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Fecha: 20030119
Título: Dios nos llama porque El tiene un plan de amor para nuestra vida
Original en audio: 8 min. 52 seg.
Queridos Hermanos:
Meditemos un poco en el mensaje que nos ofrecen las lecturas de hoy.
Y vamos a detenernos especialmente en la primera. Se trata de un muchacho, Samuel. Samuel había oído muchas veces su nombre, pero no había oído su nombre en la boca de Dios. Esto nos hace recordar ese canto tan popular, el canto del "Pescador de Hombres", que dice precisamente en el coro: "Sonriendo has dicho mi nombre".
Detengámonos en esa escena. Mi nombre, tu nombre, en la boca de Dios. Nos hemos acostumbrado a oír nuestro nombre en otras voces, en otras bocas. Primera escena, para fijarla en el corazón: tu nombre en la boca de Dios. Es algo que nos sobrepasa de tal manera que uno no puede imaginarlo.
Samuel tampoco podía imaginarlo, Samuel pensó que el que lo llamaba era el sacerdote Helí, y por eso fue donde el sacerdote Helí y le dijo: "Aquí estoy" 1 Samuel 3,4; 1 Samuel 3,6; 1 Samuel 3,8, porque no se imaginaba que su nombre pudiera estar en la boca de Dios, pero era Dios quien lo estaba llamando.
Cuando llamamos a alguien, pues es porque le vamos a decir algo, le vamos a pedir algo, le vamos a indicar algo o a enseñar algo, así también es Dios con nosotros. Piensa: tu nombre en la boca de Dios, piensa para qué podría Dios pronunciar tu nombre.
Hay otros casos en la historia en que otras personas han oído su nombre en la boca de Dios. Por ejemplo San Pablo, cuando estaba persiguiendo todavía a los cristianos, oyó su nombre, y Dios le dijo: "¿Por qué me persigues?" Hechos de los Apòstoles 9,4; otro ejemplo famoso está en la historia de este Santo tan querido en todo el mundo, San Francisco de Asís.
Francisco entra en la antigua capillita de San Damián, una capillita en ruinas, y oye que el Cristo le habla: "Francisco", es el nombre de él en la boca de Jesús, el nombre de él en la boca de Dios.
"Francisco, repara mi Iglesia". A Francisco de Asís, Dios lo llamó para que reparara la Iglesia; a Pablo, para preguntarle por qué lo perseguía y para cambiarle la vida; a Samuel, para constituirlo en profeta.
¿Para qué puede llamarte Dios? Dios nos llama porque Dios tiene un plan de amor para nuestra vida. El plan de amor para Samuel era constituirlo profeta; el plan de amor para Pablo era regalarle la conversión y convertirlo en apóstol.
El plan de amor para Francisco era transformarlo en una llama de adoración y en un testimonio vivo de humildad, que causó una revolución y una conversión en todo el pueblo de Dios.
Si Dios te llama a ti, ¿para qué te llama? Dios tiene un plan para mi vida, Dios tiene un plan para tu vida, seremos felices encontrando ese plan, escuchando la voz de Dios, obedeciendo la voluntad del Señor. Nuestra realización, nuestra felicidad, nuestra mayor fecundidad están ahí.
Uno siempre está escuchando voces, siempre. Lo que nosotros somos hoy, es el fruto de las voces que hemos escuchado. Los pecados más terribles, los hemos cometido porque alguien lo propuso, alguien lo dijo, porque alguien nos invitó. Un ejemplo típico está en el aborto.
Una persona se confiesa de haber abortado: "-Cómo llegó a esa situación?" "-Yo estaba muy confundida, y una amiga me dijo...." ¡Oyó la voz de la amiga! Siguió la voz de la amiga, que además no era amiga sino enemiga, porque esa no se puede llamar una amiga! ¡Oyo la voz de su enemiga, que parecía amiga, y siguió esa voz!
Pregunta: ¿a cuáles voces les hacemos caso? Cuando miramos a tantas vidas destruidas por el vicio, por la depresión, por la melancolía, por el odio, ¿a cuáles voces escucha el "Mono Jojoy?" ¿Qué voces está siguiendo Osama Bin Laden, o George Bush, o Sadam Hussein?
¿A quién le hacemos caso? ¿Cuáles son las voces que gobiernan nuestra vida? ¿Cuáles son los consejos que acatamos? ¿Cuáles son los planes que seguimos? ¿Quién es el señor de nuestras vidas? Ese es el tema de fondo hoy.
Juan Bautista, en el evangelio, tenía unos discípulos pero entregó sus discípulos: "Ahí está el Cordero de Dios, vayan donde Él, escúchenlo a Él, síganlo a Él, oigan esa voz, matricúlense en ese plan, oíganlo a Él, es el Cordero.
¿Qué nos quedó del día de hoy? Imagínate tu nombre en la boca de Dios, piensa que Dios tiene un plan para ti y que en ese plan está tu paz, tu felicidad, tu fecundidad. Luego pregúntate a cuáles voces les has hecho caso en tu vida y a dónde te han llevado esas voces.
Y finalmente, resuélvete, resuélvete por Jesucristo; toma en serio la voz del Señor; haz un ejercicio de escucha, oír, oír. El Señor quiere hablar a su pueblo, el Señor quiere transformar nuestras vidas, y cuenta contigo para hacerlo.