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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20000723

Título: Sentirse pastor sin olvidar que se es oveja

Original en audio: 8 min. 16 seg.


El cuarto domingo de Pascua, que ya pasó en este año, es el domingo del Buen Pastor. Y ahí vuelve a aparecer un tema de pastores. Es una repetición, es un llamado que la Iglesia nos hace para que meditemos en esta imagen que es tan elocuente.

Yo diría que aquí hay algo diferente. Aunque se vuelva a hablar de pastores, me atrevería a decir que el tema de hoy no son los pastores. El tema de hoy es la misericordia, la entrañable misericordia de Dios, que es la característica más preciada y más preciosa de un verdadero pastor.

Creo que la frase central, el pensamiento que podemos trasladar a lo profundo de nuestra alma, meditarlo y llevarlo también cuando salgamos de este templo, es ésta de Cristo: "Le dio lástima de ellos" San Marcos 6,34.

Jesús tiene entrañas, Jesús se conmueve entrañablemente. Y es esa conmiseración, es esa compasión, es ese dolor por el dolor del otro, lo que hace de Cristo un Pastor.

Esa es la característica de un verdadero pastor: la capacidad de sentir el dolor, la capacidad de sentir lástima. Y aquí podemos sacar enseñanzas como los brazos de un río, porque en el torrente de la misericordia de Dios caben muchas aguas.

Apliquemos, por ejemplo, esta enseñanza, mirando a Cristo como la fuente de la misericordia y a nosotros como los que somos lavados por esa misericordia.

Es que cuando se predica a un grupo de religiosos, de religiosas, es muy fácil pasar de una vez del texto a la exigencia: "¡Mire la misericordia que usted tiene que tener! ¡Dese cuenta, que usted debería sentir esa lástima!"

Pero, no hay que empezar por ahí. Hay que empezar por recibir el beneficio, empezar por recibir el amor, empezar por recibir la misericordia.

¿Qué es lo primero que Cristo siente cuando me mira? Cristo siente misericordia por mí, Cristo siente pesar de muchas cosas: del daño que yo me he hecho y del daño que otros me han hecho. Cristo siente pesar por eso; a Cristo le duele eso.

Si yo no empiezo por mirar a Jesucristo así, caeré seguramente en la mala imagen que tuvo de Cristo aquel hombre, Martín Lutero, el que dio origen a la Reforma Protestante. Él mismo cuenta que no podía pensar en Cristo sin sentir terror, porque para él, Cristo solamente era un juez que le iba a pedir cuentas.

Es verdad que llega el momento de las cuentas, como nos enseñó la primera lectura. Dios le toma cuentas a los pastores. Por sus escándalos y por el daño que hacen a las ovejas, Dios tomará estricta cuenta.

Eso, indudablemente, tiene que movernos a conversión a los religiosos, sobre todo a los sacerdotes. ¡Tiene que movernos a conversión! Dios pedirá cuentas de toda esa gente que nuestros pecados arrojaron lejos de Él.

¡Llega el momento de las cuentas! Pero, lo primero, la primera mirada de Jesús hacia nosotros, es la mirada de la misericordia. El que siente más dolor de que tú no seas santo, no eres tú, es Cristo.

A Cristo le duele que tú hasta este momento seas una frustración de bautizado, que tú hasta este momento no hayas podido descubrir como esa luz, como ese ardor, que tú no te hayas podido resolver.

¡Por lo que sea! Porque otros te han impedido, porque tienes los pies amarrados, porque tú eres descuidado,... ¡Por lo que sea! Cristo es el primero que siente dolor de ello.

Y sólo experimentando esa misericordia, y sólo dándole gracias por esa misericordia, nosotros podemos un día aspirar a imitar en algo a este Buen Pastor.

Es lo que nos enseña el rey David. Siendo él un pastor, no tuvo por indigno recordar que era también oveja. Él era pastor de esos rebaños de su padre, Jesé; pero, él era, sobre todo, oveja del rebaño de Dios.

Y de ahí que el llamado hoy es a éso. El llamado hoy es a que no nos sintamos tan pastores que se nos olvide ser ovejas, y que no nos sintamos tan responsables que se nos olvide que hay Alguien que responde por nosotros.

Cristo es el Acudiente, Cristo es el Protector, Cristo es el que responde por nosotros. Tengo a Alguien que responde por mi vida, y Ése se llama Jesús de Nazareth.

Yo me vuelvo hacia Él a decirle: "Señor, mis cuentas andan muy mal, el saldo está terrible. No tengo mucho que decir a mi favor. Sin embargo, hay algo que se me apunta y es toda tu misericordia. Quiero, Señor, en este día, trasladar a mis fondos el océano infinito de tu Sangre y de tu misericordia". Creo que así el saldo cambia radicalmente.

Otro aspecto en el que podemos meditar hoy, es en esa misericordia que Cristo tiene para sus ayudantes: "Venid vosotros a un sitio tranquilo a descansar" San Marcos 6,31. La misericordia también es éso, también es entender las limitaciones de la naturaleza humana.

Él no tiene peones a su servicio, no es una soldadesca; es un grupo de amigos, es un equipo que colabora con Él. Por eso se los lleva a retiro, como nosotros hemos estado en retiro estos días.

No obstante, la gente los encontró, y entonces Cristo se dedica a predicar a la multitud. Pero, dejó en su descanso a los Apóstoles: "Ustedes hagan retiro; yo atiendo a estas personas".

"Ustedes hagan retiro, ustedes descansen, rehagan sus fuerzas, siéntanse de nuevo jubilosos, vivan en la experiencia de la gracia para que puedan comunicar la gracia". ¡Bendito sea Dios!

Señor Jesús, al alimentarnos hoy, no con cualquier pan sino con tu propio Cuerpo y Sangre, haz que experimentemos nuevamente esa misericordia entrañable, y que viviéndola, la podamos dar a otros.

Amén.