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Fecha: 19971012
Título: El Evangelio esta dirigido para que cada persona lo aplique a su propia vida
Original en audio: 14 min. 24 seg.
Queridos Hermanos:
Este es uno de esos evangelios incómodos. Incómodos tal vez para oírlos, incómodos también para predicarlos. Aquí dice Jesús que "es difícil que un rico entre en el Reino de Dios" San Marcos 10,23. ¿Qué puede hacer el predicador con su palabra, si la Palabra de Dios ha dicho lo que ha dicho?
Algunas veces, el predicador empieza a darle vueltas al texto, esquiva el tema, evita el problema y sigue rápidamente con la Misa. Otras veces, el predicador toma una actitud beligerante, toma partido abiertamente por los pobres y en contra de los ricos y declara, cómo ya en el Evangelio, es incompatible la posesión de la riqueza con el Reino de Dios.
A partir de aquí, ese predicador será calificado de comunista, de peligroso, seguramente no será escuchado más como testigo de Cristo, sino como revolucionario político.
Hay todavía otra posibilidad, hay otros que dicen: "Bueno, aquí se refiere a la riqueza en una manera general que cada uno puede aplicar a su modo, porque hay ricos que aunque son ricos tienen grandes necesidades, por ejemplo, de depresión, de soledad, y esa es su pobreza".
Y de esa manera, este texto no viene a tocar la estructura económica ni la estructura social, se convierte en un texto inocuo, en un texto inofensivo.
No es fácil saber qué era lo que quería Cristo con estas palabras, pero hay algo que sí podemos afirmar. Si miramos el conjunto de la vida y de la misión de Jesucristo, podemos asegurar que Cristo jamás predicó para que sus palabras se convirtieran en armas, que unas personas le tiraran a las otras.
Jesús no predicó para que sus palabras se convirtieran en dardos de unas personas contra otras. Y esto se puede comprobar. Si usted busca en el Evangelio todas y cada una de las palabras duras, incluidos los insultos, "hipócritas" San Marcos 7,6, por ejemplo; si usted busca cada una de esas diatribas, cada una de esas posturas radicales de Jesucristo, usted encuentra que Jesús sólo le dice lo duro a cada persona.
Jesús no es de los que manda razón. Jesús no es de los que dice: "Mira, ve y dile a ese que es un desgraciado", "ve y dile a ése, que ese no se va a poder salvar". Jesús va a donde ése y a ése en su cara le dice: "Hipócrita, si sigues así no te vas a salvar".
La palabra de Cristo no es para que nosotros hagamos de ella una especie de chismografía: "A ver, a quién le tengo que mandar a decir esto".
Esto es tan cierto, que incluso en palabras llenas de misericordia, como esa famosa parábola del hijo pródigo, capítulo quince del evangelio según San Lucas, el Evangelista registra para quién iba esa parábola, y yo creo que un poquito de comparación entre la parábola del hijo pródigo y lo que hemos escuchado hoy, hasta nos puede orientar.
El Evangelista dice: "Viendo Jesús la actitud de los fariseos les dijo esta parábola" San Lucas 15,11; y cuenta la historia de un padre que repartió la herencia y el hijo menor fue y despilfarró, y luego volvió, y el padre amoroso lo acogió.
Esa es la parte que interesa más a la mayoría de nosotros, cómo el padre amoroso acogió a este pecador, esa es la parte que a uno más le llama la atención; pero pregunta: ¿era ése el propósito de Cristo? Parece que no, parece que la parábola labra, de acuerdo con el Evangelista, no tiene su centro en lo que hizo el hijo pródigo, sino en lo que hizo el hijo mayor.
El hijo mayor, como recordamos de esa parábola, quizá la más famosa de todas las de Jesús, el hijo mayor no quiere entrar a la fiesta. El hijo mayor se siente iracundo por la misercordia del padre.
"Y el padre bueno le dice al hijo mayor: "Todo lo mio es tuyo; pero hay que alegrarse porque este hermano tuyo ha vuelto a la vida" San Lucas 15,31-32.
Lo más simpático en este último diálogo de esa parábola, es que el hijo mayor le dice al papá: "Este hijo tuyo despilfarró los bienes" Lucas 15,30, y el papá le responde: "Este hermano tuyo ha vuelto" "Lucas 15,32.
Es un lenguaje completamente distinto y, por consiguiente, la parábola está dirigida a enseñarle a los que se creían buenos y que eran incapaces de alegrarse por el perdón de Dios, enseñarles a ellos cómo es Dios.
Bueno, ahí tenemos un primer criterio de lectura de este evangelio, Jesús no es de los que mandan razón, no está Jesús aquí frente a un grupo de oprimidos para concientizarlos y decirles: "Y vayan y cuéntenle a los ricos que no entrarán al Reino de los Cielos".
Ya tenía voz Cristo para hablarle a los ricos y decirles qué podía pasarles, ya tenía voz Cristo y coraje y valentía para decirle a cada quien lo que tenía que decirle. El evangelio no es una chismografía, no es un correo, así fuera un correo electrónico.
El Evangelio está dirigido fundamentalmente para que cada persona lo aplique a su propia vida, para que cada persona descubra, en su propia vida, este texto. Esa es una primera enseñanza.
Una segunda enseñanza nos puede servir también de otros textos parabólicos. Jesús tiene varias parábolas sobre el Reino de Dios, especialmente en el primer evangelio, en Mateo. Y ahí nos cuenta, por ejemplo, la alegría de un hombre que accidentalmente descubrió en un terreno, un inmenso tesoro.
