Bp06001a
Fecha: 19970504
Título: El Senor llama "amigos" a los que escuchan su Palabra
Original en audio: 3 min. 40 seg.
El siervo no sabe lo que hace su señor, el siervo sabe lo que le mandan, pero no sabe ni por qué lo mandan, ni para qué lo mandan; el amigo, en cambio, conoce cuál es el sentido del mandamiento, porque sabe de qué corazón sale ese mandamiento y sabe a qué alegría y a qué fruto se destina ese mandamiento.
El mandamiento es amar, la alegría es plena y el fruto es abundante, ¿quién conoce esto? Sólo aquel que trata a Dios como su amigo, sólo aquel que se reconoce elegido, sólo aquel que ha sido purificado por la palabra de Cristo, la única que verdaderamente limpia los corazones.
El que no sabe de esto, cuando oye un mandamiento, lo único que descubre es una voluntad distinta de la suya, y como no sabe a qué alegría ha sido destinado, entonces piensa que a través de ese mandamiento se le está privando de su propio camino y de su propia alegría.
Y como no sabe qué fruto puede salir de su obra, entonces suspira por los frutos y por las obras que podría realizar o que quería realizar cuando no había escuchado el mandamiento de Dios.
“No os llamo siervos; a vosotros os llamo amigos” San Juan 15,15. “Os llamo amigos, os llamo” San Juan 15,15, dice, porque es una llamada, es una vocación, es la vocación de amigo, es la elección del amigo.
Así como el no puede elegirse a sí mismo, uno tampoco puede vivir como amigo de Dios, como amigo de Cristo, si no ha escuchado la voz de Cristo, que como dice hermosamente aquel canto: “Sonriendo ha dicho mi nombre .
“A vosotros os llamo amigos” San Juan 15,15, ahí los estaba constituyendo amigos, al elegirlos los constituía en elegidos y al llamarlos amigos sellaba con ellos amistad.
Hay que escuchar la voz de Jesucristo, un día, un día esa voz nos trata de amigos, ese día somos libres; un día esa voz nos trata de amigos, y ese día la alegría llega al alma.
Un día esa voz de Cristo, la misma que nos ha limpiado, nos trata de amigos y cuando eso sucede entendemos cuál es el fruto de todo mandamiento y entonces, como dice el mismo Evangelista Juan, ya no tenemos que hacer más preguntas porque ahí entendemos que Él lo conoce todo.
Oigamos entonces esta Palabra, oigamos a Jesucristo una y otra vez, hasta que su Palabra limpie nuestro corazón.
“Vosotros estáis limpios” San Juan 15,3, les decía a sus Apóstoles, “por la palabra que os he dicho” San Juan 15,3.
Oigamos esa Palabra, que limpie y limpie nuestro corazón. Es posible que cuando esté así purificado para Él, después de las palabras de limpieza y purificación, escuchemos la Palabra de quien nos llama "amigos".