Bscj003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20030627

Título: Dios nos atrae con "cuerdas humanas y correas de amor"

Original en audio: 12 min. 42 seg.


Amigos Amados:

Uno puede tardar toda una vida en descubrir una palabra. En la Sagrada Escritura está nuestra salvación, nuestro alimento, nuestra luz y nuestra alegría. Está nuestra fortaleza, el lugar donde podemos educarnos, sanarnos, fortalecernos, y donde tenemos también cuanto debemos aprender, para dar testimonio de la vida que llevamos dentro.

Pero, es inagotable la Escritura. Pasa el tiempo, y si uno es oyente atento, cada rato vive esta experiencia: "Yo no me había dado cuenta de que tal palabra estaba ahí escrita".

Les quiero compartir una sensación, así, semejante, con respecto a la primera lectura del día de hoy, la del Profeta Oseas. Es un diálogo, o mejor, es una especie de reclamo de amor que hace Dios a su pueblo. Así dice el Señor: "Cuando Israel era joven, le amé" Oseas 11,1.

Es una historia de amor, una historia entre Dios e Israel, historia que nosotros podemos aplicar, desde luego, a nuestra propia situación, a nuestra propia vida. Es la historia del amor entre Dios y el hombre.

Lo interesante, lo que quiero destacar en esta ocasión, es lo que dice más adelante: "Él no comprendía que yo le curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor le atraía" Oseas 11,3-4. Esa expresión, particularmente, ese adjetivo de esa traducción, es lo que quiero destacar.

¡Con cuerdas humanas! "Con cuerdas humanas, con correas de amor le atraía" Oseas 11,4. Si hubiera dicho solamente, "correas de amor", daba como un margen más amplio de interpretación. Pero, lo que me llama la atención es éso, que dice, "correas humanas".

Lo anterior me hace recordar una predicación del Padre Francisco Quijano en un encuentro que tuvimos de regentes y moderadores de la Orden de Predicadores. Fue muy bonita la reflexión que él nos hacía.

Porque, hablaba de cómo el ser humano está llamado al infinito. Sin embargo, uno no puede llegar al infinito saltando. Uno necesita, no solamente que le muestren la hermosura de una montaña, sino un camino, una posibilidad, el siguiente paso.

Para llegar a lo más grande, necesitamos escalones pequeños, y "las correas humanas" aluden a éso. Dios deja sentir su amor, no simplemente diciéndonos que nos ama. Prácticamente, toda la gente, todo el mundo sabe que Dios lo ama.

Lo interesante no es saber que Dios me ama, sino sentir que en la escala de mi vida, en la realidad de mi vida, en los problemas que yo tengo, en las heridas que padezco, en las cosas que me desconciertan, allí ya se presenta el amor de Dios. ¡Esa es una correa humana!

Es algo adaptado a mi situación, es algo adaptado a mi realidad. Sólo cuando descubrimos el amor de Dios, no en la escala de Dios sino en la escala nuestra, entonces miramos esa Montaña a la que somos llamados, no como un imposible, no como una afrenta, sino como un regalo.

Por ejemplo, si a nosotros nos muestran el Monte Everest, -creo que aquí no hay ningún alpinista-, uno dice: "Pues, allá está muy bien él y aquí estoy muy bien yo. Allá se queda esa montaña y aquí me quedo yo". Hasta ahí llega. ¡Existe! ¡Sí! "Existe en una película, existe en una foto, pero no existe para mí".

Las correas humanas indican la Providencia de Dios, que deja sentir su amor en las dificultades, en las expectativas, en las búsquedas, en las heridas, en los desconciertos, en las preguntas que tenemos nosotros.

Sólo cuando descubrimos a Dios en nuestra escala, descubrimos a Dios. Algún teólogo decía, -claro que esa expresión hay que saberla entender-, que, "sólo cuando descubro a Dios en lenguaje humano, descubro a Dios".

Dios sólo puede ser para mí, cuando es lenguaje que yo entiendo. Y eso es lo que está diciendo aquí Oseas. Está diciendo que Dios se ha vuelto lenguaje que yo puedo entender.

Es muy importante tener a la vista cuáles son nuestras miserias, cuáles son nuestras preguntas, nuestras heridas, nuestras dificultades, nuestros cansancios o desconciertos, porque es allí donde Dios quiere manifestarse. Es allí donde quiere mostrar su amor. ¡Allí!

Si a mí me dicen: "Dios quiere que tú seas santo", eso, de pronto, lo siento tan lejano o más lejano que el Monte Everest: "¡Pues, sí! Pero, ¿cómo podrá ser la santidad para mí, si tengo, por ejemplo, un resentimiento, si tengo un vacío afectivo, si tengo un problema de autoestima,...?"

