Bo16003a
Fecha: 20030720
Título: Gracias al Evangelio de Cristo puedo creer en el amor de Dios, asi yo sea un pecador
Original en audio: 43 min.
Cuando yo era niño no me gustaba ir a Misa, me parecía que las Misas eran largas, eran repetidas y eran aburridas. Yo creo que de niño yo fui un muy mal cristiano y realmente le pido perdón al Señor y le pido perdón públicamente al Señor; porque yo era pequeñito en edad, pequeñito en estatura, pero sobre todo era muy pequeño en amor y muy pequeño en fe.
La Misa no me gustaba y yo quería que Misa se acabara rápido. Y uno de los pecados tristes que cometí en mi vida es que a mí no me gustaba que la gente comulgara, porque entre más gente comulgaba más larga la Misa, entonces yo no quería que comulgaran muchos, yo quería que comulgaran poquitos para que se acabara la Misa.
Realmente eso me duele, porque han pasado los años y cada vez descubro más qué es lo que hace Jesucristo Cada vez que se proclama su Palabra, qué es lo que hace Jesucristo cada vez que nos reunimos y oramos, y, sobre todo, qué es lo que hace Jesucristo en el altar.
¿Sabes qué es? No es otra cosa sino el mismo, idéntico sacrificio del Calvario, ya sin la crueldad, sin la ostentación de esas Llagas, de esas espinas; pero es el mismo amor, es el mismo sacrificio y es la misma Víctima, es el mismo Cristo.
Pasó el tiempo, y yo empecé a darme cuenta de lo grande que era la Misa y me empecé a sentir vergüenza por lo mal que yo me portaba de niño. Ustedes no piensen que los niños son buenos, por lo menos no piensen que yo fui un niño bueno, tal vez haya niños buenos, yo no fui uno de esos.
Los niños necesitan ser educados, necesitamos que nos expliquen muchas cosas para poder vivir la Misa; y uno de mis primeros y principales problemas con la Misa era que yo no entendía por qué las lecturas, de donde salían las lecturas.
¿Saben qué me imaginaba yo? Que el padre, el que iba a dar la Misa, ese día por la mañana abría la Biblia y donde él se sabía o donde él podía explicar algo, esas eran las lecturas que nos hacía.
El tiempo ha pasado y hoy sé que las lecturas de la santa Misa son un tesoro de sabiduría, son de una grandeza, de una profundidad, que realmente no sólo le pido al Señor que me perdone por lo mal que yo vivía la Misa, sino le pido al Señor que me dé la gracia de predicar, para que muchos se enamoren de la Palabra de Dios y para que muchos descubran cuáles son esos tesoros que tenemos en la Santa Misa, para que los descubramos, para que los vivamos.
Yo quiero contarles, que poco a poco uno va descubriendo cómo se organizan las lecturas de la Santa Misa, y pienso que es muy importante cómo se prepara la liturgia, porque si uno no se prepara aunque sea un poquito en la liturgia, uno empieza a pensar que siempre se repiten como las mismas lecturas y uno no descubre cuál es la gracia particular que tiene cada lectura.
Por ejemplo, sólo hace poco aprendí esto, que en los domingos, óiganme bien, en los domingos, pasa como en el almuerzo o en la comida en muchas partes de Colombia, que a uno le dan sopa y seco, le dan dos platos, siempre hay un plato principal; pero siempre hay alguna sopa, siempre hay algún acompañante, así son las lecturas del domingo.
El plato principal, si usted observa bien, siempre está representado por la primera lectura y el Evangelio; que como que van jugando, como que se van combinando, como que se van complementando la primera lectura y el Evangelio.
Y hay otro plato para alimentarnos de una manera más completa, así como a uno, en muchas partes, no sólo le dan su seco sino que también le dan su sopa, para que el alimento sea más completo, en las Misas del domingo, ese segundo plato está representado por la segunda lectura.
