K034004a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Amados hermanos,

Esta lectura que acabamos de escuchar, fue tomada del evangelio según San Lucas, pero ese mismo acontecimiento, ese mismo momento de la vida de Cristo, lo cuenta también el evangelio de Mateo y hay una cosa bien interesante, Jesús dice así: “Si yo hecho los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros” En el pasaje correspondiente del evangelio de Mateo cuando cuenta esto mismo, dice así: “Si Yo hecho los demonios con el Espíritu de Dios, este reino de Dios, reino de los cielos, ha llegado a nosotros”.

No cabe duda por esta comparación entre los dos textos, no cabe duda de lo que quería decir Cristo cuando habló del dedo de Dios. Cristo se estaba refiriendo al Espíritu Santo, al Espíritu de Dios. En Cristo, en ese maravilloso poder de Cristo para alejar al demonio, para sanar a los enfermos, para perdonar los pecados, para levantar a los caídos, para fortalecer a los desanimados, en ese extraordinario poder de Jesucristo, está obrando el dedo de Dios, es Dios quien se hace presente con el poder de su Espíritu en el ministerio de Jesucristo. Al Espíritu Santo, la sagrada escritura le da muchos nombres: dice que se parece a una paloma en el pasaje aquel del bautismo del Señor; dice que se parece a un viento impetuoso, que sucedió en Pentecostés, que estaban orando y un viento impetuoso se sintió en la casa; el Espíritu Santo se parece al fuego, como esas llamas que vieron aparecer los apóstoles en el día de Pentecostés; el Espíritu Santo es como el aliento de Dios, porque Jesús resucitado ante los apóstoles, sopla y les dice: “recivid el Espíritu Santo”

El Espíritu Santo es como un nuevo pacto, es como la nueva alianza; Santo Tomás de Aquino dice: “es la nueva ley”. Nosotros ya no somos guiados por una ley que está grabada en piedra, hay otra ley que obra en nosotros, es norma nuestra, es el Espíritu Santo.

Que hermoso es conocer del Espíritu Santo, en el evangelio, le dan nombre al Espíritu Santo, una especie de título, lo llama “El dedo de Dios”, una expresión que sirve para que conozcamos un poquito más del Espíritu Santo, para que lo amemos mas y para que nos dejemos llevar por su maravilloso poder. El dedo es muchas cosas: el dedo índice de la mano de cualquier persona sirve para indicar, pero casi siempre nosotros lo usamos para acusar, usted fue, usted es el culpable. El índice, es un dedo que utilizamos para acusar, pero el dedo de Dios, este índice, que aparece con la obra de Cristo, no es un dedo de que se acusa, no es un dedo que te señala para condenarte, sino que te señala para amarte.

Hoy por ejemplo, queremos que el dedo de Dios, nos señale, que más quisiéramos hoy, sino que Cristo Jesús aquí presente dijera: “tú”, que lindo que Cristo me señale pero que Cristo, según sus propias palabras, no vino al mundo para condenarlo sino para salvarlo.

El dedo de Dios no es como los dedos nuestros que sirven para acusar: usted culpable!, usted miserable! El dedo de Dios sirve para señalar la salvación. Que feo que la gente me señale, el fue!, que feo que la gente me señale o que yo señale a otros, pero que Dios me señale, que hermoso!, que Dios ponga sus ojos en mí y me señale, algo ha de estar pensando conmigo.

Nosotros, encontramos en la Biblia que Cristo señaló algunas personas, por ejemplo, una vez estaban los apóstoles discutiendo cual de ellos era el más importante y Cristo señaló a un niño y los llamó y le dijo, “mire, hay que ser como este niño para entrar en el reino de los cielos”. Otra vez estaba Cristo entrando a una ciudad y un hombre que era un gran pecador, que se llamaba Saqueo y que además era un gran enano porque era muy bajito, se trepó a un árbol y desde allí, estaba aguardando a Cristo para ver quien era y Cristo lo señaló:

“Tú, tengo que quedarme en tú casa”

Que suerte, que cosa tan buena, Cristo señaló a este hombre y desde que Cristo lo señaló, le cambió la vida, porque Él se quedó en la casa de Saqueo y entonces vino la conversión para él. Que bueno es que Cristo lo señale a uno.

Hay una canción muy bonita, que seguramente todos hemos oído y hemos cantado, esa que se llama pescador de hombres, esa se refiere también a otro momento, en que Cristo señaló también a unos hombres: a Pedro y a su hermano Andrés, a Santiago y a su hermano Juan, dos parejas de hermanos; Cristo los señalo a ellos, sino con la mano, lo hizo con la voz y con la mirada y eso nos recuerda esa canción: -Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre, te fijaste en mí-, me señalaste, que suerte para mí. Muchas veces Cristo, pone su atención y señala a la gente que nadie esperaría que señalara.

En la época de Cristo, le tenían mucho odio a los cobradores de impuesto que se llamaban los publicanos, les tenían un odio terrible porque eran gente injusta y cruel, nadie hubiera esperado que Cristo se fijara en un publicano, un cobrador de impuestos y sin embargo, Cristo iba de camino una vez y estaba un hombre llamado Mateo que era cobrador de impuestos y Cristo lo señaló, se fijó en él, le prestó atención y le dijo: sígueme y eso, le cambió la vida a Mateo y sabes quien es ese Mateo, ese es el que nosotros nombramos cuando decimos en la misa: lectura del santo evangelio según San Mateo, un hombre que era odiado por toda la gente, toda la gente lo odiaba, lo tenían arrinconado y con razón, porque no era ninguna perita en dulce, era un tipo terrible, lo tenían marginado, lo odiaban, pero Cristo lo señaló:

“Tú, tú, tú

Yo?

Sí, tú hombre. Quiero que tú me ayudes”

Y lo mismo pasó con otro señor que era un terrible perseguidor de la iglesia que se llamó Saulo de Tarso, el que nosotros conocemos como Pablo, el famosísimo San Pablo. Nadie hubiera esperado que Dios señalara a San Pablo y lo señaló y creo que en este día y en este momento, Cristo señala a muchos de nosotros, que Cristo nos señale.

Una vez, el profeta Ezequiel, que era profeta y tenía visiones y en una de estas, el Señor le mostró que el pueblo donde vivía Ezequiel, era un pueblo corrupto, degenerado y pecador y Dios le mostró, que tenía que destruir ese pueblo, porque ahí no había sino envidia, idolatría, mentira, soberbia, odio de unos para con otros y Dios le mostró que había que acabar con ese pueblo, pero antes de que eso suceda, Dios mandó un ángel con un encargo, en el que iba a señalar a los pocos que no han sido idólatras, que no han caído en el odio, en la envidia ni en la codicia: “Esos que no han sido idólatras, señálalos primero, porque a esos, no hay que acabarlos”.

Que rico que Dios nos señale a nosotros y diga: Quiero que tú te conviertas, quiero que tu te sanes, quiero que tu me ayudes.

Hoy tenemos que decirle a Cristo: Señor, aquí estoy, si Tú quieres señalarme a mí, para que me sanes, para que te fijes en mi miseria, para que también cuentes conmigo. El dedo de Dios, que bella esta imagen, si yo expulso los demonios con el dedo de Dios.

Hay otra interpretación


... en transcripción