"¿Si no me entiendo bien con las otras personas, si todo lo que emprendo me sale mal, si la gente ya me llama "bulto de sal", si siento que estoy marcado por la mala suerte?"

Si siento que estoy marcado por una especie de maldición, si siento que sobre mí pesa algo que no puedo vencer, ¿cómo voy a sentir salvación? ¿Cómo voy a sentir que Dios es Dios?

Sólo puedo sentir que Dios es Dios, cuando lo percibo arreglándome mis problemas reales, arreglando mis vacíos, cambiando mi historia. Sólo cuando Dios hace distinta la historia del hombre, Dios se revela como Dios.

De aquí sacamos una primera enseñanza. No esperemos la manifestación de Dios en otra parte, si no es en el terreno de nuestras deficiencias, búsquedas, vacíos, preguntas concretas.

Y si hay algo que yo pueda decir hoy con la boca llena, es que Cristo Jesús tiene sus ojos puestos en lo que nosotros necesitamos. Pero, es en todo. ¡En todo!

Desde lo más corporal y externo, como puede ser el alimento o el vestido, hasta lo más interno, como pueden ser las preguntas que me hago por la existencia, o los vacíos de afecto que tiene mi corazón, o los movimientos que no entiendo de mi sensibilidad o de mi sexualidad, hasta allá se hace presente Cristo.

"Ante Cristo", según dice la Carta a los Hebreos, "ante Cristo todo está patente" Carta a los Hebreos 4,13. Yo soy y tú eres, nosotros somos libros abiertos delante de Jesucristo. Y Él tiene, ahí, ante sus ojos, lo que nos está haciendo falta, lo que nos entristece, lo que nos deprime.

Abramos, extendamos nuestro libro ante Cristo. Allí, donde aparece cualquier deficiencia, cualquiera que sea, allí, Cristo tiene una respuesta. Él dará esa respuesta; no necesariamente la dará en nuestro tiempo y no necesariamente la dará a nuestra manera. Pero, Él tiene esa respuesta.

Jesucristo tiene esa respuesta para todo, para un problema de temperamento que tengo, para una tristeza que me persigue, para una tentación que no logro vencer.

Jesucristo conoce todo. No se escandaliza de nada, no cierra los ojos frente a ninguna de nuestras realidades, preguntas, deseos, búsquedas. Necesitamos en Cristo centrarnos. Necesitamos buscar radicalmente en Él, y empezaremos a encontrar cosas insospechadas.

¡Es maravilloso saber que Jesús no se escandaliza de nada! No rechaza ninguna parte de nuestra historia, no rechaza ninguna dimensión de nuestro ser.

Jesucristo conoce todo, hasta lo que a ti te puede parecer ridículo, lo que te puede parecer vergonzoso, lo que te puede parecer sucio, lo que te puede parecer indigno de ti. ¡Eso lo conoce!

Lo que tú buscabas, aunque te pareciera absurdo, o sucio, o impuro, o vergonzoso, éso lo conoce Cristo. Y Cristo ya está trabajando para darle salud, para darle rumbo, para darle salida a lo que tú tienes.

Hermanos, Jesucristo no nos va a dejar solos con ningún problema. ¡Con ningún problema! ¡Ninguno! Ya se trate de un asunto de familia, de un asunto de salud, de un asunto de afecto, de un asunto de dinero, o ya se trate de cualquier otra búsqueda, Él no nos va a dejar solos.

Jesucristo es el lazo humano divino. "¡Con lazos de amor! ¡Con correas humanas!" Oseas 11,4, Jesucristo es el gran lazo humano que viene a responder. Vamos a, "en Cristo centrarnos", vamos a creerle a la respuesta que Dios nos da en Jesucristo.

Pero, desde luego, el paso previo para esto, es avanzar sin entender. Porque, la lectura dice: "Él no comprendía que yo le curaba" Oseas 11,3. No le pidas a Dios entender, en primer lugar. Llegará el día de la luz, llegará el día del entendimiento.

Déjate hacer por Él, déjate modelar por Él. No temas expresarle cualquier situación o búsqueda, por ridícula, por dolorosa o por sucia que te parezca. ¡No temas!

Abre, despliega tu corazón, entrégate radicalmente al Corazón de Jesucristo. ¡Radicalmente! Con una confianza absoluta, con una confianza infinita, entrégate al poder del Corazón de Jesucristo. Ese es nuestro propósito.

Jesús es la correa humana, es el lazo humano divino que nos rescata, que toma lo que nosotros somos, desde la realidad de lo que somos, para transformarnos en lo que Dios quiere de nosotros.