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El Evangelio de hoy está tomado del capítulo sexto de San Lucas. Es una ocasión sumamente preciosa para que descubramos la diferencia entre dos maneras de pensar. Esta explicación a quienes han escuchado algunas predicaciones de Fray Nelson Medina, les va a resultar bastante familiar, para otros puede ser nueva. Este Evangelio del día de hoy, nos ayuda a poner en paralelo o en contraste lo que llamamos la lógica de la transacción y la lógica de la gratuidad.
La lógica de la transacción, es lo que sucede cuando nosotros vamos por el mundo con este pensamiento: “Al que me trate bien, lo voy a tratar bien, al que me trate mal, lo voy a tratar mal”; esa es la lógica de la transacción. Una transacción es un intercambio, por ejemplo una transacción comercial consiste en una operación en la que por ejemplo yo doy un dinero y a cambio recibo algo que he comprado. Entonces la lógica de la transacción consiste en que nosotros vamos por la vida, escogiendo muy bien cómo tratamos a cada persona, por supuesto que esto hace que tarde o temprano descartemos a la gente que nos resulta inútil, o que nos resulta fastidiosa, o perjudicial, eso es lo propio de la lógica de la transacción. El gran problema de la lógica de la transacción, es que esas personas que nos resultan incómodas, fastidiosas y una carga, puedan ser personas en gran necesidad, pensemos en el caso de personas que tengan una discapacidad mental, la lógica de la transacción es implacable, si un niño viene con síndrome de down entonces se le mata en el vientre materno, así de sencillo. En países como Inglaterra, más del 90% que se sabe o se teme que vengan con síndrome de down, son asesinados, porque las personas no quieren ese problema en la vida, no quieren esa carga, se les ve como un problema, pero esto es una mentira y una crueldad, de hecho se conocen muchos papás que han tenido hijos con esa condición genética y ellos no utilizarían el lenguaje de carga en sus hijos, pero en la lógica de la transacción también el lenguaje sale perdiendo, esas personas que nosotros consideramos inútiles pueden ser también nuestros propios padres o abuelos y que dice la lógica de la transacción: “pues si únicamente te pone problemas, presionalo y presionalo, para que “escoja la eutanasia”. Esto está sucediendo en Holanda o Bélgica, claramente en esos países cada vez más hay una presión sobre los ancianos, una presión para que ellos, se excluyan y se saquen a sí mismos de la tierra de los vivos, es decir para que se suiciden. Ahí nos damos cuenta donde termina la lógica de la transacción.
En un plano menos dramático pero muy cercano, nos damos cuenta que todos tenemos momentos difíciles y complejos en la vida, todos tenemos momentos en que quizás no tenemos mucho para ofrecer, y en cambio si tenemos mucho que demandar y necesitar de otros, según la lógica de la transacción esto significa que estamos en mala condición y que realmente no hay esperanza para nosotros. Por eso la lógica de la transacción tiene que terminar necesariamente en un lenguaje de eliminación o autoeliminación.
Frente a esa lógica Cristo propone algo diferente, y la lógica de Cristo es la lógica de la compasión, de la gratuidad, es el descubrir en primer lugar en la otra persona, que ahí hay una historia y en esa historia la persona tiene una necesidad, es de algún modo un predilecto de Dios, aquellos que están en necesidad, no son para la Biblia los malditos sino más bien, son los preferidos de Dios. El libro del Deuteronomio dice refiriéndose a aquellos que fueron elegidos al pueblo de Israel: “Si Dios te ha elegido, no es porque fueras grande ni fuerte”. De hecho qué tipo de transacción podría ponerse entre Dios y nosotros, ahí no hay transacción posible, porque Dios no necesita nada de nosotros; si vamos a una tienda, a la tienda le interesa el dinero que tenemos, pero si yo me acerco a Dios, ¿qué puede haber en mi, que Dios no tenga o necesite?, por eso Cristo nos dirige hacia una lógica diferente, que es la lógica de la misericordia y la compasión, es la lógica de la gratuidad y esa es la lógica que Él quiere ver reinando en nuestros corazones, que primero nosotros experimentemos el amor compasivo de Dios, y luego que nosotros mismos seamos compasión para nuestros hermanos.