De manera que, en la Misa del domingo a uno le dan dos platos, un plato grande, sustancioso, que es la primera lectura con el Evangelio; por ejemplo, en el día de hoy, la primera lectura y el Evangelio, tienen que ver con la palabra pastor, pastorear ese es el plato fuerte de hoy.
La primera lectura se nos queda más grabada, se nos graba más en el corazón a través del salmo de respuesta que utilizamos. Entonces fíjate, la primera lectura junto con el salmo y el Evangelio, todo ese paquete forma el plato fuerte del domingo.
Pero hay otro plato que también tiene sus propias vitaminas, que también es importante, que también alimenta, ese otro plato está representado por la segunda lectura.
Por ejemplo, en el día de hoy, ya dije que el plato fuerte tiene que ver con la palabra pastor; pero yo no voy a predicar sobre el plato fuerte, sino que voy a predicar sobre el otro platico, este otro nutritivo plato que viene en la segunda lectura. En este caso, la segunda lectura está tomada de la Carta a los Efesios.
¿Saben qué decía un santo muy grande de la Iglesia Católica? Este santo se llama San Agustín, San Agustín decía eso, cuando una persona va a comulgar siente horror de que una partecita de la Hostia caiga al piso y sea pisoteada; si una persona cree en Jesús y va a comulgar, pues no quiere que se pierda ni un pedacito de la Hostia.
Decía San Agustín: “Así tenemos que oír también la Palabra de Dios, sin dejar perder ni un pedacito, sin dejar que se desperdicie ni un versículo. Cuando a ti te dan la Hostia en el momento de la comunión, tú no quieres que se pierda ni un pedazo; cuando te den la Palabra de Dios, que es el mismo Cristo porque Cristo es la Palabra, no permitas que se desperdicie ni un pedazo.
Yo no me pongo muy bravo cuando la gente se distrae en la Misa, o cuando la gente se impacienta en la Misa; porque yo me pongo a pensar: "Así fui mucho tiempo y Dios tuvo paciencia conmigo"; pero verdaderamente es bonito aprender estas cosas que estamos hablando, porque así evitamos que otros niños, jóvenes o adultos desperdicien a Cristo.
No permitas que Cristo se desperdicie, esta Palabra la envía el Señor Jesús para ti; recíbesela, acógela, acéptala.
Hablemos de nuestro segundo plato, es decir, la segunda lectura; pero que nos quede clara la enseñanza. Cada vez que vayas a Misa en el domingo, ponle cuidado y verás cómo la primera lectura junto con el Evangelio, forman un paquete, forman una enseñanza, son un plato fuerte; mientras que la segunda lectura, normalmente abre otro tema, nos propone como un complemento, un tema complementario.
Vamos a tomar la segunda lectura de hoy, entonces, la lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios, no es una lectura tan fácil; pero esa es otra cosa que he aprendido, parece que algo he crecido desde niño, lo que he aprendido también es que muchas veces, las lecturas que no son tan fáciles, tienen precisamente aquellas enseñanzas que nosotros no conocemos, pero sí necesitamos.
El Espíritu del Señor está con nosotros, Dios está aquí, y yo pienso que Él nos va a ayudar a comprender esta segunda lectura; porque tiene tanta sustancia, tiene tanto nutriente, tiene tanta vida para darnos.
¿En qué momento escribió San Pablo esta Carta a los Efesios? San Pablo estaba preso, él estuvo prisionero varias veces en su vida, muchas veces; pero esta fue una prisión que pasó bastante tiempo, de la cual nos habla el final del libro de los Hechos de los Apóstoles.
Y San Pablo, en su cautividad, tiene mucho tiempo para pensar, si hay algo tiene un preso es tiempo, y en medio de su prisión, en vez de renegar de Dios o en vez de planear una venganza, lo que hace el apóstol San Pablo es recoger la enseñanza, recoger la profundidad del mensaje y hace entonces lo que podríamos llamar como una síntesis.
