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Fecha: 19971029

Título: Palabras duras para el orgullo humano

Original en audio: 10 min. 40 seg.

Qué pregunta le hacen a Nuestro señor en esta noche y que respuesta tan dura de escuchar. ¿Serán pocos los que se salven?

Responde Cristo llamando a nuestro esfuerzo: esforzaos en entrar por la puerta estrecha.

Estas palabras son duras y luego pues nos habla de que por lo visto pues hay personas que tal vez no entran por esa puerta estrecha. Queda uno como un poco desconcertado seguramente, queda uno un poco desanimado por estas palabras del Señor.

Y no son las más duras todavía por que en este mismo Evangelio ha dicho: Será el llanto cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera.

Qué es esto tan duro. Este hombre le estaba preguntando si se iban a salvar pocos o muchos y lo puso de una vez en el grupo de los que no se iban a salvar. Esta es una imagen muy dura de Jesucristo, qué pretende el Señor con esta respuesta, cómo podemos recibirla nosotros.

Tal vez la clave está en la frase del final: hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos.

Y si hacemos memoria, como que hay otras frases que dicen cosas parecidas, por ejemplo: el que pierda la vida por mí la encontrará, pero el que pretenda guardar su vida la perderá, y también podemos recordar otra escena: van al templo un fariseo y un publicano. El fariseo se siente salvado, no soy como los demás, he logrado cumplir, me ha costado esfuerzo pero lo he conseguido, soy salvo.

Este no hizo nada, dice Cristo. A su lado, no a su lado, bien atrás de el un pecador público, un publicano se considera el último, reconoce su miseria y dice Cristo, este bajó a su casa justificado.

O sea que esa parábola del fariseo y del publicano muestra claramente como el que se creía primero, el fariseo, resultó de último; y el que se creía último, ese resultó primero.

Con esa idea volvamos a lo que Cristo le dice a este hombre, cuando le dice: vas a llorar y te van a rechinar los dientes cuando veas a los patriarcas y a los profetas y a mucha gente de muchas partes y tú te vas a quedar afuera.

Te imaginas la impresión tan salvaje que tuvo ese hombre. Ver a Cristo de cuyas manos salían tantos milagros, de cuya boca salía tanta sabiduría, ver a Cristo que le dice a uno. Y vosotros os vais a quedar afuera. Eso tuvo que haberle causado una impresión salvaje, terrible a ese señor, imborrable y no sólo a el, por que yo creo que no fue él el que redactó ese texto.

Los que estaban con Cristo quedaron tan impactados que muchos años después la recordaban y por eso llego a quedar en el Evangelio.

Uno dice: pero qué crueldad y uno dice, esa es la religión del terror, y de pronto alguno piense: por eso es que la gente se aleja de Dios, no ve que no hablan sino de infierno, de condenación y de todas esas cosas. Vamos a ver si Cristo era cruel ó no era cruel hablando así.

Qué hizo cuando le habló así a este hombre ¿qué hizo? Lo mandó a la cola, lo puso de último, lo mandó de último. Es más seguro para ese hombre sentir que por sus propias fuerzas, que por su propia vida que por su propios méritos está perdido, es más seguro sentir eso que sentir que uno va bien, que todo va bien, que a mí me tienen que salvar, yo he cumplido con todo, yo he sido un buen hombre, yo he sido una buena mujer, yo he hecho las cosas, yo…, ¿no te estarás pareciendo, con todos esos “yoes” al fariseo?

Y resulta que si tú eres el primero, pasarás a ser el último y quizá ahí sí te pierdes. Luego fíjate si las palabras de Cristo eran crueles ó no eran crueles. Probablemente con esas palabras de Cristo, infundiendo ese santo temor, que es más y que es distinto del miedo y desde luego del pánico, infundiendo ese santo temor en la persona, estaba obrando misericordia con él, infundiéndole santo temor, por que lo estaba poniendo de último.

Este hombre pregunta: ¿serán pocos los que se salven? Jesús no responde realmente a la pregunta que le hace, pero si le dice a él: como vas, vas mal, tú vas para afuera, tú no vas bien; y esta impresión terrible en el corazón de este hombre, Indudablemente, indudablemente lo llevó a la profunda humildad y a la súplica de la gracias por que uno se salva por regalo.

Aquél de nosotros aquí presentes que nos sienta lo que yo estoy diciendo, por favor lea otra vez ese Evangelio y léalo de nuevo y vuelva a leerlo hasta que usted sienta los ojos de Cristo en usted, hasta que usted sienta que usted se podría condenar.

Si usted no siente que usted se podría condenar, usted está en gravísimo peligro.

Ay, pero que son esos pensamientos, esos son pensamientos santos, por que hay un abismo entre la frase yo me podría condenar y la frase yo creo que yo me voy a salvar. El abismo ¿Cuál es?

Cuando yo digo. Yo creo que me voy a salvar y no me ha podido en mí mismo por que yo se que yo me podría condenar, estoy proclamando la gracia de Dios, estoy proclamando el amor de Dios.

Es una obra de misericordia la que Cristo hizo con este hombre, lo puso de último, lo mandó a retoro espiritual, lo puso a pensar largo, largo.

Santos grandes y muy equilibrados humanamente y muy a legres y muy simpáticos como san Felipe Neri, tenían esa frasecita: Señor, si no me sostiene tú gracia, te voy a traicionar peor que Judas, y Santa Teresa del Niño Jesús, ¿que dice de sí misma? Dice: la gracia de Dios ha prevenido en mí el pecado mortal, ha obrado esa piedad en mí por que ella sabía que por sus propias fuerzas se hundía.

De manera que este es un Evangelio para darle duro al orgullo humano, especialmente a ese orgullo religioso y a ese orgullo social y a ese orgullo de las buenas costumbres, orgullito que se nos va entrando cuando decimos: yo he hecho las cosas bien en la vida.

Esa persona es la que está en mayor peligro, quien creyera. Por que ustedes, les pregunto, ¿ustedes han visto que Jesús e el Evangelio le hable así a una prostituta? Jamás; ¿le habló así a los publicanos? Nunca; ¿a los recaudadores? Nunca; ¿le habló a sí a algún ladrón, a algún asesino, a algún blasfemo? Jamás.

Cristo tiene estas palabras duras, reservadas para el orgullo humano. Todo aquél que se reconoce pecador y se pone de último, encontrará esto dulzura.

Todo aquel que se cree bueno y se pone de primero por que yo he hecho las cosas bien en la vida, recibirá garrote y madera hasta que aprenda de dónde le vienen sus bienes, por que el que cree que ha hecho las cosas muy bien en la vida, inconscientemente está echándole incienso a su yo, yo que he hecho las cosas con gran esfuerzo, yo he conseguido; de donde te salieron las benditas fuerzas para hacer lo maravilloso que se supone que tú eres, de donde te salieron las espectaculares y maravillosas gracias y cualidades, qué tienes que no hayas recibido, qué es eso de andarse ufanando con ropa prestada, no seas ridículo.