I292003a
Si leemos con atención el evangelio, tarde o temprano empieza a encontrar algunos pasajes como el del día de hoy en que Jesús nos invita a estar atentos a estar vigilantes, hoy por ejemplo en el capítulo 12 de San Lucas, aparece esa advertencia del Señor: ”Estad en vela”, como quien está aguardando a que su maestro regrese.
Estar en vela significa una especie de combate interior, permaneced despiertos cuando el horario invita más bien a descansar, supone un esfuerzo y supone que de modo natural uno se dejaría llevar por el descuido y por el sueño. ¿Qué nos quiere decir el Señor Jesucristo con esta manera de hablar? ¿Por qué es necesario permanecer vigilante? Indudablemente la razón tiene que ver con lo que está en peligro, una persona permanece vigilante aunque esté muy cansada si se siente en peligro. Por ejemplo si estamos haciendo un viaje y pasamos por una zona que es peligrosa o si vamos en un transporte público y dudamos de la gente que tenemos alrededor aunque tengamos mucho sueño, procuraremos mantenernos despiertos. Vamos a suponer que hay que hacer una larga travesía y se encuentra uno en la infortunada situación de compartir el espacio de un bus o de un vagón de un tren, con una cantidad de gente que por alguna razón a uno le parece sospechosa o peligrosa, “no se lo que esta gente podría hacer si yo me duermo”, pensaría que podrían robarme, cuando se está en esta situación se pondrá el máximo esfuerzo para no dormirse porque está en peligro. Apliquemos ese mismo razonamiento a lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy, nos dice que debemos permanecer vigilantes, que probablemente vamos a sentir cansancio y vamos a sentir ganas de escudarnos, pero hay un peligro. Así que todo radica en conocer, ¿Cuál es ese peligro? Si yo voy en el bus del ejemplo anterior o voy en el tren y veo gente sospechosa, ese es el peligro tengo miedo de esas personas y probablemente voy a poder defenderme mejor y voy a poder defender mejor mis cosas si estoy despierto, ahí surge la pregunta: ¿Cuál es el peligro?.
Viene a nuestra mente una frase muy bonita del apóstol San Pablo: “Que nosotros somos como vasijas de barro, pero que estas vasijas Dios ha puesto grandes tesoros”. Eso parece tener una relación con lo que estamos conversando, soy una vasija, hay una fragilidad en mí, pero hay algo muy valioso que está en mí. Cuando descubrimos eso que es tan valioso en cada uno, cuando descubrimos el valor que existe en nosotros y descubrimos que ese valor se puede perder, entonces descubrimos por qué es importante vigilar, o sea que el sentido del Evangelio de hoy está en que nosotros descubramos el valor único que tenemos de cada uno, el valor nuevo que hemos adquirido por la sangre preciosa de Cristo, el valor infinito en cierto sentido que tenemos por la presencia y la acción del Espíritu Santo. Cuando descubrimos que como creaturas somos absolutamente únicos en el universo visible, cuando descubrimos que somos precio de la sangre del hijo único de Dios, descubrimos que somos templo y además instrumentos y expresiones de la belleza del Espíritu Santo, entonces descubrimos que realmente hay tesoros en nosotros y descubrimos también que esos tesoros pueden perderse. Básicamente perder esos tesoros es lo que sucede cuando nosotros desconocemos el valor que tenemos y entonces caemos en todo tipo de idolatrías y todo tipo de pecados, cuando nos dejamos arrastrar así por el pecado, cuando perdemos la gracia y la amistad con Dios, cuando utilizamos las grandezas que Dios nos ha dado, pero para cosas bajas, ruines o sucias, ahí estamos perdiendo nuestros tesoros y por eso Jesucristo dice que hay que vigilar.
Descubre el valor que tienes y consérvalo, eres precioso y preciosa ante los ojos de Dios.