Las cartas que San Pablo escribió estando preso, que se llaman las cartas de la cautividad, o sea, las cartas de cuando estaba preso, son cartas que nos ofrecen como una síntesis, como el resumen destilado, amorosamente redactado, el resumen amorosamente redactado de aquello que San Pablo entendía del misterio de Cristo y del misterio del cuerpo de Cristo.
Y en las cartas de la cautivad, o sea, las cartas que Pablo escribió estando preso, hay sobre todo dos que son de una profundidad infinita, la Carta a los Colosenses, y esta carta que apareció hoy, la Carta a los Efesios.
La Carta a los Colosenses, ¿saben qué es la Carta a los Colosenses? Es como un canto enamorado a la grandeza del misterio de Cristo en la historia y en el mundo; la Carta a los Colosenses es un himno jubiloso cargado de sabiduría y profundidad, donde el Apóstol San Pablo se deja extasiar ante Jesús.
Allá es donde San Pablo nos describe ese misterio de Cristo, con palabras tan profundas como estas: “Todo fue creado por Él y para Él” Carta a los Colosenses 1,16, esa frase que vale por toda una carta, por toda una enciclopedia está en la Carta los Colosenses.
En la Carta a los Colosenses, San Pablo se detiene en la contemplación del misterio de Jesucristo, quién es Cristo, ahí está San Pablo orando, meditando y redactando su mensaje.
Podemos decir que en la Carta a los Colosenses es la gran síntesis cristológica de San Pablo; pero luego hay otra Carta también importantísima del tiempo de la cautividad y es la Carta de hoy, la Carta de Pablo a los Efesios.
Si en la Carta a los Colosenses San Pablo miraba a Jesucristo, en la Carta a los Efesios San Pablo mira al Cuerpo de Cristo, San Pablo mira a la Iglesia, al eco, a la expansión, a la difusión del misterio de Jesús en la historia humana, esa es la Carta a los Efesios.
¿Qué es la Carta a los Efesios? Es una maravillosa contemplación de cómo brilla el misterio de Jesucristo en la historia, cómo Jesús hace unidad con su cuerpo que es la Iglesia, cómo Jesús comunica su mismo esplendor, su misma vida y su mismo Espíritu a todos los que nos unimos a Él por la fe y por el amor, esa es la Carta a los Efesios.
Con estas palabras, yo pienso que ya vamos entendiendo que lo que Pablo nos dice en la Carta a los Efesios, tiene que ser muy profundo y tiene que ser vital para entender quiénes somos nosotros.
Porque cuando hablamos del Cuerpo de Cristo o cuando hablamos de la Iglesia no estamos hablando de gente por allá de otro mundo, estamos hablando de quiénes somos nosotros y de qué ha hecho el amor de Dios en Cristo por nosotros.
La Carta a los Efesios es un documento tan bello y tan sabio y tan profundo, que si a nosotros nos mandaran a una isla de ermitaños, si nos mandaran a una isla con la sola la Carta a los Efesios, tendríamos con ella para meditar el resto nuestra vida y hasta la hora de nuestra muerte.
No estoy exagerando, palabra que no exagero, es impresionante la Carta a los Efesios, amen, por favor, toda la Sagrada Escritura, hoy pondero la Carta a los Efesios.
Bueno, y si vamos a mirar que fue lo que hizo Cristo, cómo lo miramos, cómo podemos encontrar ese misterio. San Pablo, especialmente en esta Carta a los Efesios, es cuando más utiliza esa palabra que acabo de mencionar, la palabra misterio.
Y San Pablo habla de un misterio que estaba oculto por siglos infinitos, un misterio que estaba metido como en el corazón de Dios, y él estaba preso.
Es la cosa que me maravilla a mí, un hombre que tenía todas las razones del mundo para encerrarse en su depresión y en su problema, desde su prisión, desde su mazmorra, volaba en su pensamiento y recibía unas luces del Espíritu Santo, como no han venido otra vez a esta tierra.
San Pablo se pone a mirar lo que ha hecho Dios y descubre que hay un misterio y ese misterio es una decisión que Dios tomó para vencer al pecado y para darnos salvación.
