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De Wiki de FrayNelson
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Hermanos amados en Cristo Jesús: El Evangelio dice que Jesús andaba con pecadores. MIrándolos a ustedes Mirándolos a ustedes, veo que no se la ha quitado la maña, y mirándome a mí. Claro, en primer lugar, parece que no se me ha quitado la maña. Parece que Jesús sigue buscando a sus pecadores, sigue buscándonos a nosotros, sus ovejas perdidas.

Yo debo decir aquí como he comentado en otra ocasión que yo no hablo porque yo sea bueno; yo hablo porque soy un mejorado, un sanado, un perdonado. Algunos de entre ustedes podrían ponerse en pie y podrían señalarme con este dedo que para eso se llama índice: para indicar. Y podrían decir: “Hey, tú. quítate esos ornamentos y bájate de ahí; eres un pecador y eres un inicuo. Y ¿sabe una cosa? Yo tendría que darle la razón a esa persona. Soy un pecador, es cierto. Soy un inicuo. No he vivido bien mi vida, he vivido mal mi bautismo, he sido ingrato con mi vocación religiosa, y no le he respondido al Señor como Él se merece en mi sacerdocio. Soy un pecador; mi nombre es Nelson Medina. Pertenezco a una comunidad religiosa en donde me ha conservado la misericordia de Dios, pero soy un pecador. Yo soy un pecador.

Pero no es un pecador hundido en su pecado, sino un pecador hundido en las llagas de Cristo; porque esa es la alternativa; pecadores somos todos y tú escoges: o te hundes en tu pecado o te hundes en las llagas del amor de Dios.

Es verdad que Cristo tiene heridas, pero de esas heridas mana sangre perdonadora: Es verdad que mi vida tiene heridas; pero de mis heridas, las que yo mismo me he causado o las que la vida me ha propinado, de esas heridas también Cristo Jesús sabe y puede y quiere hacer brotar una fuente de alabanza y de redención.

Hermanos: qué palabras, por favor, qué palabras podía utilizar Jesucristo para invitarnos con más confianza que las palabras que por su bondad nos ha regalado esta noche la Iglesia. Mira qué palabras: “Habrá más alegría en el Cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”. Alegría en los Cielos ¿por mí? Si a veces lo que a mí me pasa no le importa a nadie. Y a veces pasamos una vida tan anónima, Tan olvidados de todos, que llegamos a creer que nuestra vida no le importa a nadie. Eso crees tú: que tú no le importas a nadie, que el día que tú le dijiste sí a Jesús tocaron alabanzas y los ángeles se regocijaron en el poder de la Gracia. Es más grande la obra de la conversión de un solo pecador, que la creación del universo entero.

Y la razón o mejor dicho, las razones; te voy a comentar diez razones que dan los teólogos sobre esta afirmación. La razón es esta: Cuando Dios mandó que de las tinieblas brotase la luz, la tiniebla no podía oponerse; cuando Dios hizo reverdecer la tierra con el poder de su Palabra, como nos dice hermosamente en esa simbología preciosa el libro del Génesis; cuando Dios dijo: “que exista”, y existió; nada podía oponerse a su voluntad. Pero cuando Dios dijo: “que haya un santo”; ahí si había alguien que podía oponerse: mi terca voluntad.

Por eso, cuando mi terca voluntad ungida en su Gracia bendita le dice sí, ahí sucede algo que es más grande que la creación de las estrellas, las galaxias, los planetas… Ahí sucede algo más espectacular que todo lo que descubra la ciencia en los mares, en las montañas, en las llanuras y en los valles.

Cuando tú dices sí, pero hay veces que es un sí tan rogado, cuando tú dices sí, ese sí es una obra más grande que el universo porque el universo material no podía oponerse a la voz de Dios. En cambio Dios quiso, en un misterio de su voluntad Dios quiso hacernos de tal manera que podemos decir sí, o podemos decir no. Cuando nosotros decimos sí por el poder de su Gracia, sucede algo más grande que la creación de galaxias y constelaciones. Esa es la primera razón.

La segunda razón es también muy bella. La segunda razón es esta, hermano: cuando Dios hizo el universo; una cosa el universo y otra cosa es Dios. La nueva era pretende confundirnos y decir que todo es divino, y que yo soy Dios y que las cosas son Dios, y que Dios está en las cosas pero de tal manera que Dios es las cosas. Paja, mentira y engaño; eso se llama panteísmo. Y el panteísmo no es de Cristo Jesús. Cuando Dios creó las cosas, una cosa es lo creado y otra cosa es el creador. Y creer la nueva era o aceptar la nueva era es negar la obra de la creación de Dios, y desde luego, oponerse a la Palabra de Dios.

Ahora bien, cuando Dios hizo las cosas, una cosa son las cosas creadas y otra cosa es el creador de todas las cosas. Pero, cuando Dios reúne, ¿cómo reúne? Comunicando la Gracia del Espíritu Santo. ¿Qué dice el Catecismo? Que el Espíritu Santo es Dios así como el Hijo es Dios y así como el Padre es Dios. Cuando sucede la redención, cuando tú le dices sí a Dios, cuando tú aceptas en tu corazón que Jesús es el Señor de Majestad y poder, ahí está sucediendo algo más maravilloso que todo el universo, ¿por qué? Porque el universo material no puede contener a Dios. En cambio en la redención, Dios hace a tu alma capaz de recibir el don del Espíritu Santo, es decir, Dios se comunica a ti; Dios se da. En el orden de la Gracia, en el orden de la redención Dios no hace algo; se da, se comunica Él.

Cuando nosotros, por ejemplo al principio de esta celebración