Bram004a
Fecha: 20090405
Título: Vivir la Semana Santa para encontrarse con el rey de nuestra vida, de nuestra familia.
Original en audio: 9 min. 54 seg.
Hermanos muy amados:
Con esta celebración del Domingo de Ramos estamos iniciando la Semana Mayor, esas palmas que han sido bendecidas en muchas iglesias a lo largo y ancho del mundo, recuerdan para siempre la alegría espontánea de la gente cuando Jesús entró en Jerusalén. La gente en ese momento pudo reconocer en Jesús, en el humilde Jesucristo, pudo reconocer a su rey, pudo reconocer al Mesías , pudo reconocer al enviado, y por eso este domingo se llama Domingo de Ramos, porque recuerda ese día en que la gente sintió entusiasmo y gozo, celebrando a Jesucristo, celebrándolo como Mesías y como rey.
Pero que poco duró ese entusiasmo, que efímera esa alegría, pocos días después una multitud semejante, quizás algunas de las mismas personas, tiene un canto distinto, un grito diferente, esta vez ya no están aclamando a Jesús como rey sino están denunciándolo como impostor, como criminal, esta vez no quieren exaltarlo, no quieren llevarlo a un trono, esta vez quieren humillarlo, y quieren conducirlo hacia la cruz.
Por eso, la misma multitud que aclamó a Jesucristo, ahora según escuchamos en el evangelio, grita con una ira inspirada en el infierno, ¡crucifícalo, crucifícalo! se reclama el peor de los castigos para el mas inocente, para el mas santo de los hombres que ha pisado esta tierra.
Es genuina, es autentica ira lo que la gente tiene y aunque es verdad que muchos de ellos hubieran sido engañados por las autoridades de aquel tiempo, no podemos negar que en ese grito, hay mucho más que un manejo político, hay mucho más que una campaña de publicidad.
En ese grito, en esa expresión de odio, realmente lo que hay es una consigna de guerra y yo les invito mis hermanos a que miremos la pasión de nuestro Señor Jesucristo, sobre todo así, como un combate, como la guerra, el encuentro definitivo y decisivo entre la inmensa bondad de Dios manifestada en el Nazareno y la terrible, contagiosa, pegajosa maldad, que acecha por todas partes en esta tierra.
Es el encuentro frontal entre la luz y las tinieblas, es la batalla decisiva entre la vida y la muerte, es Jesucristo que está resuelto a llegar hasta el último extremo con tal de salvarnos a nosotros y ese último extremo significa, hasta cierto punto, entrar en la cueva de la bestia, meterse a las entrañas de la muerte y de allí arrancarnos a nosotros para darnos nueva vida.
Yo quiero mis hermanos que nada mas al empezar esta Semana Santa, nuestros corazones estén llenos de inmenso y perfumado amor hacia Jesús, El es el gran protagonista, El es el que merece nuestra atención, nuestra mirada y sobre todo, El que merece nuestra fe y merece nuestra gratitud.
El Domingo de Ramos nos da las claves fundamentales para los días que van a seguir, por una parte, nos enseña a encontrar en Jesucristo nuestro verdadero rey, por otra parte, nos muestra de que manera reina éste al que consideramos nuestro Mesías y nuestro rey. ¿Qué significa reconocer a Cristo como rey? Significa, entre otras cosas, haberse desengañado de tantos poderes, de tantos imperios, de tantas promesas falsas como existen en esta tierra.
Pueden creerme mis hermanos, uno no se enamora de Cristo, por lo menos uno no se enamora apasionadamente de Jesucristo, si no se ha decepcionado de muchas cosas de esta tierra, sólo cuando descubrimos lo frágiles, sólo cuando descubrimos lo falsas, sólo cuando descubrimos lo agrietadas que son las palabras humanas, aprendemos a apreciar la palabra divina, esa palabra que se llama Jesucristo.
San Pablo dice en alguna ocasión “Jesucristo no fue primero sí y luego no”, Jesucristo es el amen de Dios y en Jesucristo todo se ha convertido en un sí. Jesucristo es la palabra estable, permanente, creíble, a la cual podemos entregar con gozo y sin reservas nuestro corazón.
Por eso la Semana Santa es el momento de descubrir quien merece nuestro amor, quien merece que le creamos hasta el fondo, a quien se puede amar sin límite alguno, a quien se le puede empeñar totalmente la vida, a quien puede uno abrazar sabiendo que no traiciona, eso es descubrir a Jesús como Mesías.
La celebraciones que tendremos estos días son como las páginas de un libro, el libro del corazón de Cristo, estoy seguro que a medida que vayamos leyendo este testimonio de amor que El nos entrega en su pasión, encontraremos en cada página nuevas razones para decir, “este es mi líder” “este es mi jefe” “a este sí le creo” “a éste sí me entrego” “este es mi rey” “este es el que merece que yo le sirva”. Para eso es la Semana Santa.
Pero tenemos que aprender que clase de reinado es el de Cristo, es extraño, no se impone por la fuerza de los ejércitos, no se impone por la astucia de las intrigas políticas o las alianzas humanas, ¿Cómo es que El conquista nuestros corazones? ¿Cómo es que El resulta más fuerte, más grande que sus adversarios? ¿Cómo es que El aunque muere, aunque parece derrotado es el verdadero vencedor?
Esto no lo podemos responder en este momento; pero aquellos de ustedes que vivan a fondo esta Semana Santa, estoy seguro que llegarán a la vigilia de resurrección, llegarán a la vigilia pascual y podrán decir “ahora entiendo cómo es que reina Jesús” “ahora sé cuál es su estilo” porque a su manera, ha sabido ganar, ha sabido conquistar también mi corazón.
Para eso es la Semana Santa, para que este que entró a Jerusalén como rey victorioso entre en tu corazón, entre en tu familia, entre en nuestra sociedad y levantando bien alto el estandarte de la cruz muestre cual es el camino por el que se puede restaurar y reconstruir la familia y la sociedad entera, este es Jesucristo y en esta semana nos vamos a dar gusto contemplándolo, mirándolo, conociéndolo, adorándolo, recibiéndolo como rey aclamándolo como Mesías y como Señor.
Sigamos esta hermosa celebración, vamos a renovar en este momento nuestra fe, pongámonos de pie y reconozcamos en este Jesucristo el maestro que nos hacía falta, el líder que recibe y que merece nuestra esperanza. Amén