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Fecha: 20061109
Título: Solo Jesus sabe sintonizar los corazones
Original en audio: 3 min. 59 seg.
La Basílica de San Juan de Letrán es la cátedra del Obispo de Roma. Estamos entonces celebrando el magisterio, la enseñanza de los obispos y particularmente del Obispo de Roma. Al respecto, viene a mi memoria el capítulo segundo de los Hechos de Los Apóstoles, donde San Lucas nos describe la comunidad de los primeros cristianos.
Casi siempre, cuando nosotros recordamos esos primeros cristianos, podríamos decir, ese primer amor que ha sido fuente de inspiración para los santos de todas las épocas.
Casi siempre, digo, al recordarlos, nos llama la atención que podían compartir todas las cosas, que no había entre ellos necesitados, porque todo era de todos, porque se daba a cada uno según su necesidad, porque la gente vendía lo que tenía y lo ponía a disposición de los Apóstoles y ellos repartían.
Y está la generosidad de un tal Bernabé, que vendió un campo extensísimo y entregó el dinero a los Apóstoles.
En cambio, se critica el caso del matrimonio de Ananías y Safira que trataron de engañar a los Apóstoles.
Pero se nos olvida lo primero que dijo Lucas y es que en esa primera comunidad había algo primero que era comùn: la enseñanza de los apóstoles: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la fracción del pan" Hechos de los Apóstoles 2,42, y de ahí se sigue todo lo otro.
Cuando se tiene el tesoro de Cristo en común se pueden poner los demás tesoros en común; cuando Cristo no es un tesoro en común, así se tenga una misma cuenta bancaria, una misma caja fuerte, o así se tuviera una misma roperia, como pedía san Agustín, no se logra la comunidad.
Efectivamente, es el mensaje común de Jesucristo, el único que tiene poder en todos los corazones, el que logra también sintonizar todos los intereses.
Por eso, si se quiere crecer en la vida comunitaria, hay que hablar de Cristo; si se quiere llegar a ser convento, que significa "los que han llegado juntos", "reunión", si se quiere llegar a ser plenamente convento, realizar completamente la idea de lo que es un convento, hay que hablar mucho de Jesucristo, hay que predicar mucho a Jesucristo, de manera que sea la adoración común a Jesucristo, el amor común en Jesucristo y el gozo por Jesucristo el primer bien de la comunidad.
Si falta este bien, todos los otros, necesariamente, tendrán que ir por donde va cada corazón; sólo Jesús sabe sintonizar los corazones.
Por eso es grave la responsabilidad de los superiores en las comunidades, por eso las constituciones dicen que los priores y superiores, y proporcionalmente, también, los provinciales, los generales, prediquen con frecuencia la Palabra de Dios.
Porque son, de alguna manera, como mensajeros, son como embajadores de los Apóstoles, que mantienen vivo el amor a Jesucristo en todos los fieles, de modo que sea ese tesoro común el que también haga posible que el edificio espiritual de la iglesia de Dios se vaya levantando.