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Fecha: 20081109
Título: La sucesion apostolica, una cadena ininterrumpida de testigos
Original en audio: 13 min. 42 seg.
Cuando hacemos turismo, cuando vamos a una ciudad que no conocemos, a veces hay una iglesia muy grande que se llama catedral. Y casi siempre uno quiere conocer cómo son las catedrales.
Hay catedrales que son famosas en todo el mundo. Si uno va a Nueva York, pues, hay que ver la Catedral de San Patricio sobre la Quinta Avenida. Si uno va, por ejemplo, a París, hay que visitar la Catedral de Nuestra Señora, Notre Dame. ¡Hay que ver la Catedral de Notre Dame!
También hay una catedral en Dublín, la de San Patricio, aunque aquí la situación es distinta, porque la Catedral de San Patricio o Iglesia de San Patricio, no está ahora mismo bajo jurisdicción de los católicos. Pero, en todo caso, es una iglesia que fue catedral y que merece ser vista.
¿Qué significa esa palabra "catedral"? Pues, "catedral" es el edificio que tiene la cátedra. Y la cátedra es la silla especial desde la cual enseña un maestro. Esta silla también se llama la sede.
Es decir, que la catedral es el edificio en torno a la sede, al lugar donde enseña el maestro de ese sitio. Y el maestro para nosotros, el que enseña, el que tiene el primer encargo para enseñar en la Iglesia, es lo que se llama el obispo.
Por eso, en una ciudad encontramos una sóla catedral católica. Tal vez, si hay anglicanos, o si hay algunos otros que admiten obispos, luteranos, por ejemplo, puede haber una catedral anglicana y una catedral católica. Mas, si nos referimos a nuestra Iglesia Católica, en una ciudad sólo puede haber una catedral, porque solamente habrá un obispo.
Esta palabra, "cátedra", nos recuerda algo muy importante: que la Iglesia entera nace de la Palabra. Si nosotros estamos reunidos hoy aquí, es porque hay una Palabra que nos ha llamado, que nos ha conquistado, que nos ha convencido, hay una Palabra que se ha ganado nuestro corazón.
Resulta que la palabra, el vocablo "iglesia", significa precisamente éso: gente que ha sido llamada, gente que ha sido convocada. "Iglesia" viene del griego "ecclesia" o "ecclesía", que quiere decir éso: los que son llamados, los que son convocados, la asamblea de los llamados.
Nuestra Iglesia viene del poder de la Palabra, ¿de la Palabra de quién? Pues, si vamos al libro de los Hechos de los Apóstoles, encontramos en el capítulo segundo, que cuando hubo ese día grande de Pentecostés, uno de los Apóstoles empezó, ¿a qué? A predicar.
La predicación del Apóstol San Pedro vino a marcar como el comienzo de esa comunidad cristiana que llega hasta nuestros días.
San Pedro empezó a predicar, empezó a decir a todos aquellos judíos que se encontraban en Jerusalén, que las promesas que Dios había hecho a los Patriarcas, las promesas que Dios había dado a través de los Profetas, todas tenían su cumplimiento en Jesucristo, y que en la Resurrección de Jesucristo, Dios había mostrado su victoria sobre el pecado y sobre la muerte.
Pedro empieza a hablar, empieza a predicar. El contenido de su predicación es Jesucristo, el poder de su predicación es el poder que le da el Espíritu.
La predicación tuvo un efecto impresionante. Nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, que "cerca de tres mil personas se convirtieron con ese sermón de San Pedro" Hechos de los Apóstoles 2,41. Es decir, ahí vemos cómo nace la Iglesia.
Hay una persona que es el apóstol. El apóstol es el enviado, y es enviado porque es testigo, porque puede dar fe de aquello que ha acontecido en Jesucristo y de aquello que sucede a través de Jesucristo. Ése es el apóstol.
El apóstol da ese mensaje, el apóstol pronuncia ese testimonio. Y las personas que tienen el corazón dispuesto, las personas que abren sus oídos al poder de la Palabra de Dios, reciben como si fuera una semilla este mensaje, lo cultivan en su corazón y se unen en una sola asamblea que se llama la Iglesia.
Todo esto quiere decir, que cuando hablamos de la cátedra de un obispo, no nos referimos al escritorio de un abogado, o no nos referimos a la mesa de trabajo de un científico, o no nos referimos únicamente al lugar de dar unas conferencias. Si llamamos maestro al obispo, es porque los obispos son los sucesores precisamente de los Apóstoles.
Por supuesto, los Apóstoles como seres humanos, tenían que morir. Pero, ellos tuvieron la previsión; por esa acción del Espíritu Santo, ellos fueron nombrando responsables en las distintas comunidades. Ese acto de nombrar responsables, que luego tenían que buscar otros responsables de las comunidades, éso va formando lo que llamamos la sucesión apostólica.
Es decir, desde el Apóstol San Pedro en adelante, lo que encontramos es una cadena ininterrumpida de testigos. El primero es San Pedro junto a los demás Apóstoles. Pero, luego, ellos fueron nombrando otros, y ésos, otros, y ésos, otros. Y los que van quedando de responsables, se llaman precisamente obispos.
Bueno, y ya que estamos hablando del origen de las palabras, ¿qué quiere decir "obispo"? Pues, la palabra "obispo" viene del griego "epíscopos", que quiere decir "inspector", quiere decir, el que supervisa, quiere decir, el que tiene la mirada desde lo alto y ve lo que está sucediendo, el que conoce a la comunidad, el que conoce a la asamblea y conoce, por tanto, qué necesita esa asamblea.