Y este hombre, "va, vende todo lo que tiene" San Mateo 13,44, la misma expresión que apareció en el evangelio de hoy, "va, vende todo lo que tiene, y compra ese terreno" San Mateo 13,44, y desde luego, que al adquirir ese terreno, adquiere el tesoro; va y vende todo lo que tiene y compra el terreno, y con el terreno, gana el tesoro.
Y otra comparación que hace Jesús es el de un comerciante en perlas finas, y de pronto llega una que es de gran valor, y el comerciante se da cuenta que esta es la perla de su vida, no es una perla más, es la perla de las perlas, "y el comerciante va, vende todo lo que tiene para adquirir esa única perla" San Mateo 13,46,
¿Qué es lo que ha sucedido en estas parábolas? El hombre que vendió todo lo que tenía para adquirir todo ese campo, y el hombre que vendió todo lo que tenía, el mercader, que vendió todo lo que tenía para adquirir esa perla, ¿qué pasó con ellos? ¿Que ellos sintieron que estaban perdiendo? No creo, porque son parábolas llenas de alegría; ellos sintieron que estaban haciendo el negociazo de la vida.
Ese hombre, que vendió todo y perdió todo, sintió que estaba haciendo el negociazo de la vida, estaba adquiriendo el tesoro de los tesoros, y por eso se llena de gozo. Ese gozo fue el que no pudo tener el hombre de este evangelio, porque el hombre de este evangelio se fue entristecido, y se fue entristecido porque no fue capaz de hacer el negociazo de la vida.
Y el mercader, ¿ el mercader se fue triste? No creo, el mercader sintió que había hecho el negocio más espectacular de todos los que había podido hacer; el mercader sintió que con esa perla estaba adquiriendo lo que no había podido adquirir y lo que no le iba a volver a pasar por delante de los ojos.
De manera, que en estos dos casos, estos dos personajes hacen como una proporción entre lo que reciben, el Reino de Dios, y lo que tienen, mejor dicho, todo lo que tienen.
¿Qué es lo que se nos está diciendo en el evangelio de hoy? Que cuando uno hace esa comparación, y la hace como el mercader en perlas finas, y descubre que el Reino de Dios es ganar muchísisisísísimo, así yo perdiera todo por el Reino, cuando yo descubro eso, yo descubro que estoy haciendo el negociazo de la vida.
Pero ahora vamos a ver qué es lo que significa la palabra "rico", aquí. ¿Cuál es el "plutos"? Es la palabra que se utiliza aquí para indicar, rico, el adinerado; el rico es aquel que no descubre el negocio.
¿Cuál es el rico? Este hombre que ha hablado aquí, es el hombre que no se da cuenta, es el hombre que no percibe lo que Dios le está proponiendo, es el hombre que se afianza, que se endurece en su opción, es el hombre que no percibe el paso del Reino, es el hombre que no descubre todo lo que podría ganar.
Es el hombre que se considera un gran comerciante, pero que deja perder el negocio de la vida; es el hombre que cree que lo gana todo y en realidad lo está perdiendo todo.
Un hombre así no puede entrar al el Reino de Dios, un hombre así no tiene entrada para la Palabra del Señor, un hombre así pierde su tiempo tratando de escuchar a Cristo, y a un hombre así se pierde el tiempo hablándole de Jesucristo.
¿Y qué hacemos con la pregunta última de los discípulos? "¿Quién puede salvarse?" San Marcos 10,26. Jesús responde: "Para los hombres es imposible" San Marcos 10,27.
Efectivamente, los ojos humanos no pueden percibir la grandeza del Reino de Dios, no se puede percibir la grandeza de una vida como la que llevaba Cristo, un pobre mendigo, medio campesino, de lado a lado, asoleado, muerto de hambre, con un poco de pecadores, prostitutas, ¿qué vida es esa, hombre?
Pues para el que recibe la gracia, la luz, la moción de Dios, esa es la vida más grande, esa es la vida más bella, es la vida que vale la pena; pero esto no lo pueden descubrir nuestros ojos, nuestros ojos saben de cuentas bancarias, saben de clubes, y yo no estoy hablando aquí de cuántos ceros tenga tu cuenta corriente, porque a mí me parece que tan amarrado está a las riquezas, el que las posee como el que las codicia, igual de amarrado está.
Por algo Jesús dice en el evangelio según San Mateo, que se trata de aquellos que son pobres, "aquellos, dice esa traducción, aquellos que tienen espíritu de pobres" San Mateo 5,3.
El problema no está tanto en los ceros de la cuenta corriente, está en la manera como la persona se descubre ante el Reino de Dios. De pronto alguno de los presentes dice: "Ah, entonces puedo respirar, quiere decir que no tengo que dar nada".
Bueno, mira, si eso fue lo único que entendiste, perdí mi tiempo, simplemente; si tú percibes la grandeza del Reino de Dios, empezarás a mirar tus bienes de otra manera y descubrirás, sobre todo, cuánta gente tiene derecho ya sobre esos bienes, y cuánta felicidad te estás perdiendo por amontonarlos.
Que Dios, en su bondad, destape nuestros ojos, descorra el velo, y nos permita contemplar la grandeza y la belleza del Reino, para que también nosotros nos sintamos pobres de ese Reino y podamos entrar en él.
Amén.