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Fecha: 20060430

Título: El encuentro con Jesus Resucitado nos transforma hasta hacernos sus testigos

Original en audio: 28 min. 23 seg.


"Ustedes son testigos de esto" San Lucas 24,48, dice Jesús, y con estas palabras los envía, no es un envío a corto plazo ni a corta distancia, la distancia es inmensa y el plazo es, hasta el último día, a predicar conversión y perdón de los pecados a todos los pueblos.

Ellos, que se encontraron con Cristo, serán evangelizadores; y esta es la dinámica fundamental de nuestra fe cristiana, te encuentras con Cristo y das testimonio de Cristo, Cristo te transforma y tú le cuentas a otros lo que Cristo es capaz de hacer.

Es como una reacción en cadena, cada una de las personas que es bendecida, convertida, sanada, liberada por Cristo, queda también convertida en testigo de Jesucristo, y le dice a otros, y esos otros se encuentran con Cristo, y le cuentan a otros que se encuentran con Cristo, y les dicen a otros, y así desde el siglo I hasta el siglo XXI y hasta que este planeta esté girando.

Y así en tantas lenguas, en hebreo y en griego al principio, y luego, si miramos en nuestra mente, cuántos siglos y cuántos kilómetros hasta llegar aquí, hasta hacerse realidad en tu vida, para que tú también le digas que sí a ese mismo Jesús y para que tú también seas instrumento de Jesús, para que otros también se encuentren con Él.

Esta es la dinámica de la evangelización, es la dinámica del contagio, tú quedas contagiada o contagiado de Jesucristo y eso te empuja a contagiar a otros. La palabra "contagio" sin embargo, se puede utilizar para cosas negativas, por ejemplo, una epidemia, una plaga, la gente se contagiaba con la peste negra, un contagio.

Pero existe este contagio hermoso y positivo, existe este contagio bello y santo, el contagio de Jesús, y tenemos que hacer que el contagio positivo le gane a los contagios negativos.

Porque así como la Buena Noticia avanza por contagio, así también la mala noticia o las malas noticias avanzan por contagio, y esto es como una carrera, y esto es como una buena carrera y queremos que gane la buena noticia.

A veces tenemos que reconocer con pena y vergüenza que parece que estuviéramos perdiendo.

Miremos cómo es el contagio de la mala noticia, y así entenderemos la responsabilidad y también el derecho que tenemos de transmitir la Buena Noticia, porque si algo caracteriza la "Comunidad Betania", según lo que he aprendido desde hace veinte años, es la absoluta dedicación a la evangelización.

Esta comunidad nació de la evangelización y para la evangelización, y esto significa que si algo son ustedes es testigos contagiados y contagiosos, contagiados por el amor poderoso de Jesús y contagiosos en su alegría y en su entusiasmo por la Buena Noticia.

Pero hermanos, existe también la mala noticia y hay que ver cómo es el contagio de la mala noticia, para entender cómo la cadena de la mala noticia puede ser rota por la Buena Noticia, eso también hay que entenderlo.

La cadena de la mala noticia funciona de la siguiente manera, vamos a tomar el ejemplo tomado de la vida sentimental, en algún momento una muchacha, yo como no conozco ningún nombre puedo decir cualquier nombre y desde luego no conozco ninguna historia.

Vamos a decir que esa muchacha se llamaba Andrea, Andrea tuvo su primer novio, y vamos a decir que se llamaba Julián, entonces Julián se enamora de Andrea o Andrea de Julián; pero en realidad Andrea estaba más enamorada de Julián que Julian de Andrea, porque Julián en realidad se aprovechó de Andrea.

En realidad lo que Julián hizo fue planterle lo que se llama “la extorsión afectiva”, la extorsión afectiva es: "si quieres que te pague con monedas de amor, entonces tú me pagas con cheques de sexo", eso es la extorsión afectiva.

Lamentablemente, cuando una persona está un poco sola, o cuando no quiere ser “la rara” del grupo de amiguitas, o cuando no quiere ser “la distinta” de la sociedad, fácilmente cae en este engaño.

