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Fecha: 20090426
Título: La verdad de nuestra fe es la verdad de nuestro amor
Original en audio: 5 min. 9 seg.
En años recientes nuestra Iglesia Católica ha tomado un nuevo interés en el tema del cuerpo, el Cuerpo de Cristo y el cuerpo humano en general. El Cuerpo de Cristo nos interesa porque el sufrimiento del Cuerpo de Cristo fue el vehículo de revelación del amor inmenso del Padre. Si Cristo no sufrió verdaderamente, si su miedo era la actuación de un buen actor, entonces nosotros no hemos sido amados en serio. Por el contrario, si el terror que experimentó Cristo fue real, si su dolor fue real, entonces su amor también fue real.
La verdad del cuerpo es la verdad de la fe y es la verdad del amor. Si el que murió en la cruz murió amando, entonces hay una razón para tener esperanza, aunque uno sea un pecador. Si el que murió en la cruz, o no murió en realidad, o murió pero sin que eso le importara, entonces no hemos sido amados en serio y entonces nuestra esperanza está muerta.
La verdad del Cuerpo de Cristo, la verdad de su Encarnación es fundamental para nuestra fe. Esa verdad es la que aparece en el evangelio de hoy: "Palpadme" San Lucas 24,39, dice Cristo, "los fantasmas no tiene carne y huesos" San Lucas 24,39.
"Palpadme" San Lucas 24,39, es la verdad del Cuerpo del Resucitado. Hay algunos que no sé si llamarlos tontos o malintencionados, también dentro de la Iglesia Católica, que dicen sandeces como esta: "Si un día aparecieran los huesos de Cristo eso no cambiaría mi fe". Esa frase, digna de un hereje, fue pronunciada por un sacerdote católico en este país.
Por el contrario, lo que el evangelio dice es que el Cuerpo de Cristo verdaderamente sufrió; Cristo verdaderamente murió; el Señor verdaderamente me amó y su victoria es verdaderamente mi victoria. Hemos sido amados hasta ese tamaño, hasta esa proporción. Y para demostrarlo, Jesús fue capaz de comer pez asado, comió pescadito el Resucitado. "Palpadme" San Lucas 24,39.
La verdad de nuestra fe es la verdad de nuestro amor, hemos sido amados en serio. Ninguna afirmación mejor para concluir este encuentro, que yo lo llamaría un retiro espiritual. Hoy todo el día hemos reflexionado sobre el "sí" de Dios en Cristo, y terminamos este encuentro con esa gran afirmación: "Dios sí me amó y me amó en serio. Y esas Llagas y esa Sangre me lo están contando, me lo están repitiendo".
Fiados de ese amor, tenemos una noticia que contarle al mundo en todos los pueblos: hay que ir a Nicaragua a evangelizar, hay que ir a Colombia a evangelizar, hay que ir a Panamá a evangelizar, hay que contarle al mundo que es amor existe, que ese amor es real.
La misión nace de la Pascua, la misión nace de la alegría y del amor de la Pascua; no podemos dejar encerrada esta buena noticia; hay que contarle a los que estén tristes, a los que estén enfermos que nos han amado en serio. POr supuesto, ese amor en serio reclama de nosotros una respuesta en serio.
A los que se burlan de los mandamientos de Dios, a los que siguen crucificando a Cristo tendríamos que recordarles lo que dice la segunda lectura de hoy: "Quien dice que conoce a Cristo pero no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en éĺ" 1 Juan 2,4.
Nada de burlarnos de Dios, nada de burlarnos de Cristo; hemos sido amados en serio, y con la seriedad alegre del amor, le decimos: "Yo también te amo y quiero responderte en la misma clave, en la misma sintonía de lo que tú me has dado".