantesca, como un sol espectacular.
¿Pero sabe usted qué hubiera pasado? Hubiera pasado que al cabo de un año ya uno se aburre de ver eso ahí, y ya uno se acostumbra a ver eso ahí. Por eso decía ese gran predicador del siglo XVI, que ahora le introdujeron la causa de beatificación, Fray Luis de Granada, un dominico del siglo XVI, decía: "El sol, con ser tan bello, a veces no tiene quién lo mire".
De manera que no es el tamaño de las cosas lo que nos va a hablar más de Dios, y por eso, Jesús manifestó la plenitud de su misericordia como en lo más pequeñito que encontró, un bocadito en la Hostia Santa.
El Adviento es un tiempo de amor con ansia, de amor con hambre. El que a estas alturas de la vida sienta hambre de Cristo, ése está viviendo bien el Adviento; si a estas alturas usted no ha sentido hambre de Cristo, no sabe qué es la palabra Adviento, eso no le dice nada, o sólo le dice recuerdos, o sólo le dice teorías, pues estamos mal.
Para quienes tengan esa hambre de Cristo, este domingo tercero tiene un sello particular, a este domingo lo llamaban a veces, en la antigua liturgia, el domingo "laetare" o el domingo "gaudete", es un domingo en el que se mitiga un poco la tristeza.
Y dirá alguien: ¿Tristeza? ¿Cuál tristeza?" Falta el detalle. No está en la jugada. No se da cuenta. Es lo mismo que el que llega tarde a una sala donde están viendo una telenovela y todo el mundo llora: "-¿Ay, ¿y por qué lloran?" "-Hombre, porque acaba de morir la doncella amada", "ah, no ve que es que yo no sabí, como yo no sabía, no sabía el por qué estaban tristes".
Entonces así le puede pasar a muchos cristianos este domingo. Fíjese que el mensaje de este domingo, para decirlo cortico, es ese: "En medio de vuestra tristeza, una gota de alegría". "Tristeza, ¿cuál tristeza? ¿Tristeza de qué? Pues sí es verdad que fue un año duro para la economía del país". ¡Ay, caramba! ¡No ha entendido nada!" ¿A usted no le da pesar que no haya regresado Cristo?
Mire, se han dado casos tan tristes. Allá en Bogotá yo colaboro en un ministerio de formación de laicos, y tenemos cursos para laicos, para seglares.
Y de pronto comentaba una de las alumnas, llamémoslas, de estos cursos, comentaba una señora, preguntaba y decía: "-Nosotros debemos preparar ahora, con esto del tercer milenio y con la iniciativa de Juan Pablo II, debemos prepararnos para el regreso de Señor".
"-Ah, el regreso del Señor,¿cómo así?" "-No, sí, es que Cristo vuelve". "-Ahh, ¿sí?" Oiga, se nos borró del Credo eso: "Volverá con gloria para juzgar a vivos y muertos, volverá glorioso a juzgar a vivos y muertos".
Entonces, primera ignorancia: que va a volver Cristo. A nosotros los católicos se nos olvidó esa parte del Credo, se la dejamos a los protestantes, ellos sí la han explotado hasta que ya. Que Cristo ya viene, que Cristo ya vuelve y, bueno, dicen hasta tonterías, que en tal fecha, que en tal momento, que no sé que más.
Entonces fíjate, falla numero uno: se nos olvida predicar las postrimerías, se nos olvida predicar el final de los tiempos, se nos olvida predicar que Cristo es algo más que un reformador social o que un reformador moral.
Y por eso los niños y los jóvenes sienten a veces fastidio de la fe, ¿por qué? Porque si Cristo es simplemente un reformador moral, hoy por hoy hay muchas maneras de ser bueno sin ser Cristiano, para eso se está inventando eso que se llama "Ética Civil".
Y para eso Fernando Savater tiene su propuesta atea, cien por ciento atea, ahí está Fernanado Savater, que entiendo que incluso vino aquí a Medellín, ahí está Fernando Savater con su propuesta atea.
Y el Budismo predica la reconciliación, y el hinduismo predica la no violencia. Mire, para ser buenos hoy hay muchos caminos. Si Cristo vino solamente para que fuéramos buenos, es decir, como reformador moral, si esa fue la única obra de Cristo, el Evangelio y el Cristianismo está mandado a recoger.
Porque ¿cómo le explicamos a la gente que se encienden tres velas y no cuatro? ¿Qué tiene que ver eso? ¿Qué tiene que ver la liturgia? ¿Para que añadir tantos preceptos y tantas cosas, si en últimas de lo único que se trata es de ser bueno?
Y por eso oye uno a tantas personas que dicen: "No, pues lo importante es que cada uno siga su camino y que uno no le haga mal a nadie; tú llámalo Yahvhé, tu llámalo Dios, yo lo llamo Alá, como tú lo quieras llamar, lo importante es ¿qué? La tolerancia, la comprensión".
Entonces fíjate, se nos ha olvidado que Cristo vuelve, se nos ha olvidado, a unos, meditarlo; a otros, saberlo; a otros, predicarlo; y a todos, morirnos, suspirar por ese retorno del Señor.