Y al principio ella se dice muchas mentiras y ella dice: “Pues si, es posible que este sea el hombre de mi vida, y sin un día nos vamos a casar, qué más da que vayamos adelantando unos tres requisitos”. El problema es que, como muy bien predicaba un santo sacerdote, las relaciones prematrimoniales no existen, porque tú nunca sabes si en realidad va a haber matrimonio.

Resulta que Andreita pensaba en relaciones prematrimoniales; pero el matrimonio nunca llegó, porque la relación se dañó y entonces un día Julíán la mira a los ojos, suponiendo que se haya despedido en persona, porque ahora resulta que se despiden con texto con teléfono celular: “Relación rota, lo lamento, chao”. Entonces la muchacha recibe el texto y ya sabe: "Hasta ahí acabó la cosa".

Entonces Julian mira a Andreita a los ojos y le dice: “hicimos lo posible", ya eso parece una telenovela, llega la cámara, la lagrimita de la niña; "hicimos lo posible, pero no pudo ser Buaaa”.

¿Y qué pasa ahí? Lo que pasa ahí es que llega una cadena, porque Andrea no sólo ha quedado burlada en su dignidad de mujer, ella quería ser mujer de un solo hombre; pero como las cosas ya se dieron así y ya ella siente que ha perdido la oportunidad de ser de un solo hombre, ya ser de dos de tres o de veinte, ya no hay ninguna diferencia, en términos prácticos.

Y el hecho concreto es que Andrea aprende rápidamente un juego, entonces cuando Andrea se encuentra a Pedro, entonces ahora Andrea ya va adelante y entonces le aplica la misma a Pedro, si Julián utilizó a Andrea ahora Andrea utiliza a Pedro, y luego Pedro utiliza a Adriana, y Adriana utiliza a Roberto, y luego Roberto utiliza...

y esa es la cadena, y muy pronto ya tienes toda una generación de jóvenes en las que todos han tenido experiencias de afecto y todos han involucrado el corazón y todos están frustrados, ese es el contagio.

El contagio de la mala noticia es: "Si a mí me la hicieron, yo la hago; si a mí me insultaron, ahora yo insultaré; si un día a mí me humillaron, yo aprendo cómo humillar".

El ejemplo que yo di, dado el auditorio, es un ejemplo de sentimientos, es un ejemplo sentimental; pero igual podríamos aplicarlo a muchas otras cosas.

Es famoso, por ejemplo, que en muchos casos, en las Fuerzas Militares se da eso, los que tienen un rango más alto se consideran autorizados para humillar a los recién llegados y humillan a los reclutas, humillan a los de bajo rango y los maltratan.

"Porque yo tengo el poder, yo soy el gran capitán, yo soy el gran sargento, yo soy el gran general, almirante, o lo que sea, y luego ése, cuando sube, humilla a los que quedan abajo; y luego esos, cuando suben, humillan a los que quedan abajo, ese es el contagio negativo.

Ese es el contagio de la mala noticia, y tenemos que reconocer que es un contagio sumamente poderoso. Si a mí me han engañado y engañándome me han robado, pues casi que se siente una satisfacción desquitándose uno con la vida, robando a otro haciéndole daño a otro.

A menudo sucede que el gerente maltrata al jefe de personal, el jefe de personal maltrata al empleado, el empleado va y maltrata a la esposa y la esposa se amarga y maltrata al hijo y en esa cadena se contagia, se multiplica el mal.

Y así encontramos una generación de gente amargada, o toda una generación de gente mentirosa, o toda una generación de personas que dicen: “Lo único que vale es la plata”, o: “Lo único que vale es el engaño”, o: “Lo único que vale es el pecado”, finalmente.

Hermanos, la estrategia negativa es muy poderosa; pero la estrategia negativa puede ser vencida y fue vencida por Cristo en la Cruz.

Estamos hablando de que hay dos contagios, el contagio de la mala noticia, que es el contagio del pecado, que funciona en la medida en que yo no me aguanto el mal que recibo, sino que lo paso a otros.

Y hay el contagio de la Buena Noticia, me siento envuelto, atrapado, ungido, sumergido en el amor de Cristo, y es algo que no puedo reservar para mí mismo, y lo cuento a otros que también se contagian.

