N29d007a
Fecha: 20061229
Título:
Original en audio: 13 min. 2 seg.
Hermanos Queridos:
La descripción que la Biblia hace de este hombre anciana llamado Simeón, es que él estaba esperando la consolación de Israel, estaba esperando un bálsamo, un consuelo.
Pienso que es la experiencia que mucha gente tiene sobre todo hacia el final de la vida. Cuando van pasando los años, a veces uno va acumulando decepciones, va acumulando tristezas.
Fíjese usted que es difícil encontrar una persona mayor que tenga una mirada alegre; existen personas mayores con una mirada feliz, expresiva, pero con mucha frecuencia lo uq encontramos en las personas mayores son ojos como tal vez fueron los ojos de Simeón, es decir, ojos que están esperando un consuelo, que están esperando como un alivio, como un bálsamo,porque han tenido que vencer muchas cosas tristes.
En esta vida a uno le toca ver muchas cosas tristes y nos decepcionamos de muchas cosas; pasa el tiempo y a veces uno se decepciona hasta de la propia familia; pasa el tiempo y a veces uno se desilusiona de los sacerdotes que ha conocido: "Ah, esos son los sacerdotes; no sé si vale la pena estar en la Iglesia".
Incluso es posible que uno haya emprendido un camino valiente, hermoso como es el de la vida religiosa, pero pasa el tiempo y se pierde esa alegría,y uno va tomando una mirada apagada, una mirada mortecina, falta esa alegría, falta ese gozo, falta ese júbilo; la vida nos va desgastando a todos y nos vamos pareciendo a Simeón, necesitados de una nueva esperanza, necesitados de un alivio, de un descanso, de un consuelo.
Así como Simeón encontró a Jesús y en Jesús encontró su descanso y su consuelo, así espero que cada uno de ustedes pueda sentir que encuentra en jesús su descanso, encuentra en Jesús su alegría, su alivio; encontrar una nueva alegría en Jesús, eso fue lo que encontró Simeón.
El Espíritu Santo le había dicho:"Mira, tú no te vas a morir antes de ver al Masías" (véase San Lucas 2,26). Simeón ya era un hombre muy mayor, pero tenía esa promesa que le había hecho el Espíritu Santo: "Tú no te vas a morir sin ver al Mesías" (véase San Lucas 2,26).
Yo creo que esa es una campaña, es una consigna que debemos tener también nosotros. Nadie se debe morir, nadie debe llegar al final de la vida sin haberse encontrado con Jesús, sin haberse encontrado con el Ungido.
La palabra Mesías quiere decir eso, el Ungido; esa misma palabra que es así en hebreo, Mesías en griego se dice Kristo, Kristós. No me puede pasar que se me acabe la vida sin haber encontrado a Aquel que es mi verdadero descanso, que es mi verdadero alivio, que es mi verdadera alegría.
Simeón abrazó a Jesús y dijo: "Ahora sí me puedo ir en paz" (véase San Lucas 2,29); ¡encontró su descanso! Ese hombre que seguramente se había decepcionado de todo, como tal vez le puede haber pasado a usted. Usted tal vez se ha decepcionado de muchas cosas: se ha decepcionado de vecinos, de amigos, se ha decepcionado de los políticos y de los medios de comunicación. ¡Hoy es muy difícil!, uno no sabe en quién poner la esperanza, porque la gente cambia, porque no sé, es difícil, es duro.