¿Cómo fue que Dios se resolvió? ¿Cómo fue que Dios se decidió a salvarnos y por qué camino quiso salvar al mundo? Ese designio divino, ese, es el que San Pablo llama el gran misterio.
"Este es el misterio, este es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante" Carta a los Efesios 1,9, dice San Pablo en la Carta a los Efesios, el plan.
Pablo, metido en su cárcel, despreciado de la gente y olvidado de muchos, sin embargo, siente que ha entrado en el corazón de Dios y que puede mirar un pedacito del plan con el que Dios ha querido salvar al mundo y eso es lo que nos escribe en esta Carta.
Este es el plan, dice San Pablo en la Carta a los Efesios capitulo uno, ese es el plan que había proyectado realizar por Cristo" Carta a los Efesios 1,9.
Precisamente, porque San Pablo a veces sentía que Dios lo arrebataba y lo metía en su corazón y lo bañaba de luz, por eso San Pablo dice en 1 Corintios, dice: “Nosotros tenemos el pensamiento de Cristo” 2 Corintios 10,5.
Porque verdaderamente Dios le dio tanta luz, le dio tanta gracia, lo amó tanto, y a nosotros también, también a nosotros Dios quiere mostrarnos la grandeza de su plan, este es el plan, este el misterio, este es el secreto que Dios tenía como tan guardadito en su corazón; pero que se ha revelado ahora por Jesucristo, la manera de salvarnos
Y San Pablo, se pone a meditar cómo era la salvación y por qué Dios dio la salvación y a quiénes dio la salvación y descubre esto, que había un odio terrible entre dos pueblos, o mejor dicho, entre un pueblo y los demás pueblos de la tierra, ese pueblo es el pueblo elegido, el pueblo judío.
El pueblo judío había sido elegido por Dios para ser instrumento de salvación y el pueblo judío recibió promesas como no ha escuchado otro pueblo en la tierra.
Dios hizo promesas maravillosas a ese pueblo, por ejemplo, aquella promesa que le hizo al profeta Natán al rey David: “Nunca caerá el cetro de tus manos, nunca” 2 Samuel 7,13
¡Ahí Dios se comprometió! ahí Dios puso su palabra, Dios juró, y la Carta a los Hebreos dice: “Dios, no teniendo alguien más grande por quien jurar, juró por sí mismo" Carta a los Hebreos 6,13.
Dice la Carta a los Hebreos “y juró darle a Abraham un pueblo incontable como las estrellas del cielo, como las arenas del mar” Carta a los Hebreos 11,12.
Dios le había dado promesas a ese pueblo, al pueblo judío; pero luego, además de los judíos pues hay muchos otros pueblos, esos otros pueblos son los que la Biblia llama los gentiles, o los paganos.
¿Quiénes son? la pregunta no es quienes son, es quienes somos, porque nosotros, no se si aquí haya descendientes de familia judía o fe judía; pero me imagino que la mayoría de los que estamos hoy aquí no venimos ni de la raza ni de la cultura ni de la religión judía.
Nosotros, todos los que estamos aquí, no venimos ni de la raza ni de la cultura ni de la fe judía, nosotros, todos nosotros, somos los gentiles, somos los paganos o mejor, los que éramos paganos. Ahora bien, entonces Dios quería salvar a su pueblo elegido, al pueblo judío.
Pero también quería salvar a todos los demás pueblos y ahí es donde entendemos la lectura del día de hoy.
Dice San Pablo en la Carta a los Efesios, ¿de dónde viene eso? De Éfeso, Éfeso es una ciudad que queda en la actual Turquía, Éfeso no queda en Palestina, Éfeso no era judía, Éfeso era tierra de paganos como Colombia, como Australia, como China, Estados Unidos o Inglaterra, mejor dicho, como casi todo el mundo y Pablo escribe a los Efesios, es decir, a esos paganos les está contando cómo fue la historia del amor de Dios, cómo fue la historia de la salvación.