Pero a nosotros nos interesa no solamente difundir la Buena Noticia, sino aprender a cómo frenar la mala noticia. Vamos a dedicar unos minutos a esta reflexión, porque aquí es donde aparece el misterio hermoso de la Cruz de Jesús.

¿Qué es la Cruz de Jesús? La Cruz de Jesús es la muerte de la mala noticia. Los soldados, los grandes generales del ejército romano, tenían que obedecer al Emperador, el Emperador podría ser un loco, borracho, homosexual, degenerado, pero tocaba obedecerlo.

Eso le tocaba a los generales y los generales humillaban y maltrataban y trataban como bestias a los centuriones, y los centuriones trataban como si fueran cosas, como bultos de basura a los soldados.

Esos soldados, los de más bajo rango, humillados por el mundo, esos fueron los que azotaron a Cristo, descargaron sobre las espaldas de Cristo, la rabia, la ira, la injusticia de toda una vida.

Si un soldado llegaba a insubordinarse con su superior recibía penas horrendas, los soldados sólo podían desquitarse contra los enemigos en la guerra o contra los condenados a muerte, un soldado sacaba toda su ferocidad, todo su sadismo, toda su ansia de sangre, luchando contra el enemigo y por eso, despedazando, arrasando, o con los condenados a muerte.

Lo que Cristo recibió sobre sus espaldas, en su dolorosa pasión, fue el desagüe, haz de cuenta como un sistema de alcantarillado, el desagüe, el agua más negra y pestilente de una sociedad que es cruel y que va amontonando el dolor de unos sobre otros y el resentimiento de unos sobre otros.

Los azotes que recibió Cristo no fueron solamente unos cuantos fuetazos, unos cuantos correazos; en cada uno de esos azotes lo que había era el último eslabón de una cadena, una cadena de odio, de injusticia, de maltrato, de orgullo: "Porque yo soy el general y usted ahora come tierra y se aguanta y maltráteme y verá lo que le pasa".

Y ése, le aplica eso al centurión y el centurión le aplica eso al soldado, ¿y el soldado a quién se lo aplica? Pues a la esposa a veces, o al enemigo en guerra a veces, o si no, a unos juguetes, a unos juguetes de carne que les daban para que se burlaran de ellos, los condenados a muerte.

Cristo en la Cruz fue un juguete de carne entregado en manos de unos sádicos llenos de resentimiento, porque a ellos llegaba todo el desagüe, toda el agua negra, todo el odio de la sociedad.

Por eso estos soldados golpeaban con ira, porque tenían acumulado todo el sadismo, todo el resentimiento, toda el agua negra de la sociedad en la que vivían, esa fue la pestilencia que cayó sobre Jesús. Ustedes creen que estoy exagerando, no hay ni una sola gota de exageración.

He utilizado la palabra sadismo, sadismo es gozarse produciendo dolor, esos eran los azotes de los romanos. Yo no sé si ustedes saben que los azotes de los romanos acababan en unas cuerdas con pedacitos de hueso o de metal, el objetivo era que con cada azote se le arrancara un pedacitos de piel a la persona.

Si eso no es sadismo, no existe el sadismo. Eso fue lo que recibió Cristo y lo que recibió Cristo en la Cruz, y mientras yo hablo váyanme trayendo un Crucifijo, porque no veo por qué no hay un Crucifijo aquí.

El sadismo de esos soldados llegó hasta ahí, hasta Cristo, yo no quiero detenerme aquí describiendo cómo todo el proceso de la Pasión de Cristo es un proceso de producir el máximo de dolor en una persona, incluyendo, desde luego, la crucifixión, que es eso, ver morir a una persona haciendo gestos.

Sólo les digo esto: había personas que duraban colgadas en la cruz hasta tres días, ustedes pueden imaginarse hasta dónde está enferma una sociedad que castiga a unas personas a eso, a que se sequen y se asfixien en un palo durante tres días viéndolos todo el mundo, para que todo el mundo viera eso, y para que a nadie se le ocurriera revelarse contra el Imperio Romano.

¿Qué fue entonces lo que le llegó a Jesús en la Cruz? Lo que le llegó a Jesús en la Cruz fue el contagio del mal, pero en su peor expresión, en su expresión más dolorosa y punzante, porque fue al mismo tiempo el abandono de sus amigos, la traición de sus discípulos, la impotencia de quienes podrían defenderlo, como su Santísima Madre.

