Bo22001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970831

Título: Solo seré en plenitud ser humano cuando sea en plenitud lo que Dios quiso de mi.

Original en audio: 5 min. 34 seg.


A las demás criaturas, lo mismo que a nosotros, Dios creó por medio de su palabra; pero hay esta diferencia: que la criatura racional, el hombre, fue dejado a medio hacer. Nosotros no estamos completos. La misma palabra que nos creó perfecciona esa creación por medio de la Ley y por medio del Espíritu.

Los árboles, los perritos, los micos, los ruiseñores, las lombrices no saben quién los hizo, no tienen noticia de Él y no pueden colaborar conscientemente con la obra de su propia creación.

El ser humano, en cambio, entra en esta vida de una manera como inicial, podríamos decir. Está inicialmente puesto en el mundo, pero sólo alcanza su plenitud participando en la obra de su propia creación.

Por eso nosotros podemos oír la voz del Creador. Las galaxias de los espacios infinitos no conocen el poder de la voz que las trajo a la existencia. Nosotros, en cambio, sí podemos ser testigos presenciales de la obra de esta Palabra. Nosotros tenemos un adentro, al cual Jesús llama corazón. Nosotros tenemos un adentro, y desde dentro de nosotros, se resuelve el drama de la vida.

El problema no es que el mundo esté o no en pecado, el problema no es que haya o no malos ejemplos, el problema es qué sucede desde ahí, desde dentro; en ese adentro Dios quiere perfeccionar su creación. En ese adentro se escucha la Palabra, en ese adentro se resuelve el drama de la historia humana, porque en ese adentro se le dice sí o no a Dios.

Y cuando se le dice no, uno se convierte en un aborto, no pudo nacer a la vida, es un feto deforme, incompleto, insubsistente, no alcanzó a llegar a la vida. Esta posibilidad espantosa, sin embargo no es fatal. Es posible también decir sí, y es posible también ver en la propia vida a Dios creándome.

Yo puedo contemplar a Dios haciéndome, yo puedo mirar cómo Dios toma mi existencia día a día y del barro de mi vida construye un ser humano. Porque sólo seré en plenitud ser humano cuando sea en plenitud lo que Dios quiso de mí, es decir, ser plenamente humano y ser santo es lo mismo.

Le puedo decir sí a Dios en lo profundo de mi corazón. Es verdad que las puertas más recónditas del alma quedaron malogradas y están malogradas por el pecado. Pero es que además de la Ley de Moisés que ya rozaba ese corazón, que ya iluminaba las inmundicias del alma, ahora hay una “Ley nueva”, como la llama Santo Tomás; esa palabra silenciosa, eficacísima del Espíritu Santo. Y con esa palabra en mi interior, mi vida va tomando la forma que quiso Dios desde el principio.

Y yo no sólo soy beneficiario de esa acción piadosa, tierna, continua de Dios. Yo no sólo recibo ese bien sino que puedo contemplarlo, yo puedo mirar cómo Dios me hace, puedo agradecerlo y puedo con mi propia voz retornarle en alabanza y amor todo lo que ha hecho, todo lo que hace y todo lo que hará por mí.

¿Se podría pedir más? Bien le preguntaba Dios a Santa Catalina de Siena: "¿Es que podía yo hacer más por mi criatura racional? En verdad Dios se ha comunicado entero a nosotros y nos ofrece en el don de su Espíritu, en su Palabra que ilumina, en la comunidad de la Iglesia, en el testimonio de los santos, nos ofrece camino para crecer en su presencia, para llegar a ser lo que Él quiso que fuéramos, para alcanzar nuestra verdadera estatura y para agradecérselo con palabras que Él mismo nos regale.