“Ahora estáis en Cristo Jesús” Carta a los Efesios 2,13 esa es la frase que nos ha dicho: “Ahora estáis en Cristo Jesús” Carta a los Efesios 2,13.
"Ahora, por la Sangre de Cristo estáis cerca, los que antes estabais lejos" Carta a los Efesios 2,13, en la Carta a los Efesios San Pablo juega con esa expresión; los que estaban cerca es una manera de referirse a los judíos, los que estábamos lejos, es una manera de referirse a los paganos, a los gentiles a todos nosotros.
Y dice San Pablo: “Ahora están cerca los que antes estaban lejos” Carta a los Efesios 2, 13; pero resulta que judíos y gentiles no se podían ver, había un odio mutuo, los judíos detestaban a los gentiles por sus costumbres perversas.
El mundo pagano es el mundo del libertinaje, es el mundo de los excesos, es el mundo de las depravaciones, por ejemplo, ¿en qué parte se encuentra que el pueblo judío haya padecido la lacra de la homosexualidad? Eso casi no existía, eso simplemente no se dio, en cambio, en el mundo pagano abundaba la homosexualidad, tanto en hombres como en mujeres, el mundo pagano era un mundo libertino, un mundo degenerado, un mundo depravado.
Y los judíos despreciaban a los gentiles, especialmente por eso, porque veían en ellos un mundo degenerado, dicho sea entre paréntesis, ahora, cuando las costumbres, especialmente en la familia y en el sexo tienden a degenerarse, como vemos que se degeneran, y se le hace tantísimo aplauso y propaganda, por ejemplo al homosexualismo, al aborto, al adulterio, ¿qué está demostrando eso? ¡Qué quieren devolvernos al paganismo!
Pero sigamos nuestra explicación, Pablo sabe que los judíos detestaban a los gentiles y los despreciaban por sus costumbres degeneradas; los paganos por su parte, odiaban a los judíos, porque veían en los judíos gente orgullosa que no se mezclaban con ellos, porque veían en los judíos gente con costumbres raras y porque veían en los judíos gente que los despreciaba a ellos.
Había, pues, un odio irreconciliable entre judíos y paganos, sin embargo, si nosotros miramos las comunidades cristianas que fundó San Pablo, con muchísima frecuencia en una misma asamblea había convertidos del judaísmo y convertidos del paganismo y ambos alabando a Jesús, ambos cantando a Jesús, ambos agradeciendo a Jesucristo su Sangre, su sacrificio y su amor.
¿Qué nos enseña esto? Lo que dice luego Pablo: Él, Cristo, es nuestra paz, Él ha hecho de los dos pueblos, es decir, judío y pagano, Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, y aquí viene la frase central: “Derribando con su carne el muro de odio que los separaba” Carta a los Efesios 2,13.
Jesucristo derribó con su carne, despedazando su carne en la Cruz, Jesucristo derribó el muro de odio que separaba a judíos y gentiles, a judíos y paganos y por eso ahora estamos en Cristo Jesús, ahora estamos cerca los que antes estábamos lejos.
Ahora, porque Cristo, a golpe de su carne, destruyendo su carne en la cruz y derramando su Sangre en la cruz, ha derribado el muro de odio y por eso, dice mas adelante en la misma la lectura de hoy, reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte en El al odio.
Esto es tan bello, esto es tan profundo, yo bendigo a Dios que le dio tanto Espíritu Santo a este hombre, reconcilió con Dios a los dos pueblos, fíjate, los reconcilió atrayéndolos a su corazón, es como si tu piensas en tus manos que están separadas; pero si tu las juntas en tu corazón, en el corazón están unidas, si las juntas en el corazón, las reconcilias entre sí, esta es la enseñanza grande de hoy.
La reconciliación no es juntar las manos afuera, la reconciliación es juntar las manos adentro, en Dios, en la gracia, en la Sangre, en el corazón. La reconciliación, y esto no solo vale para judíos y gentiles sino para toda obra de reconciliación, la reconciliación no es afuera, la reconciliación es en Cristo Jesús.
