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Fecha: 20000716
Título: La palabra fundamental es la palabra gracia
Original en audio: 10 min. 58 seg.
Queridos Hermanos:
En las lecturas del domingo, casi siempre hay una relación cercana entre la primera lectura y el evangelio. La segunda lectura, que suele ser tomada de una carta, por ejemplo, de San Pablo, lleva usualmente un tema complementario, un segundo tema.
De este modo, la Iglesia nos ofrece cada domingo una especie de banquete, para que aquí pueda alimentarse todo el que quiera. Esto, realmente, es suculento, jugoso, sabroso y nutritivo. ¡Dios nos ofrece su Palabra para que nos alimentemos!
La Iglesia, como si fuera la anfitriona, prepara estas viandas. Y nosotros llegamos a ella, tomamos esta Palabra, y así cobramos fuerza para seguir nuestro camino. Porque, ser cristiano, a veces no es fácil, y otras veces parece imposible.
Generalmente, uno toma, -uno, digo, el predicador, el sacerdote-, uno toma como tema el del evangelio. Por poner el caso, hoy nos ha hablado de la misión, que es un tema que también está presente de algún modo en la primera lectura. Porque, también ahí hay un hombre que ha sido enviado, un Profeta, llamado Amós, que le hacían la vida imposible.
Había un sacerdote que le hacía la vida imposible. Ese sacerdote se llamaba Amasías. Él quiso desterrarlo y le dijo: "Mire, váyase para su tierra, devuélvase por donde vino, y coma ahí lo que pueda. ¡Déjenos en paz!" Amós 7,12-13. Pero, Amós, como enviado de Dios, permanece firme.
Ese tema sería muy hermoso. Sin embargo, como muchas veces en la predicación sale perdiendo la segunda lectura, regálenme unos minutos para hacer una reflexión sobre ella, porque tal vez es de lo más valioso que usted vaya a escuchar en los próximos meses.
La segunda lectura fue tomada de la Carta de San Pablo a los Efesios. Esta es una de las cartas llamadas de la cautividad, porque Pablo las escribió estando preso. Llevaba ya tiempo como misionero, como apóstol, regando por todas partes la Palabra de Dios.
Mas, quisieron aquietarlo, lo mismo que a Amós y lo mismo que a todo el que se ponga de parte de Cristo. Quisieron aquietarlo y lo encarcelaron. Seguramente, de esa cautividad proviene esta carta que escribe Pablo.
Pablo había percibido el poder de Dios en su propia vida, pues él se había convertido a Jesucristo y había experimentado también que la Palabra tenía fuerza, tenía eficacia, debido a que ya él contaba con todo un recorrido misionero hecho.
De manera que estas cartas de Pablo, las cartas de la cautividad, las cartas a los efesios y a los colosenses, son dos cartas muy maduras, son las cartas de un hombre que en la madurez de su servicio a Cristo, hace como una reflexión sobre qué es lo que en realidad cree, y lo pone en palabras.
Por tanto, estas dos cartas son verdaderos tesoros. ¡Toda la Biblia es tesoro! Pero, es una maravilla que el mismo Apóstol Pablo se haya puesto en la tarea de darnos como una síntesis de su pensamiento en la madurez dorada de los años y de la experiencia misionera.
Aquí sucede como cuando uno de estos personajes, normalmente, políticos, artistas, científicos, o qué sé yo, se ponen a escribir sus memorias. Estas cartas son como la memoria teológica de San Pablo.
El día que usted se resuelva a conocer la Biblia, -porque hay veces que uno no se ha resuelto a conocer la Biblia-, usted se acordará de este domingo dieciséis de julio del año dos mil, que corresponde al domingo décimo quinto del tiempo ordinario.
Usted va a decir: "Allá, mi Dios me estaba ofreciendo como en una ficha nemotécnica, una síntesis preciosa del Evangelio que predicaba Pablo". Como tal vez usted no tomó nota de los números, es decir, de la cita bíblica, me permito recordarle, que lo que hemos leído es del capítulo primero, versículos tres al catorce de la Carta a los Efesios.
Además, en las hojitas que se han repartido, usted lo tiene. Utilice esas hojitas apropiadamente. Relea lo que está ahí, porque le repito, prácticamente todas las palabras importantes de la predicación de San Pablo, todas, aparecieron en esta lectura de hoy.
Por eso, para hacer esta homilía, se necesita un semestre con el fin de estudiar a San Pablo, o de pronto más tiempo, para ver cómo se articulan todas esas palabras, todos esos términos.
