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Fecha: 20030504
Título: Jesucristo ha hecho entrar nuestra miseria en los Cielos
Original en audio: 12 min. 25 seg.
En la segunda lectura se la da un título, un nombre a Jesucristo, se le llama “víctima de propiciación” 1 Juan 2,2. La expresión “víctima" también la tenemos nosotros en la Eucaristía porque precisamente una hostia es eso, es una víctima.
Y lo que nosotros celebramos, lo que nosotros adoramos y lo que a nosotros nos alimenta es una Víctima. Reconocer en Jesucristo la Víctima por excelencia y reconocer en Él la Víctima de propiciación, es un pensamiento profundo que nos lleva a madurar hondamente en nuestra fe cristiana.
¿Qué es propiciar? Es hacer propicio, hacer favorable. Jesucristo es Víctima de propiciación, que quiere decir que con su sufrimiento y con su muerte nos ha hecho propicios, nos ha hecho favorables, ha hecho brillar la gracia de Dios en nosotros y ha hecho amable nuestro rostro en la presencia de Dios.
Esto es una cosa maravillosa, esto es una obra maravillosa; la Víctima de propiciación ha cambiado la fealdad de nuestro pecado, la ha cambiado hasta el punto de que ahora somos aceptables, somos agraciados y agradables.
Por favor, maravillémonos de lo que esto quiere decir; ¿cómo tomar a una persona que es detestable y hacerla agradable? Eso es lo que ha sucedido. Nosotros por nuestros pecados somos detestables, pero por la gracia somos agradables.
¿Cómo puede suceder esto? Ha sucedido por la ofrenda, ha sucedido por el sacrificio de Jesucristo. Ha sucedido porque tenemos una Víctima de propiciación.
Esta transformación que hace Jesucristo es fantástica; es una manera muy hermosa y muy viva de describir lo que significa la Pascua. La Pascua es esa transformación que va desde el extremo en que nos encontrábamos porque éramos detestables hasta el extremo al que Dios nos conduce porque ahora somos agradables.
Y todo ha sucedido por el sacrificio de Cristo, por su obediencia de amor en la Cruz que lo condujo al sepulcro. ¿Cómo es esto? ¿Por qué Jesús es Víctima de propiciación? ¿Qué hizo Jesús para que nosotros, que éramos detestables, ahora resultáramos agradables?
Es difícil encontrar una respuesta, pero hay una imagen muy bonita y es que Dios ahora sólo mira al ser humano a través del misterio de Jesús. Jesús se ha convertido como en una ventana de manera que nosotros ahora sólo miramos a Dios a través de esa ventana, y Dios sólo nos mira a nosotros a través de esa ventana.
Jesucristo se ha convertido como en una lente o una ventana, y sólo a través del misterio de Jesús, Dios Padre nos mira; es decir, tomando Cristo sobre sí mismo lo que nosotros éramos, hizo imposible al Padre mirar a su Hijo amado sin mirar las miserias de los amados de Cristo, que somos nosotros.
Algo parecido a lo que podría suceder con este ejemplo: si una mamá ama entrañablemente, como saben amar las mamás, ama a su hijo, pero no siente simpatía por la vida militar, pero el hijo se hizo militar, y el hijo llega con su uniforme de cadete, llega con su uniforme militar donde la mamá, pues la mamá, en atención al hijo, ama también ese uniforme, porque ya esa es la vida del hijo.
Ese vestido que ha tomado el hijo, desde luego no destruye el amor que la mamá tiene por el hijo.
Algo así hizo Jesucristo: las Llagas del Señor en su Cruz son el vestido que Él ha tomado. Él se ha vestido de nosotros. No solamente que ha recibido nuestra carne en el sentido de tener biológicamente un cuerpo humano.
Es que se ha vestido de toda nuestra miseria, es que se ha vestido de nuestras llagas, es que se ha vestido de nuestros problemas, es que se ha revestido de nuestras dudas y tentaciones, y así, revestido, es el sacerdote que extiende sus manos para que el Papá le abrace.
¿Y el Papá qué ha dicho? El Papá ha dicho: “Este es mi Hijo amado” San Mateo 3,17, y esa frase nunca la ha desdicho Papá Dios.