Miremos un poco, con la ayuda de Dios, cómo se dio esa reconciliación y estoy seguro hermanos, que encontraremos caminos también para reconciliarnos en la familia, para reconciliarnos en nuestra patria, para reconciliarnos en el mundo; porque el mundo está muy dividido, muy dividido, entre ricos y pobres, entre norte y sur.
Y para los que están a favor o en contra de la globalización, el mundo está dividido por las etnias, por las clases sociales, por la inteligencia, por las posturas filosóficas y nuestra patria está muy dividida, y a veces parece que no fuera posible la reconciliación.
Pero hermanos, hay una ciencia de la reconciliación, hay un camino de la reconciliación y ese camino es el que nos explica San Pablo en su profundo documento, en su hermosa Carta a los Efesios.
¿Como se hizo la reconciliación? Repito, la reconciliación no es que el judío se encontró con el pagano y trató de mirar qué era lo bueno del pagano; y el pagano se encontró con el judío y trató de mirar qué era lo bueno del judío, ¡no!
La reconciliación se realiza de la siguiente manera, según San Pablo. Vamos a representar con la mano derecha al judío, el judío vuelve al corazón, ¿eso qué significa? El judío se da cuenta que el que recibió la Ley, no la ha obedecido, el que recibió las promesas, no fue digno de esas promesas.
Arrepintiéndose de sus pecados y reconociéndose necesitado de Jesucristo, el judío vuelve a casa, el judío vuelve a Dios, vuelve arrepentido y aprende de Dios el misterio de la salvación, así vuelve el judío.
Ahora, la mano izquierda representa al pagano, el pagano, iluminado por la palabra del Apóstol, iluminado por la palabra de los predicadores, el pagano descubre la vida sucia, vulgar, suicida que está llevando, descubre sus frutos de muerte y se espanta del hedor de sus pecados, y así el pagano vuelve a su Creador, vuelve a su Dios.
El camino de la reconciliación, entonces, es igual para ambos, es igual porque ambos, judíos y paganos, necesitamos arrepentirnos, en la medida en que cada uno reconoce su propio pecado, en la medida en que cada uno reconoce su propia miseria, vuelve a Dios a través del anuncio de gracia, que es el Evangelio de Cristo.
Gracias al Evangelio de Cristo puedo creer en el amor de Dios, gracias al Evangelio de Cristo puedo arrepentirme de mis pecados, ya sea yo un judío que recibí la Ley, pero no la obedecí, que recibí las promesas pero no fui digno de ellas, o ya sea yo un pagano que he llevado una vida depravada y que pertenezco al espantoso espectáculo de un mundo que se derrumba en medio de vicios.
Arrepintiéndome de mis culpas, -ya se trate de un judío o de un pagano, ya sea yo judío o pagano-, arrepintiéndome de mis culpas, creo, ejerzo fe, me apego a Jesucristo y en Cristo encuentro el abrazo de mi paz.
Pero en Cristo también encuentro a los demás arrepentidos. Es como esto, imaginémonos que este querido amigo está peleado conmigo y yo con él, nos queda muy difícil encontrarnos así; pero si él se arrepiente de sus culpas y va a este altar, que representa Cristo; y yo me arrepiento de mis culpas y yo voy al altar, que representa Cristo, cuando yo abrazo al altar, abrazo a mi hermano, eso fue lo que hizo Jesucristo.
Jesucristo nos llama a todos para que todos nos arrepintamos de nuestras culpas, seamos judíos o paganos en nuestro pasado.
Que dejemos atrás nuestros pecados, que cada uno reconozca lo que ha hecho y que venga Jesús; y al abrazar a Jesús, abrazo a mi hermano y al abrazar a Jesús, me reconcilio con mi hermano.
Eso es lo que dice San Pablo: “Reconcilió con Dios a los dos pueblos uniéndolos en solo cuerpo mediante la Cruz” Carta a los Efesios 2,14, porque efectivamente, en la Cruz se denuncia todo el pecado y se anuncia toda la gracia.