La cátedra viene a representar todo éso, la cátedra de un obispo viene a representar éso, viene a representar que nosotros mismos como creyentes, hemos nacido del mensaje, hemos nacido de la Palabra, hemos nacido del Evangelio. Viene a representar que necesitamos esa continuidad, esa sucesión apostólica.
¡Es maravilloso pensar, que desde el tiempo de los Apóstoles hasta ahora, hasta nosotros, ya son veinte siglos! Durante estos dos mil años hay una sucesión que no se rompe.
Es decir, si yo miro, por ejemplo, quién es obispo aquí en Dublín, es Diarmuid Martin. Pero, él no se ordenó obispo él solo. ¡No! Él no se inventó: "Bueno, ahora soy obispo, porque a mí se me ocurrió que yo voy a ser obispo".
No; él recibió el don del episcopado cuando fue ordenado, -es lo que se llama la Ordenación, Ordenación Sacerdotal, Ordenación Episcopal-, él fue ordenado, ¿por quién? Pues, fue ordenado por otros obispos que estaban en comunión y en obediencia con el Obispo de Roma.
Pero, fue ordenado por otros obispos. Y ese obispo que ordenó a Diarmuid Martin, ¿de dónde salió? Pues, ése fue ordenado por otro, por supuesto que anterior a él. ¿Y ése otro, por quién? Pues, por otro todavía anterior.
Y si seguimos recorriendo, podemos llegar hasta los Apóstoles, podemos encontrar esa secuencia que llega hasta estos primeros testigos de la Resurrección.
Hoy estamos recordando la Basílica de San Juan de Letrán. ¿Y qué quiere decir la palabra "basílica"? ¡Hoy es el día de las palabras! "Basílica" quiere decir, "la casa del rey".
Cuando los cristianos en ciudades como Roma empezaron a reunirse, -porque para oír la Palabra hay que reunirse-, ellos no se reunieron en la Sinagoga Judía, ellos no se reunieron en los templos paganos; ellos se reunían en casas.
Pero, ciertamente necesitaban casas muy grandes. Había el término "basílica". "Basílica", literalmente, quiere decir, "casa del rey". No es que fueran reyes, sino eran cristianos, eran romanos convertidos al cristianismo, que tenían casas muy grandes y eran las casas que necesitaban ellos para poder reunirse, por lo menos cuando no había persecución.
Porque, en época de persecución, pues, a meterse como topos a esos huecos que se llaman las catacumbas. Tenían que meterse en esos subterráneos.
Pero, cuando no era tiempo de persecución, ellos se reunían en esas casas grandes, y el nombre que tenían esas casas elegantes, era "casas regias", o "casas reales", o "casas del rey". Eso es lo que quiere decir "basílica".
La Basílica de San Juan de Letrán, es la basílica donde se encuentra la Cátedra del Obispo de Roma. Uno siempre piensa que el Obispo de Roma tiene como catedral la Basílica de San Pedro. Pero, no.
Resulta que la Basílica de San Pedro, aunque es una iglesia tan importante para nosotros, no es la Catedral del Papa. La Catedral, el lugar donde se encuentra la Sede del sucesor de San Pedro, es San Juan de Letrán.
Si tienen la ocasión de ir, -seguramente han podido ir a Italia-, y van a Roma, no se pierdan una visita a la Basílica de San Juan de Letrán. Es una iglesia preciosa como tantas otras en Roma, pero nos interesa en este momento no por su belleza arquitectónica, sino por el significado tan profundo, el significado conmovedor.
Lo mismo que San Pedro en el siglo primero, se sigue cumpliendo el mensaje del sucesor del sucesor del sucesor del sucesor del sucesor... del sucesor de San Pedro. Ya son como doscientos setenta, casi doscientos setenta Papas, algo así que ha tenido la Iglesia: doscientos setenta eslabones en esa cadena.
No todos los eslabones son gloriosos: hay muchas vergüenzas en la Iglesia Católica. Pero, hay una cosa que es muy cierta, incluso en el caso de los Papas que eran de peores costumbres, Papas con pésimas costumbres morales. Incluso en ellos, la doctrina, la verdad del mensaje permanece.
Yo podría dar aquí nombres propios, pero no nos alarguemos, sobre todo después de que yo tuve culpa de que empezáramos tarde la Santa Misa. Mas, podríamos dar nombres propios, incluso en el caso de los peores y más escandalosos Papas, ésos de los que siempre le dicen a uno: "¡Ah! Yo no creo en la Iglesia, porque mire el Papa tal y el Papa tal, y el Papa cual".
Incluso ellos, -especialmente en el Renacimiento-, incluso ellos, aunque llevaran una vida que no era de acuerdo con el Evangelio, en su enseñanza fueron respetuosos del mensaje, en su palabra fueron respetuosos del testimonio de Cristo.
Es decir, aunque ellos mismos hubieran fallado tanto, la Cátedra que representaban se mantiene firme gracias a la oración de Cristo.
Sigamos esta celebración, apreciando nuestra fe católica, agradeciendo a Dios que nos permite recordar o aprender unas cuantas cosas, y pidiendo al Señor que también nosotros podamos pasar esa fe a la próxima generación.
Amén.