Bo11002a
Fecha: 19970615
Título: La gran paradoja de la Cruz en el apostol
Original en audio: [9 min. 1 seg.]
Queridos hermanos: una de las más sencillas manifestaciones de la bondad de Dios es mirarle enseñándonos.
Cristo, Cristo maestro; qué bien muestra ante nuestros ojos la ternura de Dios, la misericordia de Dios; así como por misericordia, multiplicó los panes en alguna o en algunas ocasiones porque sentía como suya el hambre de la multitud, así también, repartiendo otro pan; esta vez el pan de la sabiduría, se compadece de la pobreza de nuestro entendimiento y como muy bien dice el texto del Evangelio de hoy, adaptándose a nuestra capacidad, reparte ese otro pan, el pan de la inteligencia para que nuestro entendimiento tenga de qué nutrirse.
D Cristo salen enseñanzas como salen milagros, por el poder de sus manos salen prodigios y suceden exorcismos y suceden sanaciones. Lo importante es que nosotros descubramos en el centro de la vida de Cristo, el amor.
Por amor quebrantó el poder de Satanás, por amor sanó enfermedades en nuestros cuerpos, por amor calmó la tormenta allá en el mar embravecido y devolvió la paz a los discípulos, por amor perdona los pecados y por amor también se hace maestro nuestro y nos enseña con paciencia y nos repite una y otra vez, palabras sencillas para que nuestra inteligencia tenga como alimentarse para que nuestra alma tenga como recibir su luz.
Cristo les hablaba con parábolas. ¿Y qué es una parábola? Tomar el lenguaje y los acontecimientos de cada día para decir de una manera poética para decir de una manera poética y profunda una verdad que queda impresa en el alma.
No sabemos que admirar más en Jesucristo: o esa capacidad como de poeta que Él tiene para hacer hablar las cosas más sencillas o esa ternura para tomar nuestra propia vida como diciéndome: mira! que en tu propia existencia está el mensaje de Dios; mira que en las cosas sencillas de cada día puedes descubrir a tu Creador y a tu Salvador.
Así nos habla el Señor Jesucristo, utilizando comparaciones narraciones, parábolas que han atravesado los siglos. ¿Quiénes de nosotros, aquí un grupo numeroso de bautizados, quiénes de nosotros en este momento podríamos explicar por ejemplo, una teoría de los antiguos filósofos, pensemos en uno bien famoso, Platón. ¿Quién de nosotros en esta asamblea, seguramente que si lo debe haber, pero quién y cuántos de nosotros podríamos levantar la mano y decir: Hey! Yo puedo explicar, que se yola teoría del conocimiento en Platón.
Eran enseñanzas profundas seguramente, racionalmente luminosas la de este portento intelectual que se llama Platón y sin embargo van pasando los siglos y descubrimos que siempre han sido pocas las personas que han podido comprender el lenguaje de estos grandes pensadores.
En cambio, si preguntáramos aquí, no solo aquí, en muchos otros lugares, oiga! Ud. Ha oído lo que salvase lama la parábola del sembrador? Claro! ¿Ud. Ha oído la historia del hijo pródigo? Sí, claro! ¿Ud. Ha oído que Cristo es Buen Pastor y que busca la oveja perdida? Desde luego que lo he oído. ¿Qué maestro por favor, qué maestro tiene esa capacidad para llegar a tantas personas, en tantas culturas, en todos los siglos? ¿Qué maestro puede gloriarse como, bendito sea Dios, puede gloriarse Cristo? Y hacerse comprender de la persona más humilde, la más pequeña, la más cansada, la más enferma, la más y al mismo tiempo dejar maravillados, dejar atónito al más erudito, al más sabio, al más inteligente.
Eso tienen las palabras de Nuestro Señor Jesucristo, decía hermosamente un papa: San Gregorio Magno, que la predicación del Señor es tan maravillosa que sucede con ella como pasa con un rio, ¿de qué manera? Los paticos, los pequeños paticos suelen nadar en ese rio y el agua apenas les dá hasta el pecho; pero los grandes elefantes pueden sumergirse en ese río y las aguas podrían cubrirlos a ellos.
Así también pasa con la predicación de Cristo; es como un manantial en donde nosotros los que quizás no tenemos mucha comprensión, ahí, ahí encontramos como esos paticos, encontramos donde nadar; y si acaso hay un intelecto portentoso, si acaso hay un sabio bien grande que como ese elefante se sumerja en las palabras del Señor.
La predicación de Cristo es una expresión de su misericordia, la predicación de Cristo es una expresión más de cómo Dios salva y cómo Dios revive, porque están de tal modo dispuestas las palabras del Señor que bien se cumple lo que Él tanta veces dijo: “el que tenga oídos para oír, que oiga”
Estas palabras son como cofres, como tesoros pero esos tesoros solo se abren con la llave de la humildad, como bien lo dice el contenido precisamente del Evangelio de hoy; nos llega humildemente a nuestras vidas como una pequeña semillita, no es necesario acogerle así con esa misma humildad y el que tiene esa humildad en el alma, el que es capaz de volver a ver fuerza con nuevos ojos, el que es capaz de volver a ver la levadura con nuevos ojos, el que puede volverse para mirar su propia vida, su humilde vida con nuevos ojos, los ojos que le da el amor de Dios, ese encuentra la clave para comprender las palabras del Señor.
El que está demasiado ocupado en sus negocios o en sus disquisiciones o el que se considera demasiado importante para estar pensando en levaduras, en ovejas, en bosques, en nhuertas, ese se queda sin comprender nada.
Amigos: que esta preciosa y perfumada humildad de Jesucristo, que esta preciosa y perfumada enseñanza, cautive nuestro corazón y que el estilo y la poesía de Nuestro Salvador, ganen nuestra alma; porque de pronto, ahí está la clave para una vida distinta, para una vida más alegre, para una vida más fraterna. Quizás vivir, vivir quizás no es tan complicado, quizás es más sencillo si uno recupera la sencillez en las palabras de nuestro Divino Maestro.