El olvido, el abandono y la traición de su propio pueblo y la crueldad de los romanos, todo eso cayó como una avalancha de basura, de veneno y de odio sobre Jesús.

Es evidente que Satanás preparó el peor y más venenoso de sus platos contra Jesús, resuelto a contagiarlo, resuelto a producir en el alma de Jesucristo lo que él suele producir en las famosas cadenas o contagios.

¿Producir qué? Producir odio, producir venganza, mentira, orgullo, eso fue lo que el demonio, eso fue el banquete de muerte y de veneno que el demonio preparó para el Hijo de Dios, y todo eso cayó sobre Él en su dolorosa Pasión.

Pero tenemos una primera sorpresa, vamos a escuchar las siete palabras de Cristo en la cruz, y la primera de ellas dice: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” San Lucas 23,24.

Reminiscencia de ellas tenemos en la primera lectura de hoy, donde el Apóstol San Pedro precisamente dice: “Yo se que ustedes obraron por ignorancia y sus jefes lo mismo” Hechos de los Apóstoles 3,17.

Jesús en la Cruz ora por sus enemigos, este Jesús en la Cruz ora por sus enemigos, ¿qué debo pensar yo de eso? Lo que yo debo pensar de eso es que me alegro de mi Señor, porque el enemigo quiso contagiarlo con el más venenoso, con el peor de sus platos, con lo peor de su ponzoña quiso destruirlo.

Y Jesús no está hablando ni con orgullo, ni con blasfemia, ni con venganza; Jesús está hablando con misericordia, Jesús está hablando pidiendo perdón para sus mismos verdugos.

¿Qué deduzco de ahí? Que Jesús venció el mal contagio, que Jesús venció a la mala noticia, si repasamos luego las otras palabras de nuestro Santísimo Señor Jesucristo en la Cruz, lo que descubrimos es que cada una de ellas es un canto de victoria.

Ustedes dirán: ¿y qué pasa con aquello de: "¿Por qué me has abandonado?" Salmo 22,2.

Hermanos queridos, esa palabra es tan importante, esa palabra nos muestra que Jesús en la Cruz estaba orando “Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos mi oración no te alcanza, aunque tú vives en el santuario...” Salmo 22,2-4, no sé qué siga diciendo, es el Salmo 22.

El enemigo quería desconectar a Jesús, sobre todo lo que quería el enemigo era desconectar a Jesús de la voluntad del Padre, quería cortar el lazo y no pudo, Jesús está orando ¿Y saben que es lo mas hermoso de esa palabra “Dios mio, ¿por que me has abandonado?” Salmo 22,2. Lo más hermoso es que ese Salmo acaba como un canto de alabanza y de victoria.

Lo que quiero decir con esto, mis amados hermanos, es que Cristo en la Cruz nos muestra cómo se vence la mala noticia, Jesús en la Cruz nos muestra cómo se vence el mal contagio, y de aquí aprendemos cuáles han de ser las insignias y cuáles han de ser las características de un verdadero evangelizador: el verdadero evangelizador necesita haberse encontrado con el Resucitado.

Decíamos al principio, yo me encuentro con Él, me encuentro con su gloria, me encuentro con su esplendor y salgo a contarle al mundo, tengo que haberme encontrado con el Resucitado; pero yo salgo a un mundo que vive el contagio de la mala noticia y tengo que vencer la fuerza de la mala noticia, ¿dónde la venzo? Aquí en la Cruz.

Por eso, un misionero es uno que conoce al Crucificado y sabe que el Crucificado está resucitado; ser misionero, ser evangelizador es dar razón de la Cruz y de la gloria; ser misionero, ser evangelizador, como ustedes son por vocación en esta hermosa comunidad, ser misionero es conocer esta Cruz y es conocer la gloria y el esplendor de la Pascua.

Conocer la soledad solemne pero hermosa del Viernes Santo, para conocer la hermosura y la gloria y el triunfo del Domingo de Pascua, eso es ser misionero. Saber que hay un gran tesoro, nuestra libertad, nuestra liberación, saber que costó esto y que por este camino, este y no otro, por este camino somos capaces de vencer la mala noticia.