La Cruz, la bendita Cruz de Cristo es el gran anuncio del amor y es la gran denuncia del pecado, de la muerte, del demonio y del sufrimiento estéril.
En la cruz de Jesucristo me encuentro con Cristo; pero cuando abrazo a Cristo me doy cuenta que hay alguien más y ese alguien mas es mi hermano, ese alguien mas es el hermano con el cual ya me puedo reconciliar.
Esta enseñanza de San Pablo la podemos aplicar a nuestra familia, la podemos aplicar a nuestra patria, la podemos aplicar a nuestra vida.
¿Por qué no se reconcilian los padres con los hijos? ¿Por qué no se reconcilian los esposos? ¿Por qué se aplaza y se demora tanto la paz en Colombia? ¿Saben por qué? Porque cada uno está esperando que el otro cambie.
Típicas las discusiones entre la guerrilla y el gobierno, los paramilitares y el gobierno, son discusiones de esta clase: "Nosotros no podemos aceptar lo que ustedes nos proponen, porque entonces los paramilitares se adueñan de nuestro territorio".
Y los paramilitares dicen: "Nosotros no podemos sellar esa alianza o ese proceso de paz porque entonces la guerrilla recupera lo que le hemos quitado"; cada uno está esperando que el otro cambie.
Y lo mismo sucede en la familia; el papá dice: “Cuando mi hijo me respete entonces hablamos” y el hijo dice: “Cuando mi papá me entienda entonces hablamos”, y así nunca hablan. Y un día se mueren y entonces encuentra uno al papá llorando sobre el ataúd de su hijo que se suicidó, o al hijo llorando sobre el ataúd del papá al que nunca le pidió perdón. ¡Para qué! ¡Para qué sirve eso! Únicamente sirve para alegría del demonio, para nada más sirve.
San Pablo, en esta preciosa Carta, nos enseña cuál es el camino de la reconciliación, que el papá se ponga a pensar delante de Cristo, que reconozca sus propios pecados y que comprenda, que como papá, aunque ha tenido seguramente algunas o muchas virtudes, hay muchas cosas que ha podido y ha debido cambiar.
Que el papá comprenda eso, y que el hijo se ponga delante de la cruz de Cristo, y que el hijo lea la Carta a los Efesios, y que el hijo se arrepienta de sus pecados, y se dará cuenta de que tampoco puede ser un caprichoso o un tonto y esperar que todo el mundo se le arrodille.
Y lo mismo sucede en Colombia. Hermanos, la violencia no nació porque sí, la guerrilla no nació porque sí, detrás de Carlos Castaño, detrás de Tirofijo, detrás del Mono Jojoy, siempre hay una historia de violencia, esos hombres no nacieron así, la violencia los volvió así.
Ver lo que hacían con su familias, ver lo que les pasaba a su familia los volvió así, ver las injusticias del mundo y del país los volvió así, ver que muchas veces se toca y se toca las puertas de un gobierno y nadie responde, eso termina engendrando violencia.
Por eso hermanos, la conversión y la paz para el país no van a llegar solamente por estrategias, se trate de verle lo bueno de paz o trate de abrazar aunque por un ladito a su enemigo ¡No! La verdadera paz requiere que todos hagamos un proceso de conversión.
La clase política tiene que hacer un proceso de conversión, porque así como nosotros nos quejamos de las tomas de la guerrilla a pueblos enteros, tenemos que quejarnos del presupuesto que se le ha robado al pueblo colombiano.
Tenemos que quejarnos de cuantos han sido llevados a una muerte lenta y desesperada; porque no consiguen ningún trabajo, porque no pueden hacer nada sino irse a las filas del crímen, todo el mundo tiene que arrepentirse, todos, tiene que arrepentirse; la clase política, la rama judicial, los militares tienen que arrepentirse.
