O154001a
Fecha: 20000720
Título:
Original en audio: 11 min. 17 seg.
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La palabra que más se repite en la primera lectura, a la que quiero referirme, es la palabra juicio, justicia. Hay una expresión que me llama la atención profundamente: "En la senda de tus juicios te esperamos, Señor" (véase Isaías 26, ).
Nosotros estamos acostumbrados a pensar en el juicio, por ejemplo, el Juicio Final, pero ese Juicio Final no es el único juicio. Precisamente se le da ese adjetivo para distinguirlo de todo un camino de juicios. Dios va haciendo un camino, una senda de juicios, Dios va revelando su voluntad, Dios va mostrando qué es lo que le gusta y qué es lo que reprueba.
Y en ese camino va caminando o quiere ir caminando este profeta. Al final de ese camino hay uno que es el juicio último, el juicio definitivo. Ese juicio definitivo para cada uno de nosotros sucede fundamentalmente cuando llega la hora de la muerte, y sucederá para el universo, enseña nuestra fe, al final de los tiempos, el Juicio Final.
Pero esta lectura nos hace penar en la senda de los juicios de Dios, nos hace pensar en que Dios va dando señales y va diciendo qué le gusta y qué no le gusta, y va mostrando aprobación o desaprobación, y el que quiera encontrarse con Dios necesita acercarse a esa senda, es decir, necesita aproximarse y aprender a reconocer el camino. Como decía alguno de los profetas: "Preguntad al camino para ver si es el camino" (véase ).
¿Y qué es eso de reconocer los juicios de Dios? Dios manifiesta su opinión de muchas maneras. Por ejemplo, y lo más importante sin duda, en la voz de nuestra conciencia: qué queda en nosotros después de ciertas obras que hacemos o de otras que dejamos de hacer.
Eso que queda en nosotros, es en el fondo una opinión de Dios, ¿qué queda cuando nos descuidamos, cuando no damos la medida, cuando hacemos más lo que nos parece que lo que sabemos que debemos hacer, qué queda en nosotros? Queda una voz,la voz de la conciencia, que ya nos enseñaron desde pequeños, es la voz de Dios, y esa voz dice: "No es por ahí, obraste por donde no era". Ahí hay un juicio, hay una opinión, hay una obra de Dios que nos está diciendo: "No es por ahí, vuelve al camino".
La Palabra muchas veces nos interpela, la Palabra muchas veces nos obliga como a mirar hacia dentro, la Palabra muchas veces nos denuncia, incluso, nos hace ver claramente: "Esto que estás haciendo no es, por ahí no es", o nos está diciendo: "Por aquí sí es".
San Antonio Abad, uno de los precursores del camino en la Vida Consagrada, enconó su camino en la senda de los juicios de Dios. Él entró en la iglesia un día y se estaba leyendo aquel evangelio: "Si quieres ser perfecto, vete, dale todo a los pobres; luego, ven, y sígueme" (véase San Mateo 19,21). Y él sintió como si hubiera sido una voz para él y quedó fascinado, cautivado por esa voz, por esa palabra, y dijo: "Pues lo voy a hacer". Y así él se dejó guiar por esa voz; él sintió que ahí mostraba Dios su aprobación.
¡Es tan hermoso sensibilizar el oído! Para esos son los retiros, los retiros son para sensibilizar el oído. Porque, claro, uno tiene la voz de la conciencia, pero a veces no la escucha, además, hay conciencia s que no son formadas, además, uno trata de acomodar lo que dice la conciencia a la mediocridad de uno.
En el retiro uno se prepara a sensibilizar el oído, oír con más atención, con más amor; oír con mayor profundidad el querer divino, a ver qué es lo que se está contando en la Jerusalén del Cielo y ver si yo estoy preparando mi voz y el tono de mi alma para ese Cielo.
Entonces, la Palabra también es una senda de los juicios de Dios, Nuestros Pastores y legítimos Superiores también nos dan muchas veces esas opiniones; sobre todo nosotros los religiosos, a través de nuestros legítimos Superiores, nosotros encontramos ahí una voza de Dios,tal vez de las más difíciñes de reconocer, porque uno tiende a quedarse con laparte humana.
Y a veces incluso cae más abajo: pretende juzgar de las intenciones del Superior: "No, esto me lo dice por estoy por esto". Estos análisis son estériles. La verdadera espiritualidad en la Vida Consagrada es que, si es mi legítimo Superir y si no está pidiendo nada contra la Ley de Dios, pues esa es, esa es la voluntad del señor para mí.