¿Cómo se aplica eso en la practica a nuestras vidas? De muchas maneras. Lo que hemos tenido en esta tarde y en esta noche, yo digo que es como una especie de retiro espiritual, y resulta que nosotros hemos estado en retiro espiritual.

Pero el resto del mundo no ha estado en retiro espiritual, tú ahora sales a la calle, tú ahora regresas a tu casa, y la gente que te vas a encontrar en tu casa no ha echo retiro, tú lo hiciste, ellos no.

Lo que ves muy posible es que esa gente, esas otras personas, incluso en tu propia casa, se burlen de ti o no te crean, o te maltraten, o te pongan a prueba, o simplemente traten de inducirte, traten de infectarte de la mala noticia.

Ahí necesitas tú las virtudes de la Cruz, ahí necesitas tú la humildad y la paciencia, la perseverancia y la oración, la caridad y la misericordia que hay en la Cruz, porque sin estas virtudes y sin estar bien bañadito en la Sangre de Cristo, es muy difícil que venzas.

Tú puedes ir con la Buena Noticia, pero de nada sirve si no eres capaz de frenar la mala noticia; y si tú vas con la Buena Noticia, pero te dejas infectar de la mala noticia, así tú hables de Cristo resucitado, si estás lleno de mal genio, o si estás lleno de impureza, o si estás lleno de mentira, o si estás lleno de orgullo, nadie te va a creer, habrán neutralizado tu buena noticia, necesitamos de la Cruz para defender la gloria de la Pascua.

De manera que nadie nos destruya nunca el gozo que nosotros predicamos, ninguna mala noticia será capaz de ganarme, porque a la mala noticia la alejo con el poder de la Cruz, y manteniendo a raya al enemigo, y manteniendo a raya a la mala noticia, dejo el campo libre para sembrar mi Buena Noticia.

Ustedes saben que siempre en los exorcismos se utiliza la Cruz, para mantener lejos, para mantener a raya al enemigo, pues de algún modo evangelizar es hacer exorcismos, porque en últimas lo que se trata en la evangelización es de arrancar del poder de las tinieblas, es decir, arrancar del poder de Satanás a muchas almas y eso es como un exorcismo.

Ser evangelizador es como ser un exorcista, y por eso tú tienes que ir como los exorcistas, con la Cruz delante.

En mis tiempos, había una canción que decía: “La cruz delante y el mundo atrás”, bueno, esa es la evangelización, la Cruz delante. Uno va así como el que entra a una mina oscura, entrar a evangelizar es como entrar a los socavones que un día le pertenecieron a Satanás, es entrar a la mina de él.

Él reclamaba el mundo como suyo, y por eso él sigue reclamando que los niños le pertenezcan, y sigue reclamando que los jóvenes sean suyos, y sigue reclamando que las parejas sigan viviendo promiscuidad, adulterio, se destruyan y se odien.

Nosotros vamos así con la Cruz delante como el que entra a un socavón, nosotros entramos así con la Cruz delante y nos defendemos con esa cruz; pero desde luego, no se trata del objeto material, se trata de las virtudes de la Cruz.

Se trata de que lo que vivió Jesús en la Cruz quede impreso en nosotros, de tal manera, que lo que dice el Apóstol Santiago “Nosotros resistamos al demonio y el demonio huye de nosotros” Santiago 4,7. Eso es lo que queremos.

Hermanos, no hay tiempo mejor empleado y no hay vida más hermosa que el tiempo y las vida que se dedica al Evangelio de Jesucristo; pero necesitas esta lámpara de Jesucristo en la Cruz, necesitas esas virtudes para quitar el mal contagio y para abrir el espacio.

Y cuando queda abierto el espacio, ¡hay, aleluya! Viene ese poder del Espíritu y se adueña de la gente y uno empieza a mirar el rostro de Jesús y uno dice: “Pero yo, ¿qué era el tiempo que perdía? ¿En dónde estaba yo perdiendo mi tiempo?"

Es simplemente como escamas que caen de tus ojos y alegría de contemplar al Hijo del Dios vivo, que vive, que reina por los siglos de los siglos.

Amén.