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Fecha: 20031022

Título: Seamos esclavos de Jesucristo

Original en audio: 8 min. 22 seg.


Amados Hermanos:

Volvamos nuestros ojos hacia la Primera Lectura del día de hoy. Llevamos ya varios días recorriendo ese gran documento que es la Carta a los Romanos. Podríamos decir que está en el corazón mismo del anuncio del Evangelio, porque las verdades fundamentales de la Carta a los Romanos no son otras sino las verdades fundamentales de nuestra fe.

Que hay pecado en el mundo, y que el pecado tiene poder, que todos, de algún modo o de otro, estamos sujetos a las consecuencias de ese pecado, y hemos cometido multitud de culpas, que nosotros, por nuestras solas fuerzas, por nuestra sola inteligencia, por nuestra sola tecnología, por nuestra sola terapia, por nuestros solos recursos, somos incapaces de reconstruir lo que destruye el pecado.

Pero sobre todo, nos enseña la Carta a los Romanos, lo hemos aprendido o recordado estos días, y desde luego, es una gran verdad, que de allí viene a sacarnos el poder de la gracia de Dios. Y esa gracia es creíble para nosotros; es posible de ser creída, y es necesario creerla, porque ha sido proclamada, porque ha sido gritada, ha sido anunciada con vigor desde las llagas de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz.

De manera que hay una oferta de amor, que está escrita con letras de Sangre en Cristo Crucificado. Y nos corresponde recibir esa oferta de amor, dar fe a esa propuesta de Dios. A través de la fe, nosotros nos abrimos al milagro de la salvación; a través de la fe, nosotros aceptamos de corazón lo que Dios nos está proponiendo.

Ahora bien, detrás de este esquema clarísimo de la Carta a los Romanos, hay también una enseñanza sobre el modo como el Apóstol San Pablo concibe la existencia humana misma. Es muy interesante en esta Carta, mis queridos hermanos, ver cómo Pablo, lo primero que hace, y tal vez lo recordamos del lunes de la semana pasada, es llamarse esclavo.

La manera en que él se presenta no es como un profesor, ni tampoco como un terapista, ni como un médico, ni como un milagrero. ¡No! Pablo se presenta como un esclavo. Esto es suficientemente interesante. Se presenta como un esclavo, como el esclavo de Jesucristo.

De eso ha tratado también la Primera Lectura de hoy. Porque si tú miras bien, en ella realmente lo que se está es haciendo el contraste entre dos formas de esclavitud, y lo que nos está diciendo Pablo es: "Mira, ha llegado el momento en el que tienes la oportunidad de escoger, de quién quieres ser esclavo".

Yo sé, que este lenguaje puede sonar muy extraño después de toda la retórica de la Revolución Francesa, y después de que Kant nos dijo, que ya éramos mayores de edad, y después de que todo el racionalismo nos ha intoxicado, nos ha emborrachado con la idea de que cada uno puede hacer su vida como quiera, guiándose sólo por su cabeza.

Pero todas esas ideas racionalistas han quedado desmentidas en todos los terrenos. No nos digamos mentiras: que los poderes de manipulación del hombre por el hombre, nunca han sido tan grandes como en nuestra época.

¿Ustedes no sienten,amigos, que hay como un extraño poder, vamos a darle ese nombre, que pone a la gente a portarse igual en todos los continentes, que pone a la gente a abortar en todos los países, que pone a la gente a aprobar proyectos de familias de homosexuales, que pone a la gente a vestirse del mismo modo, a hacerse los mismos tatuajes, a criticar las mismas cosas y suicidarse a la misma edad en todas partes?