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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20030224

Título: La fe de otros obrando en beneficio de quien no puede aportar su propia fe

Original en audio: 9 min.


Hermanos Muy Queridos:

¡Son tantos los aspectos que podemos meditar en la Palabra de Dios! Y esta escena en la que hubo casi que desarmar una casa para salvar a un hombre, queda muy grabada en la mente de todos nosotros.

Es muy fácil como transportarnos a ese momento y ver el acontecimiento que se presentaba; cómo empiezan a levantar el tejado y a abrir un boquete. ¡Imagínate de qué tamaño para que pudiera caber un hombre acostado en una camilla!

Y ese suceso lo podemos mirar desde muchos aspectos. Yo quiero compartir hoy con ustedes uno. Mira cómo este hombre paralítico es llevado, es transportado. Él mismo, no habla; nada pide, nada reclama; de nada se queja. Casi parece un difunto.

Es la fe de los demás la que está obrando en ese momento. Es la fe de los otros, que asume incluso el riesgo de un ridículo, de una queja y de un daño muy grande: estar dañando una casa.

Y si no sucede el milagro, ¿en qué queda toda esa escena? ¿En qué queda toda esa tramoya? ¿Ver esa casa dañada? Es la fe de los otros la que está obrando ahí. Es la fe de ellos la que pone a este paralítico frente a Jesús.

Esto es muy importante, porque no tenemos en los Evangelios muchos textos que nos hablen de cómo la fe de otros puede producir la obra de Jesús en una persona diferente.

A uno le parece como natural, que si alguien tiene fe en Jesucristo, el poder de Jesucristo obre en esa persona. Por ejemplo, cuando pregunta a aquellos ciegos que le pedían que los curara: "¿Ustedes creen que puedo hacerlo?" San Mateo 9,28, dijeron: "Sí creemos" San Mateo 9,28, y Jesús obra el milagro.

Eso parece como natural. Que mi fe traiga bendición para mi vida, parece natural. Pero, hoy estamos ante una escena muy particular. Porque, la fe de una persona obra en beneficio de otra. La fe de los que llevan al paralítico, obra en beneficio del paralítico mismo.

¡Y atención! Dice el texto que, "el hombre era paralítico" [[:Categoría: Marcos 002_003|San Marcos 2,3]]. No dice que fuera mudo ni que fuera sordo. Él podía hablar, él podía pedir, él podía oponerse, seguramente. Sin embargo, es la fe de los otros la que está obrando en ese momento. Y esto es muy importante.

Podríamos tomar otros ejemplos similares de aquellos casos en los que se realizó la resucitación, la revivificación de un muerto; cuando la hija de Jairo, cuando el hijo de la viuda de Naín, o cuando Lázaro.

No es la fe de Lázaro la que está produciendo el milagro; es la fe del pueblo; particularmente, la fe de sus hermanas. Cuando la hija de Jairo y cuando el hijo de la viuda, lo mismo. Es la fe de otros actuando en beneficio de uno que en ese momento no puede aportar su propia fe.

Recuerdo estos otros textos y destaco esto, porque resulta que a veces en el diálogo con hermanos cristianos no católicos, ellos se oponen mucho al sacramento del bautismo para los niños, o se oponen a la unción de los enfermos, sobre todo, en personas que están prácticamente inconscientes. Dicen que esos son como ritos mágicos y que ahí no puede haber fe de la persona.

Hablemos del caso del niño. El niño que es bautizado, no puede aportar su propia fe. Entonces, según ellos, ahí no hay nada. Ahí no se puede recibir nada, porque el niño mismo no tiene fe.

No obstante, si analizamos bien esta posición protestante, encontramos que es un poco contradictoria y además cruel. Contradictoria la llamo, porque si se piensa en el caso de un retrasado mental, que nunca podrá comprender completamente la Palabra que escucha, entonces, ¿ahí qué pasa?

¿Qué pasa con esa persona? ¿La que no puede comprender completamente la Palabra? ¿Nadie puede hacer nada por ella? ¿Cómo se salva? Si solamente la fe que yo tengo es la fe que me puede salvar a mí, y a esa persona no le es posible comprender la Palabra, ¿qué clase de fe puede tener?

Es evidente que esa persona es salvada por los méritos de Jesucristo. Y es evidente, que los méritos de Jesucristo se aplican a nosotros por la fe. Pero, ¿qué fe puede obrar en el caso del retrasado mental? Seguramente, tenemos casos de estos, situaciones de estas, en nuestras familias, en nuestros vecinos.

¡No! ¡Sí es posible el bautismo de los niños, y sí es posible el bautismo de aquellos que tienen graves limitaciones mentales! Porque, la fe de la Iglesia en esos casos que se parecen al del paralítico que estaba completamente amarrado en su cuerpo y en su alma, la fe de otros, puede obrar.

Y lo mismo sucedería en la unción de los enfermos, incluso si lamentablemente la persona ha perdido la conciencia. No es que la Iglesia Católica recomiende el sacramento de la unción para aplicarlo a personas inconscientes.

Lo ideal es que la persona esté consciente y pueda aportar su propia fe. Pero, si ello no es posible debido a un accidente de tránsito, por un coma profundo, entonces, ¿no hay nada que hacer?

Evidentemente, ahí obra la fe de la Iglesia, ahí obra la fe de otros. Y hay que creer en el poder de esa fe, porque en este mundo hay demasiados paralíticos, así anden, así paseen por las calles. En ellos se cumple lo que dice el libro del Apocalipsis: "Tienen nombre de vivos, pero están muertos" Apocalipsis 3,1.

Hermanos míos, ¿no habrá paralíticos, de estos paralíticos del corazón, allá en nuestras casas? ¿No será el momento de sacrificar todo, así sea el techo de una casa, y ofrecernos con valor, aún sometiéndonos al ridículo?

¿Ofrecernos con valor para lograr un objetivo, una meta? ¿Que por el poder que Dios nos ha dado y es un regalo suyo, estos amigos puedan llegar a los pies de Jesús? La fe nuestra puede ayudar en estos casos. Y Jesucristo, de compasivo y poderoso Corazón, hará el resto.

¡Sigamos esta celebración! ¡Sigamos este sacramento de la fe! Fíjate lo que decimos casi siempre después de la Consagración: "Este es el sacramento de nuestra fe".

Pues, que el poder de este sacramento de fe la aumente en nosotros, para acoger la salvación que Dios nos regala, para suplicarla y para entregarla a nuestros hermanos, sobre todo, a los que se sienten paralíticos.

Amén.