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Fecha: 20061111

Título: Hacer del dinero un instrumento de bien.

Original en audio: 12 min, 52 seg.


Hay una palabra, un concepto que aparece en las dos lecturas de hoy; una realidad: el dinero. A mí me conmueve pensar que Pablo, trabajando con sus propias manos, escaso de recursos muchas veces, siendo tan pobre, tenía tanta riqueza de Dios para compartir con esas comunidades. Pero lo que hoy me llama la atención es que nadie pensaba en las necesidades de él. Habia evangelizado por el Asia Menor, había pasado por Macedonia y Acaya, es decir, prácticamente toda la península griega, pero a nadie se le ocurría pensar qué necesitaba él.

La primera comunidad y la única, hasta donde sabemos, que tuvo esta preocupación por la necesidades temporales de San Pablo, fue la comunidad de Filipos. Una comunidad que, como sabemos, fue muy entrañable para él, y realmente esta Carta a los Filipenses que hemos venido leyendo en estos días, nos permite asomarnos a unas relaciones de amor fraterno, de amor pastoral y de amor filial sumamente bellas que son muy edificantes para nosotros.

Pablo, creo que deja ver los aspectos mas tiernos de su corazón, hablando a estos Filipenses. Y por eso, los interesados en conocer cómo puede ser el corazón de un predicador, pueden saciarse, pueden recibir mucha luz en este texto de la Carta de Pablo a los Filipenses. Para Pablo es claro que no se trata de asuntos de dinero, sino del corazón con el que ha sido dado ese dinero; es en esto, como en tantas cosas, fiel seguidor de lo que nos dice Jesucristo en el Evangelio: "el dinero vale sobre todo por el corazón que gobierna ese dinero"; es ese corazón el que hace del dinero una ocasión de bien o una ocasión para el mal.

Y por eso Cristo quiere que hagamos del dinero un instrumento de bien, teniendo siempre claridad que se trata, según el adjetivo que aparece aquí traducido, del "vil dinero". El dinero sirve para descubrir el corazón, porque a través de eso que es pequeño, a través de eso que en cierto sentido es "vil", de todas maneras, se muestran las intenciones del corazòn. Este sería el primer punto sobre esto del dinero.

Pero el evangelio nos lleva a otro pensamiento un poco más general: nos habla de lo menudo y de lo importante: "el que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado" (véase San Lucas 16,9). Hay varias interpretaciones de este texto, por ejemplo, san Raimundo de Peñafort, tercer maestro de la Orden, utilizaba este texto para ponderar la delicadeza en la observancia de los votos y en las otras observancias regulares.

El que desprecia fácilmente una parte de la liturgia, el que desprecia fácilmente un texto litúrgico, el que considera que porque es pequeño no importa, pues está formulando la sentencia contra sí mismo, porque nosotros somos bien pequeñitos ante Dios, y si lo pequeño no importa, pues no deberíamos importar nosotros ante Él. Pero el Dios que nosotros hemos conocido es un Dios que cuida los detalles, es un Dios que mira a los pequeños, que tiene especial cariño, misericordia y providencia para con los pequeños y para con lo pequeño.

Entonces, Raimundo de Peñafort les hacía ver a los frailes, basándose en palabras parecidas a las de Cristo, que había que tener cuidado también con las cosas pequeñas, y había que formarse para ser delicado en las cosas pequeñas.

Bueno, esas palabras son muy duras para mí, porque resulta que uno por temperamento, por estudios o por lo que sea, tiende a creer que con salvar lo esencial está todo, y hoy el Señor me amonesta, me corrige a través de esta palabra y me dice: "Nelson Medina, usted no vaya a creer que porque guarda algunas cosas y considera que eso es lo esencial ahí está todo; es demasiado lo que se puede perder a través de lo pequeño".

Para saber cómo se pierden las cosas a través de lo pequeño, el mejor ejemplo pedagógico es el de un colador. Si nosotros pensamos de qué tamaño son las gotas que pasan por el colador, todas son muy pequeñitas; pero si echamos un balde de agua o un barril de agua o de vino por ese colador todo se va en goticas y se pierde todo, porque nadie puede cargar agua en un cedazo, todo se pierde en goticas. De manera que el cuidado de lo pequeño es importante. A uno se le pueden ir todas las grandezas de su consagración religiosa, sacerdotal, de su amor a Dios, todo se le puede ir en gotitas y como cada gotita parece despreciable, entonces uno puede perder lo grande a través de lo pequeño.

Otra reflexión parecida es la que se puede hacer cuando pensamos en la búsqueda de la perfección en la vida espiritual, porque lo que vemos en los grandes santos son unos depósitos inmensos de amor, de sabiduría, de gracia; pero el mar, el océano más grande de la tierra, está hecho de goticas. También a través de las cosas pequeñas, de las goticas, ahí podemos encontrar el camino para la grandeza.

Yo creo que la mayor parte de nosotros, estoy pensando sobre todo en mi, somos muy impacientes. Nos atrae la idea de la santidad, de una verdadera vida dominicana, una verdadera vida consagrada, pero quisiéramos una catapulta que nos lanzara desde la mediocridad presente hasta la santidad consumada.

Los alcohólicos anónimos, por lo menos de Estados Unidos, tienen una serie de lemas y le sacan afiches a los lemas, como unos estribillos para que no se les olvide a los alcohólicos que están ahi asociados, las estrategias para cambiar de vida, y uno de esos afiches dice: "el ascensor se dañó, en esto sólo hay escaleras".