Este predicador y teólogo, el Apóstol San Pablo, tomó una cantidad de términos y les dio un contenido denso, profundo, que aparece en sus escritos y que está de alguna manera, sintetizado, expresado en la lectura de hoy.
¿Y ahora qué hago yo? Como no puedo empezar el curso de un semestre porque no es del caso y además mi papel es dejarle a usted motivado para que llegue a su casa y diga: "No se me puede olvidar la Carta a los Efesios, capítulo primero. ¡Carta a los Efesios, capítulo primero! ¡No se me puede olvidar!".
Como mi papel es motivarlo, tampoco puedo santurarlo a usted de información. Porque, vivimos saturados de información. Me enteré esta semana, que ya se alcanzó en Internet la página dos mil millones. ¡Dos mil millones de páginas Web tenemos en el mundo en este momento!
Si una persona viera una página de Internet por segundo, doce horas al día, sábados y domingos, necesitaría ciento veintiséis años de vida para alcanzar a ver cada página.
Estamos abrumados, aplastados de información. Yo no quiero aplastarlo a usted de información. Sólo le quiero invitar a que recorra junto con el Apóstol San Pablo, el capítulo primero de la Carta a los Efesios.
¿Cuáles son esas palabras fundamentales? Yo, únicamente, las voy a nombrar, porque la tarea le queda a usted. Usted, de hoy en adelante, si no lo era ya, va a ser un católico amigo de la Escritura, conocedor de la Biblia, enamorado de la Palabra de Dios.
Tenemos que quitarnos ese complejo de que la Biblia no se puede entender. Porque, había una época en que regañaban a la gente si leía la Biblia, o decían que se volvía loca si leía la Biblia. Hoy vemos, que muchos se vuelven locos porque no conocen el mensaje de la Biblia. ¡Hay que conocer la Sagrada Escritura!
¡Palabras fundamentales en el día de hoy! Dice aquí el Apóstol San Pablo, por ejemplo, esto, -la palabra básica, la central, es la palabra gracia- : "Dios, abriendo los tesoros de la gracia, nos obtuvo con su Sangre la redención, el perdón de los pecados" Carta a los Efesios 1,5-7.
La palabra fundamental de la predicación de Pablo, es la palabra gracia, el descubrimiento de un amor que no se compra y que no se vende.
Así me ha amado Dios, y por eso envió a su Hijo. El Hijo, derramando su Sangre por nosotros, -Sangre derramada con amor aunque fue sacada con odio-, así tuvimos la redención, el perdón de los pecados.
¿Y qué más ha hecho Dios por nosotros? "Nos destinó a ser sus hijos" Carta a los Efesios 1,5. Yo pienso, que esto es todo lo que se necesita para que una persona cobre vida. ¡Usted es hijo del Rey! ¡Usted es hijo del Dueño de todo este asunto! ¡Usted es hijo del Dios del universo! Esa es la dignidad suya.
Vaya y dígale eso al muchacho que se siente solo, desesperado. ¡Vaya! Dígale eso a la niña prostituida, a la madre de familia desesperada y que se siente una hormiga, un engranaje dentro de una maquinaria que no entiende y que produce plata para otros, menos para él.
Dígale a esa persona cuál es su dignidad. Recuérdele usted que por la Sangre de Cristo, por el amor de Dios, por la gracia incomparable del Evangelio, es hijo, hijo del Dios Altísimo, y puede tratarlo como Padre.
Puede sentirse feliz, porque como nos dice Pablo también en esta lectura, "ha recibido con el Espíritu las arras" Carta a los Efesios 1,14. Tiene la prenda segura, tiene la certeza, tiene la experiencia interior del amor.
¡Dígale éso a la gente! Cuéntele eso a la gente y usted verá que la gente deja de degradarse, deja de destruirse. ¡Dígale esto a la juventud! Hay un grupo juvenil aquí, excelente, en esta parroquia, que nos va a hacer una invitación al final.
Dígale a los jóvenes que tienen esta dignidad, que no tienen que andar desgreñados, degenerados, confundidos; que se puede ser, que se puede existir, que uno se puede parar en la vida y mirar al frente, sonreír, creer y amar.
Eso es lo que nos ha dado Jesucristo. Lo demás se lo va a dar a usted el Espíritu Santo, cuando usted se acerque a la Palabra de Dios, al capítulo primero de la Carta a los Efesios. Ahí tiene usted las palabras fundamentales del mejor predicador, -yo creo-, después de Jesucristo, el Apóstol San Pablo.
Sigamos nuestra celebración. ¡No se le olvide que usted tiene una cita con el capítulo primero de la Carta a los Efesios en su casa!