Y la guerrilla tiene que postrarse delante de Cristo y los paramilitares tienen que redescubrir quién este Señor y Salvador, en la medida en que todos vamos descubriendo quién es el Señor, entonces nos vamos arrepintiendo de lo que somos y vamos acercándonos a Él, y en la medida que todos nos acercamos a Él, vamos descubriéndonos como hermanos unos de los otros. Eso es lo que nos enseña San Pablo en la Carta a los Efesios el día de hoy.
Alabemos a Dios, y cada uno piense de qué tiene que corregirse, de qué tiene que arrepentirse. ¿Ustedes creen que Colombia esté preparada para la paz? Yo no lo creo, yo por lo menos no creo que Colombia esté preparada para la paz, ¿y saben por qué no lo creo? Yo no lo creo porque haya muchos cilindros llenos de dinamita o muchos atentados terroristas a punto de explotar, no es por eso por lo que yo dudo de la paz en Colombia.
¿Y saben por qué lo dudo? Dudo de la paz, porque cuando hablo con los jóvenes en los colegios, en bachillerato o en la universidad, los jóvenes que yo conozco siguen pensando solamente en sí mismos: "Mi carrera", "mi plata", "mi prestigio".
El día que todos, pero especialmente los jóvenes descubran su indelegable deber de un compromiso de cambio y descubran entonces su pecado ante la historia, el día que los jóvenes, yo ya no sé si clasificarme como joven o como no, digamos que sí, qué caray, nosotros los jóvenes tenemos que descubrir nuestro pecado ante la historia.
Cada vez, óyeme bien muchacho y muchacha, cada vez que tú diseñas tu carrera y tu futuro sólo pensando en ti y en que nadie te friegue la paciencia y en que nadie toque tu casa y nadie toque tu chequera, tú estás reproduciendo violencia.
Tú, así estés muy bien vestido, así estés bien maquillada, tú eres un motor de violencia, porque tienes que arrepentirte de tu egoísmo, de tu indiferencia.
Cuando nos arrepintamos de nuestro egoísmo y de nuestra indiferencia y entendamos que todos tenemos un compromiso por nuestros hermanos; cuando nos arrepintamos ante Cristo Jesús y vayamos donde Él y descubramos todo lo egoístas que hemos sido, entonces empezaremos a descubrirnos como hermanos.
Ese es el camino que le propone San Pablo a Colombia hoy, ese es el camino de la paz, ese, el camino al arrepentimiento, por ahí viene, eso no es únicamente que hagamos cantos bonitos a la paz, es empezar a convertirnos cada uno en los suyo.
Dios tiene poder. Yo por mi parte, hermanos, yo hago lo que puedo, a mí lo que Dios me ha dado es este micrófono, es esta voz, yo hago lo que puedo a través de mi micrófono y de mi voz, trato de anunciar el Evangelio de Cristo y de llamar a todos al arrepentimiento, porque no quiero pecar por omisión, porque no quiero que la Iglesia Católica siga pecando por omisión ocultando la responsabilidad histórica que tenemos, porque tenemos una gran responsabilidad.
Necesitamos entrar en un proceso serio de conversión, no podemos seguir siendo una patria de individualistas, que es una patria de avispados y resentidos, somos un país de avispados y de resentidos, al que le va bien, "¡ah cómo soy de avispado!", al que le va mal, “un día me la pagarán”.
Y un día se encuentra el avispado y el resentido y el resentido atraca al avispado o le pone una bomba al avispado o se toma el pueblo al avispado; no puede seguir siendo así, hermanos.
Ustedes y yo en la familia, en la pareja y en todo el país, necesitamos hacer este ejercicio, el ejercicio de llegar donde Jesús y de postrarnos donde Jesús y decir: “Señor, yo he vivido sólo para mí mismo, perdóname; yo tengo una responsabilidad ante la historia, ante mi familia, ante mi país; yo tengo responsabilidades que no he cumplido, perdóname, Señor, dame conversión”.
Si tú y yo y todos hacemos eso, te aseguro que un día nos descubrimos abrazados en una sola patria y en una paz que vendrá del cielo.