Jesucristo es el Hijo amado, y Jesucristo, con su vestido sacerdotal, que es el traje de las Llagas, que es el traje de los azotes, que es el traje de nuestras miserias, Jesucristo, con su ornamento sacerdotal de sangre y de humillaciones, extiende sus brazos en la Cruz y abraza a Papá Dios.
Y entonces Dios Padre ya no puede abrazar a Cristo sin abrazar las llagas; y así Cristo, llevándonos grabados en su piel, ha hecho que nosotros seamos aceptables, que incluso nuestras miserias entren en el Cielo.
Eso es lo más grande que ha sucedido, es la obra más maravillosa de Jesús, y por eso cuando Él se presenta como hemos escuchado en el evangelio, lo que Él exhibe son sus Llagas, no hace ningún milagro, lo que muestra son sus Llagas.
Lo que muestra es aquello que tiene en común con nosotros para que entendamos que ahora nosotros tenemos su inmortalidad, su gloria y la amistad con Dios como cosa propia nuestra. Así Jesucristo es la Víctima propiciatoria, revistiéndose de nosotros, ha hecho entrar nuestra miseria en los Cielos.
Les voy a contar que hay una teoría que tiene la escuela teológica franciscana, en la cual diferimos dominicos y franciscanos, pero hoy es más bonito hablar de la escuela de los franciscanos.
Resulta que dicen los franciscanos que el demonio se rebeló contra Dios porque Dios había decretado que su Hijo se encarnara.
Dicen algunos de estos teólogos de la tradición y escuela franciscana que Dios desde el principio, incluso aunque no hubiera habido pecado, Dios había decretado dar esa señal de conmiseración y de infinita ternura que es la Encarnación.
Y ese divino plan manifiesto a los ojos de los Ángeles despertó la rebeldía de unos, Lucifer y sus secuaces, que no soportaron tener que adorar a Dios en traje humano. Es una explicación bonita sobre la rebeldía del demonio.
La Iglesia nunca ha dado una opinión definitiva sobre eso; es decir, que puede ser que esa sea una explicación, o es posible que no sea. Pero lo menciono aquí porque tiene relación con lo que estamos diciendo.
Si de pronto pudo ser escandaloso para la soberbia de Lucifer y sus secuaces tener que adorar a Dios en ropa humana, pues cuánto más escandaloso ver entrar en el Cielo Llagas. Cuánto más escándalo.
Y le decía Dios a santa Catalina: "Quise dejar grabadas esas Llagas, que yo las hubiera podido curar, pero quise dejarlas grabadas porque son la perpetua oración con sabor de ustedes". De modo que está rota la carne de Cristo en el Cielo. Es un absurdo, es algo loco, es la locura del amor.
La carne de Jesucristo está rota en el Cielo; y por eso, cuando Él se aparece, aparece con la piel rota, porque tiene la piel rota, tiene las Llagas en el Cielo.
¿Cómo es que hay Llagas en el Cielo? Por la voluntad de Jesucristo. La voluntad de Jesucristo obediente en últimas a la voluntad del Padre, porque de Él proviene todo, ha querido grabarse así nuestros nombres, nuestras historias.
¡Cómo le impresiona a uno en este momento recordar las palabras de Isaías! ¿No? “¿Puede una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Aunque ella lo hiciera yo no lo haría” Isaías 49,14-15. Y sigue diciendo: “Te llevo tatuado en mis manos” Isaías 49,16.
Hoy, que adoramos las Llagas de Jesucristo, pensamos que en esas Llagas estamos tatuados. ¡Qué tatuaje tan duro! ¡Qué tatuaje tan costoso! ¡Qué precio tan alto! Para que mi nombre pudiera entrar en los Cielos.
Y por eso, porque ahora mi nombre está en el Cielo, por eso Jesucristo es mi Víctima de propiciación. Y por eso dice la segunda lectura: “Si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre, a Jesucristo, la víctima de propiciación" 1 Juan 2,1-2.
Yo puedo creer en mi Abogado, yo puedo creer en Jesucristo, porque Él se dejó tatuar con heridas y con sangre, se dejó tatuar mi historia y mi nombre en su propia piel, para presentarse así en los Cielos.
Ya mi nombre, ya mi historia está en el Cielo. Ya en el Cielo están mis derechos; ya ahí se encuentra mi ciudadanía, gracias al sacrificio pascual de Jesucristo.